• Expertos coinciden en que las condiciones económicas del país dificultan que los ciudadanos ahorren, pues difícilmente pueden cubrir sus necesidades básicas

Residir en un país que se encuentra sumido en una espiral hiperinflacionaria presenta una serie de retos que diariamente deben ser sorteados por la ciudadanía a fin de ser capaces de sobrevivir en medio de una realidad económica extremadamente adversa, en la cual sus ingresos pierden su capacidad de compra con cada hora que transcurre. Tal es el caso de Venezuela.

En un contexto como el que atraviesa el país son contados los mecanismos que tienen a la mano los venezolanos para protegerse e intentar sortear los efectos de la galopante inflación, que según cifras divulgadas por la Asamblea Nacional se ubicaron durante el mes de agosto por encima del 60%.

En El Diario conversamos con un grupo de economistas y expertos en el área de asesoramiento financiero para dilucidar cuáles son las mejores estrategias que pueden aplicar los venezolanos para sobrevivir a la hiperinflación.

El economista José Ignacio Guarino, presidente de la casa de bolsa Interbonno, señala que la hiperinflación es un efecto económico que impacta en lo social y por ende en todo el tejido ciudadano del país, no obstante, aún existen una serie de estrategias que pueden permitir a los venezolanos tener una cobertura ante ella.

“No se puede ahorrar sin haber dado por satisfechas las necesidades básicas, por lo que en Venezuela entonces es inaplicable la definición teórica de ahorro. Sin embargo, todos los venezolanos tenemos que buscar las formas de proteger los bolívares que recibimos”, comenta Guarino.

El experto explica que uno de los mecanismos que pueden ser utilizados por los ciudadanos para intentar ganarle a la inflación es el endeudamiento a través de instrumentos financieros tales como las tarjetas de crédito o los créditos bancarios. Si bien el acceso a estos es significativamente inferior al pasado.

“En Venezuela, cualquier tipo de deuda que se adquiera termina saliendo gratis pues tenemos tasas de interés reales negativas porque la inflación es significativamente mayor que las tasas de interés de los pocos préstamos que está otorgando la banca”, detalla.

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José Ignacio Guarino asegura que la Bolsa de Valores de Caracas es un mecanismo democrático en el que todos los inversores son iguales | Foto: Cortesía

La segunda estrategia planteada por Guarino para que la población sea capaz de defenderse de los efectos nocivos que acarrea la hiperinflación es la compra de dólares o cualquier otra divisa “dura” que no pierda valor al ritmo que lo hace el bolívar.

Dice que pese a las últimas fluctuaciones –a la baja– en la cotización del dólar respecto al bolívar este todavía es un buen mecanismo para proteger los bolívares que los ciudadanos reciban pues asegura que en economías hiperinflacionarias el tipo de cambio siempre terminará persiguiendo a la devaluación.

“Quienes compraron divisas durante las últimas dos semanas de agosto y ven que la tasa de cambio bajó de Bs 29.000 a Bs 19.000 deben saber que eso no quiere decir que no estén protegidos o que el dólar no vaya a volver a subir porque cuando hay hiperinflación el tipo de cambio termina persiguiendo a la devaluación”, asegura.

El tercer mecanismo que recomienda el economista es invertir en la Bolsa de Valores de Caracas pues de esta forma no solo es posible que los ciudadanos protejan su capital, sino que también les ofrece el beneficio de poder generar ganancias a través de su inversión.

“La Bolsa de Valores de Caracas tiene más de 72 años operando en Venezuela de forma ininterrumpida y ha sido la forma correcta de canalizar el ahorro hacia la inversión”, afirma al tiempo que agrega que este mecanismo ha permitido que un número significativo de empresas se logren financiar.

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El rendimiento que puede generar el invertir en la Bolsa de Caracas puede llegar a ser superior a la devaluación del bolívar respecto al Dólar | Foto: Interbono

Guarino indica que, aunque este mecanismo es accesible para cualquier ciudadano debido a que el valor de una acción — dependiendo de la empresa — puede llegar a ser menor que el costo de un café pequeño, mucha gente desconoce que puede invertir su dinero de esta manera debido a que la ciudadanía carece de cultura económica y bursátil.

“Si sacrificas el gasto de ese café que te puedas comprar a diario y lo utilizas para invertirlo en la Bolsa, eso te va a dar unos rendimientos en el corto plazo bastante interesante. Esto es necesario explicárselo a los niños y aún más importante, a sus padres, pues se pueden construir fondos personales con los cuales cubrir los gastos de los estudios de sus hijos en el futuro”, añade.

Capacidad de adaptación

El también economista Luis Vicente León, director de la firma Datanalisis, considera que la principal estrategia que deben de aplicar los ciudadanos para “surfear” la hiperinflación es la de ser flexibles y desarrollar la capacidad de adaptarse de manera rápida a los cambios.

“Las empresas y las personas deben estar dispuestas a hacer cambios prácticamente diarios en sus estrategias de compras. La población tiene que estar dispuesta a flexibilizarse, no quedarse pegadas con algo que les funciona hoy porque mañana la situación podría ser distinta”, indica.

Señala que un claro ejemplo para ilustrar esto es cuando una persona circunstancialmente puede encontrar que le es más beneficioso realizar sus compras pagando en divisas y, sin embargo, en cuestión de horas la realidad cambie y le sea más provechoso hacerlo en bolívares.

León comenta que otro ámbito en el cual debe existir flexibilidad es el salarial, pues aunque resulte irónico, a un trabajador no le conviene que la empresa en la que trabaja ajuste su sueldo de manera mensual debido a que como consecuencia de la hiperinflación no podrá disfrutarlo.

“Los salarios o se anclan a una moneda extranjera que va ganando valor permanentemente o se tienen que indexar a los niveles de inflación para intentar recuperar valor de compra”, afirma de manera categórica.

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Luis Vicente León señala que una de las consecuencias más nocivas de la hiperinflación es el acelerado empobrecimiento del cual termina siendo víctima la población | Foto: Referencial

El adelanto de gastos y la compra de bienes de consumo como alimentos constituyen un segundo mecanismo que el experto señala que pueden ser beneficiosos para la población en tiempos de hiperinflación como en la actualidad.

Explica que el ritmo tan acelerado al cual se produce los incrementos en los productos y servicios generan que cualquier pago de estos que pueda ser realizado con antelación generará un ahorro para los ciudadanos.

“Es una estrategia inteligente el adelantar las compras de los bienes que vayas a necesitar mañana porque así el precio que pagarás será menor”, afirma.

León puntualiza que para maximizar los beneficios de esta estrategia los ciudadanos deben convertirse en unos “cazadores de ofertas” para adquirir aquellos bienes cuyos precios estén rezagados, tengan una ventaja cambiaria, cuenten con un subsidio o bien que se pueda obtener financiamiento al momento de su pago.

El director de Datanalisis señala como tercer mecanismo para hacerle frente a la hiperinflación el invertir en educación, pues en el país existe una amplia oferta con precios abismalmente inferiores respecto a otros países de la región. Complementa que el conocimiento que se adquiere a través de la formación educativa tiene un valor tanto en el presente como en el futuro sin importar si la persona decide irse o quedarse en el país.

“La diferencia entre salvarte y sucumbir es tu capacidad de adelantarte a los acontecimientos y reaccionar rápidamente. Así que mientras más inviertas en tu educación lo más probable es que tus tiempos de reacción sean menores”, expone.

El empoderamiento como catalizador

Enfocada desde la perspectiva teórica de la neuroeconomía, la venezolana Joselyn Quintero, quien es asesora de finanzas personales y consultora de sistemas financieros para empresas multinacionales, cree que es necesario identificar las causas que condujeron al país a la presente hiperinflación, previo a formular posibles mecanismos que permitan sortearla.

Considera que uno de los factores que ocasionaron la actual condición de la economía venezolana es la incapacidad de agregar valor a los procesos productivos.

“Desde hace muchos años los venezolanos hemos pensado que somos ricos porque tenemos petróleo, un recurso mineral que lo único que requiere es extracción. Eso nos llevó a convertirnos en una nación rentista con ciudadanos cuya capacidad para agregar valor a los procesos de producción es casi nula”, apunta.

En la actual coyuntura socioeconómica del país, Quintero considera que rescatar el valor personal es muy importante. Este empoderamiento personal puede llegar a ser uno de los catalizadores que va a llevar al venezolano a comenzar a decidir de una manera más eficiente que hacer con su dinero.

“Si yo me levanto todos los días con la sensación de que soy pobre, de que estoy en desventaja, de que no tengo recursos y que no puedo cumplir mis metas, evidentemente todas las decisiones y las acciones que yo tome siempre van a estar orientadas en alimentar mi desesperanza, mi miseria, mi baja autoestima. Y, además, a sentirme marginado. Y las decisiones siempre van a ser congruentes con esa identidad. Por tanto señala que resulta prioritario el reconocimiento de quién soy, de dónde estoy, qué he logrado; sin importar si se tiene poco o mucho”, argumenta.

Igualmente Quintero estima necesario que el venezolano no se victimice ni se instale en una queja y pesimismo permanentes ante las condiciones en las que se encuentra el país, por el contrario que busque generar un cambio que redunde tanto en su beneficio y crecimiento personal como en el de Venezuela.

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Quintero asegura que una de las medidas que hay que aplicar para lograr salir de la espiral hiperinflacionaria es la de aplicar la circulación de bienes, servicios y recursos, en lugar de la acumulación de capital | Imágen: @jacmosqueda

Reflexionó además sobre la necesidad de salir del círculo vicioso que representa la espera, infructuosa, de un “héroe mesiánico” que resuelva todos los problemas que aquejan a la sociedad, para luego aborrecerlo por sentir que “defraudó las expectativas depositadas en él”.

La asesora cree también que un mecanismo para intentar escapar de los tentáculos de la hiperinflación es el iniciar emprendimientos que den solución a alguno de los cientos de problemas que aquejan al país.

“Si nosotros aprendemos, en lugar de salir a guardar el dinero, a ponerlo al servicio de un proyecto, de una idea o de algo que sume y genere un valor en la sociedad no habrá necesidad de tener que protegernos porque de una u otra manera va a ir creciendo”, asegura.

Explicó que en Venezuela pese a lo que mucha gente puede llegar a pensar, el iniciar un negocio exitoso es posible todo lo que se necesita es encontrar el nicho en el que se desea incursionar.

Quintero considera ─al igual que Luis Vicente León─ que invertir en educación y crecimiento profesional es clave pues este le permite al ciudadano decidir mejor en que utilizar su dinero, lo que se traduce en una mayor libertad financiera. Argumenta, además, que al destinar recursos en recibir una formación académica se evita la volatilidad que existe en otros tipos de inversiones como las divisas.

“La educación es un bien que no se devalúa, ni pierde valor a través del tiempo. Además, nos permite agregar valor en cualquier actividad productiva sin importar en qué lugar del mundo estemos”, justifica Quintero.

Cree también que es imprescindible que los venezolanos aprendan la lección dejada por la hiperinflación para no repetir los mismos errores que condujeron a las actuales condiciones.

“Quienes han aprendido a rescatar lo humano en medio de todo esto son los que están saliendo adelante. Les está yendo muy bien ética, tranquila y pacíficamente“, concluye.

La hiperinflación al contrario de lo que pudiera pensarse no es un reto insuperable, tal y como lo explican los expertos. Existen múltiples alternativas para lograr superar sus consecuencias como lo pueden ser invertir en la Bolsa de Valores de Caracas, adelantar gastos o bien invertir en educación. Queda a la decisión de cada ciudadano implementar aquella que se adapte de mejor manera a su realidad económica

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