• En las últimas semanas se han intensificado los actos xenófobos contra los migrantes venezolanos en el país inca. La embajada de Venezuela puso a disposición un canal de Whatsapp para canalizar estas denuncias

Desde hace un año Miguel Ramos, un emigrante venezolano de 34 años de edad, trabajaba en un reconocido casino ubicado en la ciudad de Lima, Perú. El empleo no solo lo ayudaba a costear sus gastos, sino que también le permitía enviar dinero a sus familiares en Venezuela.

Todo marchaba bien hasta hace que hace tres semanas fue despedido del casino junto a otros siete venezolanos que también laboraban en el sitio. Los clientes se quejaron de la presencia de estos extranjeros porque sentían temor de ser víctimas de un robo o, peor, ser asesinados.

La acción contra Ramos es similar a la de otros venezolanos en ese país, que se ha intensificado en el último mes luego de que un banda integrada por varios compatriotas descuartizara a dos personas. El hecho conmocionó al país y desató una ola de rechazo hacia los extranjeros.

Desde entonces los actos de xenofobia se han incrementado. La nacionalidad comenzó a ser un peso difícil de cargar para los casi 900.000 venezolanos que residen en ese país. Los migrantes reciben insultos en transportes públicos, son despojados de la mercancía que comercian e incluso algunos niños son víctimas de acoso en los colegios. Se trata de un hecho alarmante que ha calado velozmente.

Diana Bellorín administra la cuenta de Instagram “Chamos en Lima”, que agrupa a más de 60.000 personas. Su canal ha recibido cientos de denuncias de venezolanos que aseguran haber sido víctima de un acto xenófobo, y el caso de Miguel es uno de los expuestos en la red social.

Para la joven esta situación se agudizó especialmente por el trato que algunos medios de comunicación han dado a la noticia del doble descuartizamiento registrado en Lima.

“La sociedad peruana quedó conmocionada con el hecho, la noticia se transmitía todo el día en los medios peruanos, hasta hoy sigue sonando todos los días. Entonces comenzó a crearse un psicoterror acerca de que todos los venezolanos descuartizan, nos empezaron a ver como delincuentes, y hasta se han registrado despidos por el solo hecho de ser venezolanos”, explica Bellorín para El Diario, quien emigró a Perú en el año 2015, y actualmente es gerente de una reconocida empresa de mercadeo en ese país.

Salvador Pérez administra “Peruzuela”, otra cuenta de Instagram en la que también abundan las denuncias sobre actos de xenofobia. Además, asegura que conoce de primera mano testimonios de venezolanas que han sido víctimas de explotación laboral e incluso de intentos de abuso sexual en el trabajo.

Pérez coincide con Bellorín en que la “prensa amarillista” peruana ha jugado un papel clave para propagar el rechazo hacia los venezolanos en ese país.

Ambos representantes se refieren a la constante reseña de noticias negativas en las que han estado involucrados ciudadanos venezolanos. Especialmente desde el doble descuartizamiento, la prensa impresa y los canales de televisión comenzaron a alertar a la sociedad sobre la presencia de los delincuentes pero de forma generalizada, produciendo así un rechazo hacia toda la comunidad de venezolanos y no hacia el reducido grupo que logró ingresar a Perú cuando no se exigía siquiera los antecedentes penales.

Una de las publicaciones más alarmantes fue la del diario El Comercio, que divulgó un reportaje sobre los delincuentes venezolanos, señalando sus características y dejando entrever que la violencia estaba normalizada en Venezuela desde hace más de 20 años.

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Estos hechos han generado temor en la comunidad de venezolanos; incluso el envío de dinero hacia Venezuela ha mermado en las últimas semanas. “Yo trabajo en una empresa de remesas y este mes bajó muchísimo. Esto se debe a que muchos venezolanos prefieren guardar y ahorrar para tener la posibilidad de resolver, irse del país y resguardarse ante cualquier eventualidad que pueda presentarse aquí”, comenta Salvador Pérez, quien emigró a finales del año 2016.

Diana Bellorín es consciente de ello, por eso junto a otros “influenciadores” en Perú trabaja para crear campañas que llamen a la concientización y a no maltratar a los extranjeros.

Un fenómeno de vieja data

Aunque los grupos de venezolanos en Perú afirman que el doble homicidio incrementó la xenofobia, los actos de maltrato físico y verbal contra los extranjeros se vienen registrando desde 2018.

La encuestadora Empove junto al Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) alertaron que en julio pasado 35,6% de los venezolanos que viven en Perú sufrieron discriminación en 2018. La cifra es mayor entre las personas de 30 a 40 años de edad, acercándose a 40%, así como en mujeres, rondando 37%.

De acuerdo con el informe, 48,1% padeció discriminación en algún centro de trabajo, 25,6% en el transporte público, 10,9% al interior de las comunidades o barrios, 6,7% en colegios y 3,4% en centros de salud.

El estudio muestra las características, carencias y capacidades de los venezolanos en Perú, y fue realizado, en base a encuestas, a unos 10.000 migrantes en las ciudades de Lima Metropolitana, Callao, Trujillo, Cusco, Arequipa y Tumbes.

Protección a los migrantes

Carlos Scull, embajador en Perú designado por el presidente interino Juan Guaidó, informó que la sede diplomática tomará medidas ante los casos de xenofobia que han sufrido los venezolanos.

El diplomático invitó a los migrantes a registrarse en la página de la embajada y puso a disposición un canal de Whatsapp para encauzar las denuncias de los venezolanos a las instituciones correspondientes. El número de contacto es 922534337, y allí deberán enviar la identificación, foto y relato de los hechos “para ayudarlo a sustentar”.

Scull también trabaja con la Comisión de Política Interior de la Asamblea Nacional para colaborar con el Estado peruano en la captura e identificación de delincuentes que empañen la imagen de la comunidad venezolana que reside en ese país.

Por su parte, Juan Guaidó se solidarizó con los venezolanos e instruyó al comisionado de Política Exterior, Julio Borges, a conversar con las autoridades peruanas sobre estos hechos.

“No vamos a generalizar. Sabemos que Perú es un pueblo que ha apoyado y respaldado la lucha de Venezuela, pero también que debemos tomar los correctivos y medidas urgentes para evitar los ataques a ciudadanos venezolanos”, explicó a través de su cuenta de Twitter.

Mientras, representantes de la comunidad venezolana hacen un llamado a los medios peruanos para que también promuevan noticias positivas sobre la mayoría de los migrantes que hay en Perú.

“Que muestren también el lado positivo, todas las cosas buenas que los venezolanos han hecho, entrevisten a jefes de venezolanos que testifiquen que somos trabajadores, aquellos que se vinieron caminando y han logrado tener éxito. Hay muchos emprendimientos de venezolanos que dan trabajo a peruanos, porque también vinimos a crear fuentes de trabajo. Que la sociedad conozca las dos caras, a nosotros no nos representa ese acto delictivo”, asegura Bellorín.

Salvador Pérez se suma a este llamado, además de solicitar a las autoridades locales incentivar campañas de concientización para que no se vulneren los derechos de los migrantes.

“Hay que recordarle a la sociedad que los casos delictivos son puntuales, que la inmensa mayoría vino a trabajar, a ayudar a su familia y a tener un mejor futuro; esto es lo que representamos los venezolanos. A las autoridades locales, pedimos que creen mensajes donde hagan un llamado de conciencia a la población peruana para que promuevan la tolerancia y el respeto a personas de otros países”, manifesta.

En medio de estos actos de rechazo, la nostalgia de regresar a Venezuela agudiza el drama de los migrantes que anhelan volver pero esperan por un cambio de gobierno que les pueda garantizar un mejor futuro en su tierra.

Por ahora piden comprensión a la población peruana. La gran mayoría no solo está lejos de casa, sino que también tienen años sin ver a sus familias y trabajan más de 10 horas diarias para poder enviar remesas y cubrir sus gastos diarios.

“Este es el momento en que más extrañas tu país, porque ya el hecho de ser inmigrante es difícil. No conoces a nadie, estás lejos de tu familia, de tus amigos; no es fácil. Que por tu nacionalidad puedas ser atacado o se te cierren las puertas es doblemente difícil. Extrañamos nuestro país, quisiéramos volver”, concluye Bellorín.

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