• El librero venezolano conversó con El Diario sobre el camino que atravesó y los retos que debió sortear para cumplir su meta

Desde joven las metas ya estaban claras. Antes de cumplir los 40 años, el librero venezolano Rodnei Casares se había planteado dirigir su propia editorial o estar al mando de una editorial muy grande. Ese fue el reto que se propuso cuando encontró su pasión  entre los libros y estanterías de la librería Ludens de Caracas lo que sería su oficio por el resto de su vida: ser librero. 

Uno de sus sueños se cumplió en 2013. Libros del Fuego se hizo realidad, la editorial con la que había fantaseado desde joven se materializó y actualmente funciona en Venezuela, Colombia y Chile.  Durante una entrevista en exclusiva para El Diario admitió que recorrer el camino para llegar hasta ahí no fue sencillo, debió prepararse empíricamente al considerar que “no existe una universidad para ser librero”.

Todo comenzó cuando se quedó sin trabajo en una oficina de reclutamiento de personal en Caracas. Diciembre del año 1999 llegó, pero el pago de las utilidades no llegó y la empresa desapareció; mientras tanto su hijo, de un mes de nacido, lo esperaba en casa. A mediados de diciembre, no habían muchas opciones laborales. Pero la necesidad se hacía latente y la opción de esperar no estaba dentro de sus posibilidades.El joven padre trabajó esos días haciendo viajes desde el terminal de La Bandera, en la capital,  hasta El Vigía, en el estado Mérida. La jornada iniciaba a las 4:00 am y terminaba a las 12:00 am del siguiente día pero a él solo le importaba que no le faltara el alimento a su bebé. 

La recomendación de su ex compañera de trabajo para que asistiera a la entrevista laboral en una librería le abrió las puertas de su futuro y descubrirá, poco a poco, su pasión en la vida. 

La librería Ludens, una que él define como de mucha categoría en Caracas, le ofreció el puesto de auxiliar de librero.

En el año 2000 no sabía nada sobre el oficio, pero solo podía hacer dos cosas: observar y preguntar.

“Ese ambiente me gustó desde el principio y dije que me iba a dedicar a eso (ser librero). Comencé a fijarme en todo lo que pasaba en la librería, cómo se llevaban las cosas, cómo se ordenaban los libros y pregunté muchísimo. Al año siguiente ya estaba manejando una librería (Alejandría I) y a partir de ahí fui me tocó ir investigando sobre el oficio”, comenta.

A juicio de Casares se aprende a ser librero trabajando, debido a que en Venezuela y muchos países de América Latina no existe ningún tipo de adiestramiento en esta área.

Foto: Cortesía

La atención y cariño que le dedicaba a su trabajo estuvo acompañado de una oportunidad que le ampliaría el panorama sobre el oficio en el continente. En el año 2004 se encontró con una convocatoria para un curso de libreros de América Latina. Casares aplicó a la beca para la cual estaban eligiendo a una persona por país y se la ganó. 

“Ese fue un momento muy importante. Sobre todo porque yo era joven y la mayoría de los libreros en el país eran personas mayores. Fue un empujón para mí mismo en el que me decía: ‘mira, no importa que seas joven para que se reconozca lo que uno puede saber como librero’, eso fue como un abrazo y un empujón para afianzarme dentro del oficio”, afirma. 

La edad siempre fue algo que marcó una diferencia entre él y los demás libreros. Sin embargo, eso no le preocupaba demás. Aunque admite que entre los lectores hay una especie de creencia de que los libreros deben ser personas mayores. 

A pesar de esa diferencia, Casares estaba seguro de todo el aprendizaje que había obtenido del oficio, por lo que al ganar la beca se convenció de que se trataba de una oportunidad que se merecía.

Ganar esta beca fue como ‘aquí tienes, esto es una oportunidad importante dentro de tu carrera, ve y ya’”.

La preparación fue clave para pulir su trayectoria. Los siguientes años transcurrieron entre congresos, viajes, visitas a ferias del libro y todo lo que le permitiera nutrir sus conocimientos. 

Durante la entrevista, sonríe al recordar la manera en que inició Libros del Fuego. Las casualidades lo acompañaron desde el inicio y con trabajo a pulso logró cumplir una de sus metas. Para Casares los detalles son importantes, por eso se considera una persona observadora y que presta mucha atención a lo que dicen los demás, considera que esas fueron unas de las herramientas que le permitieron vender y llevar de la mejor forma una librería.

“Yo me puse una meta en mi vida. Yo me dije que a mis cuarenta años debía tener  una editorial propia o dirigiendo una editorial grande, pero no iba a estar a los cuarenta años trabajando todavía en una librería. No porque sea malo trabajar en una librería, pero uno también tiene que surgir y crecer como profesional. Fue en ese momento que llegó  la editorial a mi vida”, comenta. 

Yo me puse una meta en mi vida. Yo me dije que a mis cuarenta años debía tener una editorial propia o dirigiendo una editorial grande, pero no iba a estar a los cuarenta años trabajando todavía en una librería. No porque sea malo trabajar en una librería, pero uno también tiene que surgir y crecer como profesional” Rodnei Casares, editor de Libros de Fuego

La idea de formar una editorial estuvo siempre sobre la mesa. Un día conversaba con Alberto Sáenz, quien es licenciado en Letras, sobre la posibilidad de ejecutar el proyecto Esa era una ida que a ambos les gustaba. 

Tiempo después cuando Saénz colaboraba en la edición de un libro, el autor del mismo le propuso la idea de crear una editorial y se ofrecía como inversor. Rápidamente Sáenz aceptó la propuesta y lo primero que hizo fue pedirle a Casares que se uniera al proyecto. 

Libros de Fuego. El nombre de la editorial está inspirado en la censura que muchos gobiernos impusieron sobre los libros, todos los textos quemados en hogueras en tiempos pasados, pero también hace referencia a los escritos que su propio autor deja “en la gaveta” y los olvida.

Casares recuerda el momento en que le propusieron formar parte del proyecto con alegría y lo define como un hecho muy especial puesto que Sáenz y él no eran, para el momento, grandes amigos. Sin embargo, con el pasar de los años la amistad se fortaleció y eso le ha permitido mantener una relación laboral sumamente armoniosa.

Tres personas forman parte actualmente de la directiva de la editorial: Alberto Sáenz, editor en jefe; Juan Mercerón, jefe de diseño; y Rodnei Casares, quien también funge como editor y es el encargado del área comercial.  Esas tres perspectivas, para Casares son fundamentales en el proceso de selección y publicación de un libro. 

“Mientras Alberto ve la obra desde el tono literario, Juan le saca los jugos de manera visual y yo pienso en el tono comercial. Cuando vamos a reunirnos para ver un libro cada uno expone sus opiniones desde su área y ve los pro y los contra para que esa historia sea publicada. Resulta súper interesante cuando vamos a publicar un libro o cuando llega un manuscrito pues lo leemos los tres,  discutimos y con base a esa discusión decidimos si se publica o no el libro”, explica.

Foto: Cortesía

Cuando un manuscrito llega a la editorial, los tres socios lo leen y discuten si es posible o no su publicación. Estas discusiones se hacen a distancia, pues los tres directivos viven en tres países diferentes. 

¿Qué valora Libros del Fuego de un manuscrito?

Para la editorial la publicación de un libro es un proceso muy orgánico. Principalmente, el lenguaje es un aspecto que valora Libros del Fuego.

Para ellos saber contar una historia es sumamente importante, aunque el gusto también juega un papel importante en la decisión. Que a los directivos les guste y enganche un texto, es más importante que todo lo demás.

“El libro tiene que decir algo y tiene que decirlo bien. Tiene que tener buen contenido buen lenguaje, una buena historia y también que nos guste”, asegura.

Formato digital frente al papel

El auge de los libros en formato digital es algo que a Libros del Fuego no le quita el sueño. Para sus dueños el valor por el papel y la tipografía es lo que caracteriza a la editorial, aunque no descarta la idea de incursionar en esta área digital. Sin embargo, no es una prioridad por los momentos. 

El experto en el área comercial de la editorial justifica que en el mercado editorial representa solo 12 o 13% del total de las ventas en Estados Unidos, por lo que califica esta cifra como “muy pequeña” en comparación con los libros tradicionales. 

“Yo soy un consumidor de libros en digital y me gusta leer en digital, pero si me pones un libro en digital y un libro en papel yo por supuesto comprar el libro de papel y así le pasa a mucha gente”, explica al tiempo que enfatiza que el mundo digital no representa un problema para la editorial, incluso señala que de no ser por la tecnología digital la editorial no podría mantenerse pues sus dueños se encuentran en tres países diferentes.

Libros y cuarentena

En en estos tiempos de pandemia,  en los que gran parte de la población mundial se debe confinar en sus hogares para evitar la propagación del coronavirus de Wuhan, expertos recomiendan la lectura como una alternativa catártica para lidiar con el estrés que produce la cuarentena. 

Para el librero sería “maravilloso” que la gente leyera más y aprovechara el tiempo libre, pues una de las frases que más escuchó mientras trabajaba en una librería es: “No tengo tiempo para leer”. En estas circunstancias el tiempo sin actividad sobra y las personas pueden leer más, pero también pueden iniciar conversaciones y discusiones en torno al libro, comenta.

Ya no hay excusa sobre el tiempo. Leemos o sencillamente decimos: ‘mira, no me gusta leer y punto’. Ojalá que con todo este tiempo que tenemos ahora la gente siga leyendo. Creo que lo está haciendo y eso hay que celebrarlo dentro de todo este desastre”, asegura.

Aunque para Casares lo ideal sería que la gente leyera más, también admite que existen personas que no lo quieren hacer o han leído menos y, a su juicio, eso también está bien. En tono de confidencia comenta que ha leído mucho menos durante este tiempo de cuarentena en comparación a la cantidad de libros que leía antes. 

Foto: Cortesía

“Dentro de todo también hay otras distracciones y la preocupaciones que nos trastornan. Si no quieres leer está bien que no lo hagas y si no quieres escribir está bien que no escribas. Yo creo que lo importante ahora es tratar de salir de esta situación con paz mental”, puntualiza. 

La pandemia ha impactado a la editorial Libros del Fuego. La cancelación de eventos como la Feria del Libro de Bogotá o el lanzamiento de nuevas obras fueron pospuestos. Todo el proceso comercial se ha visto trastocado para la editorial. Sin embargo, Casares prefiere ver esta situación como una oportunidad que le brinde en el futuro nuevos proyectos.

“Esperamos que toda esta gente que está escribiendo nos dé proyectos. Esa gente va a necesitar a alguien que lo ayude en la edición  puede que mañana alguien mande un correo con un proyecto y eso de alguna manera ayudará a compensar lo ocurrido en el área comercial”, comenta con optimismo sobre el futuro. 

Mientras ese momento llega, el confinamiento por la pandemia se mantiene. Ante eso el librero Rodnei Casares recomienda releer esos libros que dejaron una huella en cada lector y de alguna forma encontrar en cada página la esperanza que se necesita para sobrellevar la situación. 

“Hay que leer ahora lo que a uno le guste y se sienta cómodo. Que el lector piense cuál ha sido su libro más importante y que lo vuelva a leer”. Señala que ha leído Cien años de soledad de Gabriel García Márquez varias veces en varios momentos de su vida y a su juicio, cada lectura deja sentimientos diferentes. 

Desde Medellín, este venezolano ve su sueño hecho realidad. Con trabajo duro, entre libros y estudios, alcanzó sus metas, superó obstáculos y le brindó a su familia la estabilidad que necesitaba. Actualmente la pandemia ha alterado incluso el funcionamiento de Libros del Fuego; sin embargo, el optimismo del porvenir es lo que mantiene a Rodnei Casares tranquilo, esperando que la creatividad que se ha desarrollado en medio de esta crisis mundial se vuelque en futuros libros para la humanidad. 

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