• Este 19 de julio los venezolanos celebran el Día del Niño en sus casas, luego de cuatro meses de clases a distancia, llamadas a la familia y extrañar todo aquello que la pandemia dejó atrás. Foto: Creative Commons Zero – CC0

La pandemia por covid-19 representa una situación de crisis que cambió la normalidad tal y como se conocía. Esta crisis, que además era imprevisible, genera preocupaciones sobre la salud y la economía, pero también agrava cualquier conflicto previo a la cuarentena. Una realidad que es más abrumadora para los niños porque no cuentan con la capacidad para comprender lo que sucede. 

“Para los adultos esto puede generar angustia, incertidumbre y es perfectamente normal, por lo que el adulto debe entender. Para el niño es más difícil porque no tiene comprensión de lo que está sintiendo y tampoco tiene los recursos emocionales para expresarlo, es por eso que el adulto debe acompañarlo en ese proceso”, dijo Zena Sleiman, psicóloga clínica,  en exclusiva para El Diario. 

“Sé que estás triste y eso es normal”, “entiendo que extrañas a tus amiguitos”, estos son ejemplos de cómo se puede ayudar a los niños a verbalizar las emociones que sienten durante el confinamiento. La especialista recomienda que también deben recordarle al niño que la pandemia es temporal, aunque no pueda saber cuánto tiempo va a durar. 

“Aprendí que no debo molestarme por cosas insignificantes”

Sofía López Varela tiene 11 años de edad, le gusta la música, dibujar y durante la cuarentena descubrió que tiene talento para la cocina. En estos meses de confinamiento se ha debatido entre la tristeza y la alegría, porque mientras extraña a sus amigos también agradece poder pasar más tiempo con sus padres, especialmente con su mamá, quien es sobreviviente de cáncer. 

Foto: Cortesía

Sofía pasó este año a 6° grado, pero antes de eso tuvo que aprender a distancia. Su maestra enviaba cada semana las asignaciones por mensajes de WhatsApp y ella debía cumplirlas con ayuda de un adulto. 

“Al principio fue difícil porque no estaba la profesora. Entonces era difícil que mi mamá o mi papá me explicaran porque no es lo mismo que te enseñe un profesor a tu papá que tiene tiempo que no va al colegio”, dijo la joven a El Diario

La niña aseguró que muchas veces quería realzar las asignaciones, pero le costaba mucho entenderlas. Sin embargo, su mayor aprendizaje en estos cuatro meses no ha sido académico. 

Aprendí que debo tener paciencia, que no todo es cuando quiero ni como quiero. También aprendí que no debo molestarme por cosas insignificantes” Sofía López Varela, 11 años

Para Sofía el coronavirus es una enfermedad peligrosa y admitió que le teme a pesar de que siente que no ha recibido suficiente información al respecto. 

“Cuando mis papás llegan de la calle les digo ‘no me toques, lávate las manos y desinfectante’, porque es una enfermedad muy grave y le puede dar a cualquiera por eso le tengo mucho miedo”, aseguró. 

El factor tiempo

El 16 de marzo de 2020 fue decretada la cuarentena nacional en Venezuela. Las medidas de confinamiento han pasado por procesos de flexibilización y radicalización, pero no han terminado.

La psicóloga Zena Sleiman señaló que la prolongación de la cuarentena puede hacer que los adultos sientan que sus expectativas durante la pandemia no se cumplieron. Eso puede manifestarse en frustración, ansiedad e incertidumbre.

“La sociedad está atravesando por un proceso de duelo en el que hemos perdido muchas cosas y no sabemos cuando vamos a volver a tenerlas. Además tampoco sabemos cómo será esa nueva normalidad hacía la que nos dirigimos. Entonces cómo vamos a enfrentar este duelo con el paso del tiempo depende de los recursos que tengamos a la mano”, detalló.

En el caso de Sofía, el paso del tiempo fue un proceso de adaptación en el que descubrió cómo manejar ciertas situaciones de una forma agradable.

“Esto es muy valioso, especialmente viniendo de un niño, porque nos habla mucho de qué podemos aprender nosotros de los niños y no al contrario”, añadió la psicóloga.

“A quien más extraño es a mi abuela”

Leonel Martínez tiene 12 años de edad y vive con su mamá en Caracas. El pequeño apartamento que comparten ha sido su lugar de confinamiento. Aunque para él, la rutina diaria no ha cambiado mucho, sí le afecta la imposibilidad de viajar para ver al resto de su familia.

Foto: Javier Cedeño
A quien más extraño es a mi abuela. Yo le digo mami. Ella vive en Trujillo y nosotros íbamos en Semana Santa y en diciembre a verla” Leonel Martínez, 12 años

La educación a distancia fue un desafío para Leonel, quien pasó a primer año de bachillerato. Su maestra enviaba una guía por correo electrónico que el niño debía responder en su cuaderno y luego enviarle fotos. Admitió que los problemas matemáticos fueron los más difícil para él. 

El joven también extraña a sus compañeros de clases. Explicó que a veces se siente muy solo en casa cuando su mamá debe ir al trabajo. 

“Algunas veces es aburrido no poder salir, pero yo no soy de hacer muchas cosas. La verdad es que soy muy tranquilo y si me aburro juego videojuegos o duermo, aunque a veces me cuesta hacerlo de día”, añadió. 

Leonel expresó que no le teme al covid-19 y que si llegara a contagiarse intentaría no volverse paranoico con la situación, porque piensa que eso podría afectar su salud. 

Momentos de aburrimiento necesarios

Sleiman explicó que el ser humano necesita tiempos de ocio, de improductividad y de soledad por diferentes motivos. En el caso de los niños ocurre lo mismo, pero ellos también deben agregar a su horario un momento de aburrimiento.

“El niño debe tener espacios de aburrimiento en los que diga ‘si tengo muchos juguetes pero este momento estoy cansado de ellos y estoy aburrido’, porque el aburrimiento nos permite crear y buscar soluciones a problemas. Mientras que si pasan todo el dia en la pantalla entran en un estado de no pensar que también es necesario, pero debe dosificarse”, aseguró.

Los momentos frente a dispositivos electrónicos deben regularse al igual que el contenido que miran los niños. La psicóloga recomienda no excederse de dos horas diarias.

“Me gustaría poder ir a la playa”

Antes de que se declarase cuarentena nacional en Venezuela, Fabiana Ortíz de 10 años de edad iba al colegio y a clases de danza casi todos los días. La decisión de quedarse en casa el mayor tiempo posible le afectó un poco, pues estaba acostumbrada a hacer varias actividades diariamente. 

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“La maestra nos enviaba una guía que debíamos imprimir para hacer las tareas pero algunas no las entendía y a veces me estresaba mucho. Aunque las de matemática eran fáciles”, contó Fabiana sobre su proceso de clases a distancia. 

La formación artística también la continuó a distancia. Recibe clases por Zoom y en ocasiones practica clases personalizadas para mejorar su condición física. 

La familia de Fabiana le ha enseñado nuevas rutinas para las cosas cotidianas y también le han explicado porqué debe evitar contagiarse por coronavirus. 

“El coronavirus es una enfermedad respiratoria que afecta los pulmones y algunas personas pueden fallecer. Me preocupa mucho y me da miedo contagiarme, pero si tomamos las prevenciones posibles no nos enfermaremos”, explicó la niña. 

Una de las cosas que más extraña Fabiana es salir al aire libre y tener contacto con la naturaleza.

Quisiera ir a la playa. Antes de la cuarentena ya tenia mucho tiempo sin ir, así que me gustaría” Fabiana Ortíz, 10 años

Aprendizaje académico de la mano con el cotidiano

Las clases a distancia son una oportunidad para que los padres estén al tanto del nivel académico de sus hijos y así aprovechar eso en la vida diaria.

La psicóloga Zena Sleiman insiste en que la cotidianidad siempre debe ir de la mano con lo que se enseña en la escuela, especialmente cuando son conocimientos necesarios para la vida en general.

“Siempre recomiendo que si los niños están aprendiendo a contar o a sumar los padres les pidan ayuda para saber cuánta ropa hay que lavar o cuántos ingredientes son los que deben usar en una receta, porque las matemáticas no solo se aprenden haciendo 100 operaciones”, agregó.

“Tengo miedo pero a la vez no”

Sebastián López, de 9 años de edad, es fanático de los videojuegos y pasó a 4° grado luego de recibir durante cuatro meses clases online.   

Foto: Cortesía

Para el niño lo más complicado de la cuarentena fueron los primeros días de clases, en los que debía seguir el dictado de su mamá en la sala de su casa. Sin embargo, asegura que ya se acostumbró. 

Antes de comenzar la escuela en casa, recibió en su colegio una clase sobre qué es el coronavirus. 

“El coronavirus viene de un murciélago, pero ahora viene de un nuevo animal llamado el pangolín. Sé que hay muchas zonas del mundo en las que el virus está atacando muy fuerte como en Miami (EE UU). También que fue inventado por los chinos en una sopa que ellos comen. Sé otras cosas pero todo el mundo las sabe”, detalló Sebastián. 

La información que maneja suele hacerlo dudar sobre sus sentimientos hacía la pandemia. 

A veces tengo miedo pero después no, estoy como en el medio. Es decir si me contagio puedo sentirme mal, pero mientras no me contagie estoy bien. Tengo miedo pero a la vez no tengo” Sebastián López, 9 años

Durante estos cuatro meses Sebastián aprendió la importancia de lavarse las manos para evitar enfermedades y mejoró su lectura. Un logro que rescata de la cuarentena fue aprender a hacer bombas con chicle, lo que le tomó alrededor de una semana. 

Manejo de las emociones

“Cuando las personas me preguntan cómo pueden manejar sus emociones en realidad quieren saber cómo evitan sentirlas, y el manejo de emociones no se trata de eso”, indicó la psicóloga Sleiman.

La especialista detalló que el manejo de las emociones comienza con permitirse sentirlas, darles un espacio y entender que es normal y que cada emoción tiene una función específica.

La experta aclaró que las personas que reprimen sus emociones no solucionan el problema sino que van acumulando sentimientos de rabia o tristeza. Con el tiempo este cúmulo se puede manifestar en arranques violentos o depresiones.

La pandemia por covid-19 ha puesto en situaciones difíciles a muchas familias. En Venezuela van cuatros meses de una cuarentena que se unió a la crisis económica que debilita el poder adquisitivo de los padres y tiene consecuencias en los niños y adolescentes. 

Los padres están constantemente sometidos a situaciones de estrés, ansiedad, miedo, tristeza y rabia, por lo que deben identificarlo y manejarlo de la mejor forma posible, porque los niños siempre son susceptibles a estas emociones y pueden imitarlas.

Ante estas situaciones la psicóloga insistió en la importancia de prestar atención a las emociones de adultos y niños. En el caso de los más pequeños es necesario observar conductas extrañas que se presenten con mucha frecuencia, dificultades para aprender y si el niño está muy tranquilo, retraído o desanimado. 

La forma de afrontar el confinamiento depende de los recursos que encuentre cada familia. Cuando los padres sienten que los problemas los sobrepasan deben pedir ayuda y entender que el mundo atraviesa una crisis en la que todos requieren apoyo en alguna oportunidad. 

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