En tiempos en que se hace evidente, que las diferencias ideológicas, las maneras de entender la realidad, las preferencias políticas y las formas de comprender el mundo son irreconciliables, hay un punto en el que inevitablemente debemos coincidir y es nuestra supervivencia como especie, como humanidad.

La historia contemporánea nos está dando una importante lección: es necesario ponernos de acuerdo, aceptar nuestras diferencias y coincidir en objetivos puntuales que nos permitan coexistir, pero eso pasa en primer lugar por un trabajo individual.

Si entendemos el populismo como un término que se usa de manera peyorativa para referirse a la demagogia, o al empleo de falsas pero populares promesas difíciles de cumplir, para convencer a un pueblo y convertirlo en instrumento de ambiciones personales, veremos que los seres humanos hemos sido a la vez, víctimas y victimarios.
¿Cuántas veces hemos hecho promesas que no somos capaces de cumplir? O ¿cuántas veces hemos asumido convenientemente y sin investigar lo suficiente, que lo que se nos oferta como una “realidad” es efectivamente así, para después sentirnos decepcionados?, ¿cuántas veces hemos decidido quedarnos con eso que queremos escuchar, ignorando conscientemente situaciones evidentes?

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En un momento como el que vive el mundo, requerimos estrategia, visión de futuro, honestidad y transparencia, pero éstas empiezan desde nosotros como ciudadanos asumiendo nuestras responsabilidades, para poder demandar verdades de los principales responsables de la estabilidad mundial.

Es evidente que el mundo cambió, esto no es nuevo y además es natural, lo que no cambia, se estanca y muere. Heráclito dijo: «el cambio es lo único constante». La gran pregunta es: ¿hacia dónde cambió?, ¿en qué hemos cambiado?, ¿cuánto tiempo invertimos hablando de lo que está pasando, versus el tiempo que invertimos en trabajar soluciones propias o colectivas?, ¿cuánto tiempo pasas hablando del problema y cuánto podrías invertir ayudando a alguien que te necesita?, ¿cuántas veces aquellas conversaciones sobre «lo que está pasando», llenas de suposiciones, datos imprecisos y juicios, te han invitado a paralizarte y te han llenado de miedo?

Según como lo veo, los cambios necesarios son muy profundos y requieren un nivel de introspección y reflexión importante, las soluciones no aparecen solo desde afuera, el proceso naturalmente es al revés. Si ocurren cambios en nuestra manera de actuar, en la manera en que nos comportamos, en nuestra consciencia más profunda, en esa medida el mundo cambiará de manera significativa.

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Muchas veces hemos dicho que queremos un cambio, ahora que se hace inevitable y evidente ¿estamos dispuestos a cambiar? La respuesta a esta pregunta será el dibujo de nuestra vida cuando Covid-19 sea solo una anécdota del pasado.

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