• Carlos Arias, analista político colombiano, explicó para El Diario que los atentados terroristas que se producen en Colombia desde el 14 de febrero, obedecen a múltiples factores

Los ataques terroristas perpetrados en Colombia por el Ejército de Liberación Nacional (ELN) no cesan. Desde el 14 de febrero, fecha en la que el grupo subversivo anunció un paro armado, se produjeron en el país una serie de explosiones en Cúcuta, en Cesar y en el Norte de Santander, así como otros hechos desestabilizadores en zonas cercanas a la frontera con Venezuela. En la mañana de este lunes se registraron al menos tres sucesos con estas características.

Carlos Arias, analista político colombiano explicó para El Diario que el paro, que fue convocado para un lapso de 72 horas, obedece a múltiples razones: “intereses económicos, de presión social y de demostraciones de poder simbólico en los territorios históricos de su ocupación por parte del ELN”.

Los terroristas anunciaron el paro a través de panfletos distribuidos por la agrupación terrorista en zonas en las que tienen mayor presencia, es decir, en al menos 120 de los más de 1.100 municipios que conforman la división territorial colombiana.

El ELN suele hacer estos paros en este época del año para conmemorar la figura de Camilo Torres, el cura guerrillero, considerado como uno de sus líderes históricos.

Encapuchados del grupo activaron un artefacto explosivo en el puente García Herreros, en Cúcuta. El ataque dejó lesionado a un técnico antiexplosivo que llegó al lugar para intentar desactivarlo, así como a un miembro de la guerrilla. De acuerdo con el medio colombiano El Heraldo, varias personas de nacionalidad venezolana que se encontraban debajo del puente tuvieron que salir del lugar, por temor a quedar en medio de una balacera.

Además, en el municipio de Villa del Rosario, Norte de Santander, integrantes del ELN abandonaron un cilindro-bomba en un colegio ubicado cerca de la frontera con Venezuela. Técnicos antiexplosivos llegaron a la zona, donde realizaron la detonación controlada del artefacto.

Según citan varios medios de comunicación locales, durante las 72 horas del paro armado, los habitantes de varios municipios se vieron en la obligación de permanecer encerrados en sus casas debido a los enfrentamientos con otros grupos guerrilleros, así como por el temor a otras explosiones. En varias zonas de Samaniego, Nariño, los comerciantes cerraron sus negocios. En Catumbo, en Norte de Santander, la situación es similar.

El motivo de que los ataques se hayan efectuado en zonas cercanas al territorio venezolano, explicó Arias, se debe a que son territorios en los que parte de la economía se basa en el contrabando y “dada las transformaciones de los grupos armados al margen de la ley, en en muchos aspectos migraron a convertirse en cárteles de droga, las zonas de frontera son el escenario perfecto para seguir generando desequilibrio social”, argumentó el analista, y sumó a que el régimen venezolano “acogió ideologías de izquierda”.

Arias estima “previsible” que el ELN genere acciones de violencia en otras zonas del país, “pero serán de terror y no de ocupación para un paro”.

Días de terror

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Foto: Cortesía

Los primeros ataques se produjeron el 14 de febrero, como antesala al paro. Los terroristas instalaron una carga explosiva en la vía que conduce desde Cúcuta hasta la Costa Atlántica, específicamente en el tramo entre Cúcuta y el municipio de Sardinata en Norte de Santander. Mientras que en la troncal que conecta a Bucaramanga y Cúcuta, en el sector de Pocapiedra, cerca al municipio de Pamplona, el Ejército y la Policía reportaron un bloqueo por parte de esta guerrilla. Un caso similar ocurrió incluso en las horas previas al paro, en la carretera entre Tibú y Cúcuta.

De acuerdo con información de las autoridades, seis hombres armados con fusiles tomaron la vía, detuvieron a dos vehículos e hicieron bajar a los conductores. Una vez despejada la ruta, los hombre atravesaron los camiones en la vía y los pintaron con mensajes alusivos al ELN. Para la Fuerza Pública, la intención era llenar de explosivos los camiones para así atentar contra las autoridades y la personas que transitan por la zona. Luego de varios minutos y un enfrentamiento con los cuerpos de seguridad del Estado, la vía fue despejada y reabierta para el tránsito.

Ese mismo viernes, en el municipio de Pelaya, en el municipio norteño Cesar, los guerrilleros incendiaron dos vehículos de carga. Posterior a la quema, seis policías resultaron heridos luego de que, al acudir al lugar de los hechos, fuera activada una carga explosiva. Entretanto, el domingo falleció un militar producto de un enfrentamiento entre tropas regulares e integrantes del ELN en una zona rural del municipio de Convención, en Norte de Santander; y otro grupo también del ELN lanzó dos granadas contra la estación de policía del municipio de Curumaní.

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Un gobierno sin paz

Los atentados terroristas se produjeron a pesar de que el gobierno del presidente Iván Duque, en voz del general del Ejército Luis Fernando Navarro, afirmara que las Fuerzas Militares están en alerta máxima y listas para prevenir cualquier afectación al orden público.

“Nosotros no minimizamos en absoluto las amenazas que están sufriendo nuestros compatriotas en algunos puntos. El mensaje que les damos es que estamos haciendo la presencia y estamos garantizando su integridad y seguridad”, aseguró el general Navarro.

El presidente Duque enfatizó que Colombia no se detendrá por las amenazas de ningún grupo armado, y agregó que el principal foco de atención serán las carreteras del país y su infraestructura petrolera. En ciudades como Bogotá, Medellín o Cali, tomaron medidas especiales de seguridad para prevenir cualquier tipo de atentado del grupo guerrillero. Sin embargo, aclara Arias, no lo ha hecho en las zonas con mayor presencia del grupo subversivo. Además, el Ejecutivo no se ha pronunciado en las últimas horas con respecto a los ataques.

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El gran problema del gobierno de Iván Duque es que no ha llegado suficientemente a las zonas de presencia del ELN, pero esa presencia no es solamente de pie de fuerza armada legal, sino del mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes de la región, traducido en más empleo, mejor atención en salud, más educación y empleo digno. La desigualdad e inequidad sigue siendo el caldo de cultivo para el ELN, entre otras variables culturales después de casi medio siglo de conflictos armados”, dijo el analista.

A pesar de la zozobra, del terror que ocasionaron los ataques en varias zonas fronterizas del país y de hacer demostraciones de su violencia en algunas capitales de departamento ocasionalmente, Arias considera que el ELN no representa mayor peligro para la pacificación del país. Dicho proceso, apunta el analista, está en riesgo por otro tipo de circunstancias asociadas al incumplimiento del mismo.

Con respecto a las consecuencias que esto podría tener para el gobierno colombiano, Arias considera que en términos simbólicos genera la percepción de la desconexión que vive el Ejecutivo con las regiones del país.

La relación del ELN con el régimen de Maduro

De acuerdo con la fundación Ideas para la Paz, el ELN cuenta con cerca de 5 mil hombres contando sus milicias, de estos por lo menos 2.500 estarían en armas y el 43% de esa tropa armada tendría un refugio recurrente en territorio venezolano.

El 4 de noviembre tres funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana de Venezuela (GNB) murieron y otros 10 resultaron heridos tras ser atacados por guerrilleros del ELN en el estado Amazonas.

Según registros de InSight Crime, el ELN tendría presencia en Táchira, Zulia, Apure, Trujillo, Anzoátegui, Lara, Falcón, Amazonas, Barinas, Portuguesa, Guárico y Bolívar. Allí estaría desarrollando actividades como contrabando de ganado, contrabando de gasolina, cobro de extorsiones, distribución de comida, emisoras de radio, reclutamiento de menores, ataques a funcionarios de cuerpos de seguridad, narcotráfico y minería ilegal, entre otras.

El 26 de septiembre en su discurso en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, el presidente Iván Duque entregó un informe de 128 páginas que relaciona a Venezuela con “narcoterroristas colombianos”. Entre ellos, el ELN y grupos disidente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Luis Fernando Navarro, comandante de las Fuerzas Militares, indicó que el ELN tiene en Venezuela, a lo largo de la frontera con Colombia, al menos 36 campamentos, diez puntos de redes de apoyo y cuatro áreas de finanzas desde las que maneja su operación de narcotráfico.

Por su parte, el ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, ha denunciado en reiteradas ocasiones el vínculo de Maduro con el grupo terrorista. “Hay jefes del ELN y miembros del ELN que actúan desde Venezuela contra Colombia. Los vínculos que existen entre ese régimen y esa organización terrorista colombiana, además del vínculo que el régimen tiene con otras organizaciones terroristas del mundo, es evidente”, dijo en julio de 2019 durante un encuentro con el secretario de Estado de Estados Unidos Mike Pompeo, y el delegado del gobierno de Donald Trump para la crisis venezolana, Elliot Abrams.

A pesar de esto, Carlos Arias es cauteloso y dice que señalar al régimen de Maduro como co responsable de los ataques terroristas sin tener confirmación, sería «irresponsable».

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