• Kathiuska Gómez encontró en su postre preferido un nuevo ingreso económico para ayudar a su madre, quien es paciente oncológico

Para Kathiuska Gómez los ingredientes que lleva su tradicional bizcocho son pocos: mantequilla, huevos, harina de trigo y azúcar. Pero no es del todo cierto. En los moldes donde reposan cada una de sus creaciones hay más que eso. Hay amor y sobre todo mucha fe en que a través de su venta pueda llevar la paz y la estabilidad que un diagnóstico médico perturbó en su hogar. 

Kathiuska o Kathi, como prefiere que la llamen, tiene 29 años de edad y reside en Valencia, estado Carabobo. Hace dos meses, agobiada por las deudas y los costos de los tratamientos oncológicos de su madre, vio en su postre preferido, “él único que sabe hacer”, asegura, una forma de generar más ingresos para ayudar con los gastos. 

La recepción que logró jamás la imaginó. En Twitter escribieron desde varios estados del país y también del exterior. Eran personas interesadas en aportar a la causa de su madre con la compra de los que ella bautizó como “pasteles con propósito”.

Muchas personas comenzaron a preocuparse por el caso de mi mamá, personas que no conozco se ofrecieron a donar 5, 10, 20 dólares para su tratamiento. Eso me dejó impresionada”, recuerda la joven en entrevista para El Diario.

El negocio de Kathi es nuevo, pero durante este corto tiempo ha logrado recolectar dinero para los tratamientos de su madre. Sin proponérselo, también ha llevado sonrisas a niños que padecen la misma enfermedad, pues entre los clientes que han hecho pedidos, hay muchos venezolanos que residen fuera del país. Kathiuska les propuso comprar los pasteles y destinarlos a fundaciones de niños con cáncer ubicadas en Valencia. Así lo han hecho hasta ahora.

Por ello llama a su negocio “los pasteles con propósito”, porque tienen la intención de salvar la vida de su madre, pero también la de repartir sonrisas a otros que viven, al igual que ella, un momento difícil. 

Foto: Cortesía

Un diagnóstico que la reinventó 

El 19 de septiembre de 2019 es una fecha difícil de olvidar en la casa de los Gómez. Ese día la madre de Kathiuska fue diagnosticada con cáncer de mama. “Era el acabose, nadie quiere escuchar que su mamá tiene cáncer”, recuerda Kathi. 

Tras pasar el trago amargo de aquel diagnóstico, ella y su hermana estudiaron el plan de acción ofrecido por los médicos. Se trataba de ocho sesiones de quimioterapia, una mastectomía completa y finalmente las radioterapias. Así iniciaron el camino. 

Las hermanas pudieron pagar los primeros tratamientos, incluso la operación que fue realizada apenas hace unos tres meses, pero el dinero no alcanzó para nada más. Ya no tenían para costear las radioterapias ni otro tratamiento que llegara a necesitar su madre. 

Pensaron en armar una campaña para recibir donativos y lo hicieron. Una prima que reside en Portugal ayudó a crearla en Facebook y también con la recepción de los recursos. Pero necesitaban más. 

Radioterapias

5.000

dólares era el monto que necesitaba recolectar la familia Gómez

Un día, en medio de una reunión familiar en casa, Kathiuska preparaba un bizcocho y pensó en comenzar a venderlos. La idea gustó entre sus familiares, su hermana se puso a la orden para ayudarla y su mamá igual. 

Para Kathiuska este emprendimiento es algo nuevo, pero la situación la obligó a reinventarse. La joven es ingeniero en sistemas, pero su verdadera pasión, y a lo que se dedica gran parte del tiempo, es a la costura. Tiene su propio taller en Valencia. 

Horneando más que pasteles

El nuevo negocio que inició hace poco Kathi con su familia ha llevado mucho entusiasmo a casa. Con el transcurso de las semanas han comenzado a darle forma, especialmente con la organización. Ahora cada una tiene una tarea asignada: Kathiuska se encarga de la preparación, su madre de la supervisión y la hermana de las entregas. 

Foto: Cortesía

Kathi no se considera repostera, de hecho, dice entre risas “sería la peor del mundo”. El bizcocho que ahora vende lo elabora desde hace más de 10 años. Comenta que es bastante fácil y gusta porque es esponjoso, dulce y muy sencillo. “Perfecto para la merienda”, agrega. 

Sobre la elaboración, confiesa que ha sido complicado por la falla de servicios públicos. En su casa poco llegan las bombonas con gas doméstico, así que han optado por preparar los pasteles en el apartamento de su madre, que cuenta con gas directo. 

Las constantes fallas de luz también han sido otro obstáculo recurrente. El día que Kathi habló con el equipo de El Diario tenía horas sin el servicio eléctrico y 10 pedidos que entregar al día siguiente, “Si llega (la luz) me tendré que quedar horneando toda la noche”, comentó.

Pese a las dificultades, la alegría que ha inyectado el negocio a su familia es el mayor regalo para Kathi. Por ello, los pasteles que hornea son más que eso, ha logrado contribuir así al tratamiento de radioterapia de su madre y también ha encontrado cariño y solidaridad de personas interesadas en ayudar con la compra de una de sus tortas.

Foto: Cortesía

Su pastel con propósito tiene un costo de cinco dólares o el equivalente en bolívares al cambio. Asegura que aunque no es mucho lo que ganan con las ventas, es un aporte para seguir recolectando más dinero. 

Recientemente su madre inició el ciclo de quimioterapias, gracias a los donativos y también a la venta de los pasteles. Ahora con los ingresos que deje la venta de tortas esperan comprar el tratamiento para la quimioterapia oral que la madre de Kathi debe tomar durante los próximos cinco años. 

Foto: Cortesía

Por ahora en casa de los Gómez el olor de los pasteles recién hechos seguirán perfumando cada rincón. La familia seguirá elaborando pasteles con nuevos sabores y combinaciones para, a través de la repostería, recuperarse de la etapa cargada de angustia que vivieron los últimos meses. 

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