• Fémina, como se hace llamar, es una venezolana que ama lo que hace. Su motivación es el trabajo y su hijo, su gran motor de vida

Una cancha rodeada por casas de bloque y ubicada en las alturas de Manicomio, barriada de la parroquia La Pastora, en Caracas, es una de las paradas donde un grupo de raperos le canta a la juventud para ambientar el espectáculo que brindan los Court Kingz, equipo estadounidense de baloncesto callejero que visita por tercera vez consecutiva los barrios capitalinos de Venezuela, azotados por la pobreza y la delincuencia que hunden a la nación

El público de Manicomio no se ve enloquecido, tal como sugiere el nombre de la comunidad, pero se nota que disfruta el hip hop que se escucha a todo volumen. El sexo masculino predomina entre el puñado de artistas que animan el evento. No obstante, una muchacha con zapatillas blancas, extensiones púrpura y de baja estatura llama la atención de los presentes por su atractivo físico y desata la locura en el escenario cuando baila twerking y empieza a cantar. 

Foto: Fabiana Rondón

Valiente, emprendedora, talentosa y guerrera son los cuatro adjetivos que llegan a la mente de cualquier persona que tiene la oportunidad de codearse con la personalidad de Karelys Colmenares, conocida en el mundo artístico como Fémina, quien representa a las mujeres en la música urbana a través de sus poderosas rimas.

Ella vive en Cotiza, uno de los barrios más antiguos, populares y peligrosos de Caracas, lugar del que se siente orgullosa. Sus primeros pasos en la industria del hip hop los dio en una tarima como bailarina, oficio que no era de su agrado porque se sentía como “un adorno”; así que decidió dar el siguiente paso: la composición y el canto. 

“Empecé a cantar rap cuando estaba en primer año de bachillerato. En la plaza se la pasaban jóvenes más grandes que yo, siempre estaban freestaleando (improvisando), patinando o grafiteando. Después de salir del liceo, me dirigía hacia donde estaban ellos, nunca sin dejar los estudios, eso sí, porque ahí sí mi mamá me mataba”, recuerda la cantante entre risas, mientras se corre hacia los hombros las extensiones que adornan su cabello. 

Foto: Fabiana Rondón

En un principio pensó que no sería tomada en cuenta en la movida callejera por su corta edad y por el hecho de ser niña, pero se ganó la aceptación y la admiración del grupo de muchachos, no solo porque improvisaba rimas y pintaba grafitis en las paredes, sino porque también hacía skateboarding. Incluso sufrió varios golpes, moretones y raspones en las rodillas por la cantidad de veces que se cayó de la patineta.

Yo he crecido donde me he caído, porque todo el tiempo he sido victoriosa y voy por el oro. Todas esas cosas malas que me han pasado no las he visto como un obstáculo. De cada caída nos levantamos y salimos más fuertes”, dice con firmeza.

Sus grandes influencias en la movida del hip hop fueron Pedro Pérez (Budú), Carlos Julio Molina (DJ Trece) y Carlos Madera (El Nigga Sibilino), quienes conformaban la agrupación Tres Dueños; y también Guerrilla Seca, dúo que estuvo integrado por Gustavo Ferrín (Rekeson) y Arvei Angulo (El Prieto); posteriormente, con este último tuvo la oportunidad de trabajar, conocer varios estados del país y adiestrarse en la cultura hiphopera. 

En el año 2009 tuvo la oportunidad de cumplir su objetivo inicial: ofrecer su primer espectáculo como cantante. En ese entonces se hacía llamar Lil Bit. Sin embargo, cambió su seudónimo a Fémina para dejar a un lado los anglicismos y personificar a la mujer venezolana, a quien califica de luchadora, campeona y echada “pa’lante”, que no tiene que depender de un hombre para llegar a donde sea. 

Ante la falta de apoyo, sus inicios no fueron sencillos. La rapera de 26 años de edad fue discriminada, le cerraron muchas puertas; de hecho, llegó a recibir propuestas “raras e indecentes”. Por eso manifiesta su gratitud de manera constante a quienes creyeron, le tendieron una mano y empezaron con ella desde cero, ya que de no haber sido por ellos no habría logrado lo que hasta el momento ha conseguido. 

Tengo mucha variedad en mis letras y los ritmos que he explorado; antes, cuando me hacía llamar Lil Bit, hacía solo rap y era como para un público 100% under, de gueto. Ahora, como Fémina, me estoy yendo más hacia lo comercial, hago rap que todo tipo de gente pueda disfrutar”

Pese a vivir en un sitio humilde y formar parte de una industria en la que prevalece la rudeza y la poca delicadeza propia del género masculino, ella es muy coqueta; le gusta combinarse y vestirse bien. El maquillaje hace juego con sus accesorios. Usa aretes, pulseras, uñas acrílicas y un llamativo reloj de plástico. 

Su feminidad va de la mano con su nombre artístico. Para ella es importante estar aseada y llegar con buena presencia a cualquier sitio. “Eso es lo que te va a representar físicamente en el point (lugar) y tener flow”, añade.

La artista confiesa que ha aprendido a lidiar con aquellas personas —sobre todo de la tercera edad— que tienen tabúes respecto a su estilo. Hace énfasis en que la educación no se mide por lo que lleve puesto, porque “uno conoce gente que se viste de traje y no da ni los buenos días”.

Es difícil contar los tatuajes que tiene sobre su piel; hasta ella perdió la cuenta. Primero señala una manga de lienzos que le cubre el brazo izquierdo. Sobre su pecho reposan dos calaveras, que representan su familia de sangre y su familia de calle; y un diamante de corazón, en homenaje a sus ancestros. Su cuello es decorado por una mariposa, que significa evolución y que usa como inspiración para “volar por todos lados”, mientras la palabra gifted (dotada) emerge sobre su ceja izquierda.

Foto: Fabiana Rondón

Karelys no solo se ha dedicado a componer rimas y a cantar en tarimas, también estudió Administración de Empresas, vendió chucherías en un kiosco del pueblo de Galipán y luego fue jefa de recursos humanos en un local de alimentos del Mercado de Guaicaipuro. A pesar de tener uno de los cargos más altos en este último empleo, no era feliz.

El título más grande que ella ha recibido en su vida no fue el de la universidad, sino el de madre. Los ojos de la rapera empiezan a brillar y se toma un segundo para ordenar en su mente la cantidad de emociones que le produce hablar sobre su hijo, Derek, quien cursa el segundo nivel de preescolar y es “un excelente pintor”. 

“Él representa mi vida entera, mi mundo, es mi mayor motor. Todo lo que hago es para verlo sonreír y que no le falte nada. Independientemente de la situación en la que estemos, yo puedo decirle a mi hijo que saldremos adelante. Así nos comamos una arepa con mantequilla y queso, doy gracias a Dios porque tenemos un bocado cada día y no nos dejamos frenar por nada de lo que nos pase”, reflexiona la muchacha de cabello púrpura.

Fémina pensó en retirarse de la música urbana, creyó que esa etapa de estar cantando en una tarima había llegado a su fin en vista de que debía concentrarse en ser mamá. No obstante, cuando Derek cumplió el año de nacido, ya ella tenía varios temas escritos desde que estaba embarazada.

“Soy una mujer que no se detiene por el hecho de ser madre. El principio fue horrible, pasé muchas etapas difíciles porque a uno le cambia el cuerpo y el estado de ánimo durante el embarazo. Mi mamá, quien siempre me apoyó, me sigue ayudando con el niño”, dice la artista.

Su tono de voz es más moderado de lo habitual. Recuerda que estuvo muy molesta con su padre porque él se fue del país y nunca la amparó durante el embarazo; las dejó solas a ella y a su mamá por preferir “pasar roncha” en el exterior. 

Foto: Fabiana Rondón

“Un día mi papá me llamó desde Colombia y se quedó impresionado porque escuchó uno de mis temas. Me dijo que yo estaba sonando allá y luego me pidió que lo perdonara”, relata la caraqueña. 

A Karelys se le hace un nudo en la garganta. Sin dar muchos detalles, revela que su hermano murió a puñaladas en Colombia. Sin embargo, ese no ha sido el único episodio en el que un allegado suyo ha sido víctima de la delincuencia, y es que el padre de Derek se encuentra en estado vegetal a causa de un disparo en la columna vertebral. 

“Vivimos en un país donde el hampa nos arropa. Es duro que mi hijo tenga que ver a su papá así, en cama. Con las rehabilitaciones ha visto algo de mejoría. Hay que tener fe, porque cuando uno obra bien le va bien. Dios va a permitir levantar al papá de mi chamo y que él, por lo menos, pueda llevarlo de la mano al colegio”, expresa la artista, con un rostro serio y melancólico. 

Fémina tiene muchos sueños por cumplir. Quiere ser reconocida nacional e internacionalmente y representar su bandera fuera de las fronteras, de manera que los venezolanos se sientan orgullosos de su trabajo. También le gustaría hacer featuring (colaboraciones) con artistas importantes, como la trapera argentina Cazzu.

Se considera un ejemplo para la sociedad, debido a que es una de las pocas voces que representa al género femenino en la música urbana. Por eso cree que ser mujer es un don y una bendición de Dios. 

“Nada más por el hecho de ser mujeres somos grandes, los ‘mostros’ (sic) creadores de la humanidad. Nacer en el barrio me hizo fuerte, porque crecí en un entorno 100% humilde, pero siempre tuve los valores que mi mamá me inculcó desde niña. No me pienso frenar por aquellos que me digan que no se puede cumplir tal sueño”, declara la caraqueña, quien se despide con un beso al aire y una sonrisa colmada de positivismo y superación. 

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