• La industria del cine venezolano se ha visto afectada por el desinterés del Estado, la falta de financiamiento e intereses ideológicos. Las salas vacías demuestran la poca producción; sin embargo, directores y productores siguen trabajando para reconstruir espacios para el arte audivisual

Una sociedad que ha sido golpeada, un país aprisionado por el egoísmo y la arrogancia de un régimen suele encontrar en el arte un refugio, un medio que le permite construir una realidad distinta o simplemente criticar desde la creatividad, desde una idea que nace. El cine y su capacidad de representación funciona como este espacio de debate, de libre pensamiento, de liberación y de cultura.

Sin embargo, en un país en el que las salas de cine permanecen vacías y su producción nacional es prácticamente nula, no queda espacio para el refugio, se acrecienta un vacío en la cultura de esa sociedad, y sin cultura no hay identidad que valga. En Venezuela, donde el sector de la salud lucha por obtener insumos y donde la alimentación se convirtió en un beneficio que no todos poseen, el ámbito cinematográfico se volvió casi inexistente para el Estado.

La nostalgia y la preocupación se cierne sobre directores y amantes del séptimo arte venezolano, una industria que hoy en día dista significativamente de lo que fue su “época dorada” cuando en un año se estrenaron hasta 32 películas nacionales, como ocurrió en 2008.

La directora venezolana Alexandra Henao rememora para El Diario cómo fueron sus primeras experiencias con el cine en el país. Luego de haber cursado estudios en la National Film and Television School (NFTS), en Reino Unido, regresó a Venezuela en el año 2001 y asegura que la producción audiovisual todavía “gozaba de buena salud”.

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Alexandra Henao | Foto cortesía

“Aún se filmaba con 35 mm y hasta contábamos con dos laboratorios. Había mucha producción, la pequeña industria que teníamos generaba mucho empleo, cabíamos todos, y lo más importante y que extraño mucho, es que había meritocracia. En ese entonces las dificultades del cine venezolano eran las de un arte en desarrollo y profesionalización”, explicó.

El más reciente trabajo de Henao, la filmación de Gilma, la situó en el país en marzo, en medio del apagón más grande que ha afectado a Venezuela. La realidad que le tocó enfrentar fue totalmente opuesta a cómo experimentó el cine en años anteriores cuando se desempeñó como directora de fotografía en Azul y no tan rosa (2012) o en El rumor de las piedras (2011).

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Fotograma de Azul y no tan rosa

“Filmar Gilma fue todo un reto. Hubo momentos en los que pensé que no lo lograríamos. El hecho fílmico, además de ser costoso, siempre ha estado lleno de retos, por eso todo se debe planificar minuciosamente. Rodamos donde la única constante era la incertidumbre, donde a veces no sabías si podías seguir con la pauta de la tarde o del día siguiente, donde no sabías si habría agua, donde cruzabas los dedos para que el elenco y el equipo humano consiguieran transporte y llegaran bien a la locación; donde cualquier día en plena escena hubo un apagón nacional de tres días que además significó incomunicación total”, detalla.

Al finalizar la jornada de trabajo más preocupaciones golpeaban a todo el equipo de trabajo, no se hacía — ni se hace — más sencillo con el paso de los días.

“A las 6:00 pm todos salíamos corriendo hacia nuestras casas para cumplir con el ‘toque de queda’ implantado por la inseguridad. El catering y producción hicieron magia para conseguir los alimentos y cumplir con el almuerzo de cada día, probablemente la única comida de muchos en el equipo”, refiere.

Las preocupaciones respecto al cine nacional actual son numerosas, es un compendio de problemas que suman distintas dificultades en todos los ámbitos. No solo se trata de lo complejo que es conseguir financiamiento o patrocinadores para el proyecto, sino también la cuestión que surge después: ¿las condiciones están dadas para grabar en el país?

Miguel Ferrari, actor y director de cine venezolano, quien estuvo a cargo de la dirección de piezas como La noche de las dos lunas (2019) y otras que recibieron grandes reconocimientos como Azul y no tan rosa, revela para El Diario cómo ha sido la evolución del cine nacional y cómo la crisis ha llegado a trastocar el arte.

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Miguel Ferraria | Foto cortesía

“El panorama cinematográfico actual en Venezuela evidencia un alarmante declive, comparado con los avances que habíamos alcanzado hace algunos años, pero el más significativo, desde mi punto de vista, es el drástico descenso de público que asiste a nuestras salas debido a la crítica situación que padece la mayoría de los venezolanos”, señala.

La cultura, la formación y el arte han quedado desplazados por la necesidad, por el hambre y por las preocupaciones que abruman a los ciudadanos, quienes deben decidir entre el exilio o la lucha diaria en un país donde el Estado no vela por sus derechos ni sus necesidades básicas.

“Si queremos que nuestro cine sea sustentable y echar las bases para crear una verdadera industria, se deben generar condiciones mínimas para que los espectadores vuelvan a llenar las salas, y eso solo será posible con el cambio político que estamos deseando para que mejore la economía, la seguridad, la calidad de vida de los venezolanos”, sentencia.

El CNAC y la decadencia de la producción nacional

El Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) se fundó con el propósito de apoyar y capacitar a la comunidad audiovisual y promocionar la cultura cinematográfica en el país; sin embargo, ese objetivo se ha desvirtuado y actualmente la institución se encuentra en medio de la peor de las crisis por falta de financiamiento, pocos estrenos de películas y una diatriba política que ha sentenciado su funcionamiento.

El 5 de agosto de este año el ministro de Cultura de Nicolás Maduro, Ernesto Villegas, informó sobre la designación del actor y cantante Roque Valero como presidente del CNAC.

“Me complace informar que el presidente Nicolás Maduro, en uso de sus facultades legales, ha decidido designar a Roque Valero como nuevo presidente del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía, con quien haremos equipo para hacer crecer aún más al cine venezolano”.

Esta decisión, que posicionó al mando del gremio cinematográfico del país a un militante del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), puso en tela de juicio el funcionamiento de la institución y la razón que hay detrás de este nombramiento.

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Roque Valero | Foto cortesía

Para Rafael Marziano, cineasta venezolano y director de Historias pequeñas (2019), película ganadora del XV Festival del Cine Venezolano celebrado en junio de 2019, en el CNAC ha habido distintos nombramientos a lo largo de su historia que “han sido bastante infelices y que nos perjudicaron bastante”; sin embargo, hace énfasis en que el cine le pertenece a todos.

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Rafael Marziano | Foto cortesía

“Todo presidente del CNAC se sienta en una mesa con tres miembros que no han nombrado, sobre los que él no decide nada, y cuyo trabajo y responsabilidad es llevar al Comité Ejecutivo la opinión de los gremios en cada aspecto de la política cinematográfica, además de decidir en conjunto con los otros miembros del Comité cuál es la política que debe seguir la institución”, explica para El Diario.

Para Marziano, sea quien sea el presidente del CNAC, los gremios cinematográficos son los encargados de llevar la batuta. “Cineastas, productores, realizadores e industriales son quienes han hecho y seguirán haciendo cine en el país”, señala.

Pero el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía es un organismo que fue creado para fomentar el desarrollo del cine venezolano, de la industria y para contribuir con el impulso de las nuevas generaciones de cineastas; funciones que parecen haber cambiado con el paso del tiempo de acuerdo con las apreciaciones de Miguel Ferrari, quien califica de “lamentable” el desempeño de esta organización.

“El CNAC ha sido desmantelado y ojalá me equivoque, pero por el desempeño que han tenido sus autoridades en los últimos años, pareciera que su objetivo es acabar con la institución y fundar una nueva que silencie a los cineastas disidentes y favorezca el desarrollo de un cine ideológico a conveniencia del régimen”, sentencia Ferrari.

Durante mucho tiempo el gobierno se aprovechó de los “años dorados” del cine venezolano como sistema de propaganda. El régimen se servía del éxito de las películas nacionales en taquilla, en la crítica y en cómo conquistaban distintos festivales internacionales. Sin embargo, con el paso de los años y el deterioro de la industria en el país, esta realidad cambió.

Por eso Alexandra Henao percibe la realidad del cine venezolano y de la vida en el país como un reto que siempre puede ser peor gracias al régimen. El CNAC no escapa de esta sentencia.

“La más sencilla acción cotidiana es una odisea, cualquier intento de producción fílmica independiente se convertirá en incontables odiseas. Todo es una labor titánica. La inflación redujo a migajas los aportes del Centro Nacional de Cinematografía que dependía en gran parte del aporte de las empresas y medios de producción audiovisual privados que ya no existen porque fueron aniquilados por el sistema ‘revolucionario’. El aporte que da el CNAC actualmente para filmar un largometraje no paga ni tres almuerzos de un día”, detalla.

Henao agrega que los acuerdos internacionales que se tenían con fondos como Ibermedia, un programa de estímulo a la coproducción de películas y documentales, también han desaparecido en la práctica por el incumplimiento del gobierno de sus responsabilidades.

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Alexandra Henao | Foto cortesía

¿Cuál es el futuro del cine venezolano?

Ante la nube gris que se cierne sobre el país y que amenaza con extinguir los atisbos de cultura que aún quedan en Venezuela, la crisis se presenta como una oportunidad para la creatividad y el surgimiento de nuevas propuestas. La crítica y la reflexión parecen esenciales en las horas oscuras que viven los venezolanos.

Ferrari asegura que los directores deben darle la vuelta a la situación que enfrenta el cine nacional para sacar de la crisis nuevas ideas e innovadoras maneras de formación.

“Los periodos de crisis y censura son una excelente oportunidad para desarrollar nuestro potencial. Debemos aprovechar el momento y darnos el gusto de experimentar nuevos lenguajes narrativos con los pocos recursos de los que disponemos. Tenemos que seguir batallando para que no se vulnere nuestra libertad de contar las historias que queramos”, refiere.

La crisis venezolana es el momento ideal para que el cine sea vocero de lo que ocurre y comunique cómo es la Venezuela actual en la que millones de personas se encuentran haciendo vida y labrando memorias día tras día.

“Es importante seguir contando nuestra historia, contarla nosotros mismos, sin interpretaciones convenientes o filtradas por ideologías, sistemas, intereses económicos o egos analíticos. Tenemos que seguir difundiendo nuestra verdad desde cómo la vivimos”, alega la cineasta Henao.

La idea de la crisis como suerte de gasolina creativa la comparte también Marziano, quien asegura que si bien hacer una película en el país es cada vez más difícil, es una tarea posible que varios cineastas siguen llevando a cabo, ese debe ser el norte.

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Fotograma de Historias pequeñas

“Cada vez veo mejores películas. Las veo en mis colegas, en mis alumnos. Todo lo que sucede es muy duro, pero en vez de debilitarnos nos alimenta. El mayor reto ahora no es solo sobrevivir, sino profundizar en temas, madurar”, agrega.

El cine como arte juega un papel esencial en la sociedad, esté o no en crisis: comenta, critica, promueve la reflexión. Esta es la característica que quieren preservar los directores, quienes son conscientes de que el cine representa la identidad de un país, su cultura.

Los cineastas siguen trabajando por la reconstrucción de la industria, desmantelada por las malas políticas, a través de la preparación y la exploración de nuevas vías de producción. Sin duda alguna el tiempo para recuperar el cine venezolano será extenso, sobre todo en lo que se refiere a cantidad de producciones, pero las historias sobran, están en las calles, en las barriadas, en los niños y en quienes viven la Venezuela golpeada en la que cada día se muestra como una oportunidad llena de retos; por eso están seguros que el cine, al igual que el futuro de Venezuela, renacerá.

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