• Desde 2018 vive en el estado de Hidalgo, donde impulsa proyectos inspirados en el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela. Es pianista y estuvo al frente del núcleo de La Vega, en Caracas

Cada vez que toma la batuta hay un cambio, una transmutación en la que se pierde la certeza del ser para potenciar un sonido que solemos llamar obra.

Es la metamorfosis que se convierte en la sinfonía que emana de la orquesta; músicos que siguen lo que ella enfatiza, mientras emanan sonidos en un momento único e intangible, pero tan real como constatan los sentidos que perciben lo que en concierto acontece.

A los 9 años de edad Victoria Sánchez comenzó los estudios formales de música. Las primeras lecciones fueron en la Escuela Prudencio Esaá, en Montalbán, donde aprendió sus primeras partituras antes de formar parte del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela.

El cambio no la hizo caminar mucho. La formación siempre fue cerca de su hogar, ubicado en La Vega. En el Conservatorio Simón Bolívar de El Paraíso estudió piano. Fue alumna de David Ascanio, pero el instrumento le era insuficiente.

Inquieta y curiosa, no se conformaba con las clases. Quería saber qué pasaba más allá de la teoría y práctica. Tenía que haber un después. Por eso insistió en ir a las salas de ensayos de las orquestas, recintos prohibidos para advenedizos que fueran a importunar la casi sacrosanta concentración de quienes practican una sinfonía.

Pero ella lo logró y ahí ocurrió ese clic que define vidas. Entró a la sala y vio cómo los músicos interpretaban la Sinfonía n.º 1 “Titán” de Gustav Mahler. “Me di cuenta que dirigir era lo que quería hacer el resto de mi vida”.

Fue integrante de la Sinfónica Juvenil Teresa Carreño, con que la salió de giras bajo la dirección de Ulyses Ascanio, pero ya sabía que no quería ser pianista. Sin embargo, fue paciente. Desde el piano aprendía cómo era esa interacción entre músico y director.

Victoria Sánchez ahora está en Pachuca de Soto, capital de Hidalgo, en México. Allá vive desde hace dos años y un mes. Sí, así con esa precisión lo recuerda. Como si la fecha fuera una nota que no hay que pasar por alto en la partitura de los cambios trascendentes de la vida.

La directora puede escuchar sin problemas en un día a Ella Fitzgerald, Maluma y a Piotr Ilich Tchaikovsky |Foto: Erik Parra

En esa ciudad es parte de la División de Extensión de Cultura de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, su epicentro para establecer en la región un programa inspirado en el Sistema. Uno de sus proyectos es impulsar la Orquesta Juvenil Garzas de la Música, para las que están abiertas actualmente las audiciones, en línea, claro está, por la pandemia.

Este tiempo ha sido una prueba de las vueltas que da la vida. Hace tres años ni sabía sobre la ciudad y mucho menos sobre la universidad, pero en septiembre de 2017 la contactaron por LinkedIn.  El milagro de las redes.

“Me escribió Gaétan Kuchta, el director titular de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, pero no respondí porque pensé que era uno de esos que te dicen ‘Hola, ¿qué haces?’”, rememora Sánchez, quien ahora agradece el apoyo recibido por  Gerardo Sosa Castelán, presidente del patronato universitario, que le ha servido de guía estos años.

En diciembre recibió un correo formal con la invitación. Buscaban mujeres en la dirección para invitarlas a conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Leyó el mensaje y le consultó a su maestro Eduardo Marturet, director de la Miami Symphony Orchestra, con quien investigó y le dio el visto bueno. Era importante la opinión de él, a quien conoció en 2009 y desde entonces es guía para tantos asuntos de la vida.

Estuvo allá entre febrero y marzo de 2018. Trabajó con la orquesta y conoció el resto de las actividades de la universidad. Regresó a Caracas, donde ya desempeñaba labores de gerencia como responsable del núcleo de La Vega del Sistema, donde se encargó de la formación de niños en sus primeros pasos en la música.

Luego me invitaron nuevamente para hacer una gira por varios municipios. Viajé en junio y me hicieron la propuesta para quedarme. Desde entonces ha sido maravilloso”, dice desde una ciudad que, según cuenta, pareciera tener las cuatro estaciones en un solo día.

Se puede levantar con un frío que resiente hasta los tuétanos, luego el sol es implacable al mediodía y en la tarde puede caer granizo por montones. “Uno no sabe si salir en short o con chaqueta. (Ríe)”.

Su presencia en Pachuca no ha pasado inadvertida. Los medios locales saben de sus propósitos y han estado pendientes de sus pasos. Cuando habla, se le notan en el acento los dos años en esas tierras. Vuelve a sonreír cuando se lo comentan. “Sí, me lo han dicho. Pero así es la música. (Ríe). Si me voy por dos años a Maracaibo, seguramente estaré diciendo ‘qué molleja’”.

En La Vega

Victoria creció en una casa de La Vega en la que, antes de comenzar el conservatorio, la música era menester cuando acompañaba a su padre a cantar y tocar cuatro en las reuniones familiares.

Estudió en el Colegio Fundación Carlos Delfino. Luego, las aulas de clases empezaron a intercalarse con las largas horas de ensayo en la escuela de música. Para ella no era un problema. No le importaba estar hasta la noche en ensayos.  

La Vega es considerado uno de los lugares más peligrosos de Caracas. Ella lo sabe, pero es un contexto que la hace reafirmar referencias y propósitos. “A pesar de que tengo una familia hermosa, viví en unas condiciones sociales bastante particulares. Un ambiente que podía ser a veces hostil, pero la música fue mi salvación. Soy un producto del Sistema y está en mi sangre sembrar ese modelo en el lugar en el que esté”, cuenta la directora, quien el 8 de julio cumplió 34 años.

Y en Hidalgo se ve reflejada en muchos jóvenes a los que quiere ayudar a través de las orquestas. “Porque acá no es como allá, que vas a un barrio y encuentras a varios niños estudiando música. Practicar música de manera grupal siempre fortalece valores. Así sea muy agresivo el ambiente en el que estás, esos valores te hacen cambiar, por ejemplo, armas o conductas violentas por un instrumento. Ese proceso es expansivo. No solo repercute en la persona, sino también en los familiares, en los vecinos y en la comunidad”, acota Victoria Sánchez, quien cursó tres semestres de Ingeniería de Telecomunicaciones, estudios que dejó cuando los horarios empezaron a coincidir con los ensayos.  

Le dijeron que no

Cuenta que en el año 2008 se enteró de que el director surcoreano Sung Kwak iba a dar un curso internacional de dirección en el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez. Sabía que debía estar ahí, pero cada vez que preguntaba, le decían que no podía. Incluso, llegaron a darle el supino argumento de que era solo para hombres.

Victoria Sánchez llegó incluso a ver clases de cuatro con Rafael “El Pollo” Brito en el Conservatorio Simón Bolívar | Foto cortesía de Victoria Sánchez

“Pero yo a veces soy salida”, advierte. Y pudo. Apenas hubo la mínima posibilidad de viajar, reservó vuelo, hospedaje y repertorio.

Fue la primera vez que dirigió. “El maestro Sung Kwak no tuvo el prejuicio de que por ser mujer no se puede dirigir una orquesta. Algo que lamentablemente sigue vigente y yo trato de romper, aunque ya se está viendo como algo normal”, asegura la caraqueña, quien ve en la estadounidense Marin Alsop una referencia por los paradigmas que ha roto.

Asevera que la cultura machista no necesariamente está fomentada por el hombre, sino que muchas veces son las mujeres las que más pueden llegar a criticar. Pero también afirma que las directoras tienen que estar atentas a detalles que quizá los hombres no tienen que cuidar.

“En las mujeres latinas hay mucha sensualidad innata, mucha curva, mucho tacón. Cuando vas a dirigir necesitas, como en las artes marciales, un equilibrio entre la energía masculina y femenina. Bombardean mucho más a una mujer por cómo está vestida. Hay que balancear las energías para hacer un trabajo óptimo y que la labor no se enfoque en el tema sexual de ser mujer”.

Otro punto que quisiera derribar es la creencia de que el triunfo de uno es el fracaso de otro. Por eso, asegura, siempre trata de invitar a personas más jóvenes para que vivan la experiencia en los ensayos. Así como también está en contra de esa percepción del director inalcanzable, y procura un liderazgo horizontal.

Todo por la dirección

Hablar con Victoria Sánchez es percatarse de que su proceder apunta a un mismo objetivo, que es la dirección, pero no solo aquella que se ejerce con la batuta en mano, sino también a la que aplica cuando lleva las riendas de un proyecto, como cuando tuvo que encabezar por más de un año el núcleo de La Vega.

“No hay excusas para no mejorar lo que quieres hacer. Tanto en La Vega como acá he tenido que ahondar en herramientas de gerencia. Todo lo que yo hago es en función de la dirección. Y eso es independiente de que esté dirigiendo o no. Porque se vuelve un estilo de vida. Hasta ir al gimnasio es una manera de mantenerme en forma para la dirección. Todo lo veo como si fuera una orquesta, tanto el trabajo, como la oficina y hasta mi familia. (Ríe)”.

Victoria Sánchez incluso ha hecho cursos de actuación. De hecho, formó parte del elenco del musical Chicago que en 2013 se presentó en el Teatro Teresa Carreño. Pero no lo hizo para iniciar una carrera en las tablas o frente a la cámara. Ella estudió actuación para dirigir.

“Hay un tema que tiene que ver con cómo transmites. ¿Cómo sacar lo que quieres de la orquesta? La actuación me dio herramientas no solo para dirigir, sino para la vida. Me ha servido para expresarme, trabajar con grupos grandes de personas, pulir el tipo de liderazgo, aprender a desprenderme de mí misma y transformarme en otro personaje cuando dirijo”.

No le gusta precisar lugares cuando piensa en el futuro. Viajera desde siempre, de gira con orquestas, está preparada para cualquier destino que indique la partitura inconclusa de su vida. Eso sí: “Me veo divinamente feliz y llena de música. Me gusta precisar lo espiritual”.

Claro que hay tormentas, pero no las suficientes para dejar todo lo logrado. Por ejemplo, estar lejos de su familia es como un huracán, que aumenta su categoría cuando recuerda que no los ve desde 2018, pero eso no impide su felicidad.

Hay momentos de desasosiego, especialmente en este confinamiento por la pandemia, pero Victoria Sánchez insta a mantener el valor de la práctica colectiva de la música. “Sigamos sembrando. No nos dediquemos a destruir ni desprestigiar a través de redes. Construyamos. Todas las personas son escuelas de vida para aprender”.

Invita a que cada uno dirija su propio mundo. “La carrera de dirección comienza desde adentro, con la intención de pulir a un buen ser humano que no sea banal. Hay que tener la aspiración de trascender. Hay que cultivar los valores, con los pies en la tierra, pero con las alas desplegadas”.

Comprende que puede haber incertidumbre, más en estos días, pero enfatiza que eso no es excusa para no dar cada día la mejor versión de uno. Y advierte que hay que tener cuidado con el ego de la víctima. “Eso lo aprendí en Chicago. Los peores villanos van por la vida con cara de víctima”.

Este artículo de El Diario fue editado por: Irelis Durand |Génesis Herrera | José Gregorio Silva |Yazmely Labrador.

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