• Por casi tres meses Neida Vásquez solicitó apoyo para regresar a Venezuela y ver a su madre, quien presentaba un crítico estado de salud. Sus llamados no recibieron respuesta. De su mamá se despidió a través de una videollamada. Foto principal: Medium

El 3 de junio  de 2020 es una fecha dolorosa y de profundo pesar en la vida de Neida Vásquez. Ese día —desde Argentina—  puso fin a una lucha de tres meses por regresar a casa, en Venezuela, con la misión de reencontrarse con su madre, una mujer de 88 años de edad con un cuadro de salud crítico, a la que anhelaba volver a abrazar. El tiempo, la pandemia por Covid-19 y la falta de apoyo de los organismos competentes no lo permitieron. 

Neida Milagros Vásquez Chacón tiene 56 años de edad y vive en Caracas, pero actualmente es una de los 300 venezolanos que quedaron varados en Argentina tras la suspensión de vuelos aéreos por la emergencia que generó el coronavirus de Wuhan. Quedó a la espera y con pasaje de retorno en mano —como  otros connacionales—  aunque asegura que su necesidad de volver era mucho más urgente. 

Durante su estadía en Argentina, su madre María Vásquez sufrió una fractura y el fémur se le incrustó en la cadera. Necesitaba una intervención quirúrgica y permanecía en el Hospital José María Vargas, en Caracas, con un delicado estado de salud.

Foto: Cortesía

“Buenas tardes, por favor necesito ayuda para regresar a Venezuela. Mi madre está enferma y debo volver. Estoy desesperada. Es urgente”, así Neida expresaba a través de un correo electrónico el grito de auxilio que quemaba su garganta al imaginar que su mamá padecía y ella —a 5105.98 kilómetros de distancia— estaba lejos para socorrerla. Las soluciones nunca llegaron. 

Por el contrario, Estelar, la aerolínea con la que viajó a Argentina, solo le notificó que los vuelos se reprogramaron para el 1° de septiembre. Mientras que del Consulado de Venezuela en ese país solo recibió la opción de llenar una planilla con sus datos y esperar que se confirmen los vuelos humanitarios. No hubo mayor solución pese a que en los correos enviados detallaba su situación y la de su madre, avalado además por exámenes médicos, videos y fotografías. 

Foto: Cortesía
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La promesa de lo vuelos humanitarios

En varias oportunidades Nicolás Maduro ha mostrado su supuesta disposición en ayudar con el retorno de los venezolanos que se quedaron varados en diversas partes del mundo a causa de la pandemia por Covid-19. Sin embargo, poco vuelos se han efectuado.

En el caso de Argentina — donde hay 300 venezolanos a la espera—aún siguen sin noticias por parte de las autoridades que hacen vida en la Embajada de Venezuela en ese país.

El pasado 2 de junio la sede diplomática emitió un comunicado en el que exhortó a los afectados a no apersonarse en la sede y enviar sus datos por medio de un correo electrónico para ser incluidos en los vuelos de repatriación que siguen sin tener fecha.

“Parecíamos siameses” 

El viaje de Neida a Argentina estaba en su lista de pendientes desde hace dos años. Quería ir al país suramericano a visitar a su hija menor, quien emigró a causa de la crisis en 2017. El 25 de febrero de este año finalmente pudo hacerlo. 

El plan era permanecer en Buenos Aires por tres meses. Tiempo suficiente para compartir con su hija, su yerno y para conocer a su nieta, que estaba próxima a nacer. El 20 de marzo —  cinco días antes de cumplir su primer mes en Argentina— se enteró de que no podía volver por la prohibición de vuelos. Ahí empezó su calvario, y se agravó cuando supo del accidente que sufrió su madre en Caracas.  

Ante la situación a Neida se le hacía imperativo regresar ya que ella era la encargada de cuidar a su mamá en casa, estaba pendiente de sus medicamentos y de todo lo que requería. Lo hacía con el “mayor gusto”, dice. Su relación con su madre era especial. 

Vásquez es la menor de siete hermanos, tal vez por ello el apego con su madre siempre fue mayor. Desde pequeña la acompañaba a todas partes, un vínculo que se afianzó cuando tenía tan solo tres años de edad y su papá se fue de casa.

Como una muestra del lazo que tenía con María, Neida cuenta que durmió en la misma cama que ella hasta que se casó, hace 30 años. “Nosotras no éramos apegadas, estábamos pegadas, Parecíamos siameses”, asegura mientras recuerda aquellos tiempos que ahora le duelen. 

Su matrimonio no aminoró la atención hacia su mamá. Seguía pendiente de lo que necesitara y cuando no podía cuidarla personalmente, la dejaba con unas cuidadoras de confianza a quienes ya había instruido previamente. 

Neida veía a su mamá como una “una muñeca de cristal”, así la llamaba. “Ella era mi niña de cristal, mi princesa”. La cuidaba y atesoraba como tal. Hacía cuánto fuera para garantizar su bienestar, por ello cuando el viaje a Argentina se acercó el nudo en la garganta se hizo fuerte. Temía estar lejos de ella por tanto tiempo. 

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Cinco días antes de viajar se despidió de María, quien quedó bajo el cuidado de la hermana mayor en Guatire, estado Miranda. Vásquez recuerda con exactitud ese encuentro. Jamás imaginó que sería el último. 

No le dije que iba a viajar para evitar que se deprimera. Yo tenía un esguince en el pie, así que le dije que necesita reposo. Le decía: te voy a llamar todos los días, cuando termine el reposo vengo de nuevo, igual te voy a seguir mandando tus galletas, tu pan andino que tanto te gusta”, cuenta Neida. El pan que le ofrecía era un pedacito de Táchira que la hacía sentir más cerca de casa, pues María nació y se crió en Táriba.

En Argentina cumplió con lo prometido, seguía manteniendo contacto con su madre hasta que sufrió el accidente y la hospitalizaron. Fueron casi tres meses de correos electrónicos y videos pidiendo ayuda para regresar y poder estar junto a ella. Pero nadie respondió.

El 3 de junio el mensaje que tanto temía llegó: su mamá murió a causa de un paro respiratorio. Neida estaba lejos, como no quería estar, como no pensó que sería. Al velorio pudo asistir a través de una videollamada, un momento fuerte que le cuesta recordar sin llorar. 

Nunca me imaginé despedir a mi mamá desde tan lejos y que sería así de doloroso. Es el dolor más grande que he experimentado en mi vida”, asegura.

La muerte de su mamá —aún reciente— le sigue afectando profundamente. En las noches la invaden los recuerdos y la tristeza por no haber estado a su lado cuando falleció. Recuerda frecuentemente el video que le enviaron de María cinco días antes de que partiera. 

“Gracias por estar pendiente de mí. Yo sé que eres la primera que quiere estar aquí conmigo, pero estás en mi corazón”, le dijo María a través de un video enviado por WhatsApp. El último. 

En este proceso doloroso, la gran bendición de Neida ha sido su  nieta Victoria, que nació el pasado 22 de marzo. En ella se ha refugiado para seguir adelante y pasar el trago amargo que vivió hace pocas semanas.

“La que me saca la sonrisa, la que me da fuerza es mi nietecita”, expresa.

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Con la muerte de su mamá, Neida detuvo sus constantes llamados para regresar a Venezuela. Aún quiere volver, pero ahora espera que el 1° de septiembre llegue y el vuelo de regreso se concrete.

Lo que más teme es entrar a su casa, en el 23 de Enero, y ver las cenizas de su madre que reposan en la sala. Para eso aún no se prepara, no quiere hacerlo. Aún le cuesta hablar de su mamá en pasado, la sigue sintiendo presente. 

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“La persona muere cuando se le olvida, mientras uno la tenga en los recuerdos ella va  estar viviendo en mi. Ella (su madre) dejó de vivir con nosotros para vivir en nosotros. Ahora vive en mi corazón y mi alma como madre modelo y abnegada”, expresa con seguridad.

Neida sigue recordando aquella fecha del deceso con profundo dolor. Con el amargo sabor de no haber dicho adiós a la “muñeca de cristal” que atesoró por años.

Este artículo de El Diario fue editado por: Irelis Durand |Génesis Herrera.

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