• A los 27 años de edad Eneida Torrealba tuvo su primer contacto con el mundo judicial en calidad de pasante. Su desempeño la condujo al siguiente nivel: tener la oportunidad de comenzar a trabajar en los tribunales

Las cuatro paredes de la oficina de la jueza Eneida Josefina Torrealba Cabezas están repletas de pinturas y cuadros alusivos al poder judicial. En una mesa pequeña, a su derecha, reposa una estatuilla de Iustitia, la diosa romana de la justicia, además de montones de libros, agendas, expedientes, una radio y la computadora.

Sentada con postura firme y las manos sobre la mesa, dejando ver los cinco anillos en los dedos de sus manos, la doctora Torrealba, de 45 años de edad, comienza su historia: “”. La jueza cuenta que para llegar hasta donde está hoy debió subir muchos escalones desde que terminó la carrera.

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Tengo 18 años de graduada de abogado y trabajando en el poder judicial, mi carrera ha sido por ascenso».

Su vida profesional comenzó cuando inició sus pasantías universitarias. Cuando Eneida Torrealba estaba en el cuarto año de la carrera, una de sus compañeras de clases, que ya se desempeñaba dentro del mundo judicial como asistente de un tribunal, le ofreció realizar sus pasantías donde ella trabajaba. Torrealba aceptó sin dudarlo. 

Asistió a una entrevista con el juez que estaría a cargo de supervisar sus pasantías, el doctor Manuel Puerta González, “y lo primero que me dijo fue: ‘las pasantías que se hacen aquí no son como en otros lugares, a donde vas quince días, estás un rato y te vas’. Me explicó que para realizar mis pasantías allí yo debía entregar un producto final que estaría elaborando durante mi permanencia en el lugar. Así que me dio un caso que aún no estaba terminado y me pidió mi opinión, que lo analizara bien y que me tomara mi tiempo. Eso hice”. 

Esa fue su primera experiencia en el poder judicial. Se tomó muy en serio la investigación, buscó libros y analizó con minuciosidad el dictamen final. Hizo tan bien su tarea, defendió con tanta firmeza su postura, que inmediatamente el juez le preguntó si quería ser asistente en ese tribunal. Emocionada Eneida dijo sí y de esta forma comenzó su carrera judicial, en un tribunal superior civil, a los 27 años de edad. 

Luego de este momento, su éxito fue en ascenso. Fue también auxiliar de secretaria, y estando en ese cargo le ofrecieron ser secretaria titular del tribunal 18 de municipio. “Cuando voy a la entrevista me dijeron ‘el cargo es tuyo’. Tuve que decir me dieran un tiempo para hablar con mi anterior jefe”. Después de estar por mucho tiempo como secretaria titular de municipio, tuvo otro ascenso, esta vez a secretaria titular de un tribunal superior.

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Foto: Victor Salazar

La jueza Torrealba se siente afortunada porque todos los hombres que han sido sus mentores fueron jueces integrales, preparados, que siempre compartieron generosamente con ella sus conocimientos, además de brindarle un gran apoyo dentro del poder judicial. 

Eneida estuvo en muchos tribunales de municipio realizando suplencias hasta hace tres años, cuando la llamaron para ocupar el Tribunal 24 de Municipio como jueza suplente especial, cargo que tiene esa particularidad porque el tribunal no tiene fecha de expiración. Mientras habla, en su mirada se puede observar lo orgullosa que se siente de haber comenzado su trayectoria profesional desde el cargo más pequeño, aprendiendo y absorbiendo cada conocimiento y experiencia durante estos 18 años. 

“Del poder judicial siempre tengo pensamientos positivos” 

En la radio suena la canción “Tanto”, del cantautor español Pablo Alborán, mientras que la jueza Eneida explica que su mayor orgullo es su hija de 6 años, quien por cierto afirma que es una “secretaria auxiliar” del tribunal durante sus vacaciones escolares, y manifiesta su intención de ser jueza como su mamá cuando sea grande. La doctora Torrealba dice que no hay nada más satisfactorio que haberle dado ese ejemplo a su hija.  

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Doy gracias a Dios porque desde que empecé en esto, todo se ha caracterizado por experiencias bonitas. Del poder judicial siempre tengo pensamientos positivos», dice.


En su labor, como el resto de los jueces en el país, Eneida debe cumplir su rol en nombre de la verdad y la justicia, pero no puede evitar conmoverse emocionalmente cuando debe materializar desalojos o atender casos de secuestros. “Eso siempre afecta la parte humana de uno, pero somos servidores públicos y debemos servir al Estado”, afirma con la convicción de que está haciendo lo correcto. 

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Foto: Víctor Salazar

Y porque siempre ha procurado hacer lo correcto, se dispone a participar en todo lo que pueda para formar a la generación de relevo. Este año, incluso, fue facilitadora en un proyecto que realizó el poder judicial en la Sala de Casación Civil para preparar a los funcionarios con las nuevas tendencias del Derecho. 

“Cada vez que hay alguna forma de apoyar, yo apoyo. Creo en mi país, creo en mi gente. Amo a Venezuela, sigo y seguiré trabajando por este país”, dice orgullosamente la jueza, quien acotó que va a continuar apostando por Venezuela, por la formación y por los jóvenes en las aulas que son el futuro del país. 

Jueza, madre y alumna universitaria

A las 5:30 am comienza el día de Eneida Torrealba. Baña, viste y prepara a su hija para llevarla al colegio, le hace el desayuno y el almuerzo. La lleva a clases y entonces regresa a su casa para prepararse ella y salir a trabajar.

Va a los tribunales. Luego asiste a clases, pues está finalizando una maestría en Política Exterior de Venezuela en el Instituto de Altos Estudios Diplomáticos Pedro Gual. Después se dirige a la Universidad Monteávila, donde por las noches también está haciendo una especialización en Derecho Procesal y Constitucional.

Al llegar nuevamente a su casa, dedica el resto del tiempo a estar con su hija, a cumplir su rol de madre: “En las noches estoy dedicada a ser madre porque es el tiempo que tengo para dedicarle a mi bebé”, explica. 

Pero aquí no terminan las múltiples facetas y habilidades de Eneida Torrealba, porque también es consejera ante la Federación Interamericana de Abogados, organización internacional que integra a todos los colegios de abogados de América, España y Francia.

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Foto: Víctor Salazar

“Mi lema es el título de una película que me marcó: ‘¿Cómo ser mujer y no morir en el intento?’”, porque la mujer de estos tiempos es multifacética, es madre, es profesional y siempre está preparándose en cualquier ámbito, no solo en el académico”.

Para la jueza, una mujer preparada vale por dos. Su credo es que la formación es un elemento fundamental para lograr seguridad en la mujer, y sobre todo en la venezolana, que no solo representa belleza, pues “detrás de cada mujer venezolana hay un ejemplo y factores positivos que resaltar”. 

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