• Tras el inicio de la cuarentena en la entidad andina y las restricciones impuestas para evitar la propagación del coronavirus, las actividades cotidianas quedaron reducidas al encierro en el hogar. Sin embargo, casi inmediatamente, surgieron alternativas como el servicio delivery, para facilitar las compras. Foto principal referencial

Desde el primer día de confinamiento en Táchira por la llegada del covid-19 al país, los comercios se vieron en la obligación de cerrar sus puertas debido a las medidas impuestas por el régimen de Nicolás Maduro. Vender productos en los comercios ya no era una opción viable en medio de la pandemia.

Pese a las limitaciones, surgieron empresas o personas independientes que ofrecían sus servicios de entrega a domicilio a fin de generar ingresos que les permitieran sobrevivir durante el confinamiento y, a su vez, brindar un servicio personalizado a los tachirenses.

Gracias a ello, el delivery se convirtió en la nueva modalidad de trabajo en Táchira, desde hace más de 100 días, pues miles de personas vieron en esta opción la facilidad para hacer sus compras sin salir de casa y así mantenerse a salvo del coronavirus.

En el estado andino existe una infinidad de empresas dedicadas a entregar pedidos hasta la puerta de los hogares. Detrás de esas motos y cascos, usados para protegerse en la calle, se encuentran historias de personas desempleadas y desesperadas por no tener dinero. Rafael Mora, es una de esas personas

‘Rafa’ –como le llaman sus amigos más cercanos– es un joven de 26 años a quien la cuarentena dejó sin empleo y, por ende, sin dinero para sobrellevar la pandemia encerrado en su casa. 

Rafael Mora

Es chef de profesión. En 2018, específicamente en febrero, decidió partir a Perú, en busca de mejores opciones laborales y un mejor futuro para él y los suyos. “Fui jefe de cocina de uno de los mejores restaurantes de Arequipa”, indicó en entrevista para El Diario.

Sin embargo, un año después, decidió regresar a Venezuela a raíz de la muerte de su padre.

‘Rafa’ comenta que antes de la cuarentena tenía un buen empleo, trabajaba como cocinero en un local nocturno en Barrio Obrero, San Cristóbal, y generaba buenos ingresos, pero que la llegada del covid-19 “lo arruinó todo”.

El local cerró, como muchos y, pues, quedamos en la nada realmente, solo nos depositaban lo de ley por estar en nómina, realmente lo que debían hacer, pero obviamente no me alcanzaba para absolutamente nada”, explicó.

El primer mes de cuarentena no fue tan complicado. Junto con su novia tenían ahorros que les ayudaron a solventar esos primeros 30 días de confinamiento y con la esperanza de que la pesadilla terminara pronto, pero no fue así.

“Mi novia también se quedó sin trabajo a raíz de la cuarentena, la tienda estaba cerrada y todavía lo está”, comentó.

A medida que sus ahorros disminuían, ‘Rafa’ sabía que debía hacer algo para subsistir. “Yo le hacía una carrera (taxista) semanal a un amigo y con eso me sustentaba para lo básico poco a poco”, dijo.

Tiempo atrás, Rafael trabajó como mensajero para una empresa y asegura que allí aprendió a conocer San Cristóbal con exactitud. “Lo primero que pensé fue en dedicarme al delivery, pues ya tenía mi moto y eso se puso de moda en San Cristóbal”, enfatizó.

Un logro. El 02 de mayo se materializó la idea de “RafaYa”. Afortunadamente, desde el inicio, contó con el apoyo de familiares, amigos y compañeros.

En ese momento, se presentó en distintas empresas de entrega a domicilio para conseguir empleo. Trabajar por su cuenta no era su primera opción. “Metí papeles en esas empresas, pero ninguna me contactó, hasta que un día inicié mi proyecto y fue un éxito”, dijo Rafa con notable alegría.

Primera publicación del servicio “RafaYa” en Twitter

En fechas especiales, como el día de las madres, las personas lo llamaban y solicitaban sus servicios de entrega a domicilio para darles un detalle a sus madres. 

Amigos de todos lados escribiéndome, personas llamándome para carreras, fue un éxito total”, expresó con alegría.

Para ese momento, Rafa sabía que necesitaba algo que lo identificara y decidió crear un logotipo para su nuevo emprendimiento. “Una prima en España, que es diseñadora, me lo creó. Es algo divertido y así fue que nació RafaYa”, explicó.

Los primeros días ofrecía sus servicios en la ciudad de San Cristóbal, pero luego se extendió. “Gracias a Dios pude arreglar mi moto, con las ganancias que he obtenido y, actualmente llego más allá, a Palmira, Táriba, Cordero, Capacho, Tucapé. Lugares donde otros no quieren ir, yo he ido”, enfatizó.

Rafa vive con su pareja y su familia que, en total, son siete personas en el hogar. Por ende, debe aportar para los gastos de la casa. Asegura que, con su moto, genera ingresos fijos e incluso mayores a los que obtenía en su antiguo trabajo.

“Antes ganaba 30.000 pesos (unos 9 dólares) semanales”, comentó. Ahora, en una semana que él califica como “buena”, obtiene 100.000 o 120.000 pesos (28 a 34 dólares) y en una semana regular genera entre 80.000 a 90.000 pesos (22 a 25 dólares).

“Decidí dedicarme por completo a esto y hacer crecer mi empresa”, indicó este joven tachirense que trabaja de lunes a lunes, sin importar las condiciones climáticas, en un horario comprendido entre las 6:00 de la mañana a las 8:00 de la noche.

“Antes durábamos seis horas sin luz o más, no tenía ingresos, lo que había era lo justo. Fue duro en realidad los primeros meses sin poder producir y sin poder salir”, agregó.  

Para Rafa su emprendimiento ha sido “su resuelve” a nivel económico y también su escape a la crisis que vive Venezuela, agravada por la pandemia por covid-19.

Otros testimonios

Junior Chacón tiene 28 años de edad, vive en San Cristóbal y desde hace cinco años, hizo de su moto, su medio de transporte y también su fuente de ingresos.

Ofrece servicios de reparto a domicilio mucho antes de la pandemia. Lo hizo motivado a que sus ingresos no le permitían solventar ni la cuarta parte de sus gastos. Pero, ahora más que nunca, comenta que es su medio para obtener dinero que le permita costear sus gastos y los de su familia.

Advierte que la situación económica en estos momentos no es la mejor para él ni para su familia. Su esposa está en casa sin poder trabajar a por la cuarentena y su pequeño hijo sufre de autismo y requiere de medicamentos y terapias permanente. 

Con mi moto empecé a trabajar a través de entregas, llevar mercancía y comprar productos”, dijo Junior en entrevista para El Diario.

Actualmente, Junior se dedica exclusivamente al delivery y reparto de mercancía a locales comerciales. “Es un trabajo que me ha servido para aguantar la crisis, por lo menos”, indicó. 

Cada semana, entre delivery y distribución de productos a comercios, genera de 100.000 a 150.000 pesos (28 a 42 dólares). “Mensual genero unos 400.000 pesos (unos 114 dólares) o más, pero ese es el promedio”, explicó Junior.

Sin embargo, recuerda que ese dinero no es suficiente para un padre cabeza de hogar con un hijo cuya evolución puede verse estancada de no asistir a sus terapias o no consumir los medicamentos indispensables.

“Yo pago un alquiler que me cuesta 40 dólares. En alimento se me van unos 100.000 pesos (28 dólares), en total son como 300.000 mil pesos (unos 85 dólares) en gastos base, sin contar medicinas ni terapias”, acotó.

Pero eso no es motivo de desdicha ni desánimo para Junior. Al contrario, cada día sale de su casa con el mejor ánimo y dispuesto a trabajar para brindarle lo mejor a sus seres queridos. 

“Actualmente estoy negociando a ver si puedo cambiar la moto por un carro y tener más seguridad en la calle y, segundo, poder transportar a mi familia, también poder dedicarme al negocio del comercio con mayor tranquilidad”, añadió con entusiasmo.

Confiesa, sin embargo, que en vista del surgimiento de múltiples servicios de entrega a domicilio, se han visto reducidos sus ingresos. “El delivery sí ha disminuido, por eso me enfoco más en la venta y distribución de alimentos”, manifestó.

Junior cuenta con una cartera de clientes que se ha ganado a lo largo de los años, personas que ya lo conocen y prefieren llamarlo a él antes que a otros. “Con los negocios a los que les distribuyo, ya tengo una relación de negocio desde hace algún tiempo y también con vecinos y amigos que me escriben porque me conocen”, indicó Junior.

Josmar Mora, al igual que Rafael y Junior, vio en el servicio de reparto a domicilio, una opción para generar ingresos extra durante la cuarentena. 

Tiene 27 años, es arquitecta y diseñadora gráfica, además de la creadora de Gochito Delivery, una empresa que ofrece servicio a domicilio.

Se me ocurrió la idea de crear Gochito Delivery por la misma situación que se está viviendo, la cuarentena, la falta de gasolina y ofrecerle el servicio a distintos locales de la ciudad”, comentó Josmar para El Diario.

Inició este emprendimiento bajo el lema “yo te ayudo tú me ayudas” para así beneficiar a empresas, despachadores, locales y clientes por igual involucrados en el proyecto.

Como cualquier inicio, detalla que no ha sido del todo fácil, sin embargo, con optimismo y ganas de salir adelante, ha sabido palear la crisis y conseguir en Gochito Delivery una alternativa económica para ella, su hermano y sus padres, con quienes vive.

“Como yo trabajo con publicidad, yo misma creé toda la marca y me encargué de buscar a los muchachos, ofreciéndoles una oportunidad de trabajo”, explicó Josmar, quien actualmente cuenta con nueve personas que hacen las entregas a domicilio.

Yo me encargo de recibir los encargos, es decir, hablar con los locales o clientes independientes y enviar a los muchachos que son los despachadores”, añadió.

Para Josmar, Gochito está creado con la finalidad de ayudarse entre todos. “Por despacho solo me gano un abono, trabajamos con la publicidad de manera gratuita y el manejo de redes lo hago porque me gusta”, enfatizó.

No obstante, Josmar no pierde la esperanza que en algún momento Gochito Delivery siga creciendo y sus ingresos sean superiores a los que tiene actualmente. De momento, las ganancias obtenidas con ello, solo le alcanzan para “cubrir uno que otro gasto”.

A causa de ello, Josmar tiene otras alternativas económicas, como el manejo de redes sociales y el diseño gráfico. Trabajos con los que logra solventarse y ayudar especialmente a sus padres, quienes son pensionados y cuyo bono suministrado por el régimen de Nicolás Maduro, no representa mayor cosa.

Josmar sabe que en la actualidad existe mucha competencia en servicios de entrega a domicilio, pero eso no elimina su optimismo y con buen ánimo sigue de pie en su emprendimiento.

Pienso que hay oportunidades para todos, quise intentar sin perder nada y ha funcionado. A veces llegamos a lugares y están otros muchachos de otras empresas también buscando pedidos, por eso digo ‘hay trabajo para todos”, añadió con simpatía.

Hay trabajo para todos

Eduardo Ravelo tiene 27 años de edad y es dueño de Toc Toc delivery, una novedosa empresa que, bajo el lema “Primera app de delivery en Venezuela, lo que quieras en la puerta de tu casa”, ofrece servicio de entrega a domicilio en San Cristóbal. 

Eduardo, al igual que Junior, inició en el mundo del delivery mucho antes de la pandemia. Fue en el año 2012, cuando surgió la idea, gracias a un amigo suyo. “Mi amigo tenía su empresa de marketing exitosa y creó la imagen de Toc Toc, juntos creamos una página web donde se podían ver los menú”, explicó.

Durante unos meses, él y su amigo trabajaron repartiendo comida en sus vehículos. Sin embargo, tiempo después, su compañero decidió irse del país y le vendió a Eduardo su parte de la empresa. 

“Seguí trabajando un tiempo y logré adquirir cinco motos. Para esa época, la situación de la gasolina no era tan fuerte y los clientes preferían salir a buscar comida”, dijo Eduardo.

Esa situación llevó a Eduardo a cerrar Toc Toc delivery en 2014 porque, para ese entonces, su empresa no era la opción más sostenible económicamente.

No obstante, relata que nunca desistió del todo de su idea. En 2019 tuvo la oportunidad de viajar a Bogotá y descubrió el sistema Rappi, una compañía que acerca al consumidor a cualquier tipo de producto o servicio que solicite.

Eso le sirvió como inspiración para iniciar, a finales de 2019, la creación de la plataforma de Toc Toc y, luego de muchas pruebas y errores, logró abrir a público nuevamente.

Soy ingeniero civil y he dejado a un lado mi trabajo, para materializar esta idea que creé hace tanto tiempo”, indicó con entusiasmo.

Hoy en día, Toc Toc cuenta con más de 1.700 usuarios registrados en su web y se ha convertido en una alternativa novedosa y práctica para las personas que prefieren hacer compras desde casa.

“Gracias a las otras empresas de servicio a domicilio estamos creando una cultura nueva en nuestra ciudad, cosa que ha sido difícil”, dijo.

Eduardo no es sostén de hogar y ninguna persona depende directamente de él para vivir. Sin embargo, es un joven tachirense emprendedor y optimista en su negocio, que no tuvo el mejor de los inicios, pero hoy en día, ha sido bien aceptado por las personas.

“Desde que nació la idea, siempre quise crear una app, pero en ese momento la tecnología no estaba tan avanzada”, indicó Eduardo, quien pudo materializar su idea y actualmente cuenta con una aplicación a disposición de sus clientes.

Factores que juegan en contra

Rafael sabe que uno de los aspectos más difíciles de dedicarse a ofrecer servicio a domicilio es el combustible, especialmente, al inicio de la cuarentena, cuando debía comprarla a revendedores, porque las estaciones de servicio estaban cerradas al público.

“Empezaron los problemas de la gasolina y sin dinero no podía circular mucho, no tengo TAG de gasolina, la debo repagar clandestinamente y actualmente puedo echar en la bomba internacional”, comentó.

Rafael gasta unos 60.000 pesos (unos 17 dólares) a la semana en gasolina y, abastece entre 20 y 30 litros. “Normalmente, por cada cinco litros, hago como 10 delivery, depende de las zonas, pero por cada 10 litros de gasolina, le saco casi el doble de ganancia”, explicó. 

De igual forma, existe otro factor que pone en riesgo su trabajo en la calle, la delincuencia. Aunque, comenta que, afortunadamente, no ha pasado por ningún episodio que deba lamentar.

“Delincuencia no, nada, estamos expuestos, pero me he cuidado mucho de eso, ir por lugares concurridos, con mucha gente y, por supuesto, a los barrios más peligrosos no voy después de las 5:00 pm”, enfatizó.

Rafa es un joven tachirense como cualquier otro, con ganas de salir adelante y a quien, la pandemia obligó a reinventarse. Aunque, jamás pensó que le iría tan bien, como hasta ahora.

Sabía que esto me iba a salvar de la situación que estaba pasando pero jamás que agarraría tanta fuerza, gracias a eso me levanto cada día más motivado. Espero crecer, contratar personal, que podamos cubrir todos lados, que la gente a la hora de pensar en confianza y eficacia, piense en RafaYa”, agregó.

La motivación es tal, que Rafael ya se encuentra en proceso de diseñar una franela que lo identifique a donde quiera que vaya y continuar con el buen servicio que, según él mismo, ofrece a sus clientes siempre, al tratarlos como “un familiar más”.

Junior pasa por una situación similar en cuanto al suministro de combustible, pues tampoco tiene TAG (Tarjeta de Administración de Gasolina). Al inicio de la cuarentena, él debía buscar lugares donde pudiera obtenerla de revendedores, aunque eso signifique pagarla a un precio muy superior al acostumbrado. Ahora, la paga a 0,5 centavos de dólar.

“Con cuatro litros de gasolina ruedo como dos o tres días, dependiendo de la cantidad de carreras que haga”, indicó Junior.

Pero la gasolina no ha sido su único problema. La cuarentena estricta desde la llegada de la pandemia al país y ahora, las semanas de confinamiento, en medio del plan 7+7 anunciado por el régimen, dificultan su movilidad por la ciudad.

“Para poder salir antes de la flexibilización me tocaba calcular las horas que no hubiesen problemas, estar muy pendientes de donde había una alcabala para no pasar por allí y poder trabajar con los negocios que estaban abiertos o hacer carreras a personas y entregas a domicilio”, manifestó.

Aunado a ello, Junior fue víctima de la delincuencia en una oportunidad. Le robaron su moto y quedó sin su medio de transporte y de ingresos.

“En una oportunidad me robaron la moto cuando estaban haciendo una diligencia y, me tocó con sacrificio y la ayuda de amigos, que organizaron una rifa para colaborarme, comprar otra moto para seguir trabajando”, explicó con cierta nostalgia.

Gracias a su esfuerzo y la colaboración de sus amigos, compró otra moto que, poco a poco, con el dinero que iba generando, pudo arreglar y mejorar, pues no era nueva y tenía ciertas fallas que debían ser corregidas por su seguridad.

Entretanto, Josmar no ha tenido que lamentar ninguna situación que implique riesgo y peligro para ella o los jóvenes que hacen las entregas en Gochito Delivery. “Hasta el momento, gracias a Dios no hemos pasado por nada tratamos que, por seguridad de los muchachos, no enviarlos a ciertos sectores que son riesgosos”, dijo.

Una preocupación

El problema con el suministro de gasolina es un calvario que deben padecer todos los tachirenses, sin excepción. “De la gasolina se hace cargo cada chico, ellos comentan que muchos tenían guardada o el amigo de un amigo los ayudaba y así”, enfatizó Josmar.

Aunque es una realidad complicada para cada uno. “No es tan fácil, pero ellos pues hacen todo lo posible para poder trabajar y cumplir con el servicio”, explicó.

Eduardo y sus trabajadores padecen el mismo problema con la gasolina. El abastecimiento se torna complicado algunas semanas, otras, queda suspendido por la radicalización de la cuarentena y, deben buscar alternativas para llenar sus tanques.

Con respecto a los riesgos de estar en la calle constantemente, Eduardo indica que –hasta el momento–  no han tenido que pasar por un mal rato. 

“Todos nuestros trabajadores toman el mayor cuidado y transitan por vías principales, de igual forma, les recomiendo nunca tomar riesgos al momento del delivery. Si ven que es peligroso, es preferible que se retiren y el operador contacta al cliente para informarle.

De ese modo, Eduardo vela por su seguridad y las de las personas que forman parte de su empresa de repartos a domicilio, pues sabe bien, los peligros existentes en las calles de la ciudad.

Gracias al delivery, Rafael, Junior, Josmar y Eduardo han encontrado un nuevo ‘rebusque’ en momentos de pandemia, para enfrentar una situación económica que, de por sí, ya era complicada 100 días atrás. 

Estos tachirenses han visto en la cuarentena una oportunidad de emprendimiento, que de una u otra manera, les ha ayudado a sobrevivir y a suplir el vacío que dejó en sus bolsillos la pérdida de un empleo fijo, del que gozaban, antes de la llegada del covid-19.

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