• Yedra López tenía dos meses hospitalizada con un complicado cuadro clínico: cálculos en los riñones en etapa crítica. Lejos de lo que esperaba ella y su familia, no fue la deficiencia renal la causante de su muerte, sino un ascensor en el que se quedó fatalmente atrapada

Yedra López pasó muchas horas dializándose en el noveno piso del Hospital Universitario de Maracaibo (HUM), en el estado Zulia. A pesar de que podía optar a una cirugía, para que le retiraran los cálculos de sus riñones, los doctores habían pospuesto su operación más de 5 veces. La esperanza de pasar por quirófano, la llenaba de fuerza. Cumplido ese paso, podría materializar su gran sueño: estar con sus hijos, a quienes no veía desde hace dos meses atrás. Sin embargo, un accidente le segó la vida en solo segundos.

Todo sucedió en instantes. Uno de los ascensores se detuvo en el piso cuatro. Luis Acevedo, esposo de Yedra, ya había salido de la cabina y halaba la camilla hacia afuera. De pronto, las puertas del ascensor se cerraron abruptamente para subir al siguiente piso. Yedra nunca pudo salir: su cuerpo quedó atrapado entre ambos pisos, mientras el hombre forcejeaba tratando de abrir nuevamente las puertas.

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Foto cortesía

A Luis se le hace imposible mantener la calma cuando recuerda lo ocurrido. El hombre tenía cinco meses trasladando a Yedra, debido a que no hay camilleros en el hospital. Cuando la llevaba al área de diálisis empleaba el elevador en el que perdió la vida.

“Ella quedó atrapada entre el piso y el ascensor. Su cuerpo quedó presionado contra la camilla. Incluso, el ascensorista quedó atrapado y yo como pude lo ayudé a salir. Cuando él salió, le pregunté si había presionado algún botón, pero me dijo que no. Solo repetía que no quería trabajar en ese ascensor porque venía presentando fallas desde hace días”, dice Acevedo, con la voz entrecortada, para El Diario.

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Foto cortesía

Los urólogos fueron quienes decidieron retrasar en varias ocasiones la cirugía de la mujer de 25 años de edad. “Primero dijeron que era por los insumos, decían que no los había; entonces hice el esfuerzo de comprárselos. Pero ahora mira la trágica situación que pasó y que se llevó a mi esposa. Es un golpe muy duro para mí y para mis hijos. Tengo un varón de 1 año de edad y una hembrita de 7. Me hicieron comprar todos los insumos, me hicieron subirla a dializarse para nada”, agregó.

Fueron meses de espera por una operación que nunca llegó. Sufría recaídas cada cierto tiempo, pero su esposo relata que antes de estar hospitalizada en el centro salud, Yedra solo era ingresada al hospital para ser estabilizada y luego dada de alta.

“Mi cuñado y yo trabajamos para brindarle todo lo que ella necesitara. No nos faltaba nada porque hasta las jeringas nos las pedían. Pero todo siempre era igual. Me decían que me la llevara y que después se planificaría la operación. Hablé con el director del hospital, le dije que por favor me ayudara, pero nunca recibí respuesta. Hasta mi cuñado hizo unas donaciones al hospital para que de alguna manera se agilizara la situación de mi esposa; pero todo quedaba ahí, no teníamos respuesta”, explicó.

Yedra y Luis estuvieron comprometidos desde la adolescencia y tenían 11 años de casados. Habían formado una familia en la golpeada capital zuliana, pero nunca hubo un adiós, no habían tenido necesidad de separarse hasta ahora. Luis relata que había encontrado un transporte para que sus hijos volvieran a ver a su madre una semana antes del accidente. Sin embargo, la camioneta falló y sus niños no pudieron ver por última vez a su madre.

Su pareja describe a Yedra como una mujer trabajadora y humilde. Era madre y siempre procuraba ayudar a quien más lo necesitara. Su esposo fue su compañero durante cada sesión frente a la máquina de diálisis, el último lugar donde cruzaron palabras:

— Yedra, por favor, intenta comer. Tienes dos días sin desayunar.

— Sí, mi amor, lo voy a intentar.

Café y azúcar, lo único que recibieron del Hospital

Los familiares de Yedra también desmintieron la versión de Melvin Urbina, director del centro asistencial, quien dijo el pasado 25 de octubre que la joven murió porque hubo una “falla eléctrica” cuando se encontraba dentro del ascensor.

“Ni se desplomó, ni tampoco se rompieron sus guayas”, afirmó Urbina, al ofrecer la versión oficial de lo ocurrido en el hospital. Aseguró que fue “una de las primeras personas en llegar” al sitio del accidente porque estaba en una reunión interna.

El director del HUM explicó que el movimiento brusco por la pérdida de control en el ascensor, tras una falla eléctrica, produjo que la camilla donde trasladaban a la joven “se desplazara hacia adelante y la aprisionara provocándole la muerte, mientras que su esposo y el ascensorista sufrieran lesiones”.

Los parientes de Yedra piden que se indemnice a la familia de por vida, si es necesario. Acevedo relata que, tanto su esposa como él, dejaron de trabajar desde que López empezó a sufrir de los riñones.

El director del hospital solo se limitó a informar que la Alcaldía de Maracaibo se encargará de cubrir los gastos funerarios, tras la muerte de la joven. Nunca sucedió. Su esposo afirmó que en el funeral solo se presentó una persona en nombre de la directiva del hospital. Cuatro kilos de café y dos kilos de azúcar fue la indemnización de las autoridades para los familiares de López en su velorio.

Pacientes crónicos que claman por la vida

La falta de diálisis, el tratamiento que elimina las toxinas que se acumulan en la sangre de las personas cuando sufren insuficiencia renal, hace que los pacientes se sientan mareados y con náuseas. Yedra, como cualquier paciente renal crónico, podría morir si pasa demasiado tiempo sin atención.

Por ello, los pacientes de la unidad de diálisis del Hospital Universitario de Maracaibo cada vez son menos. A pesar de que el centro médico fue el primero en realizar un trasplante de riñón en el país, en la actualidad, su realidad es otra.

Luis Acevedo describe como un calvario por lo que deben atravesar los jóvenes y adultos que deben recibir el tratamiento en el centro de salud marabino donde de 12 máquinas para diálisis, solo la mitad se encuentran operativas. Agregó que solo los pacientes que se encuentran en un estado de gravedad, a juicio del personal médico, pueden recibir una sesión diaria.

“Los únicos pacientes que pueden dializarse son los que están muy graves. Sin embargo, cuando están bajo esa situación solo pueden utilizar las máquinas turnándose. Solo ingresa el que más lo necesita”, denunció.

Salud en crisis

17.000

Pacientes deben dializarse

136

Clínicas estatales disponibles

1600

Máquinas están inoperativas

Las unidades públicas operativas son insuficientes y los equipos para realizar el procedimiento también escasean, de acuerdo con cifras de la Organización Nacional del Trasplante, ente que hasta el año 2012 se encargaba de velar por estos pacientes, y que luego fue sustituida por una fundación adscrita al Ministerio de Salud.

“Cuando los riñones dejan de funcionar, los pacientes sin orinar no desechan las toxinas de su cuerpo. Por esta razón al no recibir, aunque sea una sesión diaria, estas sustancias se acumulan en el cuerpo”, explicó Acevedo.

También advierte que los líquidos acumulados en el cuerpo pueden irse a los pulmones y provocar un paro respiratorio, además de otras complicaciones. Esto empeora cuando no hay centros en los que las afecciones puedan ser tratadas adecuadamente.

El Hospital Universitario de Maracaibo es uno de los centros de salud del Zulia que refleja la catástrofe humanitaria que se vive en el país. Las paredes y pisos, que alojan temperaturas de hasta 40° centígrados, se han convertido en depósitos donde proliferan las bacterias. Los ciudadanos no solo deben enfrentarse a una crisis eléctrica que los arropa por completo, sino que también deben hacerle frente a una lucha diaria por su vida en la región que alguna vez fue conocida como el pulmón de la industria petrolera en Venezuela.

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