• El poder destructivo de ese tipo de armamento fue suficiente para infundir terror sobre la posibilidad de acabar con millones de vidas en un segundo

Entre el 6 y 9 de agosto de 1945, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial cuando Alemania se había rendido y sus aliados en Asia mantenían vivo el conflicto armado, Estados Unidos decidió arrojar dos bombas nucleares: una sobre Hiroshima y otra sobre Nagasaki, ambas ciudades japonesas, lo que cambió el curso de la dantesca contienda.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) fue creada dos meses después del fin de tal guerra. Su objetivo fue brindar una solución diplomática a las diferencias entre las naciones y evitar otra guerra. En sus inicios, ante el poder destructor de las bombas atómicas que arrasaron con las población de estas dos ciudades, la organización posicionó como uno de sus principales objetivos prohibir la creación de armamento nuclear.

Sin embargo, la data presentada por el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri, por sus siglas en inglés), señala que actualmente existen 13.865 armas nucleares en el planeta.

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Ensayo nuclear en 1954 | Foto cortesía

Por esta razón, la Asamblea General de la ONU en 2013 decidió dedicar cada 26 de septiembre a concienciar sobre el uso del armamento nuclear y el peligro que puede generar para la humanidad. Ese mismo año, la resolución obtuvo 137 votos a favor, 28 en contra y 20 abstenciones.

A pesar de los avances que se han realizado para la disminución del armamento nuclear desde esa fecha, el secretario general de la ONU, António Guterres, relató que el proceso se ha estancado y advirtió que el discurso sobre la utilidad de este tipo de material bélico “está en aumento”.

“Está en marcha una carrera cualitativa de armas nucleares. El sistema de control de armamentos, construido con mucho cuidado, se está desmoronando. Las divisiones sobre el ritmo y la magnitud del desarme son cada vez mayores”, expresó este jueves durante la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación Total de las Armas Nucleares celebrado en la sede del organismo en Nueva York.

El bombardeo que cambió la historia

El 2 de agosto de 1945, después de la Conferencia de Postdam que buscaba establecer los límites de la Alemania ocupada, se anunció un ultimátum a las fuerzas japonesas que seguían combatiendo en el Pacífico. La fuerza armada nipona, comandada por Isoroku Yamamoto, se negaba a rendirse, mientras que el ejército de Estados Unidos, comandado por el general Douglas MacArthur, notó que seguir combatiendo hombre a hombre generaría una cantidad de bajas considerables, por lo que el presidente de ese país, Harry Truman, decidió utilizar un arma que se había creado en el núcleo del Proyecto Manhattan.

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Hiroshima después de la explosión | Foto: National Geographic

El cielo de Hiroshima se oscureció el 6 de agosto de ese año cuando un B-29 Superfortress, llamado “Enola Gay” lanzó la primera bomba atómica, ocasionando entre 70.000 y 80.000 muertes de forma instantánea. Luego, la mañana del 9 de agosto, la ciudad de Nagasaki sufrió el segundo bombardeo nuclear en la historia de la humanidad: un B-29 Bockscar, pilotado por el mayor Charles Sweeney sobrevoló el cielo japonés y arrojó la bomba llamada “Fat Man” que provocó la muerte de 40.000 personas.

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Explosión de Nagasaki | Foto: National Geographic

Ante la cantidad de decesos provocados en los dos bombardeos, el emperador Hirohito presionó al comandante Yamamoto para finalizar el conflicto, por lo que el 14 de agosto de 1945 anunció por radio la rendición total del imperio japonés. La guerra concluía y con ello miles de jóvenes se habían salvado de morir en las playas del Pacífico, pero a cambio de eso el mundo conocería el poder nuclear. En un segundo, miles de vidas pudieron haber sido evaporadas de la faz de la Tierra y nadie, aunque lo intentara, escaparía de la radiación.

A propósito de esta situación, el escritor Ernest Hemingway anotó lo siguiente: “El mundo los rompe a todos y después muchos se vuelven fuertes en los lugares rotos. Pero aquellos a los que no rompe, los mata. Mata a los muy buenos y a los muy gentiles y a los muy valientes imparcialmente. Si no eres ninguno de estos, puedes estar seguro de que también te matará, pero no habrá prisa especial”.

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Fin de la Segunda Guerra Mundial | Foto: National Geographic

La Segunda Guerra Mundial, en comparación con su antecesora, demostró la naturalidad del ser humano ante una situación extrema, desde la más excelsa bondad hasta las más refinadas aberraciones.

Asimismo, el escritor norteamericano señaló al finalizar el conflicto que “necesitamos estudiar y entender ciertos problemas básicos de nuestro mundo tal como estaban antes de Hiroshima para poder continuar, inteligentemente, y descubrir cómo algunos de ellos han cambiado y cómo pueden ser resueltos con justicia, ahora que una nueva arma se ha convertido en la propiedad del mundo. Debemos estudiarlos con más cuidado que nunca y recordar que ningún arma ha resuelto nunca un problema moral; puede imponer una solución, pero no puede garantizar que sea una justa”.

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Bomba arrojada en Hiroshima | Foto: National Geographic

La bomba atómica generó un punto de reconfiguración para las relaciones humanas porque, aunque no ha ocurrido la detonación de otro artefacto similar luego de las referidas, existe el miedo latente de que en algún momento, teniendo en cuenta la inestabilidad de los tratados internacionales, el mundo vuelva a estar sumergido bajo el cielo grisáceo de una explosión nuclear.

¿Qué ocurrió luego de las explosiones de Hiroshima y Nagasaki?

En 1963 la ONU firmó el tratado de prohibición parcial de pruebas nucleares que comprometió a las grandes potencias de ese momento, Estados Unidos, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y el Reino Unido, a evitar el avance tecnológico en esas áreas y reducir la contaminación del espacio atmosférico, terrestre y marítimo. Este tratado se planteó como una discusión importante por la aparición de misiles nucleares en Cuba en la época, aliado estratégico e ideológico de los soviéticos, para sustentar el temor propio de la Guerra Fría.

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Crisis de los misiles en Cuba | Foto cortesía

Sin embargo, en 1992, con el fin de la URSS, los países que pertenecían a su territorio como Ucrania, Bielorrusia y Kazajistán, renunciaron al armamento nuclear y firmaron el Protocolo de Lisboa del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas. La Guerra Fría llegó a su fin y el peligro de una Tercera Guerra Mundial, entre los soviéticos y Estados Unidos, enemigos ideológicos, se diluyó.

Aunque las armas nucleares no han vuelto a afectar a ninguna población, son muchos los países que concentran sus esfuerzos militares en engrandecer sus ejércitos con el poderío del armamento nuclear. Más de la mitad de la población mundial, de acuerdo con la ONU, habita en países con acuerdos nucleares o que tienen en su haber un amplio armamento de este tipo como Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia, China, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte. 92% de dicho armamento está en manos de Rusia y Estados Unidos.

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La necesidad del desarme nuclear por el que abogan distintas organizaciones en todo el mundo no recae en el uso constante de este armamento, sino en el peligro latente que significa su creación y el mejoramiento tecnológico de los misiles que ya existen. Rusia, por su parte, presentó a mediados del año 2018 los detalles de seis “super armas” nucleares que pueden acabar con cualquier ejército del mundo.

Corea del Norte, un país sumido en una dictadura militar que invierte la mayoría de su Producto Interno Bruto (PIB) en el crecimiento de su ejército (el cuarto más grande del mundo, con 1.106.000 cuadros armados), ha generado preocupación en el resto del mundo por su inversión en armamento nuclear.

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Foto: BBC

Ante este panorama, el Sipri presentó en su último informe la existencia de una intención de reducir el armamento nuclear por parte de los países que lo poseen y aclaró que ha habido una reducción, en comparación con el año pasado, de 14.465 a 13.865 armas nucleares en el mundo.

Sin embargo, aunque esto pueda parecer un avance en el desarme nuclear, la realidad es que el armamento desarrollado por Rusia, Estados Unidos y el resto de los países es cada vez más sotifiscado. La humanidad cada día enfrenta nuevos retos para su sobrevivencia, y aunque parezca irrelevante, el mayor de los peligros podría ser la destrucción nuclear.

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