• La atleta, de 28 años de edad, imparte clases en Chile para poder costear sus gastos deportivos y continuar su preparación en aguas abiertas

Paola Pérez encontró un refugio en el deporte, e hizo del mar su santuario. Sin embargo, nunca imaginó que su esfuerzo llegaría a desvanecerse y sus manos a congelarse en medio del océano. La nadadora venezolana de 28 años de edad lucía diferente esa tarde. Debía buscar sus lentes protectores, y después ponerse el plástico que cubriría su cabello.

Era el escenario que había dibujado en su mente durante meses, siempre sumergida en la posibilidad de volver a pisar el ansiado podio: estaba participando en los Juegos Panamericanos de Perú 2019. Pero le faltaba algo, un traje de neopreno que absorbería las bajas temperaturas que afrontaría bajo el agua.

Pero el traje nunca llegó. A pesar de esto, su decisión fue competir, lanzarse al agua, y que su cuerpo soportara un temperatura de 18 grados por más de media hora.

Sintió el frío como pinchazos de agujas. A Paola Pérez solo la cubría un traje que debe ser utilizado en aguas cálidas. El cuerpo le falló luego de la sexta vuelta y sus movimientos se volvieron más lentos en cada brazada. Minutos después, ya había perdido el tacto del agua en sus manos. Estaba a la deriva, sufriendo un ataque de hipotermia con una temperatura corporal de 30 grados, cuando los valores normales deben estar en 37.

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“Estaba consciente de que la delegación no tiene ni equipo médico. Yo sentía como en un microsegundo veía toda mi vida pasar en mi cabeza. A pesar de que tenía hipotermia, pensaba mucho en por qué dedicar mi vida al deporte terminó siendo un riesgo. Solo quería quedar entre las primeras para demostrar a las autoridades deportivas, a quienes no les importamos, que en las aguas abiertas todavía hay talento y se puede hacer algo”, afirmó Pérez en exclusiva para El Diario

La atleta venezolana denuncia que nunca recibió apoyo para poder competir en instancias internacionales. Tampoco tuvo un entrenador personal y mucho menos la indumentaria avalada por la Federación Internacional de Natación (FINA). El único traje que posee lo obtuvo en otra competencia, fue lo último que recibió para participar en un torneo. Ella también admite que tomó la decisión de irse de Venezuela debido a que en su natal Táchira no existen piscinas en las que pudiera prepararse para nadar en aguas abiertas.

Paola explicó que emigrar a Chile ha sido una de las experiencias más duras que le ha tocado vivir. Tardó un año en estabilizarse en ese país, y recibió una beca que la impulsó a seguir preparándose; sin embargo, no contar con el apoyo de los representantes de los entes federativos ha sido una gran dificultad para establecer un balance entre dar clases de natación y hacer sus prácticas diarias.

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“No puedo optar por un trabajo con jornadas completas porque entonces tendría que dejar la beca. Estoy dejando muchas cosas de lado por mi preparación para que ahora salgan las cosas así. No es justo. Muchos atletas venezolanos sacrifican su futuro para estar en competencias internacionales porque tienen fe y sueños. Ya basta de que se burlen de nosotros”, agregó.

Pérez señaló que no tener el traje necesario para competir es solo un reflejo de la mala organización deportiva que prevalece en el país. “Hoy fue conmigo, pero esto no nos puede suceder en unos Juegos Olímpicos. Hay que trabajar unidos y en equipo. Muchos atletas ponen su vida en riesgo para lograr estar en lo más alto de una competencia”, dijo la nadadora tachirense.

Más allá de la desventaja de participar con la indumentaria inadecuada, Paola Pérez también destacó el incómodo momento que tuvo que pasar antes de la competencia. “Por primera vez en toda mi carrera deportiva vi como poco a poco todo mi esfuerzo se iba desvaneciendo, pues horas antes, cuando los jueces evaluaron mi traje, me dijeron ‘Dile a tu entrenador que venga’. Mi respuesta fue ‘no tengo entrenador. El único que tengo y me apoya está en Chile”, detalló.

Aseguró que ver las caras de los jueces fue una situación que nunca olvidará. Describió que su reacción seguidamente fue advertir los riesgos de entrar en el agua con un traje que no cumplía con las normas necesarias.

“Esperaba reacciones de felicidad porque dirían ‘una menos’ pero en vez de eso vi que sentían lástima por mí, y fue lo quebró mi moral”, recordó.

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Pérez también explicó que no ha podido comunicarse con su madre desde el día de la competencia. “Solo me mandó un mensaje preguntándome cómo estaba. Eso fue lo último que pude hablar con ella”, contó la nadadora.

Comentó que debido a los constantes cortes de luz que se registran en Venezuela, los mensajes son muy limitados y precisos. Una conversación extensa solo puede durar pocas horas por la fallas de internet en el interior del territorio.

Hace cuatro años su sonrisa era de plata. La atleta venezolana venía de ganar la medalla metálica en los 10 kilómetros en aguas abiertas de Toronto 2015. Incluso recibió un mensaje que Nicolás Maduro le había dedicado en esa edición de los Juegos Panamericanos. La nadadora tachirense también logró el puesto número 13 en el Campeonato Mundial de Natación en Aguas Abiertas, en 2013.

Pero actualmente el panorama es distinto. No ha recibido ninguna llamada de algún representante gubernamental. Paola Pérez es solo una más de la larga lista de atletas venezolanos que se han visto afectados por la negligencia de las autoridades deportivas. Ellos forman parte “una Generación de Oro” en la que llueven las críticas por la falta de apoyo mientras que un silencio apabullante predomina en las oficinas del Ministerio venezolano para la Juventud y Deportes.

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