• Con motivo del día de las madres, El Diario conversó con Yumaira Noriega, quien es policía de Baruta, estado Miranda, para conocer cómo compagina su profesión con su rol de mamá. Este año, con la pandemia del Covid-19, el miedo de estar en la calle mientras la mayoría de las familias permanecen en casa, es aún mayor

Mientras cae la noche y las normas exigen a los ciudadanos quedarse en casa para no contagiarse de Covid-19, Yumaira Noriega está en pleno recorrido por las calles del municipio Baruta, estado Miranda. En estos días de pandemia, es una de esas heroínas silenciosas que tratan de restablecer el orden (¿el nuevo orden?) de la ciudad. Para ella, estar en casa es más bien un hecho fortuito. A las cinco de la tarde, a las ocho de la noche, o simplemente en la mañana siguiente; cuando se es policía, el horario de trabajo es cosa del destino. Pero cuando al mismo tiempo se es madre soltera, el sacrificio se multiplica. En su morada le espera Francisco, su hijo, para un abrazo que no siempre llega. De todas formas, para él quizás sea su heroína particular.

A veces mi hijo está durmiendo, o por lo menos aguanta el sueño hasta que yo llegue y habla conmigo. Pero casi siempre encuentro durmiendo. En la enseñanza, que lo hago en los momentos libres, trato de entrenar con él, entonces imitamos los videos y trato de que mi hijo participe en eso, porque le gusta el deporte. Es para que no se sienta tan aburrido y agobiado con tanta tarea. No es fácil tener que salir a patrullar mientras tu hijo está en casa, pero se puede”, dice para El Diario.

Sin embargo, en los pocos ratos juntos, ahora hasta los abrazos requieren un protocolo: a Francisco no lo toca sin antes quitarse la ropa, limpiar con cloro, y bañarse. Es la nueva normalidad en estos días. Él, como todos los niños, le cuesta asimilarlo. Yumaira también diseñó su propio mecanismo para hacer que él cumpla con las normas de higiene: si cumple, de vez en cuando lo premia con algún obsequio. También es su forma de educar aun estando ausente. Al principal enemigo de ahora no se le combate con armas, sino con agua y jabón. Lo que sí es ya una costumbre para él es tener a su mamá en la calle.

Foto: Cortesía

Yuraima decidió ser policía cuando tenía 18 años de edad. Ahora tiene 44. En aquel entonces, la inspiración la encontraba en las series policiales. Le gustaba sentir que, de alguna manera, era parte de ellas. “Era el reto de poder figurar, de la fuerza física, de correr, de hacer cosas que no había hecho nunca en mi vida y que ya lo estaba haciendo. Supuestamente iba a entrar en la parte de vialidad, pero resulta que me estaba formando para policía. Mi papá no estaba de acuerdo, mi mamá tampoco, sin embargo, me apoyaban”, relata.

Pero fue solo desde hace 7 años cuando todo cambió para ella. Sin más tiempo que el que dedicaba a su profesión y a veces al deporte, una visita al médico la hizo reflexionar. Si no quedaba embarazada en ese momento, se le removerían los ovarios. “Ya es hora de que no te preocupes tanto por los estudios, el trabajo, los deportes, sino dedicarte tiempo a ti como mujer”, se dijo. Cuatro meses después de una operación, el embarazo era un hecho.

El primer año siempre estuvo presente. Pero luego, con la llegada de la normalidad después de amamantar, el trajín de la profesión la obligó a ausentarse. Volvieron las interminables jornadas laborales, que también incluían patrullar en las calles. Las consecuencias de una madre ausente empezaron a afectar a Francisco.

“A mi hijo le afectó, porque yo siempre estaba ahí. Cuando me cambio a patrullaje, que ameritaba más tiempo, él empezó a tornarse un poquito rebelde. Llamó la atención porque le hacía falta alguien. La maestra, preocupada, me llama a mí y al papá y nos dice que el niño pasó de ser excelente, a presentar algunos comportamientos. Yo acepté mi responsabilidad. Pedí mi cambio de horario de trabajo a un área administrativa, pero es igual, es incierto el horario de nosotros. Puedo llegar temprano, tarde, o sencillamente no llegar. Pero cuento con el apoyo de mis familiares”, comenta.

Hace mención especial a su mamá, Irma. Además de abuela, ella es una segunda madre para Francisco; la que consiente. Yumaira, como buena policía, es más exigente. Dice que lo de ser “amiga” de su hijo no va con ella. Madre es madre, dice. Madre es liderazgo, jerarquía, respeto, disciplina. “Así como soy en el trabajo, trato de que sea mi hijo así”. Pero también es cariño y amor, reconoce.

Aunque admite también que alguna vez llegó a replantearse su labor para dedicarse completamente a su hijo, no cree en imposibles a la hora de educar y tener una profesión exitosa. Como muestra, dice que es la tercera al mando de la policía comunal, jefa de protección de niños, niñas y adolescentes, y la coordinadora de protección de testigo y demás sujetos procesales. Por eso, recomienda a todas las mujeres que son madres, que no renuncien a sus profesiones:

“Si tú tienes la responsabilidad de concebir, debes seguir adelante. Si yo en mi poco tiempo de esparcimiento he sacado mi hijo adelante, ellas también pueden. Esto es un reto que la mujer venezolana, que es súper luchadora, puede sacar adelante. La excusa de ser madre soltera no va. Yo tuve mi hijo a los 37 años y lo he sacado adelante. En eso ando, en una constante, de manera de que no se vaya a desviar. Ese es el norte, el de sacar hombres de valor”.

Foto: Cortesía

Este 10 de mayo, Yumaira lo tiene claro: estará en la calle trabajando, cumpliendo con su labor de policía. Entretanto, en su casa, quizás dormido, lo espera su hijo junto a su madre, que también es la de ella. Madre no siempre hay solo una. 

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