Mentiría si les digo que no extraño los días que no estábamos en cuarentena. Extraño incluso los planes que tenia antes que todo pasara y nos plantara ante una verdad tan contundente como que todo cambió. Pero a la vez no sé si me importa. No hay duda. No volveremos a ser los mismos después de Covid-19 y presiento que mientras más pronto lo entendamos, más rápido atravesaremos el umbral de los cambios que este momento de la historia mundial nos está asomando.

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Estamos en cuarentena y cuando todo pase — porque pasará — saldremos a un mundo que tendrá que crear una nueva dinámica, un mundo donde los animales habrán retomado algunos de sus espacios, donde las aguas y el aire estarán más limpios, donde la economía estará más golpeada que nunca y mucho de lo que siempre dábamos por sentado, habrá que empezar a trabajarlo desde cero. Habrá que entender que la lechuga y el tomate no crecen en el supermercado, qué hay que saber darle buen uso al agua y que tener gasolina para encender nuestro vehículo o tomar un avion para trasladarnos de un lado a otro, es un verdadero privilegio de nuestros tiempos, no “lo normal”.

Saldremos a un mundo que dejó de “avanzar” de la manera en que lo conocíamos, pero que de cierta manera retomó sus formas más naturales de coexistencia. Saldremos a un mundo donde la mayoría tuvo que guardarse y mirarse al espejo, convivir y conversar consigo mismo y sus monstruos, encontrarse con su familia/pareja/vecinos y pasar tiempo con ellos sin tocarse, saldremos a encontrarnos con personas que se habrán dado cuenta que antes perdieron mucho tiempo y que ahora están dispuestas a valorar lo esencial.

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Saldremos a un mundo donde habrá —probablemente— mayor pobreza material, pero mayor riqueza espiritual. Un mundo donde la solidaridad pasó de ser opcional a imprescindible. Un mundo al que antes 24 horas le parecían insuficientes y ahora tuvo todo el tiempo disponible para afrontar aquellas cosas para las cuales siempre estuvo “muy ocupado”. Un mundo donde los besos y los abrazos se disfrutarán como nunca antes. Un mundo donde quienes han acatado el llamado de internarse en sí mismos y transformarse sin resistencia al cambio, llevarán la delantera.

Ese mundo será muy diferente, pero puede ser mucho mejor, si lo hacemos mejor. Mentiría si les digo que no extraño los planes que tenia en el mundo anterior, pero los que vienen me parecen aún más interesantes.

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