• Cuando asumió la jefatura en el departamento de control y calidad de Ron Carúpano, la figura de maestro ronero no existía. Para ser catalogado de tal forma, se requieren entre 10 y 20 años de experiencia

El reloj marca las 8:24 am y Carmen López de Bastidas sale de la habitación del hotel donde se encuentra hospedada en Caracas. Se dirige hacia el restaurante que limita con lobby de la edificación y se presenta con una pequeña sonrisa que inspira respeto, admiración y orgullo; no solo porque tiene casi 30 años haciendo rones en la Destilería Carúpano, ubicada en la Hacienda Altamira del estado Sucre, sino porque también es la única maestra ronera de Venezuela y una de las cuatro en el mundo en realizar este oficio.

Ella se ve sencilla, pero sumamente elegante. Usa poco maquillaje en su tez clara. El tono rojizo que pinta sus labios es suficiente para hacer juego con los dos hoyuelos que se forman en sus mejillas. También luce el cabello corto, peinado al estilo Garçon, con anteojos rectangulares y de pasta negra con rosa, zarcillos dorados y un collar de perlas. Sin llegar los 1.50 metros de estatura, impone su grandeza como persona. Se sienta sobre un sofá de cuero negro y empieza a contar su historia. 

“Mi infancia fue muy linda; la disfruté mucho, de verdad. Mis padres eran muy amorosos y responsables. Fui una niña muy consentida y muy madura a la vez. Desde que tenía diez años de edad me imaginaba estudiando una carrera universitaria. Me gradué como técnico en química y me casé a los 21 años en Caracas, donde trabajé en laboratorios desde los años 70 y también tuve a mis tres hijos”, relata la maestra ronera, mientras la música instrumental del lugar combina con la charla.

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Foto: Fabiana Rondón

En la década de los 80 se mudó con su familia a Carúpano, donde pasa la mayoría de su tiempo. En el año 1990 fue citada en el laboratorio de Destilería Carúpano para crear una fórmula y se le abrió una vacante para crear el departamento de control y calidad de la empresa, en la que, además, se le requería estar involucrada en el diseño y el desarrollo de la marca. 

Sus inicios en el área no fueron sencillos, recuerda. Estaba escéptica de aceptar tal cargo. Pronosticaba que no tenía nada que hacer allí, en vista de que carecía de conocimientos relacionados con las bebidas alcohólicas. Además, tenía la tarea de cambiar una metodología de trabajo que prácticamente era artesanal dentro del departamento de una empresa que está en funcionamiento desde 1762. 

“No es fácil cuando tú quieres implementar procesos y procedimientos desconocidos para un personal que era muy longevo. Tampoco es fácil cuando quieres formar a ese tipo de gente. Yo sola tuve que hacer ese cambio. Jamás llegué a imaginar que desempeñaría esta función durante tanto tiempo, decía que en un año me iba a retirar; aunque cuando vi por primera vez esa cascada dorada que salía de una barrica me enamoré, fue algo que me enganchó”, asevera López, quien el 29 de enero de 2020 cumplirá tres décadas en el oficio.

A De Bastidas le ha tocado asumir toda la cartera de productos de Ron Carúpano. El desarrollo de cada fórmula es suyo. Su carga de trabajo era tan fuerte que llegaron momentos en los que no tenía ni un solo día libre, trabajó corrido durante 90 días y luego fue que le dieron la credencial como jefa del departamento. 

“Tenía que estar pendiente de cosas en las que se necesitan más de dos personas. No con esto quiero decir que era indispensable, pero en ese momento yo tenía que salir adelante. Jamás desistí, sino hacer todo lo que estuviera a mi alcance y trabajar hasta que el cuerpo aguantara», Relata.

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Fue una lucha muy fuerte, pero tampoco imposible, porque lo logré. En dos años le di una estandarización a la calidad del ron. Lo demás es historia”, expresa con determinación.

«La Maestra», como es conocida entre sus colegas, considera que el tiempo, la dedicación, el amor, la pasión y el hecho de colocar el trabajo por encima de otras ocupaciones le han permitido llegar adonde está. Tenía que manejar a toda una producción de exportación, actualizar y hacer la parte analítica todos los alcoholes que llegaban. Asimismo, sacrificó horas que pudo haber invertido en su familia —que actualmente reside en Maturín, estado Monagas— para entregarse a su empleo.

“En mi rol de madre, tocó pagarle el transporte a mis hijos para que los buscaran a la casa y los llevaran al colegio. Mi esposo se encargaba de hacerles el desayuno; toda la vida se los preparó, toda la vida, porque yo tenía que dedicarme a mi trabajo. Yo no tenía horarios de salida. Un día podía salir a las 5:00 pm y otro a las 10:00 pm, o salir de madrugada para volver a entrar a las 7:00 am de ese día. Es decir, le dediqué más tiempo al trabajo que a la familia”, confiesa.

Y eso que la carrera con la que ella soñaba era la de abogado. Inclusive, llegó inscribirse en la Universidad Central de Venezuela, pero no continuó con los estudios por el hecho de que tenía que cumplir con sus compromisos laborales en la Destilería Carúpano y con el hecho de ser madre. “¿En qué momento me iba a dedicar a todo lo que tenía que hacer de la universidad? El tiempo no me iba a alcanzar. No me podía arriesgar a hacer tres cosas a la vez”, se cuestiona De Bastidas. 

Otro de los anhelos que tuvo en su juventud fue montar una galería de arte, debido a que desde niña se vio muy interesada por la pintura. “Yo pinto, aunque tengo tiempo que no lo hago, como cinco años aproximadamente. Uno desconoce su verdadero destino; sin embargo, caes allí. Yo pienso que estoy en el sitio donde debería estar. Tengo una amiga que siempre me dice: ‘Ay, Carmencita, menos mal que no te dedicaste a eso de la pintura, porque, de lo contrario, no habrías vendido ni un solo cuadro’”, cuenta entre risas la mujer de lentes y cabello corto.

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Foto: Fabiana Rondón

Cuando asumió la jefatura en el departamento de control y calidad de Ron Carúpano, la figura de maestro ronero no existía. En la actualidad, para ser catalogado de tal forma, se requieren entre 10 y 20 años de experiencia en empresas roneras y un título en ingeniería. “El que no ha cumplido con esa etapa no puede llamarse de esa forma. Se debe tener un conocimiento total en la materia, conocer todos los procesos de manera profunda e identificar todas las características que obtiene el ron a través del tiempo”, aclara.

Aunque no es ingeniero ni licenciada en el área, ha evolucionado en el campo mediante la experiencia y los conocimientos que ha adquirido en el sitio de trabajo. Por eso admite que ser la única maestra ronera del país significa un reto y una responsabilidad muy grande; primero, para el gremio de las mujeres; segundo, con la industria del ron; y, tercero, con la misma imagen del cargo.

“Como maestra ronera tengo diez años, cumplí con el lapso que dice la ley. Recuerdo que, antes de ser certificada, Rosanna Di Turi (periodista gastronómica) me hizo un artículo para el libro Ron de Venezuela, y me dijo: ‘Chica, tú no tienes nada que envidiarle a ningún maestro ronero. Tú eres una maestra ronera, y muy destacada, porque los productos que tú haces no los elabora nadie más’. Entonces ella fue la primera que me llamó maestra ronera”, comenta la TSU en química mientras apoya sus manos sobre el acolchado sillón.

«La Maestra» siente que los rones son como sus hijos, porque los cuida, les da a amor. No permite que le cambien el proceso de elaboración y formulación de estos, ni que le quiten o le agreguen algún tipo de alteración sin su consentimiento. De ser necesario hacer alguna modificación, ella es la única encargada de hacerlo. 

“El maestro ronero debe ser honesto. Cuando te llevas a la nariz una copa de ron y percibes aromas exquisitos, muy identificables, como pueden ser cítricos, vainilla, tabaco, canela, frutos rojos, flores, conchitas de naranja o coco, se trata de un producto que está intervenido. Los que trabajamos en este oficio debemos tener un consumo de ron muy responsable; no podemos perder el control. El ron no es para volverse loco, sino para disfrutarlo”, explica.

Por naturaleza, desarrolló un olfato y un gusto muy agudo. Para cuidar sus papilas gustativas, no consume picantes o alimentos que puedan perjudicar su don. Ella es intolerante al exceso de sal y de picante. Lo mismo pasa con lo ácido, no lo soporta. Asimismo, identifica de manera inmediata cuando una comida está entrando en estado de descomposición.

“Yo me apoyé mucho de un curso que hice en el exterior, hace 12 o 13 años, sobre la evaluación sensorial. Aprendí muchas técnicas y, sobre todo, conocí sobre las partes o secciones de la lengua y la parte psíquica, para no dejarme convencer por la imagen de un producto que, de repente, haya sufrido una alteración. Soy muy cuidadosa con los aromas y sabores que se van desarrollando”, asegura, y al mismo tiempo extiende sus manos en los apoyabrazos del sofá.

Sobre las diferencias que podrían existir entre las papilas gustativas de un hombre y las de una mujer, López especula que las mujeres son más sensibles y, a su vez, más detallistas y observadoras en cuanto al aroma y el sabor de las bebidas. “Obviamente, desconozco el nivel de las papilas gustativas de los hombres. Digamos que ellos las tienen menos desarrolladas porque toleran más el picante, lo salado y las altas temperaturas”, estima.

El ron es conocido en el mundo como la bebida de las almas aventureras, añejo y fiel compañero de piratas y navegantes, para lidiar con el estrés que implica la vida marina y aliviar las penas. A pesar de que el mundo de las bebidas alcohólicas está acaparado por el género masculino, ella jamás ha sido discriminada por el hecho de ser mujer. Toda la vida ha recibido un buen trato de sus colegas.

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Foto: Fabiana Rondón

“Conformamos un gremio en el cual nos queremos muchísimo y nos respetamos. Creo que ninguno de mis compañeros podría decir algo malo de mí, como a mí tampoco se me ocurriría decir algo malo de ellos, porque no tengo ningún motivo para hacerlo. Tampoco tengo nada malo que decir sobre otros productos nacionales. Todos los respeto. Cada uno tiene una característica y no puedo esperar que todos sean iguales, porque no existiría esa diversidad de aromas y sabores”, sostiene. 

Venezuela produce cinco de los mejores diez rones del mundo. El ron venezolano se diferencia de los demás porque se prohíbe alterar la mezcla con sustancias que aportan color, sabor o aroma de forma artificial. 

“En Venezuela no se puede usar esencias, sino envejecimiento. La ley nos exige, como mínimo, dos años en barricas de roble blanco. En otro países tan solo se piden cuatro, seis u ocho meses, no se llega al año; y a  eso le llaman ron. Ya por ahí nosotros evaluamos que nuestro producto es de mayor de calidad al que tienen ellos”, esgrime con firmeza.

El ron es elaborado con base a caña de azúcar fermentada y destilada. De Bastidas expone que Venezuela, como país tropical, goza de una de las mejores cañas del mundo, puesto que tiene más de 38% de sacarosa respecto a otras partes del planeta. Explica que para la recolección de la caña de azúcar se quema el terreno trabajado y esta se obtiene de forma mecánica. 

“Cuando se hace la molienda de la caña se extraen unos jugos que se ponen a cocinar, y de allí se va concentrando y cristalizando toda su corteza. Ese jugo que queda se llama melaza. A esa melaza se le agregan unas levaduras y el azúcar sufre un enlace químico en el que, mediante la fermentación, se convierte en alcohol. Ese alcohol se destila, a través de un alambique o columnas de destilación continua”, indica, mientras se aprecia su aura de conocimiento en el entorno.

En cuanto a lo que se define como envejecimiento del ron, el clima venezolano de las costas, el hecho de emplear la melaza fermentada, y no el jugo de caña exprimido, incide directamente en la calidad del ron al momento de que se lleva a cabo la oxidación del mismo, debido a que se fusiona el alcohol de caña con el agua y la madera de roble blanco —en Venezuela se usa el americano— de las barricas. 

“Cada ron tiene una formulación, que previamente ya ha sido desarrollada y estandarizada para que sea reproducible en el tiempo. El ron lo dejamos en unos almacenes o galpones de envejecimiento regidos por el Seniat (Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria), y allí permanecen dos años como mínimo. Si se quiere, las barricas se pueden dejar hasta 30 años. Para sacarlas, se levanta un acta, solicitándole al Seniat que autorice bajar el número de lote para realizar el vaciado”, manifiesta.

Cada maestro ronero desarrolla una fórmula, a través de los recursos que tiene o las características que le quiera dar a su ron. En el caso de la señora Carmen, no le coloca un agregado a la fórmula, sino que simplemente juega con rones envejecidos de diferentes edades. 

Ella ha elaborado rones para todo tipo de gustos. Uno de sus “hijos” se llama Ron Carúpano Reserva 6, porque consta de una mezcla de reservas madre que presentan de dos a seis años de envejecimiento. También tiene el Ron Carúpano Oro 21, que ostenta en su formulación rones desde 12 hasta 21 años.

“El ron añejo X.O, que es el segundo en la categoría super premium, está inspirado en el país. Para su elaboración, le coloqué un envejecido de cacao. Tiene unas notas de chocolates muy enraizadas en la venezuela agrícola. No tiene ni un granito de azúcar, por eso es dirigido a los caballeros, a los hombres de negocio, a una persona regia, que le gusta lo fuerte y busca retos”, cuenta. 

Su Ron Zafra, que también pertenece a la línea de los superpremium, fue lanzado el año pasado y en todo este tiempo ha conquistado cuatro medallas internacionales.

“Creo que ningún producto lo había logrado en este país. En 2019, ganamos diez reconocimientos internacionales y cada producto se quedó con el premio Tenedor de Oro, lo que nos llena de mucha satisfacción porque, también por primera vez, una cartera de productos se queda con esos distintivos”, explica con orgullo.

De acuerdo con un estudio publicado en 2018 por la Organización Mundial de la Salud, Venezuela se ubica en la casilla número 12 de los países en los que más se consumen bebidas alcohólicas, con un promedio de 5.6 litros al año, lo que lo hace un consumidor intermedio con respecto a otras naciones latinoamericanas. El listado es liderado por Uruguay (10.8) , Argentina (9.8) y Chile (9.3).

“Nosotros, los venezolanos, no sabemos lo que tenemos. No sabemos que nuestro ron está calificado como el mejor del mundo, y lo puedo decir con propiedad. Donde quiera que vaya, el ron de Venezuela se puede catalogar así, por su añejamiento, sus características organolépticas, bien sean en aromas en sabores, y por lo que rige nuestro reglamento en la ley”, argumenta la maestra ronera, quien, además, es miembro de la Denominación de Origen Controlada Ron de Venezuela.

En su discurso expone: “Hay que educar, porque la mayoría de los venezolanos desconocen lo que representa el ron. Desconocen su nombre. A cualquier cosita por ahí le llaman ron, mientras que al ron verdadero no lo valoran. Eso es ofensivo, porque cuando uno va al exterior lo primero que me piden es una botella de ron venezolano. Hay que apoyar nuestro ron, hay que conocer su historia y todo lo que está detrás de él”. 

Con el correr de los minutos, «La Maestra» toma una bocanada de aire y muestra su lado más sensible y crítico. Comenta que le afecta la crisis por la que está pasando la nación. Ella era adicta a las noticias, compraba entre tres y cuatro periódicos diarios. Leía El Diario de Caracas, El Universal, El Nacional y 2001. No obstante, confiesa que que dejó de consumir noticias para evitar que el contenido que lee perjudique su salud.

“Tampoco voy a marchas. Me digo que no vale la pena y que voy a evitarme un infarto porque soy una persona hipertensa. ¿Para qué me voy a enfermar con eso? Todos sabemos que lo que sale de la boca del oficialismo es una porquería, una mentira, solo saben descalificar y ofender. Lamentablemente, muchos talentos y valores se han ido de este país. Es un problema que nos arropa a todos”, opina indignada.

De haber un cambio positivo en Venezuela, comenta que el ámbito económico se puede recuperar rápido, puesto que cuando “estos señores del oficialismo se vayan, porque no les va a quedar de otra que huir”, vendrán inversionistas de todas partes del mundo. “Todo lo que aquí se produzca va a ser un éxito. Venezuela lo tiene todo, es el país más sabroso”, añade. 

“Solucionar la parte social sí será duro. Aquí se perdieron los valores, se perdió el respeto, lo que abunda es la estafa. Nos estamos dejando llevar por unos delincuentes que, mediante el dólar, manejan la economía de este país. Todo eso se tiene que erradicar, ¿cómo?, creando nuevas leyes en el código orgánico procesal penal. Se debe aplicar la ley, castigar ese tipo de delitos y que los padres eduquen bien a sus hijos. Hay gente que solo piensa en la vida fácil”, sostiene, y al mismo tiempo cruza sus brazos en señal de enojo.

A De Bastidas le brillan los ojos, su voz se quiebra, aparentemente se le hace un nudo en la garganta y, por un instante, se le escapa una lágrima. Con una mano se sube los anteojos y, sutilmente, con la otra se quita la humedad de su rostro. Admite que llora a causa de cualquier emoción, sobre todo cuando le toca hablar sobre la situación de Venezuela. 

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Tengo un respeto profundo por las personas y por mí misma, así como por mis sentimientos y mi país. Yo disfruto honrar y alabar a Venezuela. La llevo aquí, en mi corazón. Y por eso yo no me voy de mi tierra. Yo puedo ir y venir por mi trabajo, pero yo haría lo que fuera por él, de la manera más honesta y representativa”, exclama.

Sin dar muchos detalles sobre lo ocurrido, dice que una vez su hija llegó de vacaciones desde París, Francia, “y le robaron todo” cuando se dirigía hacia Maturín. “Quisiera que el país volviera a tener paz, abundancia y el respeto que se ha perdido. Hace 20 años, la gente creyó de manera equivocada en un modelo de gobierno que se sabía, a leguas, que no iba a funcionar, que tenía otros intereses. Me apena decirlo, pero lo que estamos viviendo los venezolanos jamás debió pasar”, agrega con pesar. 

Se acerca el fin de la conversación. La entrevistada comenta que no sabe cuándo se retirará del oficio, pero siente que no le queda mucho tiempo en la destilería: “Así como yo puedo durar dos añas más, también me puedo ir mañana. No lo sé. Solamente Dios lo sabe. Pienso que no me voy a quedar por mucho tiempo más en la empresa, aunque mis jefes insisten en que yo no me puedo ir, que siempre voy a estar ahí, que yo puedo estar en mi casa y cuando me necesiten”.

«La Maestra» tiene varios propósitos en Venezuela. Uno de ellos es que “muy pronto” existan carreras universitarias destinadas al ron en Venezuela. “Esta ha sido mi propuesta. Me sentiría realizada y muy satisfecha de que se logre”, adelanta, aunque no puede pronosticar el nivel académico en el cual se ejecutarán, si serán especializaciones para ingenieros en alimentos, ingenieros químicos o a nivel técnico.

“Yo creo que mi palabra y mi trabajo son el aporte más grande que le puedo dar a mi tierra. Sin esos dos elementos, yo no sería quien soy en este momento. Creo que el 95% de las personas no aguantan este estrés de trabajo. Me han dicho que soy una inspiración para las mujeres, muchas quieren seguir mi ejemplo. Que sea vista como el orgullo de Venezuela me da una satisfacción muy grande”, concluye con optimismo.

Faltan cuatro minutos para que el reloj marque las 10:00 am. Carmen López de Bastidas coloca sus manos sobre los apoyabrazos del mueble negro, se inclina hacia adelante y se despide justo como se presentó: con un beso en la mejilla y esa pequeña sonrisa que, en esta ocasión, no solo inspira respeto, admiración y orgullo, sino también ganas de salir adelante y esperanzas en que tarde o temprano Venezuela será un mejor país.

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