• Héctor Uribarri, oriundo del Zulia, es uno de los responsables de congregar a migrantes venezolanos y turistas en la popular Puerta del Sol. Sus melodías reavivan la añoranza por un país al que muchos anhelan regresar

Es invierno en España. Las temperaturas son bajísimas pero en la popular Puerta del Sol, en la ciudad de Madrid, hay rincones donde se percibe el clima cálido del Caribe venezolano, camuflajeado en melodías tan representativas como un canto al Ávila caraqueña o una gaita marabina, las cuales son interpretadas por voces de la diáspora, por personas a las que les tocó empacar sus sueños y buscar oportunidades lejos de su tierra natal. 

En esa plaza, en medio de un círculo de personas cargadas de añoranza y nostalgia por las notas que escuchan, está el responsable que resalta con su talento una parte de Venezuela para tantos migrantes que residen en Madrid . Se trata de Héctor Uribarri, un joven cantante de 28 años de edad que cautiva a los transeúntes con su voz y su carisma «Made in Zulia». 

Héctor tiene poco menos de un año en España, pero toda su vida queriendo vivirla. Siempre soñó con visitar el país europeo, aunque no imaginó que su estadía sería permanente. Ahora, junto a Oscar Araujo y Diego Miquilena, son el trío encargado de congregar a venezolanos y personas de distintas nacionalidades en la Puerta del Sol, al ritmo de melodías como las gaitas, baladas, merengues y muchas más. 

Sus interpretaciones han traspasado la Puerta del Sol gracias a la era 2.0. En redes sociales muchos de sus shows al aire libre se han viralizado y han desatado las emociones de aquellos venezolanos que se vieron en la necesidad de abandonar el país . No lo tenían como meta, pero los sonidos de este trío han logrado reavivar el amor por una tierra que hoy muchos ven pérdida. 

Un músico cuasi ingeniero

Instagram – Héctor Uribarri 

Héctor es oriundo del estado Zulia, específicamente de Maracaibo. Contó para El Diario que es adicto a su cultura: habla con orgullo del Puente sobre el Lago, de la fe por La Chinita, de las gaitas de Maracaibo 15, de los boleros de Felipe Pirela, todos grandes intérpretes que, en definitiva, resultaron una  fuente de inspiración para el artista en el que logró convertirse años más tarde. 

Aunque ser músico no siempre fue su plan inicial. A los 18 años de edad Uribarri estudió Ingeniería Civil en la Universidad Rafael Urdaneta (URU). Todo marchaba bien hasta que se topó con un llamado a audiciones para seleccionar a La Voz Universitaria de la URU, participó y ganó. Luego representó a la casa de estudios en el concurso nacional y también salió vencedor, en ese instante supo con certeza que su destino era ser músico: Abandonó su puesto en un pupitre y entró a un estudio de grabación. 

Desde ese entonces la música fue su soporte para salir adelante. Pero en 2017, la grave crisis que se agudizó en Venezuela lo llevó a replantearse todo, decidió emigrar a Chile, donde estuvo junto a su hija por más de 7 meses y en febrero de 2019 llegó a España, un país que alberga a unos 900.000 venezolanos que han salido del país en los últimos años y que Uribarri siempre quiso visitar, aunque desconocía que se convertiría en su nuevo hogar. 

El reto de tocar en las calles

Instagram – Héctor Uribarri 

Cuando tenía apenas 15 años una canción del español Alejandro Sanz titulada «Toca para mí» despertó el interés de Héctor acerca del trabajo que hacen los músicos callejeros. Al llegar a Madrid aquella curiosidad de hace algún tiempo se convirtió en su salvavidas para ganarse la vida. 

«Siempre me llamó la atención el concepto del músico callejero, más cercano, un poco irreverente, que resuelve todos los líos y  problemas que se presentan en el momento», comentó.

El joven solicitó un permiso en el ayuntamiento de Madrid y de ahí en adelante la Puerta del Sol se convirtió en su nuevo escenario, aunque no fue sencillo. La popular plaza es muy concurrida las 24 horas del día, es uno de los destinos de cientos de turistas que llegan al país europeo, así que cantar y lograr que los transeúntes se detuvieran a oírlo fue todo un reto. 

Fue una tarde de septiembre lo logró. Tan pronto interpretó las melodías de «Cerro el Ávila», del cantante venezolano Ilan Chester, a su alrededor comenzó a formarse un círculo de personas conmovidas recordando con aquel tema una ciudad que añoran y de la que tuvieron que huir. 

No soy de Caracas pero el canto al Ávila es una representación demasiado digna y apasionante de nuestro país, la canté e imaginé cómo sería cantar en el Ávila sin tener que preocuparnos por la delincuencia, por nada malo, solo disfrutar (…) 90% de la gente estaba llorando, fue no sentir esa nostalgia que tanto llevamos en el alma los venezolanos que estamos en el exterior», cuenta recordando el instante que marcó el inicio del que serían una serie de shows en la calle para todo el público.

Uribarri, junto a sus compañeros músicos, también venezolanos, decidieron nombrar aquellos eventos como “sesiones de calle», ahora gracias a su talento y a las redes sociales como apoyo, son muchas las personas que llegan a sus shows, aunque no solo reciben migrantes y turistas. 

El talento de Héctor y la idea de cantar en la calle han llamado la atención de otros grandes exponentes musicales venezolanos. A sus sesiones de Calle ha llegado Nelson Arrieta, Ronald Borjas y el ganador del Grammy Latino, Miguel Siso, todos se han unido para cantar ante un público cautivado por las melodías que escuchan en la plaza. 

«Ha sido tan auténtico y tan bonito la receptividad que han tenido nuestros colegas venezolanos con el trabajo que estamos haciendo en Madrid. Para nosotros ese el premio principal, la gente que nos ve y los músicos que nos quieren», confiesa emocionado. 

Instagram – Héctor Uribarri 

A pesar del éxito de estos eventos, Héctor aún  sueña con expandir su carrera y llevar en alto el nombre de Venezuela en los principales escenarios de Europa. Por  ahora planea seguir con los shows en la calle, sus favoritos a pesar de que en Venezuela pudo tocar en escenarios importantes como el Aula Magna de la UCV. Para él, el ambiente y la sensación de cantar en medio de la calle no se asemeja con tarima alguna. 

«En la calle no hay mentiras, no hay playback, eres tú expuesto. Tener el lujo de que una persona que pasa por ahí (Puerta del Sol) se detenga para verte tiene un valor increíble, que una persona te aplauda en la calle sin haberse esperado que iba a estar ahí creo que tienes más reconocimiento que una persona que va al concierto y sabía que te iba a ver. La calle es guerreada porque ves una diversidad increíble de gente sobre todo aquí en Madrid», explica. 

Cada interpretación es un reto, aunque gracias a sus actuaciones previas Uribarri siempre tiene público cuando canta, especialmente cuando sus melodías rememoran algún rincón de Venezuela. Al Zulia por ejemplo, con todo el sabor y la nostalgia de una gaita. 

«Es bastante fuerte que tanta gente de tantas culturas diferentes sin conocer nuestro trabajo se quede congregada en este espacio para disfrutar música que no conocen, me siento muy privilegiado porque a pesar de la condición de extranjero puedo tener un público tan bonito, esa es mi gasolina para continuar», dice. 

A su Maracaibo lo lleva siempre en mente y corazón, aún abre las cortinas en las mañanas pensando que verá el Puente sobre el lago. También añora la gastronomía, el clima y especialmente el gentilicio. 

«Extraño todo de Maracaibo, sus olores, la cercanía, la empatía que tenemos, extraño sus calles, su música, extraño la alegría que nos robaron y que hemos perdido, que nos caracterizó por tanto tiempo y que esta situación nos ha robado. La extraño todos los días», confiesa Héctor conmovido mientras recuerda momentos en su ciudad natal. 

Regresar, como tantos otros venezolanos, también está en su lista de pendientes. Mientras, trabaja en su carrera musical y brinda a sus compatriotas la oportunidad de sentir de cerca a su tierra con las melodías que toca a diario en Madrid. 

«Cuando canto una gaita y veo a las personas llorar es inevitable no hacer lo mismo, sentir esas desesperadas ganas que tienen la personas de cerrar los ojos y estar un ratico en Venezuela. Nuestra labor ahora mismo es crear un espacio aquí en Madrid donde los venezolanos se puedan sentir en casa y puedan drenar tantas preocupaciones», finaliza el joven que lleva Venezuela a la Puerta del Sol a través de sus melodías.

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