• El principal hospital pediátrico de Caracas ha sido el segundo hogar de Zambrano, quien va a consulta en hematología desde que tenía 1 año de edad y es candidata a un trasplante de médula ósea que puede mejorar su expectativa de vida

Cristina Zambrano y su mamá, Rosa Colina, salen muy temprano de su casa en los Valles del Tuy para llegar al hospital J.M. de los Ríos en Caracas. Aunque el costo de los pasajes (solo de ida) iguala el salario mínimo — Bs 40.000 — , ellas evitan faltar a los controles para tratar una talasemia mayor que la joven se hace desde hace 17 años.

Cristina padece, desde que tenía 1 año de edad, una anemia hereditaria que destruye los glóbulos rojos de la sangre y que se debe a mutaciones en el ADN de las células que producen hemoglobina. En 2016 fue diagnosticada en lupus eritematoso sistémico (LES).

Luego de recorrer 54 kilómetros en autobús, llegan al hospital. Pasan por el control de la entrada y suben un piso hasta el servicio de hematología. Para Rosa esa sala es un lugar muy familiar, donde ambas han hecho amistades duraderas. Allí han visto cómo niños de toda Venezuela llegan, son diagnosticados, se van del país, les dan de alta o pierden la batalla contra enfermedades como la leucemia.

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“Cristina ha tenido sus momentos alegres y tristes. Ha perdido muchos amigos que ahora no están, que no han ganado la batalla, pero Dios sabe lo que hace. A principio de año le pegó muy fuerte porque no murió uno de sus compañeros, sino varios, y la muerte de Yeiderbeth todavía la recuerda como si fuera ayer”, detalla Colina en una entrevista para El Diario.

Cristina Zambrano y Rosa Colina | Foto: Cortesía

Los niños y padres pacientes de la unidad de hematología atravesaron este año por un duelo porque en menos de un mes fallecieron Giovanni Figuera, Robert Redondo, Yeiderbeth Requena y Erick Altuve, pacientes que esperaban un trasplante de médula ósea.

“Hace poco Cristina me dijo que quería comer guanábana y eso me pareció extraño, por lo que le dije ‘Tú no eres de comer o tomar eso’, y me respondió: ‘Mi amigo Yeiderbeth me enseñó a comer guanábana cuando estábamos hospitalizados, y me voy a comer una en nombre de él’. En ese momento se le aguaron los ojos a mi hija”, agregó la madre.

La experiencia de la adolescente la ha ayudado a sobrellevar el dolor emocional causado por la pérdida de sus compañeros. Sin embargo, el dolor físico persiste. Todavía suelta un par de lágrimas cuando las enfermeras le colocan una vía para su transfusión de sangre.

Cuando la sangre de la bolsa comienza a bajar, Rosa se aparta un poco para hablar mejor, pues comenta que ha habido algunos conflictos por la presencia de periodistas dentro del centro asistencial. A pesar de eso, acepta la entrevista y sostiene que todos los padres tienen derecho a contar su historia y denunciar lo que está mal.

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Durante los últimos años el hospital ha enfrentado varias crisis: problemas con el agua, con la electricidad, escasez de medicamentos como antibióticos, falta de sangre para transfusiones, averías de equipos médicos y contaminación en algunas áreas. De hecho, hace algún tiempo Cristina se contaminó con hepatitis C luego de una transfusión de sangre a la que no le pudieron realizar una serología.

Actualmente, la adolescente necesita un CPRE (colangiopancreatografía retrógrada endoscópica) para que le puedan extraer la vesícula, debido a que tiene una litiasis vesicular aguda. “Estamos buscando ayuda, porque en el hospital no hay quirófano para hacerlo y en una clínica lo pueden hacer, pero es muy costoso”, dijo.

Presupuesto para el CPRE en el Hospital de Clínicas Caracas

Otro procedimiento que es de suma importancia para la joven es el trasplante de médula ósea. Ella está en la lista de espera del programa de trasplante en Italia, país con el que Estado venezolano tiene convenios de salud.

“Estamos a la espera de que su hermano mayor se haga otro examen. En el primero salió compatible para ser su donante y hay que hacerle una segunda prueba. Ya por lo menos tenemos una puerta, un donante; solo falta que se materialice”, añade Rosa.

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El rostro de la madre cambia rápidamente al mencionar el trasplante y en él se dibuja una pequeña sonrisa de emoción. Inmediatamente piensa en la vida de su hija fuera de la sala de Hematología.

“Cristina es una adolescente a quien le fascina el modelaje, su sueño es ser miss, pero el tiempo de Dios es perfecto; si no es ahora, será en otro momento. También le gusta leer y la música”, así describe Colina a su hija cuando no está en el hospital.

La joven tocaba violín en el Sistema Nacional de Orquestas y también hizo modelaje en varias academias y concursos de belleza infantiles, pero a medida que su salud se fue deteriorando tuvo que dejarlo. Una de sus metas a corto plazo a volver a realizar estas actividades que la llenan de dicha.

Cristina anhela el día en el que vuelva a la música y al modelaje | Foto: Cortesía

La dinámica en sus vidas ha hecho que madre e hija sean mejores amigas y confidentes. “Le doy gracias a Dios porque me ha dado la oportunidad de no solo ser la mamá sino la amiga de Cristina. Nosotras nos contamos todo, hasta el más mínimo detalle, desde qué quiere comer o si le gusta algo que vio cuando salimos”, expresó con orgullo Rosa.

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Entre las conversaciones que tiene con su madre, la adolescente ha manifestado en ocasiones que no desea seguir con los tratamientos. “A veces se cansa y me dice que la deje, que ocupe mi tiempo en sus hermanos, pero yo le respondo que mientras Dios me dé vida, yo la acompañaré. Mi mayor temor es perderla. He visto a muchos que no han ganado la batalla y cada vez tengo más miedo. Uno no está preparado para perder a los hijos, esa no es la ley de la vida ”.

El mayor deseo de Rosa es que sus hijos puedan cumplir todas sus metas por pequeñas que sean. Uno de los sueños de Cristina era conocer a la cantante venezolana Corina Smith; ya lo había intentado en varias oportunidades, pero hace una semana lo logró, pues aprovechó que la artista estuvo en una presentación en Caracas.

Luego de cumplir esa meta, madre e hija fijan la mirada en seguir con las transfusiones de sangre y concentrados globulares.

Tras estar un día más en el J.M. de Los Ríos, Rosa y Cristina se encaminan nuevamente a Los Valles del Tuy para descansar y buscar opciones para financiar el CPRE y preparar todo para el tan esperado trasplante medular que puede salvar su vida.

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