• El karateca venezolano desglosó para El Diario las lesiones que tuvo que superar durante su carrera ylos sueños que desea cumplir: enarbolar el tricolor nacional en un campeonato de la Federación Mundial de Karate y clasificar a unos Juegos Olímpicos

Desde que empezó a dar sus primeros pasos el deporte formó parte de su vida. Además de verse influenciado por su padre en el mundo del Karate-Do, cuando tenía tres años de edad, Daniel Pazos estaba en el colegio y practicó atletismo, natación, gimnasia y fútbol, disciplina de la que se enamoró y a la que se dedicó durante muchos años. 

Durante su niñez y parte de su adolescencia, invirtió más tiempo en correr el gramado y patear un balón que en practicar las artes marciales. De hecho, jugó para el equipo de fútbol de la Hermandad Gallega y en las categorías inferiores del Caracas Fútbol Club. Su talentosa pierna zurda lo llevó a formar parte de la Vinotinto sub-15, que en ese entonces era dirigida por el fallecido Lino Alonso, a quien recuerda con mucho cariño.

“Yo jugaba de delantero. Cuando veía que un balón se iba hacia la arquería de mi equipo yo me devolvía y salía corriendo a buscarlo. Entonces, Lino Alonso me decía en cancha: ‘¡Pazos, tienes las revoluciones a 5.000 por segundo!’. Todo el tiempo me regañaba, porque yo me devolvía de un lado al otro. Por más que cuidaba mi posición me gustaba estar en cualquier sector de la cancha”, rememora el karateka en exclusiva para El Diario.

Su sueño era convertirse en futbolista profesional. En alguna oportunidad, un cazatalentos lo contactó para hacer unas pruebas con la cantera del Real Madrid, pero justifica que irse a España en ese momento no era una opción, en vista de que estaba muy joven. Además, su padre no estuvo de acuerdo debido a que siempre ha velado por la unión familiar.

Manuel Pazos. El padre de Daniel Pazos es Shihan (maestros de maestros) y octavo Dan (grado) en el estilo Shito Ryu. También es presidente y fundador de la organización Seito Karate-Do

“Mi papá siempre me dijo que me acostara temprano, que comiera bien y que no estuviera saliendo por ahí porque tenía que cumplir con mis partidos de fútbol y los compromisos de mi karate. De alguna u otra forma esto me fue forjando disciplina y una responsabilidad muy clara de lo que tengo que hacer”, razona.

Cuando parecía que la carrera de Pazos como futbolista marchaba por el camino correcto, una lesión de rodilla, que le afectó los meniscos, la rótula y los ligamentos, le impidió concretar su anhelo.

Después de la operación, los médicos evaluaron que la lesión no era tan grave como se esperaba, así que retornó a los terrenos de juego. Sin embargo, su rendimiento no era el mismo, cuenta. La rodilla se le llenaba de líquido y se le hacía cuesta arriba completar los 90 minutos.

Daniel Pazos | Foto: José Daniel Ramos
“A raíz de eso me dediqué ciento por ciento a mi karate, el cual nunca había dejado. Sentí frustración, evidentemente. El fútbol siempre ha sido una pasión para mí, pero yo creo que uno tiene que aprender a quemar etapas. La lesión en la rodilla me obligó a cerrar un ciclo y me abrió otro que se convirtió en mi estilo de vida y lo que amo hacer”, dice con templanza.

Aunque no estaba en sus planes abandonar el karate del todo, lo más probable es que si no hubiera sufrido aquella lesión se habría dedicado al fútbol y, probablemente, habría llegado a nivel profesional, admite Pazos, quien se declara fanático del Fútbol Club Barcelona, de la selección de España y de la Vinotinto.

“El fútbol es un deporte muy lesionante, puesto que hay choques constantemente contra otros jugadores. A veces, cuando no tengo competencias o eventos cercanos de karate, lo sigo practicando con mis compañeros del colegio o de la universidad; unas que otras veces nos lanzamos unas buenas caimaneras. Gracias a Dios, esa lesión de rodilla se curó bien. El karate no lleva un impacto tan fuerte; al menos en la parte de kata, que es a lo que yo me dedico”, confiesa.

Daniel Pazos en el kata

Kata. Modalidad del Karate-Do que consta de una secuencia de movimientos establecidos, ya sea de forma individual o en equipos de tres personas

Su carrera profesional en el Karate-Do empezó en el nivel juvenil, casi adulto. En un principio a él no se le daba el kata, aclara, lo suyo era el kumite (combate). No obstante, mientras disputaba la final del Mundial del estilo Shito Ryu que se celebró en España, en 2008, recibió tres impactos en la mandíbula y se vio en la obligación de cambiar de modalidad.

“Cuando llegué a Venezuela hice combate una que otra vez, pero el doctor me indicó que la mandíbula había quedado sentida y que cualquier impacto que recibiera en la cara podía pasar a mayores. A raíz de eso, decidí dedicarme a la parte de kata”, explica.

Entre sus logros internacionales, aparecen dos subcampeonatos juveniles en la modalidad de combate. En la modalidad de kata fue subcampeón mundial y panamericano en el estilo Shito Ryu; tres veces campeón (2012, 2013 y 2016) del Open de Las Vegas; dos medallas de bronce y una de plata en la Ozawa Cup; y campeón tanto del Open de Miami como el de Seattle en 2019.

Daniel Pazos | Foto: José Daniel Ramos

“Todos esos eventos me han ido fogueando poco a poco para hacer lo que hoy en día estoy haciendo: representar al país en eventos de circuito mundial, en la élite, que me dan puntos en el ranking de la Federación Mundial de Karate (WKF). Se ha hecho un buen recorrido. Estoy seguro de que lo mejor está por venir”, dice en señal de seguridad, mientras mueve su cabeza de arriba hacia abajo.

El atleta de tez blanca y cabello negro es consciente de la cantidad de logros que ha conseguido, afirma, pero busca asimilarlos rápidamente. Hace lo posible por pasar la página y enfocarse en los próximos retos. 

“Mi papá me contaba que, cuando él competía y llegaba muy emocionado de haber conseguido una medalla de oro o un podio, mi abuelo le decía: ‘Te felicito, pero esa medalla dura hasta las 12:00 am de hoy. Ya, a partir de mañana, tienes que empezar a trabajar para conseguir otra medalla en otra competencia’. Eso me quedó arraigado no solo en mi karate, sino también en todo lo que hago en mi vida”, narra.

Otra lesión en el camino

Cuando competía en el Open de Curazao de 2017, a Pazos se le salió la cadera mientras realizaba un kata Super Empi, en la posición de Shiko dachi. Afortunadamente la cadera volvió a entrar en su lugar y él, pese al dolor que sentía, pudo continuar con el kata. Esa falta le costó la competencia, puesto que no obtuvo ningún punto.

“Como tengo el tema de que mi papá es mi maestro, cuando se mezclan esas dos aguas, quizás, uno no ve con tanta seriedad lo que me vaya a comentar. Recuerdo que yo venía de un entrenamiento muy fuerte, luego de una gira en México y venía del mundial de España, donde obtuve el segundo lugar. Él me recomendó que el cuerpo tenía que tomar cierto descanso. Yo, de terco, le dije que no. Me repitió tres veces que no compitiera, hasta que después me indicó: ‘no te digo más nada’. Esa lesión me pasó por no saber escuchar”, recuerda.

Shiko dachi. Se conoce como la posición del sumo o del equilibrio, debido a que el karateca abre las piernas, con las rodillas hacia afuera, y mantiene los pies en un ángulo de 45°. Los talones quedan alineados para descender las caderas y así mantener la espalda recta.

Posterior al Open de Curazao, el miembro de la delegación del estado Nueva Esparta llegó a Venezuela para disputar la Copa Simón Bolívar, que es uno de los torneos más importantes en el país porque otorga puntos para el ranking nacional. A pesar de que su papá volvió a advertirle que no participara puesto que venía de aquella lesión, Pazos volvió a competir. En otro kata Super Empi, la cadera se le salió y en esta oportunidad se quedó por fuera. 

“Me fui cojeando del tatami. Tuve que parar por completo el kata, prácticamente la mitad, algo que es grave para cualquier atleta y frustra muchísimo. Saliendo de esa competencia mi papá me manifestó: ‘Te dije que no lo hicieras. A partir de este momento no soy más tu técnico’. Eso me marcó. Por eso es que uno tiene que escuchar mucho al equipo de trabajo que tiene”, reflexiona, y al mismo tiempo agacha la mirada por un par de segundos.

El atleta de estatura mediana, reconoce, requirió de fuerza mental y trabajo psicológico  para recuperarse y superar el miedo de volver a lastimarse. “Fue una lesión que marcó un antes y un después en mi carrera deportiva; me afectó muchísimo en ese momento”, complementa.

Rutina como deportista

La alarma del celular suena a las 5:30 am y el karateca de 26 años de edad se levanta de la cama de manera inmediata, prepara un café y pasea a la rottweiler que tiene como mascota. Luego del desayuno, lleva a cabo de lunes a sábado su primer entrenamiento del día: el físico, el cual pone en práctica dependiendo de las cargas y el evento que tiene previsto, tomando en cuenta el agotamiento muscular y las cargas que conlleva el mismo.

Posteriormente, se dirige a la sede del Instituto Nacional de Deportes, en Caracas, donde realiza el entrenamiento funcional, cardiovascular y trabaja la parte de pesas. Se toma un descanso de 30 a 45 minutos y se dedica al entrenamiento técnico, que abarca entre tres y cuatro horas.

Daniel Pazos | Foto: José Daniel Ramos

Uno de los momentos que más disfruta del día, indica, es cuando imparte sus clases en el Rensei Karate Dojo, ubicado en Los Naranjos, estado Miranda. Relata que a los 17 años de edad, cuando empezó a estudiar la carrera de derecho en la Universidad Católica Andrés Bellos, su padre le dio la oportunidad de dirigir el dojo.

“Allí me di cuenta de que no solo me gustaba aprender y practicar mi karate, sino también transmitirlo. No hay nada más satisfactorio que poder ver cómo lo que tú aprendes lo transmites a otras generaciones. Para ese momento no tenía ni idea de lo gratificante que es, luego pasaron los años, me di cuenta de que eso era lo mío y culminé mis estudios de derecho en la Universidad Metropolitana”, afirma.

Al final del día regresa a su casa y lo primero que hace es saludar a su mascota; se prepara la cena e invierte una porción de tiempo en recrearse. De allí se va dormir, para cumplir la mayor cantidad de horas de sueño y así estar recuperado para la rutina del siguiente día. Admite que la vida de un atleta es diferente a lo que, de repente, la gente ve en las redes sociales o en las competencias. 

“Me gusta salir, viajar e ir a la playa. Soy una persona muy familiar, me encanta pasar tiempo con mi familia y hacer parrilla con ellos. Disfruto compartir con mis amigos; ese es como mi free pass, el momento en el cual me salgo de todas las responsabilidades de trabajo y de mis competencias. El descanso es parte del entrenamiento. Esa parte de la vida, en la que uno se toma un tiempo libre para recuperar y volver con más fuerza, es fundamental”, detalla, mientras descansa sobre el tatami.

Para lograr separar su vida personal de la deportiva, explica que habla de karate y hace karate cuando está en el dojo, en el gimnasio donde entrena o con su padre. 

Daniel Pazos | Foto: José Daniel Ramos

“Intento no trasladar eso a lo que es mi vida social, porque este deporte ocupa una parte muy grande de mi vida. Si no, se termina convirtiendo en una rutina y eso precisamente lo que uno tiene que evitar, ya que no es algo que se da de la noche de la mañana; toma muchísimo tiempo y hay que saber tener esa balanza de separar lo que es la familia, la pareja y la sociedad del karate”, argumenta.

Sin dar mayores detalles, es consciente de la situación económica por la que está pasando el país. Reconoce que el atleta debe buscar sus propios medios si quiere financiar su carrera, ya sea por empresas privadas o por patrocinio de terceros. “Hay que surfear la ola. Si hay que rasguñar aquí y allá para buscar los recursos para poder representar al país, lo voy a hacer”, agrega.

Pazos estudió leyes, debido al sentido y la visión que tiene hacia la justicia. Se sienta en posición de indio y expone que no acostumbra hacer lo que no le gusta que le hagan a los demás. Se cataloga como una persona que acostumbra regirse bajo una normativa, y qué mejor forma de respetar sus convicciones que estudiar derecho.

“Sinceramente, el derecho es mi otra pasión. Quién sabe si el día de mañana la pueda ejercer. Sin embargo, aunque ya tenga mi carrera y esté esperando el título de la universidad, el karate es lo que quiero hacer para toda mi vida”, expresa con los brazos cruzados.

Considera que en Venezuela no se hacen cumplir las leyes cabalmente. Hace énfasis en que cada uno de los ciudadanos debería poner de su parte y respetar las leyes, porque una sociedad sin reglas es una sociedad desordenada: “Lamentablemente, hay muchas cosas que uno ve en el día a día que van en contra del marco legal, de lo que son las normas. Siempre busco aportar ese granito de arena para que las cosas mejoren”.

“La exigencia es mayor cuando entrenas a tu hijo”

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Ser Shihan es un reconocimiento que conlleva un alto grado de responsabilidad, debido a que tiene la capacidad de enseñar y ser el ejemplo para otras personas, dice dede su oficina Manuel Pazos, presidente y fundador de la organización Seito Karate-Do y entrenador de Daniel Pazos.

De carácter fuerte y disciplinado, el octavo Dan en estilo Shito Ryu relata que su hijo tomó las clases de karate por iniciativa propia. Cuenta que él lo veía constantemente dentro del dojo y lo acompañaba a reuniones, entrenamientos, seminarios, campeonatos y viajes.

“Yo le decía que viese el karate como un camino a seguir para poder fortalecerse en sus estudios, buscando concentración, disciplina y ser un mejor ciudadano. Cuando uno tiene una cierta cantidad de años practicando o estudiando karate, tiene la capacidad de enseñar y ser el ejemplo para otras personas”, expresa el Shihan para El Diario.

En la actualidad, Manuel Pazos posee el título de Kyoshi, en el cual se necesitan aproximadamente 40 años para llegar a ese rango. En este sentido, sostiene que entrenar a su hijo requiere de un mayor grado de exigencia y aprender a separar el rol como padre.

“Ha habido oportunidades en las que, a lo mejor, he sido un poco duro con mis apreciaciones hacia él. Uno puede entrenar a muchísimos atletas, pero cuando se trata de tu hijo; la imagen tuya, tu mismo apellido, tu misma sangre, el nivel de exigencia es superior más objetivo”, esboza con mirada seria.

El nivel al que ha llegado su hijo se ha forjado durante años, explica. El consejo que le da es que sea constante, dedicado y que sea un ejemplo a seguir para sus alumnos.

“No cualquier atleta de alto rendimiento puede demostrar pasión. Eso es lo que marca la diferencia de Daniel, en la enseñanza que transmite hacia sus estudiantes. Muchas veces nos han llamado representantes o directores de colegios para decirnos el nivel de responsabilidad, concentración y compromiso que adquirieron los niños. Eso es el verdadero karate”, declara.

Manuel Pazos visualiza a su hijo integrando la selección nacional de Venezuela, trabajando por un mejor karate y compliendo sus sueños. “El amor que siento por practicar karate se traslada de padre a hijo, con la idea de que se mantenga un legado con el paso del tiempo”, concluye.

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Manuel Pazos | Foto: José Daniel Ramos

Karate como estilo de vida

El karate significa lo más importante en la vida de Daniel Pazos, quien también quien se desempeña como coordinador de la organización Seito Karate-Do. Es como su oxígeno, puesto que es lo que respira día a día y no puede dejar de practicarlo.

“Mi familia me brindó la oportunidad de estar en el mundo del Karate-Do. No puedo estar sin dejar de hacer karate, sin dejar de ponerme un karategui, sin dejar de enseñar. Es un arte, es bello; no solo te brinda la oportunidad de competir, sino que también te enseña un estilo de vida, te da una manera distinta de ver las cosas”, confiesa, y al mismo tiempo toma una bocanada de aire.

La WKF se encarga de regular las normas en todos los eventos del Karate-Do a nivel mundial

Deja claro que su meta es levantar la bandera de Venezuela en un campeonato mundial de karate, a nivel de la WKF, y así obtener los puntos necesarios para inscribir su nombre en unos Juegos Olímpicos. 

“Considero que tengo la capacidad para hacerlo. Más que la capacidad, son las ganas, el amor y la pasión por lo que hago, el día a día de entrenamientos, la dedicación, la constancia y la disciplina. A veces, uno no se para todos los días igual; te sientes agotado porque los entrenamientos han sido muy rudos en la semana, pero tienes que tener fuerza de voluntad”, opina.

Foto: José Daniel Ramos

El atleta de barba corta saca pecho del orgullo y la admiración que siente hacia su padre, a quien califica como su ídolo y mejor amigo, en vista de que ha estado a su lado de forma incondicional.

“Lo digo porque he podido ver, durante todos sus años de carrera, el nivel de dedicación y constancia que ha tenido y lo que ha logrado. Son los pasos que quiero seguir: ser como él el día de mañana. Me da un orgullo muy grande viajar a otros países y que lo mencionen como una referencia del karate mundial. Eso me llena de mucha satisfacción”, declara.

Otro de sus referentes o ejemplos a seguir en la modalidad de kata es Antonio Díaz, a quien conoció cuando era un niño y con el que tuvo la oportunidad de compartir tatami en la Serie A de Chile de 2019 y 2020.

“Antonio Díaz es una leyenda mundial del Karate-Do. Es una persona que tiene una gran cantidad de títulos, incluyendo dos campeonatos del mundo y un récord Guinness. Desde muy pequeño lo he visto competir; incluso en los años 90’, cuando mi papá lo entrenaba. Lo más gratificante de todo esto es que hoy en día puedo competir con él, representando a Venezuela en un mismo tatami. Eso es algo muy grande”, exclama con orgullo.

Formar parte de un ranking mundial es una hecho que lo llena de satisfacción, manifiesta el karateca, debido a que es parte de lo que siempre se visualizó y a donde quiso llegar.

200. La posición que ocupa Daniel Pazos en el ranking olímpico, con 90.000 puntos en total

Ahora tiene como motivación seguir escalando posiciones y quizás llegar a un puesto tan alto como el que ocupa Antonio Díaz, quien se mantiene entre los mejores cinco mejores competidores del mundo en su modalidad, tras una carrera de 20 años.

“Si trabajo con esfuerzo, constancia, dedicación y fuerza de voluntad por hacer las cosas el tiempo dará sus frutos. Estoy tratando de hacer lo posible y lo imposible, desde todo punto de vista, para hacer un nombre en eventos invitacionales y del circuito mundial de la WKF. La vida del atleta es un constante sube y baja. Hace falta creer en uno mismo. No es fácil, pero tampoco es imposible”, culmina Pazos, quien recoge sus pertenencias del dojo y se despide con un apretón de manos, para luego preparar la rutina del próximo día.

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