Todo empezó con un correo electrónico:    

Mi nombre es Lourdes Karina Palomino Cerrada. Y mi pasión es hacer música a través de mi flauta. Jorge, me da pena no ser tan grande como muchos de los músicos que has entrevistado. Soy de Mérida pero nací en Zaraza, estado Guárico, donde pasé mi niñez. Soy la menor de tres hermanos y ellos viven fuera de Venezuela. En 2011 tuve la oportunidad de estudiar un curso de italiano en la Universidad de Torino y luego me mudé a Mérida para estudiar licenciatura en Música, mención Ejecución Instrumental, en la Universidad de Los Andes (ULA). Se me olvidaba: tengo 27 años de edad y vivo con mi madre, Marta Cerrada: es jubilada en Educación Física y está separada de mi padre, el arquitecto Martín Palomino, quien vive en Lima (Perú). «Porque todo se trata de un viaje» es un concepto muy bonito, Jorge. Me entusiasma mucho ver a jóvenes músicos, viajar para educarme y aprender mucho más en mi carrera de músico. Ojalá quieras entrevistarme.

Besos,

Lourdes.

Termino de leer la carta de Lourdes y recuerdo mis viajes a Santiago de los Caballeros de Mérida, fundada el 9 de octubre de 1558. Una bella ciudad venezolana que nos invade de cultura y excelencia. Su suavidad y gentilicio hace que los días malos se olviden. Su cordillera nos marca lo finitos que somos, pero también nos reta a ver hacia el cielo y saludar con respeto su Sierra Nevada, donde se encuentra el Pico Bolívar, que es parte de los Andes venezolanos con sus 4.978 metros sobre el nivel del mar.  

Para mí es encontrarme con Dios y saldar mis deudas con él. También lo es recordar que en sus montañas están el pico Humboldt en honor al científico alemán, explorador y escritor de uno de los libros (escribió más de 30) que recomiendo a todo viajero: Viaje A las Regiones Equinocciales del Nuevo Mundo. En este libro nos habla de su travesía por nuestra América y su llegada, por azares de la vida, a las  costas de Cumaná en 1799. Sí, llegó por azar, ya que su destino era Cuba, pero una peste lo desvió a nuestras tierras. Humboldt estaba acompañado por Aimé Bonpland, médico y botánico francés quien dibujó casi todo lo que descubrían en sus viajes.

El correo de Lourdes me hace querer viajar a Mérida. Visitar su catedral y disfrutar del olor de la mirra y el estoraque, que se confunde con el eco de rezos y peticiones a Dios y a santos que intercedan por tantos dolores y deseos. Me hace desear caminar por sus estrechas calles llenas de gente y descubrir de pronto el taller de Mario Calderón y sus juguetes; juguetes que no invitan a jugar, sino a atesorarlos por el valor de sus maderas y fantasías que pliegan el alma y recuerdan al niño que tenemos y que fantasea con un mundo mejor.

¿Hace cuánto tiempo no viajo a Mérida? Recuerdo retar a los dioses al lanzarme en parapente para surcar el cielo desde Tierra Negra, en las bellas montañas que conducen a los Pueblos del Sur de Mérida, y ver a los lejos a la bella Acequias.

Veo las fotos de Lourdes cuando incursionó como modelo por muy poco tiempo en Margarita, Nueva Esparta. Esta experiencia le reafirmó que lo de ella es la música.  Y su belleza me hace recordar, al ritmo de su flauta, el Mercado Principal de Mérida: desayunar sus pastelitos y su pizca andina, acompañados con ricos jugos. Caminar hacia la Plaza Del Llano y su famosa Heladería Coromoto. Pero vuelvo a la realidad. En Mérida no falta comida -como toda ciudad o pueblo que siembra- pero sí fallan la luz, el agua, el gas, el transporte, la gasolina, el Internet.

Decido llamar a Lourdes y me cuenta que no se deja abatir por la realidad que padecen cada día los merideños. Su rezo cada mañana es tocar su flauta, recibir clases vía Zoom (cuando se puede) desde Alemania, España y Estados Unidos, dictadas por jóvenes como ella.

El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela le ha brindado a Lourdes formación y disciplina desde que, a los 10 años de edad, empezó a estudiar en Zaraza la flauta traversa. El músico tiene algo fabuloso: que su instrumento es un compañero de viajes increíble. Lo acompaña en sus alegrías y en las tristezas, pero sobre todo le da el valor -a través de grandes compositores clásicos o populares- de viajar lleno de melodías por el pentagrama del espíritu.

Escuchar a Lourdes tocar su flauta es afirmar que hay muchas maneras de sobreponerse a las adversidades que sufren en Mérida. Es saber que el alma y el aire que respiras te hacen libre. Mientras Lourdes, la bella acuariana, toque su flauta, estaremos seguros de que hay una juventud que no acepta ser dócil; que su conciencia y suavidad al conversar es una de las maneras más bellas y honestas que tenemos los venezolanos para dirimir nuestras diferencias. Que no hay que creer en falsos profetas y que el valor está en la cultura y en la educación. Que Mozart vive en Mérida y que el alemán Reinecke, con su concierto en R Mayor, puede ser el sabor de un raro helado de barquilla comprado en la Heladería Coromoto. 

No, Lourdes no se queja; tampoco llora por lo que sucede en su bella ciudad. Estudia y se prepara, y sabe que su presente le da fortalezas para su futuro. Lourdes, seguro te voy a entrevistar. Y ustedes disfruten del video.

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