• La explosión de una tubería de 40 pulgadas en el sector Santa Eduviges de Táriba, estado Táchira, destrozó el hogar de 88 personas. Rosa Moncada, una de las vecinas del sector, conversó con El Diario sobre el hecho y la situación de los afectados. Foto: 800 noticias

La tierra tembló en el municipio Cárdenas del estado Táchira. Se podría pensar que el estruendo fue provocado por el choque entre las placas tectónicas o una explosión aislada que asustó a todos los habitantes, pero no. Una tubería de 40 pulgadas en el sector de Santa Eduviges de Táriba, cercano a la vía panamericana, explotó y, la fuerza residual del agua que salía a borbotones de la rotura, acabó con seis viviendas en su totalidad. También dejó siete con daños estructurales. 

La cronología del evento, narrado por Rosa Moncada para El Diario y ocurrido la tarde del 23 de mayo, no sugiere ningún desnivel del destino, tampoco un juego de azares que terminaría, al final, con una explosión en la zona. Ella comenta que el 22 de mayo, día anterior al suceso, su hijo grabó entre la maleza y las piedras la rotura de la tubería. En ese momento, la fuerza del agua era mínima y solo caían pequeñas gotas que se empozaban en el barro para crear, de esta forma, un pequeño estanque. Ese día había una cuadrilla de Hidro-suroeste, la compañía gubernamental encargada del sector hidrológico en el estado, en la vereda uno de Santa Eduviges. Los vecinos, luego de haber visitado la rotura, le comentaron a la cuadrilla de trabajadores lo que ocurrió detrás de las 3 y 4. Ninguno escuchó. Nadie comunicó a la oficina principal y los vecinos, una vez más, se quedaron sin voz ante la inoperancia del Estado. Al día siguiente, antes del anochecer, las pequeñas gotas se transformaron en un caudal y la tubería de cobre no aguantó un segundo más.

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Foto: Rosa Moncada
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Primero ocurrió la desgracia por la negligencia de los organismos correspondientes”, agregó.

Apenas se produjo la explosión, se fue la luz, mientras todavía su comedor tambaleaba. No dio tiempo de avisar a nadie. Luego, con el pasar de los minutos, los gritos de los afectados, al ver bajo el agua todas sus pertenencias y notar que el techo que hace poco los acobijaba estaba desmoronado en el piso, se escucharon en todas las veredas de la zona. Rosa vive en la vereda uno. Su casa tembló como, quizás, pocas veces en la vida. Sus vecinos afectados, aquellos 88 que tienen que ver sus hogares derruidos por el agua, perdieron los teléfonos en la explosión de la tubería. 

El relato de Rosa se entrecorta y las imágenes comienzan a aflorar, demostrando que en una tarde gris de San Cristóbal, decenas de personas recogían entre los escombros las pocas cosas que sobrevivieron a la explosión. Gracias a Dios —dice ella— no murió nadie. Solo fueron destrozos materiales que, en la situación actual, pueden a llegar a significar mucho más. 

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Foto: Rosa Moncada

Entre los daños materiales se encuentran cuatro vehículos. Una unidad de transporte público, que estaba estacionada cerca de la tubería, terminó volcada en el piso con los vidrios rotos y el frente totalmente destrozado. Mientras tanto, en el estacionamiento de una de las casas afectadas, las esquirlas de ladrillo estaban incrustadas en la carrocería. Ante ellos, recogiendo los pedazos de vidrio, se encontraban sus dueños. 

¿Qué ha pasado con los afectados?

Los vecinos se congregaron para ayudar a los damnificados. “Unas personas se están refugiando en la escuela Graciliano Colmenares y otros en el hogar de algunos vecinos o familiares”, comenta. En este momento, los habitantes piden ayuda para cubrir las necesidades alimenticias, de cobijo y estadia, hasta de ropa, porque los afectados perdieron sus cosas entre los escombros y el agua. 

Para ella y el resto de vecinos la situación resulta hasta paradójica. Mientras en el resto del país las personas corren con un botellón encima para llevar agua a sus hogares, ellos, sin esperarlo, padecen una inundación por la rotura de un tubo. 

Todas las tardes, antes de que llegue la noche y se vaya la luz, la señora Rosa va con varios vecinos a llevar la cena de los afectados. Entre la oscuridad por los sucesivos recortes de electricidad, tanteando el camino con linternas y velas, toda la comunidad se mantiene unida para socavar un hecho que acabó con la tranquilidad de varias familias. 

El estado Táchira ha sido uno de los más afectados con la crisis actual que sufre el país. Los recortes de luz, muchas veces, pasan las 12 y 15 horas al día. La gasolina es un servicio que falta desde hace años y muchos tachirenses viven su día a día entre cientos de colas, en la oscuridad y, sobre todo, padeciendo las imprecaciones de una situación que parece no tener fin. La conversación con la señora Rosa se detiene, no hay señal  o quizás una vez más se fue la luz. 

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Foto: Rosa Moncada

Después de otro racionamiento de 12 horas, comenta que la cuadrilla de Hidro-suroeste estuvo toda la noche del sábado 23, entre las linternas, buscando una manera de arreglar la tubería. Sin embargo, al mismo tiempo aparecía otro hueco en la tubería, que no han resuelto todavía. Esto, para ella, puede desencadenar otra explosión. 

No es la primera vez que ocurre una explosión de este tipo en la zona tachirense. Una noche del año 2017, mientras muchos dormían y otros conducían por la autopista panamericana, un tubo de 40 pulgadas explotó en la vía. En ese momento, sin esperarlo, el conductor de un camión de carga iba pasando por el lugar y los residuos de las esquirlas del asfalto y del estruendo impactaron su vehículo. Ese hecho dejó una persona fallecida, varios heridos, carros destrozados y hogares con los restos de una explosión inesperada. 

Han pasado miles de horas sin luz, los recuerdos amargos de los periodos de protesta sin descanso que dejaron una marca en el gentilicio, las colas eternas de gasolina y ahora, en la voz de Rosa Moncada, “estas familias lloran desconsoladas la pérdida de sus hogares”.

Este artículo de El Diario fue editado por: Genésis Herrera| José Gregorio Silva.

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