• En El Diario conversamos con dos periodistas y habitantes de Guarero para conocer la problemática que se vive en la zona desde que se implementó la cuarentena

Los habitantes de la comunidad de Guarero, municipio Guajira del estado Zulia, protestaban pacificamente por segundo día consecutivo para exigir que se atendieran las necesidades básicas de comida y agua del pueblo wayuu, pero la manifestación poco duró. Las autoridades empezaron a dispersar a los manifestantes con detonaciones, perdigones y bombas lacrimógenas. 

El coordinador general del Comité de Derechos Humanos de la Guajira, José David González, mediante un comunicado rechazó los hechos suscitados el día 12 de abril en la comunidad de Guarero, donde resultó herida una líder wayuu.

Entre los manifestantes había adultos, niños, jóvenes y ancianos de la etnia exigiendo a la alcaldesa Indira Fernández un plan de emergencia, pues aseguran que están muriendo de hambre al no poder movilizarse hasta el comedor de la ONU ubicado en Paraguachón, reseñó el comunicado.

Foto: Leonel López

El periodista y habitante de Guarero, Leonel López, detalló en exclusiva para El Diario los acontecimientos violentos registrados en la comunidad fronteriza.

López indicó que las protestas iniciaron el 11 de abril, pero el ambiente estaba tenso desde hace varios días, debido que a partir de la cuarentena que hay por el Covid-19, en la zona fueron escaseando los alimentos, especialmente en el caso de las personas que se dedican a la economía informal y viven del ingreso diario.

«La alcaldía no brinda respuestas inmediatas, sino que todo es esperar y pasa hasta un mes para que les llegue la bolsa de comida. Además, como están en zona fronteriza, los alimentos se encarecen y son vendidos en pesos, y mucha gente no tiene dinero o la moneda colombiana para poder comprar», puntualizó.

El comunicador social explicó que esta problematica provocó que los habitantes de la zona decidieran salir a protestar. 

El wayuu declaró que cuando la gente se estaba concentrando el día sábado (11 de abril) en el comando de Guarero, llegaron los líderes de los consejos comunales para tratar de controlar la situación. Informaron que el camión llegaría en la noche y la comida iba a ser repartida en la mañana siguiente, pero los habitantes amenazaron con volver a concentrarse si el cargamento no llegaba.

«Más que atender los intereses de la comunidad, responden a los intereses del gobierno, en este caso de la alcaldía», declaró.

Funcionarios agreden a los manifestantes

En vista de que la comida no llegó, el domingo 12 de abril las personas volvieron a concentrarse en las adyacencias del comando de Guarero, indicó Lopez. 

«El teniente Castro llegó de una vez, cargó el fusil (AK 47) y empezó a hacer tiros al aire. El deber de él es decirnos que ya la comida vienen en camino, no hacer tiros al aire», declaró una habitante.

El periodista detalló que eso aumentó la tensión y empezaron a dispersar a las más de 300 personas que se encontraban protestando. Durante la represión, uno de los perdigones impactó en el rostro de la señora Lisbeth del Carmen González.

«No fue una piedra, no fue una pelea entre las mismas personas, como dice el comandante de la Guardia Nacional, eso es totalmente falso, yo estuve allí presente», sentenció. 

Agregó que en ningún momento hubo confrontación interna, pero sí discusiones entre las comunidades y voceros principales de los concejos comunales.

«Estuvo muy mal la forma como procedió la guardia. No se debió hacer disparos, no había necesidad de eso ni de las bombas lacrimógenas. Es lamentable lo que le pasó la señora», detalló.

Necesidad de servicios básicos

«La comunidad demanda comida y agua, no están pidiendo comida regalada, sino las bolsas de mercal o las cajas del CLAP (Comité Local de Abastecimiento y Producción) y por supuesto el agua», señaló López. 

Denunció que la alcaldía envía camiones cisternas, pero se venden en pesos, para llenar un tanque de agua el costo puede ser de hasta 10.000 pesos (3 dólares). Al igual que la caja CLAP que también las venden entre 5.000 y 10.000 mil pesos.

López aseguró que hay un punto de origen en la problemática y es que los voceros principales de los consejos comunales de la zona están enviciados, debido que son personas que tienen años en esos cargos. Los beneficios de las comidas no se reparten de forma equitativa y mucha de ella queda en manos de los familiares de los encargados.

Lamentó que exista una situación «bastante precaria», y que hay personas pasando necesidad en la comunidad.

Foto: Leonel López

Carmen Moronta, habitante de la zona, denunció que están “tomando agua de los jagüey (pozo o zanja llena de agua) porque los camiones nos quieren vender a 5.000 pesos una pipa de agua, estando montados ahí los voceros»

Sin apoyo de las autoridades

Lisbeth González (de 46 años de edad) líder wayuu del clan Jusayuu, luego de recibir un perdigonazo en el rostro tuvo que ser trasladada a la Clínica de Maicao debido a que no le brindaron la ayuda requerida en el comando, indicó su hija Grey.

La joven explicó que Lisbeth no estuvo en la manifestación, sino que su hermana se había ido a una tienda y ella se desesperó cuando sonaron las detonaciones. Por eso salió a buscarla. 

“Fue claro cuando se vio que el teniente desde arriba le disparó, lo hizo con perdigones y él veía a quien le estaba pegando. Eso fue intencionalmente, no como él dice accidentalmente”, declaró Grey.

Informó que la dieron de alta en la mañana del lunes 13 de abril y que aunque no hubo fractura, le tomaron seis puntos. Comentó que se encuentra con mucho dolor y con la cara inflamada.

“Hoy nos duele más que nunca el atropello que nos hicieron, nunca vimos ayuda. Nos sentimos atropellados porque fue una mujer, una líder wayuu. La gente lo que quería era recibir comida, una bolsa de comida, y las palabras de él (funcionario) fueron: ‘disparenles a esos indios muertos de hambre´”, sentenció.

Comida solo para quienes aparecen en una lista

La periodista de Fe y Alegría Paraguaipoa, Norma González, informó para El Diario que en la mañana de este lunes 13 de abril enviaron dos gandolas de comida y fueron entregadas casa por casa 2.000 bolsas de alimentos de la mano del concejal Albín Urdaneta y los voceros del consejo comunal.

Detalló que la bolsa trajo seis kilos de arroz, un kilo de azúcar, dos kilos de pasta y dos kilos de lentejas. Pero el temor de la gente es que la cuarentena se extendió a 30 días y un paquete de harina solo dura un día.

Además, indicó que solo se les entregó a los que están en una lista Mercal, los demás quedaron por fuera. 

La comunidad se siente indignada y señala que los voceros no distribuyen de manera equitativa los beneficios de alimentación y agua en la comunidad, señaló la comunicadora social.

González agregó que “los ciudadanos de la región fronteriza también se sienten humillados por parte de los funcionarios debido que ellos manifiestan que los wayuu no necesitan de las migajas del Estado, ellos dependen de sus cosecha, pero la sequía les impide sembrar y por eso ellos exigen respeto a su territorio”.

Gandolas con comida. Foto: Cortesía

La comunidad indígena se ha visto afectada por la cuarentena y la sequía. Aunque recibieron una bolsa de comida, denuncian que esta no les durará por mucho tiempo. Esperan que las autoridades respondan a las denuncias y las necesidades de la comunidad sean cubiertas por completo. 

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