• En una economía como la norteamericana, los venezolanos no pueden darse el lujo de permanecer meses sin trabajar. Los venezolanos en Estados Unidos acuden a sus empleos pese al confinamiento, arriesgándose a contraer el virus que ha puesto en jaque al mundo entero

En la Casa Blanca la consigna política principal ha cambiado. Ya no es “Make America Great Again” (“Que América vuelva a ser grande”), el lema político que mueve al magnate Donald Trump. Al menos no en este momento. Ahora, en plena pandemia por la Covid-19, desde Washington proponen un nuevo eslogan: “Abran a América”, que se refiere a la reapertura de la economía estadounidense, asfixiada por la cuarentena y en franco deterioro desde que el virus empezó a esparcirse por el mundo.

La propuesta de reapertura ha causado divisiones en Estados Unidos, y las advertencias no se hacen esperar. Reportes internos de la administración de Donald Trump, obtenidos por The New York Times, indican que para el 1º de junio, la tasa de fallecidos podría llegar a ser de 3.000 por día, un incremento aproximado de 70% de los casos registrados para el 4 de mayo.

Pese a ello, el gobierno de Trump insiste en reanudar las actividades comerciales. Parece no haber opción, pues en estos momentos, de acuerdo con Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, Estados Unidos se enfrenta a la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial. 

Foto: Telemundo Orlando

Steven Mnuchin, secretario del Tesoro de Estados Unidos, advirtió que el desempleo puede llegar a 25% del total de la población apta para trabajar, una cifra que recuerda los peores momentos económicos de la historia de ese país.

En este contexto, los 394.000 migrantes venezolanos en Estados Unidos navegan entre dos aguas. Desempleo, crisis y pobreza, por un lado; y Covid-19 en cualquier esquina, por otro; son los obstáculos a los que deben enfrentarse en las calles norteamericanas, donde hay ya más de 1.400.000 de personas con Covid-19.

El Diario conversó con cuatro venezolanos en Estados Unidos, quienes compartieron sus experiencias y expectativas ante la reapertura de varios estados en la nación norteamericana.

Enfermarse en condición de turista es un escenario nada favorable

El condado de Miami-Dade, en el estado de Florida, se ha ganado a pulso que le digan “Doralzuela”, pues es uno de los lugares con mayor cantidad de venezolanos en Estados Unidos. A esa entidad, conquistada por los criollos, llegó Keyla Brando en diciembre del año 2019 para asistir al bautizo de su sobrino-ahijado. Tenía pautado regresar a Venezuela en enero, pero decidió quedarse unos meses más para pasar tiempo con su familia.

Foto: Cortesía de Keyla Brando

Mayo era la nueva fecha programada para su retorno al país, pero a mediados de marzo recibió un mensaje de texto en su teléfono que cambiaría sus planes.

“Las alertas llegan a todos los teléfonos celulares, sin importar si tienes o no línea estadounidense. En marzo recibí una que no había leído antes: recomendaban quedarse en casa debido al Covid-19”, relata Keyla.

Si no produces, se hace cuesta arriba el día a día. Las facturas no paran de llegar» Keyla Brando

Los primeros casos oficiales de Covid-19 en Florida fueron informados por el gobernador Ron DeSantis el 1º de marzo. La llegada del virus al estado soleado coincidió con el inicio de las vacaciones de primavera, y los efectos de la pandemia no se hicieron esperar. Solo cinco días después de que se conocieran los primeros enfermos de Covid-19 en Florida, el alcalde de Orange County, Jerry Demings, informó que su condado había perdido aproximadamente 154.000.000 de dólares por tres convenciones canceladas.

“Me enteré de que había llegado el coronavirus como todos: por las redes. Y las fechas coincidieron con el Spring Break (vacaciones de primavera). Los jóvenes vienen de todos lados para bañarse en las playas. Florida es su destino”, dice Keyla.

Foto: América Digital

Para mediados de marzo, la cuarentena voluntaria empezó. Los negocios que no eran de primera necesidad —un clasificación que ha causado mucha polémica entre economistas debido a lo aparentemente arbitrario de lo que significa “primera necesidad”— cerraron. Centros comerciales, colegios, parques, clubes, discotecas, gimnasios, todos fueron clausurados. Productos como papel tualé —”aunque suene increíble”—, gel antibacterial, limones, vitamina C, carne o pollo empezaron a desaparecer en los anaqueles mayameros, y los restaurantes solo hacían delivery.

“Pero”, acota Keyla, “la gente puede salir. Ves a todo el mundo trotando, caminando, el transporte público funciona. Todo ha sido voluntario desde el principio”.

Las playas también empezaron a cerrarse, frustrando así las festividades primaverales de la juventud.

Covid-19 en Estados Unidos 1.420.000 personas contagiadas.

“Cuando todo el mundo estaba en cuarentena, las playas de Florida se encontraban llenas de jóvenes. Como es de esperarse, no querían que sus vacaciones se vieran forzadas a terminar por el Covid-19. Incluso se produjo un intercambio de disparos en Miami Beach porque la policía dispersó una fiesta en la noche.”.

Desde marzo, Keyla no ha salido de su casa, en Midtown Doral. Su hermano es quien sale a comprar lo que hace falta para el hogar, siempre con tapabocas y guantes. Lo más lejos que ha salido al mundo exterior es a botar la basura, “que queda a tres pasos de la casa”. Pero ha podido constatar una realidad: Estados Unidos es un país en el que nada se para. “Y si te paras, pierdes, porque los gastos no se detienen”.

Foto: us.as.com

“Mucha gente ha salido a trabajar con el riesgo a contraer Covid-19. Pero es eso o quedarse en la calle, o quedarse sin comida, o quedarse sin trabajo. Se escucha mucho aquí que ‘el remedio no puede ser peor que la enfermedad’, es decir, quedarse en casa no puede ser peor que el coronavirus. Si no produces, se hace cuesta arriba el día a día. Las facturas no paran de llegar.”, asevera.

A través de la aplicación Instacart, que ofrece delivery de mercados a las casas, la familia de Keyla ha podido obtener sus alimentos sin tener que dejar su hogar. Casi todas las personas que han hecho la entrega de los productos han sido mujeres venezolanas. “Porque tienen que salir y arriesgarse para seguir produciendo”.

“Si sospechara que tuviera coronavirus, entraría en pánico. No tengo seguro médico.. Tengo entendido que las pruebas las hacen de manera gratuita en algunos lugares, en otros lados cuesta entre 100 y 300 dólares. Hay un decreto que dice que todas las personas con coronavirus pueden ser atendidas, pero que deben firmar un acuerdo de pago de cuotas a futuro. Sin embargo, es una solución poco accesible para los turistas que viajan con un presupuesto limitado.”, explica.

Aunque algunos pagos de servicios han sido extendidos, otros, como la hipoteca, permanecen inamovibles.

Foto: The Palm Beach Post

Varios amigos venezolanos de Keyla, que laboraban ilegalmente en territorio estadounidense, han perdido sus trabajos. “Les he escrito para saber cómo van y todos coinciden en que no están pasando su mejor momento. El hecho de que aún no tengan los papeles en regla, impide que puedan beneficiarse de las ayudan del gobierno». Muchos connacionales asisten ahora a iniciativas locales de distribución gratuita de comida como la propuesta por la alcaldía de Doral. “Dan bastantes frutas, panes, frutos secos. Tengo varios conocidos venezolanos que han ido para allá. Todo el mundo en su carro desde la madrugada, porque se hacen colas”.

Ahora, Keyla está atrapada entre trámites de visado, y sin poder regresar a Venezuela. Las autoridades han recomendado a personas como ella que paguen una extensión de visa, equivalente a 500 dólares, para poder salir de Estados Unidos de forma legal.

Aún se desconoce cuándo existirá una vacuna para el Covid-19. Optimistas como Bill Gates aseguran que puede surgir una cura en al menos nueve meses, en el mejor de los escenarios posibles. Pero para los venezolanos en Estados Unidos, dice Keyla, mantenerse en cuarentena hasta que ello ocurra es un privilegio que no todos pueden ostentar.

“Yo no pienso salir a la calle cuando reabran los comercios, pero te aseguro que muchísima gente sí. Como comenté, no tener seguro hace que te cuides mucho más. Sabes que la única opción es mantenerte sano. No hay plan B.”.

“Ya me gasté todos mis ahorros”

Mariale González, venezolana oriunda del estado Barinas, trabajaba como cajera en un resort de Disney. Estaba ahorrando, con su novio, para poder establecer un negocio propio. “Aún no teníamos muy claro de qué, porque nos gustan varias cosas”, admite. Pero la primera semana de marzo recibió un correo que truncó todos sus planes.

“Me informaron que por medidas de prevención iban a cerrar el resort para evitar que se convirtiera en un foco infeccioso. Con respecto a volver al trabajo, solo me dijeron que estaba suspendida, pero que no estaba despedida como tal, que esperara a que todo pasara para poder reintegrarme”, dice con 22 años de edad.

Desempleo en Estados Unidos. 26.000.000 de personas sin trabajo.

A través de las noticias se enteró de que el Covid-19 había llegado al estado de Florida, donde reside. Para ella, el proceso de cuarentena fue extraño, porque aún se permitía a la gente que saliera a la calles. “Lo único ‘oficial’ que hubo fue un toque de queda a partir de las 11:00 pm hasta las 5:00 am en el condado de Orange, al que pertenezco. Pero ha habido un gran descontrol, ya que algunos negocios están abiertos mientras que otros cerraron sus puertas totalmente”.

Durante dos meses y medio ha buscado trabajo sin éxito, arriesgándose a contraer Covid-19 en las soleadas calles de Kissimmee, Florida. Además, ha ido al supermercado, al banco y otras diligencias. Al llegar a su casa, echa la ropa de calle en una bolsa negra y va de una vez al baño por una ducha.

-¿Vives muy al día?

-Es relativo. Hay que saber organizarse, pero la verdad es que el dinero sí alcanza y sí logras ahorrar. Pero desde que no trabajo he estado usando mis ahorros y es algo bastante duro para mí, ya que me ha costado bastante tiempo y esfuerzo reunirlos.

Desde hace un año y cuatro meses está en Estados Unidos. Sus planes, como los de muchos migrantes, consistían en trabajar un tiempo y luego regresar a Venezuela. Pero el mega apagón ocurrido en marzo del año pasado, y otros problemas familiares, la hicieron quedarse en territorio norteamericano.

Pese a los 41.923 casos de Covid-19 en Florida, que ha dejado como consecuencia el saldo de 1779 fallecidos, Mariale solo quiere salir a trabajar y ganarse su sustento diario. Confía en que tomando las previsiones necesarias, usando tapabocas y manteniendo el distanciamiento social reglamentario, no le ocurrirá nada.

Foto: The San Diego Union Tribune

“Siempre que hablo con mis papás, que están en Venezuela, les digo que estoy bien, pero realmente siento demasiado peso sobre mis hombros. Una vez que te acostumbras a trabajar fuertemente, darse cuenta de que de un día para otro no puedes producir dinero es terrible. Quiero que todo se normalice ya”.

En junio Mariale cumplirá 23 años. La cuarentena ha hecho que se plantee trabajar mucho más para poder recuperar lo perdido. “Si antes trabajaba 40 horas a la semana, ahora pienso conseguir dos trabajos. De ser posible, hacer más de 60 horas semanales. Es un poco de esfuerzo que se que valdrá la pena luego”.

Por el momento, Mariale se convirtió en una más de las 23.100.000 de personas desempleadas en Estados Unidos. Desde la Gran Depresión, en la década de 1930, no se llegaba a esos niveles.

Vivir con preocupación

“Es cierto que necesito trabajar porque hay cuentas que pagar. Por lo menos soy uno de los que continúan trabajando y eso lo agradezco, pero la gente debería tomárselo más en serio, cuidarse más”, dice Raúl Camacaro, venezolano de 30 años de edad. Vive en Pembroke Pines, donde trabaja en una estación de servicio, uno de los establecimientos comerciales que, por su condición de necesidad, no ha cerrado aún.

Foto: News Channel 8

La primera vez que supo del coronavirus de Wuhan fue a través de Twitter, pero se enteró bien sobre asunto en una conversación en su trabajo. “El mánager y la jefa de la gasolinera estaban hablando de eso y fue más o menos que me enteré bien de qué iba todo. Pero aún no nos lo tomábamos en serio, hasta que empezaron los casos en New York”, relata Raúl.

Poco después supo que debía lavarse constantemente las manos, y que, de ahora en adelante, debía mantener distancia con los clientes, debido a lo contagioso del Covid-19. 

Si queremos mantener cerrada la economía por otro mes más, tendremos una segunda Gran Depresión. Y eso implica niveles de miseria humana que ni siquiera estamos dispuestos a ver”. Stephen Moore, economista y asesor económico de la campaña de Donald Trump

Aunque no perdió su empleo, las cosas en el trabajo de Raúl empezaron a cambiar. Los horarios empezaron a reducirse. Gente que trabajaba en la estación unos cuatro o cinco días a la semana comenzó a trabajar solo dos. Pocos clientes llegaban.

“Yo esperaba que cerraran la gasolinera”, dice. 

-¿Y si te pudieras quedar en tu casa durante la cuarentena, lo harías?

-Sí, si pudiera. Lo veo como algo necesario, pero ciertamente no puedo porque hay cosas que pagar.

Debido a que no tiene todos los papeles de residencia en regla, Raúl no ha podido aprovechar las ayudas monetarias que ha dado el gobierno de Estados Unidos a los ciudadanos. Solo cuenta con unos pocos ahorros, que ha podido conseguir en un año y cinco meses en territorio estadounidense, mientras realiza una especialización en escritura creativa.

Cómo los venezolanos pueden acceder al programa de préstamos por desastre del gobierno de Estados Unidos

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Fernando Blasi, agregado de Asuntos Comerciales de la embajada de Venezuela en Estados Unidos, explicó cómo los emprendedores y pequeñas empresas de venezolanos en Estados Unidos, afectados por la pandemia del Covid-19, podrían solicitar un préstamo por desastre de la Administración de Pequeñas Empresas (SBA) del gobierno norteamericano.

Para ayudar a las pequeñas empresas afectadas por el coronavirus de Wuhan, el gobierno estadounidense estableció un nuevo mecanismo de préstamos y adicionalmente ha expandido el programa ya preestablecido del SBA titulado “Economic Injury Disaster Loans (EIDLs)”.

Estos préstamos son facilitados gracias a la nueva ley de “Ayuda, alivio y seguridad económica por el Coronavirus” o CARE por sus siglas en inglés.

“El recién expandido programa amplió sus opciones para poder cubrir a un mayor número de pequeñas empresas, facilitó su aplicación y aseguró que los préstamos de menos de $200.000 dólares puedan ser aprobados sin una garantía personal. El programa ampliado de préstamos también ofrece un adelanto de emergencia de hasta $10.000 dólares que no es necesario devolver”, precisa Blasi.

El agregado comercial de la Embajada de Venezuela detalla que estos préstamos por daños económicos generados por el Covid-19 pueden alcanzar hasta los 2.000.000 de dólares en asistencia, “proporcionando así un apoyo económico vital para las pequeñas empresas y emprendedores que les ayude a superar la pérdida temporal de ingresos que están experimentando por la crisis de salud mundial”.

Blasi especificó: “estos préstamos pueden ser utilizados para pagar las deudas fijas, nóminas, cuentas por pagar, facturas y otros gastos o servicios que no se puedan pagar debido a los efectos del desastre». Agregó que “la tasa de interés es de 3,75% para las pequeñas empresas y para las organizaciones no lucrativas (Non-Profit) es de 2.75%”. Los montos, sin embargo, pueden ser perdonados posteriormente de acuerdo al uso dado a los recursos.

Los interesados pueden usar el siguiente enlace para consultar más información y verificar si aplica para esta ayuda:

https://www.sba.gov/programas-de-financiamiento/asistencia-por-desastre.

Fuente: press@us.embajadavenezuela.org

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“Todos los días me preocupa trabajar así. Temo que la gente siga tomándolo a la ligera. Desde la semana pasada es así, muchos fueron a una playa y estaban como si no estuviera pasando nada, no usaban tapabocas ni respetaban la distancia. Tuvieron que cerrarla de nuevo. Depende enteramente de la gente y la responsabilidad que tomen”, explica.

La hermana de Raúl, María Camacaro, perdió su trabajo a mediados de marzo. Con 24 años de edad, y cuatro de ellos en Estados Unidos, ya había tenido diferentes oficios. Antes del Covid-19, su puesto era de encargada del desayuno y de la limpieza de esa área de comida en un hotel de la cadena Hilton en Miramar.

Foto: CNN

“Redujeron horas para evitar el contagio. Luego en el desayuno dejaron de servirse cosas como avena, waffles, frutas, porque todo era propenso a ser contagioso. Finalmente, un militar en el hotel, que estaba trabajando en la zona donde se hacen las pruebas del Covid-19, se contagió. Luego de ello nos dijeron que nos llamarían cuando estuviese todo normal”. Ya han pasado aproximadamente dos meses, y aún no llaman.

Sin embargo, María es una de las venezolanas que espera que la cuarentena termine pronto. Su deseo parece estar haciéndose realidad. El gobernador de Florida, Ron DeSantis, ha anunciado la reapertura paulatina de los negocios desde el 4 de mayo. La medida es estudiada minuciosamente por el Operativo de Reapertura de Florida, que codo a codo junto a expertos de la salud plantean cómo reanudar las actividades comerciales en la entidad.

Governor Ron DeSantis speaks during a press conderence at Broward’s mobile testing site at C.B. Smith Park, in Pembroke Pines, Thursday March 19, 2020.

“La verdad, no me preocupa el coronavirus. Pienso que si uno tiene las precauciones necesarias, todo marcharía correctamente” dice María.

Entre la espada y la pared

Stephen Moore, economista y asesor económico de la campaña de Donald Trump, fue enfático en una entrevista ofrecida a The New York Times: “Si empezáramos a abrir las cosas y tuviéramos otro brote, eso sería una pesadilla. No soy insensible al virus. (…) Pero lo que digo es que si queremos mantener cerrada la economía por otro mes más, tendremos una segunda Gran Depresión. Y eso implica niveles de miseria humana que ni siquiera estamos dispuestos a ver”.

Sin vacuna a la vista, y con más de 4.300.000 millones de casos confirmados de Covid-19 en todo el mundo, el orbe se debate entre continuar la cuarentena o abrir las economías. Ya dan tímidos pasos en la primera dirección en Europa y China.

Mientras tanto, en Venezuela, con menos de 500 casos de coronavirus de Wuhan para el momento en que se escribe este reportaje, ha anunciado otro mes de cuarentena, en medio de la inflación galopante, la depresión económica continúa desde hace más de seis años, y el deterioro perenne de los servicios públicos, incluyendo la escasez aguda de gasolina en el país. Es lo que han recomendado los asesores del régimen de Nicolás Maduro, quien no parece demasiado angustiado por extender el confinamiento.

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