• Carolina Aguiar es una joven que desde hace 10 años acompaña a su mamá en la batalla contra los efectos secundarios de la diabetes, enfermedad que les cambió la vida por completo

En el año 2009 fue la primera vez que Carolina Aguiar, de entonces 20 años de edad, supo lo que significaba la palabra diabetes. En ese momento, su mamá Alejandrina Aguiar fue diagnosticada con diabetes emocional.

“En aquel entonces mi hermano y yo no teníamos conocimiento real de qué tan grave era esta enfermedad, pero poco a poco fue avanzando hasta que se convirtió en diabetes tipo 1 y ahí fue cuando investigamos más y comenzamos a preocuparnos”, indicó Carolina para El Diario.

En el camino, la joven se enteró que la condición de su mamá era hereditaria, porque su tía también fue diagnosticada anteriormente. Además, ella y su hermano tienen doble posibilidad de heredar la enfermedad porque en su familia paterna también hay diabéticos.

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“Lo malo de esta enfermedad es que, como dice mi mamá, con el tiempo se va comiendo tus órganos. Puedes perder la vista o un riñón, debes cuidarte de todo tipo de infecciones y es algo muy preocupante. Cuando a mi mamá le da una gripe yo ando angustiada porque sé que el azúcar se le puede subir a 200 o 300 mg/dl, que son niveles muy elevados”, explica.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) la diabetes es una enfermedad que aparece cuando el páncreas deja de producir insulina o el cuerpo deja de utilizarla de forma eficiente. Esta enfermedad es cada vez más común pues, según la Federación Internacional de Diabetes, 1 de cada 11 personas en el mundo tiene diabetes.

En el año 1991, ante esta preocupación, ambas organizaciones internacionales declararon el 14 de noviembre como Día Mundial de la Diabetes, con la intención de promover campañas preventivas contra esta enfermedad en todo el mundo. El lema de este año es “La diabetes y la familia” que se centra en honrar la labor de los parientes que acompañan y ayudan al paciente diabético.

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“La diabetes de mi mamá sí ha representado un cambio fuerte en mi vida, porque ella no es la misma que era antes de la enfermedad. Su conducta ha cambiado, a veces está bien y de pronto no lo está y si se siente mal físicamente su humor está mucho peor”, detalló Carolina.

En estos 10 años, Carolina ha aprendido mucho sobre la batalla contra la diabetes, desde cómo funcionan las pastillas o la insulina hasta cómo debe reaccionar ante los cambios de humor repentinos que puede tener algún paciente.

“Con la situación del país hemos tenido que darle a mi mamá diferentes pastillas, a veces algunas le caían mal y otras veces no conseguimos las que eran. Además, ella nunca ha tenido un glucómetro, ella sabe que tiene el azucar alta porque lo detecta si tiene las manos o los pies rojos o si ve borroso”, agregó.

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Otra dificultad que han tenido que enfrentar juntas es llevar una dieta saludable. “Desde hace mucho tiempo ella no puede comer como lo debería hacer un diabético. Ella debe tener por cada comida una merienda, pero no se puede. Si desayuna y almuerza es solo eso, no puede haber meriendas porque la situación económica no lo permite”.

La mayor preocupación de esta joven que la enfermedad de su mamá se vuelva más agresiva y deban pasar por alguna emergencia. “Es muy doloroso ver cuando se enferma mi mamá, porque sus valores bajan y es tan peligroso porque puede perder hasta un riñon y me da mucho miedo el tener que pasar por una situacion asi y le pido a Dios que no llegue a pasar por eso. Yo hago que mi mamá se cuide y coma lo más sano posible”.

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Actualmente, la joven vive con su esposo y su hijo; sin embargo, va todos los días a casa de su mamá. “Recomiendo que aquellas personas que tienen familia con diabetes, le presten atención, no las abandonen. Aunque no lo crean el diabético tiene cambios de humor, a veces está muy sensible, pero hay que saberlo llevar, apoyarlos y estar pendientes cuando diga ‘me duele aquí o allá’ hacerles caso porque estas enfermedades son tan silenciosas que solo quien la tiene puede decir qué es lo que siente”.

Carolina, al igual que muchos familiares de diabéticos, ha representado un papel fundamental en el bienestar de su mamá y en la lucha contra esta grave enfermedad que tanto en Venezuela como el resto del mundo representa un desafío para la sociedad.

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