• El equipo de El Diario conversó con líderes de algunas organizaciones no gubernamentales, para conocer la batalla que libran contra la desnutrición en la entidad andina, especialmente ahora, cuando la cuarentena y el coronavirus han dejado sin ingresos a muchos tachirenses

La situación económica y social que atraviesa Venezuela se ha agravado desde la llegada del covid-19. Niños y adultos mayores han sido los más afectados al no tener garantizada una alimentación balanceada, necesaria para su desarrollo –en el caso de los pequeños– e indispensable para evitar complicaciones en la salud de los ancianos.

En Táchira existen organizaciones no gubernamentales que trabajan arduamente por minimizar el impacto de la crisis en el estómago de los más vulnerables.

Alimenta la Solidaridad Táchira es una organización que tiene como objetivo brindar alimentación a niños de los sectores más vulnerables en el estado.

“Alimenta la solidaridad nace en el año 2016 en el municipio Libertador”, inició Melissa Zambrano, cofundadora de la fundación, en entrevista exclusiva para El Diario.

Para ese entonces, el fundador y coordinador nacional de la organización, Roberto Patiño, se encontraba en la parroquia La Vega, en el municipio Libertador y, allí se le acercó una niña y le agradeció por la recuperación de la cancha de su comunidad, pero ella le dijo que “tenía mucha hambre”.

Esas palabras marcaron un antes y un después para Roberto, quien sabía que debía hacer algo para ayudar a mitigar las carencias alimenticias presentes en esa populosa barriada caraqueña.

“Luego de la actividad, Roberto coordinó con su equipo y a los días abrieron un comedor, que fue el primero que se inauguró de alimenta la solidaridad en Táchira”, continuó Melissa.

Ese sería el inicio de un proyecto por ayudar a niños y ancianos en el estado, al que, poco a poco, se fueron sumando jóvenes comprometidos por generar un cambio social positivo en el país.

Alimenta la solidaridad Táchira está presente desde octubre de 2018, con un comedor para 30 niños. Nuestro primer comedor fue en el barrio Las Margaritas y surge porque veníamos viendo el trabajo de Roberto en Libertador y para nosotros fue inspiración”, dijo Melissa.

El principal objetivo de Alimenta la Solidaridad es evitar el ausentismo escolar de los niños, garantizando una alimentación adecuada con la cantidad de nutrientes necesarios para su correcto crecimiento.

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“Nosotros buscamos comunidades vulnerables en Táchira, líderes comunitarios comprometidos, y empoderamos las comunidades, les damos herramientas para un futuro mejor para los niños, trabajando juntos y en equipo”, añadió.

Actualmente, Alimenta la Solidaridad está presente en cuatro municipios de Táchira: San Cristóbal, Torbes, Junín y Jáuregui.

Zambrano aseguró que las comunidad en las que laboran los reciben de manera positiva e incluso padres de los niños beneficiados se suman a colaborar en el trabajo.

“La receptividad de las comunidades ha sido algo maravilloso, es lo que nos ha permitido crecer en Alimenta la Solidaridad, porque somos venezolanos comprometidos con el futuro de los niños y con la transformación de Venezuela”, dijo.

La ONG está conformada por un equipo de personas comprometidas con el trabajo social, gracias a las cuales la organización funciona de manera coordinada, en los cuatro municipios donde se ubican sus comedores.

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“Nosotros hemos conseguido líderes comunitarios increíbles, con los que hemos hecho un trabajo valioso y que, hoy en día, se ve materializado con un logro como el de Monseñor Ramírez (comunidad de San Cristóbal), donde tenemos un comedor que se llama ‘tío Simón’ y alimenta a 60 niños y abuelos del sector”, indicó Zambrano.

También rescata de manera positiva el trabajo hecho en la comunidad de Santa Elena, donde han podido realizar ‘macro jornadas’ solidarias para alimentar alrededor de 300 personas cada 15 días. Una labor posible gracias a José Luis –uno de los integrantes de la organización– que, según Melissa, es un muchacho que no deja de impresionarlos ni de trabajar por su comunidad.

Pero el trabajo de Alimenta la Solidaridad no termina luego de brindar un plato de comida a los niños de las distintas comunidades, adonde tienen la oportunidad de llegar. Su meta va más allá. Bajo la premisa de ofrecer una formación integral, Alimenta la Solidaridad Táchira brinda actividades para el desarrollo de los niños en distintas facetas, deportivas y culturales.

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Hay una escuela de fútbol para los niños, tareas dirigidas, escuela de danza, entonces ya Alimenta la Solidaridad no solamente es alimentar al niño, que reciba el plato de comida. Es un trabajo integral, que parte desde alimentarlos, pero también alimentar esa espiritualidad en ellos”, explicó Melissa con emoción.

Para la ONG, las colaboraciones siempre son importantes y bien recibidas. El apoyo de pequeñas, medianas y grandes empresas, les permite mantener en pie sus comedores y seguir ayudando a quienes más lo necesitan.

También cuentan con la ayuda de otras personas en Táchira, quienes buscan la manera de aportar a esta noble causa. “Hay una vendedora informal del mercado de La Ermita, que siempre está pendiente y, enviando donativos para los niños”, expresó.

Misma labor, diferentes protagonistas

Puntos Solidarios es otra organización no gubernamental que trabaja para mitigar la desnutrición infantil en niños y abuelos de sectores vulnerables de la entidad y cuya labor se viene desarrollando desde hace dos años.

“Puntos Solidarios existe desde hace dos años, pero duramos ocho meses preparándonos y estudiando todo lo que necesitábamos y para saber a qué nos enfrentábamos”, explicó Carlos Delgado, fundador de esta ONG, entrevista exclusiva para El Diario.

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Antes de crear esta organización, Delgado y un grupo de personas realizaban jornadas solidarias en distintas zonas de San Cristóbal y otros municipios donde tuviesen la oportunidad de llegar.

“Ante la crisis económica de los venezolanos vimos cómo muchísima gente sufría y empezamos a hacer jornadas de entrega de comida, pero luego entendimos que era mucho mejor seleccionar a un grupo en un sector vulnerable y así garantizar una generación real de oportunidades”, explicó.

Comenta que al momento de poner en marcha este proyecto se basaron en cifras que estaban “adulteradas” pero, que servían como base de información sobre los problemas de desnutrición para así, empezar a trabajar. Aunque, no recibieron apoyo de ninguna institución. “Ni siquiera las democráticas, por miedo”, agregó Delgado.

Para mayo de 2019 empezó de manera oficial el trabajo de Puntos Solidarios en el barrio Alianza de San Cristóbal. Esa comunidad fue la seleccionada para instalar el comedor por las fallas y debilidades alimenticias de sus habitantes, que sobresalían al compararlas con otros cuatro sectores de la entidad.

Puntos Solidarios favorece a un número importante de tachirenses cada día. “Directamente se benefician unas 130 personas todos los días e indirectamente a 400 personas”, manifestó su fundador.

En la actualidad, la organización llega a dos comunidades diariamente: barrio Alianza y La Quebradita en Pirineos 2, ambos en la ciudad de San Cristóbal. También realizan jornadas en el Hospital Central de la ciudad, refugios, casas hogares, geriátricos y casas de retiro.

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“La receptividad de la gente ha ido en aumento. Vivimos realmente de la solidaridad de nuestra misma gente, recibimos aportes rotativos de amigos en el exterior pero es importante aclarar que no tenemos financiamiento de ningún tipo”, aclaró Delgado.

Distintas maneras de ayudar

Sopitas para el Alma también trabaja en pro de los tachirenses. Se trata de un proyecto que nació gracias al afán de aportar alimento y amor a cada persona y comunidad donde tienen la oportunidad de llegar.

Empezamos un grupo de amigos, quienes nos reuníamos y siempre estaba en nuestros corazones ayudar y servir a quienes más lo necesitan”, dijo Zuleyma Sánchez, quien forma parte de la organización.

Inicialmente cada integrante aportaba víveres, vegetales y frutas e incluso recibieron apoyo una de las sedes del Club de Leones de San Cristóbal, donde pudieron establecerse y brindar alimentos a los tachirenses cada viernes.

“Estuvimos allí un buen tiempo, luego estuvimos en el Club de Leones del este, detrás del círculo militar, luego en la fundación Casa del Abuelo, luego en la parte de afuera de la iglesia El Carmen, donde nos prestaron también las instalaciones, mobiliario y apoyo para ayudar a servir las sopitas”, explicó Sánchez.

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Desde ese momento tuvieron la iniciativa de recorrer otras zonas vulnerables y así llegar directamente a quienes no pueden acercarse a los lugares donde ellos preparan la comida semanalmente.

“Este año comenzamos junto con el padre Manuel Pernía, en el parque La Romerita, pero tuvimos que parar por la cuarentena y luego nos activamos de nuevo pero en la parte de atrás de la iglesia San Judas Tadeo junto a Sopas Tadeo (otra fundación)”, enfatizó.

Desde ese momento lograron aumentar el número de sopa para beneficiar a un aproximado de 500 personas cada semana.

“Les damos sopa junto con pan y avena. Van varias personas de diferentes lugares y no solo de la comunidad donde servimos, van adultos mayores, hombres, mujeres y niños”, añadió Sánchez.

Actualmente el grupo de Sopitas para el Alma se ha expandido, cada día requieren de ciudadanos que aporten a su labor. “Siempre necesitamos más personas y hemos hecho contacto con más amigos de aquí y de afuera”, indicó.

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Asimismo, reciben colaboraciones de personas dentro y fuera del país, que les permiten seguir con su tarea porque están convencidos que “en este momento es más necesario ayudar”.

Un trabajo que no para en cuarentena

Si bien la llegada de la pandemia al país y la imposición de restricciones por parte del régimen de Nicolás Maduro desde el inicio de la cuarentena han dificultado el trabajo de estas organizaciones, no les ha impedido continuar con su labor y ayudar a los más necesitados.

“Nosotros desde que inició la cuarentena, ya más de 100 días, nos tocó cambiar totalmente la dinámica de trabajo. Antes los niños comían en los comedores, les teníamos actividades y todas han sido reemplazadas por espacios donde los mismos niños invitan a concientizar a adultos y a tomar medidas de prevención”, explicó Melissa Zambrano, sobre el cambio que ha experimentado Alimenta la Solidaridad por la cuarentena.

La pandemia les obligó a reinventarse y buscar nuevas alternativas para seguir trabajando pero, sin exponer o arriesgar su salud o la de los niños a los que atienden en los distintos comedores.

“Nuestros comedores están dotados de todo el equipo de protección, las mascarillas, los guantes, los desinfectantes, el cloro, los antibacteriales. Los niños hacen campañas desde casa invitando a cuidarse”, expresó.

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Desde hace tres semanas, pusieron en práctica una nueva dinámica en algunos comedores. Durante la semana de flexibilización, los niños comen en los espacios de Alimenta la Solidaridad en grupos de 10, manteniendo la distancia social y las medidas de prevención.

Mientras que, los días de cuarentena estricta, los padres y representantes de cada niño, buscan los alimentos y cada uno come en su casa. Aunque en comedores como los de Rubio y San Josecito esta medida no se realiza, sino que la comida siempre es para llevar.

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Aunado a esos cambios, las fallas en el suministro de combustible y otros factores también han dificultado su trabajo diario.

“Hace dos semanas le tocó al coordinador de uno de los comedores, junto con dos representantes, cargar con aproximadamente 70 kilos de alimento, caminando desde el elevado de Puente Real (San Cristóbal) hasta la comunidad de Santa Elena”, contó Zambrano.

Los alimentos de la semana tuvieron que ir a hombro por tres personas debido a que las alcabalas que hay no nos permitieron ir en carro a entregar la comida de la semana en el comedor”, puntualizó.

El intermitente funcionamiento de los servicios públicos también ha representado una odisea para el equipo de Alimenta la Solidaridad Táchira. En distintas oportunidades se han visto en la obligación de cocinar con leña, pues no cuentan con gas doméstico para preparar los alimentos.

El agua potable también escasea en muchos comedores. En reiteradas ocasiones han tenido que caminar largos trayectos para cargar baldes con agua que les permitan mantener óptimas condiciones de higiene al cocinar y al lavar los utensilios.

“Esta semana tuvimos un logro muy importante para Alimenta la Solidaridad, recibimos una donación de tanques en cada uno de nuestros comedores aquí en Táchira. Los estamos llevando a las comunidades para tener agua almacenada y sea más llevadera la situación de la crisis con los servicios”, comentó Zambrano. 

Pero esos no son los únicos problemas a los que se enfrentan como organización. El número de niños que buscan beneficiarse de un plato de comida ha incrementado desde el inicio del confinamiento en el estado andino.

Hemos tenido que incrementar el número de niños. Por lo menos en el comedor de Santa Elena que empezamos con 40 niños ya lo tenemos en 60. Hemos tenido que aumentar entre 10 y 20 niños”, enfatizó Zambrano con notable preocupación ante las necesidades de las distintas comunidades que atienden.

“En el comedor de barrio El Río, que se empezó con 45 niños, ahora hay 72 niños y ocho abuelos, entonces nos ha tocado incrementar, porque cada vez llegan más niños y papás imposibilitados a darle así sea una comida al día a sus hijos”, puntualizó.

Por ello, tienen listas de espera en cada comunidad donde están presentes y en algunas, hay de 30 a 60 niños en cola, esperando recibir el beneficio.

De igual forma, Puntos Solidarios ha enfrentado dificultades a causa de la cuarentena, para desarrollar su trabajo con normalidad.

“Los servicios básicos empeoraron, nos costó mucho buscar donaciones sin gasolina, cocinar sin gas y sin electricidad, pero no solo empeoraron sino que se encarecieron ilegalmente”, manifestó Carlos Delgado.

Antes de la pandemia, pagaban unos 80.000 pesos (unos 33 dólares) por la recarga de cada cilindro de 43 kilos y ahora, aumentó a 230.000 pesos (unos 95 dólares). Pero de no pagar por el servicio se verían obligados a cocinar con leña, perjudicando la salud de quienes lo hacen.

En Puntos Solidarios, al igual que en Alimenta la Solidaridad Táchira, ha incrementado notablemente el número de personas beneficiadas desde el inicio del confinamiento.

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“Nuestro segundo comedor beneficia a 25 niños más que se han sumado desde hace dos semanas, en barrio Alianza, junto a la parroquia Santísima Trinidad del padre Miguel Duque”, dijo Delgado.

Aunado a ello, han evidenciado casos de extrema pobreza y desnutrición aguda, al igual que déficit de peso y de talla. Todo ello a causa de la precaria alimentación que reciben en sus hogares.

Puntos Solidarios atiende a niños y adultos mayores. Actualmente, en los dos comedores que tienen activos, suman 123 niños y 20 ancianos.

La organización cuenta con un equipo conformado por voluntarios y también profesionales como psicólogos, odontólogos y nutricionistas, logrando una atención integral que no solo se limita a brindarles un plato de comida.

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“Tenemos un equipo multidisciplinario bastante extenso”, indicó Delgado con orgullo.

Zuleyma Sánchez, cuenta que no ha sido fácil el trabajo en cuarentena. Sopitas para el Alma tuvo que detener su ayuda durante los dos primeros meses de pandemia a causa de las restricciones y dificultades para movilizarse.

“Luego, nos activamos por mes y medio más, tomando los cuidados necesarios y dadas las circunstancias de alerta y recomendaciones, esta semana paramos”, explicó.

Aunque están evaluando la posibilidad de continuar de manera regular, pero con medidas de seguridad más estrictas, tanto para ellos, como para las comunidades donde brindan alimentación. Aseguran que desean encontrar la manera de trabajar sin afectar ni arriesgar a nadie.

“Hemos evidenciado un mayor número de personas beneficiadas, especialmente adultos mayores, con la vestimenta y tapabocas sucios y desgastados. Tratamos de buscarles un kit sanitario, pero solo pudimos cubrir a las personas que sirven las sopas”, añadió Sánchez con impotencia.

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El tema de los servicios públicos también les ha afectado, especialmente en cuarentena, cuando el número de personas beneficias ha incrementado y requieren de un mayor trabajo al cocinar y servir.

“Cuando no hay gas cocinamos a leña, algunas veces es duro. Hacíamos arepas, pero era difícil por el gas. Cambiamos a pan, pero a veces las panaderías no tienen electricidad y el agua es muy necesaria para la higiene, usamos vinagre y cloro pero igual es incómodo y no es lo ideal”, puntualizó.

Un trabajo que busca perdurar en el tiempo

Alimenta la Solidaridad Táchira ha expandido su campo de acción. Desde hace dos meses, en medio de la emergencia sanitaria por el covid-19, ejecutaron la iniciativa “Alimenta un héroe”, en homenaje a los médicos y personal de salud que está en la primera línea de batalla contra el virus.

“La primera etapa la arrancamos en el Hospital Central, con 30 integrantes del personal de salud beneficiado, actualmente 55 y se han repartido más de 3.000 almuerzos. La meta es llegar dentro de poco al ambulatorio de Puente Real y seguir dándole apoyo al personal médico”, comentó Zambrano.

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Otro de los planes de Alimenta la Solidaridad Táchira es abrir a mediados de agosto un comedor en la población fronteriza de Ureña y otro en el municipio Ayacucho.

“Aquí en San Cristóbal la próxima semana vamos a abrir uno en el barrio Las Flores y bueno, esos son como los planes que tenemos a corto plazo y la meta, es seguir aumentando para que todos los niños que necesitan de nosotros puedan recibir esta ayuda”, expresó.

Zambrano y todo el equipo de Alimenta la Solidaridad Táchira está convencido que mientras los comedores sean necesarios para brindar comida balanceada a los niños, seguirán trabajando arduamente para crear espacios donde puedan recibir ayuda alimenticia.

Puntos Solidarios tiene como meta cerrar el año con tres comedores. “Obviamente nuestro objetivo es tener una Venezuela donde no se necesiten comedores nunca más”, finalizó Delgado.

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Sánchez también desea ayudar y aportar su granito de arena desde Sopitas para el Alma, para evitar que los tachirenses que se encuentran en condiciones precarias a nivel nutricional enfermen a causa de la escasez de nutrientes y vitaminas, que una buena alimentación les puede aportar al organismo.

Melissa Zambrano, Carlos Delgado y Zuleyma Sánchez son ciudadanos distintos en muchos aspectos, pero comparten algo en común: su amor por Táchira y su voluntad por ayudar a los más necesitados mientras esté en sus manos hacerlo y, cada uno, a su manera y desde sus organizaciones. Una vocación más fuerte que cualquier pandemia.

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