• Darwin González, alcalde de Baruta, y Héctor Manrique, promotor cultural del anfiteatro, conversaron con El Diario sobre la importancia de su recuperación arquitectónica,  de la cultura en la sociedad y la representación teatral como punto de reflexión

La Concha Acústica de Bello Monte, con las escalinatas de cemento y piedra que caen por las faldas de las colinas del municipio Baruta, se ha convertido en un espacio de vitalidad ciudadana donde la naturaleza se mezcla, de manera inigualable, con el avance constructivo de Caracas. 

En los años cincuenta Venezuela inició un proceso hacia la modernidad con la construcción de las edificaciones arquitectónicas de gran magnitud, entre los que se cuentan la Concha, que en ese entonces llevaba el nombre de José Ángel Lamas, uno de los compositores musicales más importantes de la historia del país.

Foto: cortesía

En las décadas siguientes, con el derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y la inclusión de la nación en la senda democrática, se continuó con el proceso de modernización de la ciudad. Sin embargo, con el paso del tiempo, estos lugares de calidad arquitectónica y cultural se fueron convirtiendo en vestigios de un pasado prominente. 

Asimismo, muchas edificaciones del auge del concreto representativo de la década de los cincuenta, como El Helicoide, cuya construcción inició en 1956, se encontraron con una realidad distinta a la esperada: fueron vejados por la ciudadanía y no encontraron una funcionalidad en el país, que se reinventa una y otra vez. 

Erik del Bufalo, escritor y filósofo venezolano, en su estudio sobre la figura de El Helicoide y los misterios de la modernidad venezolana establece que “los fundamentos de nuestro país moderno fueron construidos con una gramática de futuro condicional para terminar realizándose en la nostalgia de un destino puramente imaginado”. 

La modernidad, en palabras de Del Búfalo, estuvo fundamentada en un destino al que, quizás, el país nunca llegó. Y, aunque la Concha Acústica no padeció el desengaño producido por El Helicoide, fue olvidada como un espacio de relación ciudadana y las presentaciones se fueron diluyendo, la dramaturgia encontró otras salas de teatro y los grandes conciertos ocurrían en la lejanía de las colinas de Bello Monte.

Sin embargo, desde 2017 la gestión de la Alcaldía de Baruta se ha encargado de recuperar el anfiteatro caraqueño con la ayuda de personas enamoradas de la representación escénica.

El Diario visitó la Concha Acústica para conversar con el alcalde del municipio, Darwin González, y con Héctor Manrique, reconocido dramaturgo venezolano que está encargado de la programación teatral. 

La Concha Acústica, un espacio recuperado

En el momento de su construcción, la Concha Acústica se caracterizó por tener entre sus gradas una recopilación de obras de Alejandro Otero, uno de los artistas cinéticos más importantes del país, llamada “Coloritmos”. El movimiento del color, ante los rayos del sol que iluminaban las piezas de mosaico del artista venezolano, era un elemento que incrementaba la experiencia de la obra. 

El arte que inyecta vitalidad en un espacio que, de cierta manera se considera muerto entre el cemento impoluto, es un elemento importante para reconocer también el trabajo de Inocente Palacios, promotor cultural y empresario urbanístico; y Julio Volante, arquitecto argentino residenciado en el país para la época, quienes fueron los encargados del proyecto. 

Foto: cortesía

Darwin González cuenta frente a la inmensidad de la montaña, que al llegar a la alcaldía del municipio hace dos años le sorprendió el estado de las obras de Otero.

Removidas de las gradas para ser olvidadas tras la maleza, con el destrozo de los pequeños mosaicos de color que habían sido dañados por una máquina de construcción que, según él, había sido utilizada por una de las administraciones anteriores. 

El resto de elementos característicos también fueron olvidados por los encargados del anfiteatro en las últimas décadas. La caseta de televisión está marcada por graffitis callejeros y se ve afectada por la proliferación de maleza en cada una de sus esquinas; los baños de la parte exterior se encuentran clausurados por falta de mantenimiento, de agua y por el costo de su recuperación.

La Alcaldía de Baruta se ha encargado de recuperar, paso a paso, los lugares destrozados del anfiteatro. El alcalde, antes de comenzar su relato, define la cultura como el cúmulo de experiencias que reúnen en su haber los aspectos esenciales del ser humano. Por ende, su búsqueda con la revitalización de la Concha Acústica está centrada en revivir los lugares de esparcimiento para todos los caraqueños y, en especial, a los habitantes del municipio. 

Héctor Manrique y Darwin González | Foto: José Daniel Ramos

“Aunque la ciudadanía está viniendo quincenalmente y la parte exterior está pintada y tiene su iluminación, la Concha necesita una gran inversión. Pero nosotros decidimos trabajar con lo que teníamos y, poco a poco, empezar a recuperarlo”, agrega González. 

Lo esperado, comenta el alcalde, era convertir el anfiteatro en un espacio recuperado totalmente, pero el tiempo transcurre y el alto presupuesto de las remodelaciones iban a ser una dificultad para estrenarlo.

En cambio, desde su reinauguración con Sangre en el diván, obra dirigida y protagonizada por Héctor Manrique, se empezó a trabajar con los recursos que se tenían para ir mejorando paulatinamente el estado de la Concha Acústica. 

González destaca que la ayuda de los organizadores de las distintas obras de teatro que se han presentando en “La Concha” fue determinante para los arreglos en la fachada y en las escalinatas. Pero, al mismo tiempo, la parte interna del anfiteatro se mantiene con un estado luctuoso por las dificultades en el área de financiamiento.

Y, aunque a nivel estructural las refacciones son tardías, la verdadera importancia del retorno de la Concha Acústica recae en la recuperación de espacios culturales en el medio del cambio caótico de la ciudad. 

Para Manrique, el olvido de este espacio en las décadas anteriores ocurrió porque el teatro era un elemento caracterizador de Caracas, con más de 40 salas repartidas por la ciudad y con un Festival Internacional de Teatro, creado en 1973, en el cual las mejores propuestas escénicas del mundo visitaban la capital venezolana y “La Concha” quedaba menospreciada.

Pero la mayoría de esas salas han cerrado, los espacios teatrales y musicales se han reducidos a tres o cuatros propuestas y, comenta, que la importancia de la re-inauguración del anfiteatro de Colinas de Bello Monte recae en mostrar una programación artística constante para los ciudadanos, con entrada gratuita y sin ningún talante político de por medio. 

La prioridad de la programación de La Concha Acústica es la excelencia artística. Ninguna obra de teatro, ni ningún concierto tiene una bandera política. El compromiso tiene que ser fundamentalmente artístico y, por supuesto, todo compromiso artístico tiene un compromiso social. Eso, para uno que ha estado involucrado en el rescate de la programación de La Concha, ha sido una gran satisfacción”, comenta el director y actor principal de Sangre en el diván.


La historia de la Concha Acústica

En 1949, en un momento de convulsión política en el país tras la llegada de la Junta Militar que había derrocado a Rómulo Gallegos el año anterior, el proceso de modernización en el centro de la ciudad capital era una de las políticas del Estado militar venezolano.

Por un lado el terraplén de Plaza Venezuela se convirtió en la Universidad Central de Venezuela (UCV), generando una urbanización en los alrededores del campus y, por el otro, las montañas llenas de verdor y sonidos animales de Bello Monte cambiaron para convertirse en una zona residencial con un corazón cultural como la Concha Acústica.

La creación urbanística de la Hacienda Bello Monte, separada por el río Guaire, comenzó en las planicies de la Parroquia el Recreo, reconocidas por los sembradíos agrícolas.

Luego, Juan Vicente Casanova-Ibarra y Antonio Casanova, dueños de los terrenos, le proponen a Inocente Palacios y a Luis Alberto Pocaterra la urbanización de los terrenos más empinados de la Hacienda, ubicados a 1.700.00 m². Palacios, en ese año, logra el financiamiento del Banco Obrero y se transforma en el presidente de Compañía Anónima Urbanización Colinas de Bello Monte. En una zona escarpada, adherida a la montaña, se logró la construcción de una serie de edificios para la conversión de Caracas en una urbe cosmopolita.

Inocente Palacios, encargado de la creación de la Escuela de Arte en la UCV, inició el proyecto con la idea de convertir las colinas de Bello Monte en el corazón de la ciudad que crecía con una rapidez incesante.

El lema imaginado por Inocente, a través de la capacidad estética de la zona, era “Una terraza sobre El {Avila”. Además, de las edificaciones habitacionales, la búsqueda de la urbanización de Colinas de Bello Monte era la construcción de un centro cultural en la ciudad y La Concha Acústica, entre distintos lugares, era la principal demostración de avance arquitectónico y cultural.

La Concha Acústica sería la sede artística de la Orquesta Sinfónica de Venezuela (OSV), pero con el pasar de los años se convirtió en un lugar para representación de obras teatrales.

Julio Volante, graduado en la Universidad de Buenos Aires, profesor de Acústica y Master of Science de la Universidad de Columbia, Estados Unidos, fue el encargado de llevar a cabo el proyecto de la Concha Acústica.

El espacio era idóneo para rememorar el anfiteatro griego, caracterizado por construirse en las faldas de las montañas de la acrópolis para generar una perspectiva y acústica perfecta ante la representación escénica y, en este caso, el anfiteatro José Ángel Lamas se convirtió en un hito arquitectónico de la ciudad.

Además, la construcción de la “Concha” como una obra geométrica, a modo de altavoz, permite el aprovechamiento de la acústica para que el sonido de cada uno de los instrumentos del escenario logrará una asimilación auditiva perfecta entre el escenario y la última fila del anfiteatro, ubicada a 87 metros.

La obra se realizó en 45 días, entre el 15 de enero de 1954 y el primero de marzo del mismo año. Con un aforo de 8.000 personas la inauguración del anfiteatro estuvo caracterizada por la celebración de la décima Conferencia Interamericana que rendía homenaje a los encargados de dicha organización y a Marcos Pérez Jiménez, pese a la negativa de Vicente Sojo, compositor venezolano encargado del evento y director de la OSV para el momento.

El repertorio músical fue bipartito: la primera parte fue dedicada a música sacra venezolana, como las obras del maestro José Ángel Lamas y Antonio Caro de Boesi. La segunda parte estuvo conformada por obras de Georg Friedrich Händel, Richard Strauss y Richard Wagner y fue dirigida por el maestro alemán Wilhelm Furtwängler, que falleció en noviembre de ese mismo año.

El anfiteatro José Ángel Lamas, en un principio, contaba con una cabina de control, iluminación, juego de luces para el escenario, dispositivo para radio y televisión, con la posibilidad de grabar, estos espacios se han ido recuperando en los últimos años, pero la destrucción fue significativa.

Después de la inauguración en el mes de marzo de 1954, la Concha Acústica fue la sede del primer Festival Latinoamericano de Música en Caracas, organizado por Inocente Palacios, el escritor cubano Alejo Carpentier y los maestros musicales Enrique de Los Rios y Pedro Antonio Rios Reyna. El repertorio de todo el evento fue interpretado por la Orquesta Sinfónica de Venezuela.

Alejo Carpentier, referente primordial de la corriente literaria real-maravillosa, escribió en su columna “Letra y Solfa”, publicada en las páginas de El Nacional dirigido por Miguel Otero Silva, que “el magnífico éxito logrado por el doctor Julio César Volante, arquitecto del Anfiteatro de Bello Monte, cuya Concha Acústica ha sido sometida a las primeras pruebas el sábado pasado, en horas del mediodía, con el concurso de varios profesores de la Orquesta Sinfónica Venezuela. (…) La audición resultaba extraordinariamente pura y nítida para observadores situados en todos los extremos del espacio que ocupará el graderío. (…) La prueba fue conclusiva, por lo totalmente satisfactoria: el Anfiteatro de Bello Monte es un logro. Llenará su finalidad de modo espléndido. Debemos felicitar, pues, al doctor Julio César Volante por la aportación de su pericia técnica al éxito de la obra”.

La cultura como resistencia social 

Los retos de 2020 para el departamento de cultura del municipio Baruta se enfocan en recuperar los camerinos en su totalidad y plantear una programación constante. González recuerda la ciudad de su juventud que, aunque era peligrosa, se caracterizaba por ser un espacio vivo donde los habitantes podían disfrutar de distintas propuestas teatrales, cinematográficas y musicales.  

Al mismo tiempo, el alcalde plantea que la ciudad se ha transformado en un espacio muerto, de una sensación constante de peligro y los individuos han decidido resguardarse en sus hogares y han olvidado la relación comunitaria. 

“En Venezuela hay un clima de abandono de las cosas. Las encuestas demuestran que los primeros sentimientos de la población son tristeza, frustración y una idea de que todo es negativo”, comenta.

La presencia de la policía de Baruta en cada uno de los eventos, la iluminación del municipio y el apoyo a nuevas propuestas es lo que busca la alcaldía para convertir a Baruta en un referente de cultura para el resto del país. 

Haciendo País 2020 |  Foto: José Daniel Ramos 

Pero, aunque La Concha Acústica ha sido utilizada, en su mayoría, como anfiteatro para la representación escénica, también ha sido el espacio para la celebración de distintos eventos para la sociedad caraqueña. Ilan Chester, ganador del Latin Grammy en 2010, se presentó el 15 de diciembre del 2019 con su gira Vuelve a casa, totalmente gratis. 


Además, el 17 de diciembre de 2019 El Diario tuvo la dicha de presentar su lanzamiento llamado “Haciendo País 2020”. Las ponencias presentadas ese día, más los eventos musicales, en el marco del atardecer caraqueño fueron un primer paso para reconstruir, desde los ciudadanos, la ciudad que se torna oscura y sin futuro. 

Este evento, con la participación de ponentes en las áreas de música, comunicación, arte, ciudad, emprendimiento y humor fue una de las propuestas distintas para el anfiteatro.

Desde las 4:00 pm los ciudadanos de la ciudad capital disfrutaron de charlas didácticas y presentaciones musicales de Horacio Blanco, vocalista de Desorden Público, La Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho y Betsayda Machado y la Parranda El Clavo. 

Para Héctor Manrique, encargado de la propuesta Vamos para la Concha, que es el nombre que lleva el proyecto para una programación quincenal, el retorno del anfiteatro a la cartelera teatral de Caracas es uno de los cambios más importantes en el área cultural de la ciudad. 

“En ese caso, se pueden observar unos pintores luchando y trabajando, unos músicos o unos actores; en su soledad están los escritores procurando, a partir de su reflexión con cualquier hecho imaginativo, comprender lo que pasa aquí”, establece Manrique.
Horacio Blanco |  Foto: José Daniel Ramos

Para Manrique las expresiones culturales se transforman en un aspecto de “resistencia” para enfrentar las dificultades de la sociedad. Además, asegura que el efecto teatral en el espectador genera una catarsis que, entre las dificultades, le da la capacidad de reflexionar sobre su pasado y su presente inmediato. 

El teatro, una sinergia entre obra y espectador

La experiencia teatral, más allá de la mera existencia de la obra escrita, se construye de los elementos de la representación. El teatro, los espectadores, las risas y las lágrimas, a la par de la actuación desgarradora que ocurre en el escenario, generan una sensación distinta cada vez. 

Foto: archivo

Sangre en el diván estrenó la Concha Acústica como espacio teatral en 2017. La obra escrita por Ibéyise Pacheco que narra episodios de la vida de Edmundo Chirinos, psiquiatra acusado de haber secuestrado, violado y asesinado a la joven Roxana Vargas.

Luego, se presentaron grandes propuestas como El Día que me quieras, escrita por José Ignacio Cabrujas; Renny Presenta, que escenifica un fragmento de la vida del reconocido presentador venezolano; La señora Imber, versión teatral de la biografía escrita por Diego Arroyo. 

Cada una de estas obras son elementos que permite establecer una resiliencia ante las dificultades desde el aparataje cultural, junto a las presentaciones realizadas por La Caja de Fósforos, una compañía teatral que tiene como como espacio predilecto a la Concha Acústica y las clases dadas por el núcleo de Orquesta Sinfónica Simón Bolívar,

“El teatro surge para los griegos, no como una expresión de gozo del artista en su creación, sino como ese espacio donde el hombre se va a ver a sí mismo, sus misterios, sus demonios, sus virtudes. A los griegos no les gustaba la sociedad en que vivían y procuraron, a través de este oficio, que el hombre sea mejor. Eso requería una comunión de parte del espectador, por eso en el anfiteatro el individuo siente el calor del que está al lado”, comenta Manrique.

La catarsis colectiva, como era planteada por los griegos, se trata de la afectación primaria del espectador para llegar a la reflexión sobre lo ocurrido en la realidad.

Para Héctor Manrique la acumulación de energía que representa el anfiteatro, con la naturaleza alrededor, la cercanía de los espectadores y la visualización de obras con gran talante artístico, es un aspecto primordial para que los habitantes de una de las ciudades más peligrosas del mundo sientan un momento de tranquilidad y de reflexión sobre una realidad sombría. 

Manrique expone que, aunque siente una satisfacción al presentarse en la inmensidad de la Concha Acústica, su mayor sosiego ocurre cuando tiene la dicha de presenciar desde las escalinatas una obra de teatro, mientras el atardecer cae tras el escenario.

Recuerda con especial ahínco el Festival Internacional de Teatro que se celebraba en la ciudad, en las 40 salas que existían en cada rincón de la capital, en el cual se presentó La Orestiada en la Concha Acústica, obra clásica escrita por Esquilo, dirigida por el director alemán Peter Stein. El espectáculo duraba siete horas y, aunque podría sonar excesivo, la sensación de ver una de las grandes obras de la cultura occidental en la tarde caraqueña, con el sonido de las risas, de la brisa que movía los árboles alrededor del anfiteatro son aspectos que alimentan la memoria del reconocido director de teatro. 

Asimismo, Darwin González, relata que la necesidad de enfocar una política cultural nace de un grupo pertinente que permite que cada una de las refacciones sea posible y que, al mismo tiempo, se construya una programación constante. Los vecinos han asimilado la revitalización de la Concha y han contribuido para que cada día ese espacio se convierta en el corazón de una capital desvalida. 

Foto: José Daniel Ramos
“La trascendencia recae en que podamos brindarle a los caraqueños una programación de altura. El espacio es majestuoso, es esplendoroso, pero si no le damos vida, se queda como un recuerdo de los años cincuenta que ya cambió, ya no está, y hace mucho que Caracas no se parece a esa”, refiere el alcalde.

En el graderío de la Concha Acústica las diferencias se diluyen y los ciudadanos, envueltos en la política separatista, en los residuos de un resentimiento nocivo, encuentran un espacio de comunión.

Desde la representación teatral, menciona Héctor Manrique, que le brinda al espectador la capacidad de pensar su sociedad y la escenificación es un motor para dejar establecido que el principal factor de cambio reside en el interior de cada ciudadano. 

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