• La pianista venezolana prepara un disco que registrará esta etapa de revisión interna, mientras llama a la discusión sobre las formas en las que los artistas puedan sostenerse con su trabajo en estos momentos. Foto principal: Anders Brogaard 

Pensar en el mundo que viene. Son muchas las interrogantes. No es sencillo. Si es momento de coincidencias, son esas cavilaciones que surgen durante estos días de cuarentena.

La pianista Gabriela Montero es una de tantas, de cientos, de millones que en medio del confinamiento tienen tantas preguntas en una súbita pausa que nadie imaginó.

“Tratamos de sobrevivir de la mejor manera posible. Preocupados por la gente, por asegurar de que todos estemos bien, pero también está lo que pasa en Venezuela, ver los retos y los sufrimientos. En casa, donde estoy con mis dos hijas, y mi esposo, además de Luis Magallanes y su novia, que viven con nosotros, tratamos de pensar en ese mundo que viene, que no será el mismo, especialmente como artistas, que nos ganamos la vida tocando y viajando”, dice para El Diario la concertista, quien también se refiere al tenor venezolano, a quien hospeda en su hogar.

El 3 de junio compartió en Twitter y Facebook un video que presentó así: “Cuando las palabras no son suficientes, ni apropiadas y se malinterpretan fácilmente en un mundo polarizado, he decidido recurrir a la música. Espero que esta improvisación de ‘Amazing Grace’ y ‘Oda a la alegría’ sea interpretada de la manera correcta”.

Sí, ha tenido tiempo para sentarse al piano, como para esa breve grabación. Al principio de la cuarentena intentó aprender algunas obras de Rachmaninov y revisar algunas piezas de Chopin, pero lo dejó a un lado. Tampoco es que ha escuchado mucha música clásica, pues en casa suena el country, el género preferido de su hija menor. “Ella es la que manda acá (ríe). Con los adolescentes uno no se mete. Tú sabes”, comenta por teléfono desde Europa.

Pero en estos momentos, su mente no está enfocada en repasos o volver a clásicos. Hay un hervidero en su cabeza, quiere componer. “Son tiempos en los que uno puede cundir en la depresión o la ansiedad, y que todo esto te trague vivo. O también puedes crear ideas. Con el tiempo, se ha vuelto cada vez más importante para mí ser compositora”.

Al escuchar esas palabras, cualquiera podría intuir que está a punto de decir que, en los momentos difíciles y adversos, el artista busca expresar todos esos sentimientos trastocados en la hostilidad. Pero advierte: “No sé si estoy de acuerdo con eso. Sí puedo decir que toda la piel que he dejado por Venezuela, lo que he llorado por el país, y esa carga emocional durante 10 años, indudablemente han marcado lo que he hecho creativamente. Pero por esta pandemia vemos una necesidad de que a la gente se le ayude y auxilie. Por eso, no quiero ser un eco de ese dolor, porque llevo una década siendo un eco del dolor venezolano. Deseo hacer música que conforte y que pueda aportar algo de luz, una sensación de estar juntos, de comunidad”.

Gabriela Montero estrenó el año pasado “Babel”, un grito contra la locura que arrasó con Venezuela, de acuerdo a la reseña que hizo en febrero de 2019 el diario The Guardian sobre la presentación de la pianista en el Royal Concert Hall de Glasgow, donde estuvo acompañada por el Scottish Ensemble. Ella también es la responsable de “Ex patria” dedicada a las víctimas de estos años de revolución. “Describe el llanto y frustración de millones de venezolanos que no tienen la posibilidad de hablar públicamente como yo puedo hacerlo”, escribió en 2013 en su cuenta de Facebook poco tiempo después de interpretar la obra con la Orquesta Sinfónica de Paraná. “Como no habían insertado el texto sobre mi obra en el programa, tuve que hablar y explicar al público”, precisó.

Reitera, para que quede claro cuál es su inquietud en estos momentos: “No quiero crear música subversiva ni de protesta, sino música que reconforte para calmar las aguas. Uno tiene que ser un poco psicólogo en medio de esto”.

Claro, hace una salvedad cuando habla de la música como terapia en medio del caos.

Es que suena también a evasión. Cuando la música lleva un mensaje, y sirve de apoyo a los venezolanos, es una herramienta valiosa. Lo que pasa es que vengo de ser músico activista y ahora surge esta necesidad de querer ayudar a la gente con mi obra. Pero no quiero obviar que la música no puede ser una curita. No va a arreglar los problemas de la sociedad, pero en estos momentos también puede ser de ayuda terapéutica, y eso está bien”.

Años sin Venezuela

El 16 de mayo pidió en Twitter un abrazo. Acababa de revisar fotos de su infancia y sacó la cuenta de que eran 10 años sin viajar al país donde nació. “Cuanto extraño a mi Venezuela, esa Venezuela que recuerdo. ¿Me envían un abrazo?”. El mensaje tuvo más de 3.000 respuestas, algunas de ellas con fotos del Ávila o flores del balcón de algún generoso tuitero.

En varias entrevistas Gabriela Montero ha expresado su temor a regresar. Ha sido muy activa en sus discursos en conciertos y en redes sociales en contra del gobierno de Hugo Chávez y del régimen de Nicolás Maduro. “Siento que sería peligroso. Hay gente que me dice que puedo hacerlo, que contrate un par de guardaespaldas y lleve un carro blindado. ¿Y por qué tengo que aceptar regresar a mi casa como una rehén? Prefiero no ir a sentirme encarcelada en mi propia casa”, dijo en 2014 al diario ABC de España, uno de los tantos medios internacionales en los que ha denunciado constantemente la situación que atraviesa Venezuela.

Se escucha claramente cuando suspira antes de decir: “Sabes, es la experiencia de haber alzado mi voz en contra de todo lo que nos ha pasado como venezolanos, el abuso la violencia. Han sido 10 años que me cambiaron la vida, la carrera. Cuando te enfrentas y te expones al ataque de quienes son cómplices, siempre tienes algo que perder. Así grites la verdad, van a querer dañarte. Cuando escribo sobre esa tristeza de tener 10 años sin ir a mi país, y veo es tsunami de cariño, me reconforta porque es una cobija que siento. Nos mantiene conectados, tanto a la diáspora como a los que están en Venezuela, a la gente buena que entiende lo que trato de hacer. Yo no tengo ningún plan ni ambición con esto. Al igual que muchos, es un gesto de solidaridad. Y es lo que recibo”.

En este confinamiento debido a la pandemia, muchos han revisado fotos viejas, recuerdos de momentos que ahora lucen lejanos. Hay quienes ven distante lo que hicieron en enero o febrero. Un ejercicio de nostalgia por una forma de vida que parece escurrida. La pianista ha revisado cajas de sus tantas mudanzas. Cuenta que perdió la cuenta de los países en los que ha vivido. “El artista es una persona internacional. La vida que me ha tocado y forjado es de nómada por siempre”. Y el trajín de quien va de un lado a otro impide ordenar tantos recuerdos tangibles como fotos, revistas y periódicos. Esta semanas han servido para palpar esa memoria, y volver a leer declaraciones incluso de cuando era una niña, a la que la prensa ya veía como prodigio.

Foto: Anders Brogaard

En Twitter, sí, en esa red social que ha hecho un diario de su existencia, compartió la foto de una entrevista que dio a El Nacional cuando ella tenía 12 años de edad. “Una de las cosas que quiero es darle gloria a mi país, porque Venezuela está entre los valores que más amo. Deseo que la gente sepa que mi país no es una jungla donde viven tribus. En el exterior me han preguntado si mi papá es el jefe de alguna tribu y hasta me han preguntado si Venezuela queda en África. Junto con Venezuela, amo a nuestros indígenas, a todas las regiones, pero quiero que la gente del mundo sepa que tenemos una cultura, que no estamos en una jungla donde solo se dan chorritos de petróleo”, afirmó entonces la joven en la conversación que tuvo con el medio acompañada de su papá.

Sonríe cuando le leen esas palabras. “Me enternecen porque recuerdo lo mucho que extrañé y extraño Venezuela. Me reiteran que siempre he tenido una fascinación en mi corazón. El propósito era que mi gente se sintiera orgullosa. Me llama la atención esa vena desde entonces. Mucha gente me ha comentado que a pesar de que he pasado más años fuera de mi país, ese vínculo nunca se ha roto. Y ahí se ve desde niña”, comenta la artista, nacida en 1970, y que en 2018 ganó el el Beethoven Prize, que se entrega a personalidades que trabajan por los derechos humanos y la libertad.

Hay sacrificios, sin dudas. Personas que se apartan del camino por las posiciones tomadas, en un sector, cuenta, en el que hay mucho silencio sobre la situación venezolana. “He ganado detractores y he perdido público, pero creo que el tiempo es un aliado. Hay que dejar que las irrefutables verdades salgan a la luz. Cuando fijas posición y eres tajante, y no permites las tibiezas de muchos, te quedas en un rincón. Hay quienes están de acuerdo, y con el resto, solo toca esperar que con el tiempo vayan entendiendo”, dice la concertista, que llegó a presentarse en el país con la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, perteneciente al Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, institución a cuyos directivos ha reclamado por considerar que guardan silencio frente a la cúpula gobernante.

Foto: Anders Brogaard

Cambios en la industria

A Gabriela Montero le preocupa esta pausa en la que los músicos no pueden presentarse ante el público. Considera que no se ha profundizado en cómo enfrentar los retos que impone esta realidad debido a la pandemia.

Una conversación que tenemos entre colegas es cómo las plataformas en línea se han usado para regalar la música, como un gesto de gran solidaridad, pero va a tener que llegar un momento en el que se hable de cómo el artista pueda sobrevivir a esta nueva etapa en la que no tenemos el acceso a esa posibilidad de viajar. La idea de que el artista vive del aire, de la musa y la música, es muy poética, pero no es la realidad. Hay que tener conversaciones más puntuales”.

Ella llegó a su casa el 12 de marzo de este año. Todos sus conciertos fueron cancelados y desde entonces se ha mantenido bajo resguardo. Se sumó a la propuesta de la Royal Albert Hall de Londres para transmitir recitales desde el hogar, registros que se encuentran en Youtube y que invitan a donar a quien lo considere justo.

“A diferencia de otros artistas, me he tomado un receso. He hecho muy poco en línea. Realicé el recital para Royal Albert Hall porque me gustó la idea. Pero sentí más bien que era un momento para recogerme, para estar con mi familia, para hacer cosas que se necesitan como pensar, cuestionar y replantearse la vida”.

Y en esas reflexiones, no solo se ha enfocado en reforzar la labor como compositora, sino también evaluar cuáles serán esas maneras de mantener la dinámica con el público, pero también como modelo de negocio. “Empecé con el Patreon. No sé si lo viste en el website. ¿Qué sucede? El patronato del artista siempre fue necesario. Si un compositor necesita crear, es preciso el espacio para hacerlo, y que se subsidie ese tiempo para dejar una obra. Es lo que estamos empezando a ver. Vamos a tener que encontrar otras estructuras y Patreon es un buen ejemplo”, dice la pianista, que en 2008 formó parte de los músicos que participaron en la investidura de Barack Obama como presidente de Estados Unidos. En ese acto también estuvieron el chelista Yo-Yo Ma, el violinista Itzhak Perlman y el clarinetista Anthony McGill.

Viene un disco

Gabriela Montero después de la entrevista tiene una llamada con su equipo para afinar los detalles de su próximo disco. No tiene nombre todavía, pero forma parte de un proceso que vislumbra como el futuro de su carrera.

Será una sorpresa para muchos. Estoy súper contenta con esta faceta interesante que estoy explorando. Me da mucho placer. Lo que verán dentro de poco es una parte creativa que surge después de lo que quiero hacer artísticamente el resto de mi vida, y de ciertos caminos que no hubiese recorrido de no llegar a este punto en el que tenemos que sentarnos y pensar”.

Mientras, asevera, continúa el anhelo por regresar a Venezuela. “Hace pocos días convidamos a una prima que vive cerca. En casa empezamos a hablar y recordar nuestra infancia en Venezuela, las chucherías, las costumbres, las playas. Todos esos momentos que solo los venezolanos entendemos, como volverse sentimental al hablar sobre los Cocosette o los Carlton y los raspados. Fue lindo volver de esa manera, a través de esos recuerdos colectivos. Espero algún día reconectar con todos allá y revivir algo de eso. Anhelo que nuestro país deje de sufrir tanto.

Este artículo de El Diario fue editado por: Génesis Herrera.

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