• Familiares de personas que son sospechosas de tener covid-19 en la entidad andina denuncian que sus seres queridos no reciben la atención indicada en los denominados centros centinela asignados por el régimen de Nicolás Maduro para atender estos casos

En la actualidad, de acuerdo con las cifras oficiales, el estado Táchira registró hasta el 31 de julio 930 casos de coronavirus. De esos, 216 son comunitarios y 13 corresponden a personas fallecidas debido a  complicaciones derivadas del virus.

San Cristóbal es el municipio con mayor número de contagios locales. La ciudad capital cuenta con dos centros centinelas habilitados para atender casos sospechosos o positivos por covid-19: el Hospital José María Vargas (hospital central) y el Hospital Dr. Patrocinio Peñuela Ruíz (hospital del seguro social), además de los Centros de Diagnóstico Integral (CDI).

No obstante, el personal médico que labora en estos centros de salud ha exigido en reiteradas oportunidades insumos y equipos de bioseguridad necesarios para atender los casos sin correr riesgos de contagio.

Sin embargo, este no es el único inconveniente que se presenta en los centros centinela. Las personas sospechosas o contagiadas y familiares viven su propio calvario.

Lucía Pérez* es hija de un paciente que ingresó con leves problemas respiratorios en un centro de salud habilitado para atender casos de covid-19. Su vida cambió rotundamente durante los últimos siete días.

Lucía cuenta en entrevista exclusiva para El Diario cómo ha sido la experiencia de tener a un familiar sospechoso de haber contraído coronavirus y cómo su salud se ha deteriorado rápidamente sin conocer aún el resultado de su prueba PCR.

Cuando mi padre ingresó al Hospital Central estaba bien. Sus placa de los pulmones salió bien, no tenía neumonía aguda como la tiene ahora”, detalló Lucía.

La joven explica que antes de ingresar a su padre en el hospital decidieron llevarlo a una clínica privada, pero al percatarse de la hora y ver que era de noche recurrieron al ambulatorio Antituberculoso en búsqueda de un neumonólogo que lo examinara.

Ese día al padre de Lucía le hicieron una radiografía de tórax para que el especialista pudiera observar el estado de sus pulmones.

Foto cortesía

“Mi padre no presentaba insuficiencia ni dificultad para respirar. Lo que pasó es que simplemente estaba como agitado”, explicó.

Allí en el ambulatorio les dijeron que su padre tenía covid-19. Esto a pesar de que el resultado del test rápido arrojó negativo y la prueba molecular no había llegado, pues apenas se la habían realizado ese día.

“Nos dijeron eso y llegó la ambulancia. Comenzó todo el protocolo y no lo internaron allá, sino que lo remitieron al hospital central sin resultados”, indicó Lucía.

Los familiares de este paciente aseguran que su estado de salud se agravó rápidamente desde el momento en que fue ingresado al centro centinela.

“De jueves a sábado mi padre agravó en ese lugar. Lo tienen con oxígeno, le están pasando un tratamiento que es para el covid-19 y la prueba no llega todavía”, expresó Lucía.

De acuerdo con la información que le suministraron los médicos a la familia de este paciente, la prueba molecular debía llegar el día martes 28 de julio. Sin embargo,  hasta la fecha de la redacción de este artículo todavía no tienen conocimiento certero sobre la salud de su padre. No saben si es positivo o no para coronavirus.

De todos modos para el pronóstico de los doctores él es positivo y el tratamiento que le aplican es el mismo que usan para tratar a los pacientes con el virus”, añadió.

La principal preocupación de Lucía y el resto de su familia es que su padre no ha tenido evolución favorable desde el momento en que ingresó.

“Mi padre no avanza en los tratamientos. No todos los cuerpos responden bien a todos los medicamentos”, enfatizó.

Lucía asegura que a su padre no lo están tratando especialistas que puedan hacerle seguimiento minucioso a su estado de salud. Por el contrario, asegura que médicos residentes, enfermeros y pasantes son quienes se encargan de atenderlo a él y a otros pacientes en la misma situación.

“A él lo están atendiendo con sus tratamientos, pero ¿cómo es posible que para un virus de este tipo no hay especialistas en el área para atender a los pacientes?”, cuestionó.

Los pulmones del padre de Lucía han dado un cambio evidente.

Foto cortesía

“Allá (en el hospital) no hay un orden, un protocolo que se siga”, denunció Lucía.

Ella asegura que han intentado solicitar permisos para permitir el ingreso de un médico neumonólogo que chequee a su padre, pero se los han negado. De igual forma han exigido que se mejoren las condiciones de los pacientes y que haya médicos especializados al pendiente, pero tampoco ha sido posible.

“Nos dicen que ahí ya no se puede hacer nada, que eso es bajo otras condiciones. Los familiares quedan de brazos cruzados y bueno, no es fácil”, comentó.

El temor de denunciar públicamente

Lucía teme que hacer pública la situación de su padre pueda traer represalias contra su padre.

“No queremos complicar las cosas con nuestro doliente ni que se vaya a perjudicar. Simplemente queremos hacer saber que esa área requiere de profesionales, especialistas y no los hay”, puntualizó.

En ocasiones la comunicación con su papá se torna difícil. Durante los primeros días de hospitalización se podían comunicar por teléfono, pero ahora la involución de su papá no le permite siquiera agarrar el celular.

El pronóstico de mi papá es uno de los más delicados, está entre los primeros que ingresará a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) porque no hay mejoría. Hay pocos enfermeros, hacen lo que pueden y hay un solo médico residente en toda el área”, dijo Lucía.

Este viernes 31 de julio el estado de salud del paciente agravó de nuevo. Presentó dificultad para respirar y por poco los médicos se ven obligados a intubarlo. Finalmente lograron estabilizarlo.

Mientras tanto, la familia continúa a la espera del resultado de la prueba hecha en el ambulatorio antituberculoso hace más de una semana.

“La prueba no llega y ahora supuestamente le van a aplicar la del hospital centinela, pero la epidemióloga no ha llegado”, explicó Lucía.

Para ella y su familia resulta extraño que su padre tenga coronavirus, pues aseguran que siempre permanecía en casa y “rara vez salía”. A Lucía le aplicaron el test rápido y el resultado salió negativo.

Lo que más aqueja a Lucía y al resto de su familia es el poco personal sanitario dispuesto para atender a los pacientes. Ella asegura que la situación sería diferente de existir neumonólogos u otros especialistas que examinen a su padre.

*El nombre de la entrevistada fue sustituido para proteger su identidad.

Este artículo de El Diario fue editado por: Génesis Herrera.

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