• El médico y científico venezolano marcó un referente en el tratamiento de varias enfermedades endémicas en todo el mundo y destruyó la mitificación histórica de la lepra al descubrir su cura

El inicio del siglo XX fue una época de cambios en Venezuela. En el año 1913, en medio de la dictadura de Juan Vicente Gómez, nació Jacinto Convit en la parroquia caraqueña La Pastora. Su madre, Flora García Marrero, era venezolana y su padre, Francesc Convit, era de origen catalán.

El 19 de septiembre de 1932 Convit inició sus estudios en la Escuela de Medicina de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y en 1938 presentó su tesis doctoral “Fracturas de la columna vertebral” para optar por el cargo de doctor en Ciencias Médicas. Fue invitado por Martín Vegas, profesor de dermatología en la Facultad de Medicina de la UCV, y por el galeno Carlos Gil Yépez a visitar la leprosería de Cabo Blanco, en el estado Vargas.

Después de su visita a la leprosería y al ver el sufrimiento de los enfermos, con una marca indeleble que los categorizaba como seres indeseados, decidió enfocar sus conocimientos para encontrar la cura para dicho padecimiento.

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Foto cortesía

Por sus logros en el descubrimiento de nuevos tratamientos para la erradicación de enfermedades en todo el mundo, Jacinto Convit fue nominado al Nobel de Medicina en 1988. Además, fue galardonado con la medalla “Salud para todos” en el año 2000 por parte de la Organización Panamericana de la Salud, con el premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 1987 y la Legión de Honor en Francia.

Fue director del Centro Colaborador para Referencia e Investigación en Identificación Histológica y Clasificación de la Lepra (OMS) desde 1971. También miembro del Consejo de la Facultad de Medicina a partir de 1973 y del Sistema de Promoción del Investigador en 1994.

Lucha contra la lepra

En la leprosería de Cabo Blanco trabajó desde 1940 hasta 1943 como residente médico, examinando los efectos de ciertas drogas que eran utilizadas para el tratamiento de la lepra. Además, evaluó la efectividad de la poliquimioterapia o tratamiento multimedicamentos que era el tratamiento recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para los pacientes que sufrían las calamidades de la lepra.

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Dicho institutos, denominados leproserías o leprocomios, eran financiados por la Dirección de Asistencia Social del entonces Ministerio de Sanidad y Asistencia Social (MSAS). Convit realizó un trabajo exhaustivo para determinar las características de la enfermedad, el padecimiento de los enfermos y, de esta forma, encontrar la posible cura.

Después de su labor en Cabo Blanco, se convirtió en director de las leproserías nacionales, director de de los Servicios Antileprosos Nacionales y médico jefe de la División de Lepra. Cada uno de estos cargos los supo manejar con una excelsa responsabilidad y el estoicismo de trabajar en busca de una meta común.

Convit descubrió la cura para la lepra en 1987, 47 años después de su inicio en las leproserías. La necesidad de encontrar la cura para una enfermedad con una pesadez histórica, reconocida como uno de los padecimientos del ser humano desde la mitología, fue un trabajo de toda una vida y representó un avance significativo en la salud del mundo. Además, Convit presentó un método original para diferenciar el m. leprae (denominación científica de la lepra) y otros padecimientos relacionados con micobacterias. Dicho método permitió desarrollar un test de 48 horas de tipo tuberculínico para el diagnóstico de la lepra y, de esta forma, reducir la mitificación de la enfermedad, además de reducir el estigma de las personas que la padecían.

El proceso de identificación de las situaciones inmunoepidemiológicas permitió detectar a la población susceptible a la enfermedad y finalizar con el mito popular de que toda persona que estuviera en contacto con un enfermo de lepra estaba en peligro de contaminación. A partir de estas investigaciones, Venezuela se convirtió en el primer país en clausurar sus leprocomios y en reducir el despojo hacia los enfermos de lepra.

Estudios sobre otras enfermedades

Luego de finalizar su trabajo de investigación sobre la lepra, Jacinto Convit se dedió a identificar, categorizar y atender otras enfermedades endémicas características de las zonas tropicales de Venezuela, como la oncocercosis y micosis, conocida popularmente, como la “ceguera de los ríos” y de la leishmaniasis.

El científico venezolano también dejó aportes para combatir el “mal de chagas”, una enfermedad transmitida a los mamíferos por una serie de vectores que solo se encuentran en América. Con los estudios de Convit se determinaron las principales zonas en el país que eran afectadas por dicha enfermedad y surgió, en años posteriores, un tratamiento necesario para su cura.

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La leishmaniasis es la acumulación de varias especies de parásitos que afecta la piel y los órganos internos del individuo, desfigurando la zona afectada. Esta enfermedad, al igual que el “mal de chagas”, tiene un porcentaje de mortalidad alarmante en las zonas endémicas y afecta, aproximadamente, a 12 millones de personas alrededor del mundo. Convit, utilizando el método innovador para la cura de la lepra, pudo identificar las características de la enfermedad y aplicar un tratamiento inmunológico mucho más económico y menos tóxico que el proceso farmacológico habitual.

En busca de la cura del cáncer

El cáncer se reconoce como la segunda causa de muerte a nivel mundial, según la Organización Mundial para la Salud. El cáncer de mama, por su parte, representa el segundo tipo de cáncer más letal en el mundo, afectando a más 1,15 millones de mujeres entre los 20 y 59 años. La creciente incidencia de esta enfermedad llamó la atención de Jacinto Convit en el año 2002, cuando inició la investigación para crear un tratamiento inmunológico para el cáncer de mama, publicada en el 2006. Además, en el año 2008 publicó en la Gaceta Médico un apartado con los avances pertinentes de la investigación.

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El científico venezolano murió el 12 de mayo del 2014, a los 100 años de edad, en la ciudad de Caracas. Hasta el último día de vida Convit se dedicó a investigar las enfermedades inmunológicas y endémicas que adolecen a millones de personas en el mundo.

En 2015, un año después de la muerte del doctor, la Fundación Jacinto Convit continuó el proceso iniciado por su fundador homónimo y realizó las primeras pruebas experimentales para el tratamiento de modulación y erradicación de las células cancerígenas. “No me quita el sueño ganar el Premio Nobel, pero sí hallar la cura para el cáncer”, declaró en su momento Convit durante sus investigaciones.

Actualidad endémica en Venezuela

Con las investigaciones de Convit, Venezuela se convirtió en un país pionero en la reducción de las enfermedades endémicas, pero en la actualidad existe una crisis de salubridad y pobreza que ha permitido el retorno y la proliferación de dichos padecimientos.

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La lepra afectó a más de 300 personas en el año 2018 en el territorio venezolano, de acuerdo con el informe presentado por la OMS. Ese mismo año, de acuerdo con Tomás Marchetta, discípulo de Convit y especialista en el tratamiento de la lepra, tanto la OMS como la OPS enviaron el tratamiento gratuito al país en vista de que no “que no contamos en el país con los recursos para pagar el flete”.

Sin embargo, existen otras razones que dificultan el avance positivo del tratamiento en los afectados, como el bajo consumo de proteínas. La crisis económica que sufre Venezuela dificulta la obtención de los productos necesarios para una dieta balanceada, como la carne, el pollo o el pescado, suponiendo una dificultad para la cura de la enfermedad de la lepra.

El “mal de chagas”, una enfermedad reconocida por las historias de la Venezuela rural y que había desaparecido del territorio venezolano, volvió a ser un problema de salud en el año 2017 cuando 17 personas fueron internadas en el Hospital Pérez Carreño de la ciudad de Caracas con un cuadro agudo del padecimiento. Según la Sociedad Venezolana de infectología la infección ocurrió en una casa de alimentación popular en La Vega, zona del municipio Libertador. En el 2019 el instituto de Biología Experimental examinó tres chipos, animales propagadores de la enfermedad, encontrados en el Municipio Baruta y alertó a los habitantes de la ciudad capital sobre la propagación de la enfermedad.

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La escasez de los cuadros inmunológicos y la negligencia en el área de salud por el régimen de Nicolás Maduro ha permitido que muchos padecimientos endémicos investigados y erradicados por el trabajo de Jacinto Convit vuelvan a oscurecer la realidad de los venezolanos. Sin embargo, su legado en la medicina sigue vigente en todo el mundo.

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