• El actor, director y dramaturgo venezolano estrenó en México la pieza Sex Toy, fruto de un laboratorio teatral con siete actrices, que habla sobre la mujer reducida a una condición de objeto. La intención es llevar el montaje a las comunidades y centros educativos después de la pandemia. “El asunto creativo va de la mano de lo ético”, dice. Foto principal: Mauricio Villahermosa

El escenario es vértigo que nace de una urgencia: la de permanecer firme ante la tormenta. Esa que es el otro que te mira; esa que lleva vidas a otros cuerpos; esa que muere para nacer al otro día. Esto no implica que la tormenta no afecte al artista, pues no hay manera de aislarse de semejante evento. Y es ahí donde, dice Oswaldo Maccio para El Diario, radica su magia. 

—El arte cura, ¿pero también atormenta?

—El arte tiene esas dos capacidades, no lo dudo. Sobre todo porque siempre corroboro que uno, al tener esa voluntad de hacer que se completa con el otro, lo que más le atormenta es el hecho de saber que hay cosas que son más importantes para el resto del mundo. Pero uno siempre consigue meterse en problemas gracias a esa voluntad. Terminas empleando horas de tu tiempo en proyectos que no reportan tanto beneficio económico y en ese sentido creo que sí ocasiona un poco de preocupación. A veces también ocurre que tú no das con la forma correcta, no te sientes complacido con lo que estás logrando. Sabes que hay algo detrás que aún no tocas.

El actor, director y dramaturgo venezolano, quien reside en México desde septiembre de 2017, tiene tiempo sin subir al escenario, sin lanzarse al abismo de esa tormenta. La última vez fue cuando, casi recién llegado al nuevo país, la protagonista de la pieza Todavía…siempre, montaje del grupo Teatro de Ciertos Habitantes, pidió a un voluntario del público. Él alzó la mano y comenzó en la tarima un viaje incierto desde ese otro lugar: el del espectador. “Fue algo muy emocionante”, recuerda. 

Oswaldo Maccio tiene rato dejándose seducir por el fuego teatral. A principios del año 2000 estudió Artes Escénicas de la Universidad Central de Venezuela (UCV), al tiempo que formó parte del programa de formación de la Compañía Nacional de Teatro y del Centro de Creación Artística TET, en Caracas.

En 2005 ingresó a la agrupación Teatro La Bacante y comenzó a dar clases en el Laboratorio Teatral Anna Julia Rojas. Con los años trabajó también junto a compañías de renombre como Teatrela, Contrajuego, Hebu Teatro, Escena de Caracas y Dramo.

Su primer montaje como director fue en 2007 con Islas, un tríptico a partir del libro de Cesare Pavese Diálogos con Leucó. Y como dramaturgo suma piezas como La luna y el niño juegan un juego que nadie ve (2011), que la agrupación Criaturas Orange ha llevado a Madrid; y El día que cambió la vida del Señor Odio (2013), que llegó a Miami. Ambas retomarán funciones una vez culmine el escenario pandémico. Además, ha recibido diversos reconocimientos en el país, como el Premio Marco Antonio Ettedgui (2016) que se entrega a jóvenes creadores; y el galardón como Mejor Actor de Reparto por su papel de Lola en Piel Mercurio.

Dirigir las obsesiones

Actualmente está dictando el taller “El actor que escribe” a través de la plataforma Zoom, con el que enseña a los otros a tomar herramientas de lo actoral para iluminar conceptos y estructuras de escritura dramática. Esta experiencia lo ha hecho tropezar de nuevo con los paisajes y discursos de Shakespeare, Chejov y los griegos como Sófocles y Esquilo. “No puedo evitar volver a conmoverme con ellos”, expresa.

Su propio tránsito hacia la escritura, reflexiona, es un plato que se cuece a fuego lento. Al inicio hay un largo período de revisión de la imagen que en un momento aparece. Él la observa en silencio, la estudia, la sigue a donde va.

Yo estoy tratando de ver cómo termina de armarse, de tener una apariencia. Hasta que ella misma me pueda anunciar que está lista para empezar”, relata Maccio.

Entonces él camina; camina mucho, lee, toma notas en su libreta, hasta que se erige un cuerpo que ofrenda a la audiencia en el eterno ritual de la creación.

Sin embargo, su proyecto de dirección actual no es precisamente de su autoría, sino fruto del trabajo colectivo con un grupo de actrices en México, a quienes condujo por un laboratorio teatral con el fin de elaborar las piezas que componen Sex Toy. El proyecto comenzó a gestarse durante el primer trimestre del año pasado, tras conversaciones en un momento triviales con dos amigas. Finalmente, hubo concreción y tras las etapas de casting y primeras aproximaciones, se conformó el elenco que presenta un conjunto de monólogos casi testimoniales que hablan sobre la mujer reducida a una condición de objeto.

El proceso creativo de Sex Toy arrancó a comienzos del año pasado y se estrenó el 5 de marzo de 2020 | Foto: Carlos Pérez

El montaje, que se estrenó en Ciudad de México en marzo de este año, incluye las actuaciones (y textos) de Amaya Blas, Daniela Bueno, Gabriela Montiel, Johanna Juliethe, Patricia Pacheco, Samantha Castillo y Vera Linares.

Las dinámicas siempre consistían en contar algo. Entre las actrices empezó a aparecer el tema desde aristas muy diversas. Es una fase delicada porque se debe respetar a quien está contando un episodio de su vida. Fue un reto llevar aquello al papel, con un trabajo de acompañamiento, de referencias, de ideas sobre cómo atrapar la historia, del tono. Un proceso distinto con cada una”, señala.

En Sex Toy se indaga sobre la vocación de la mujer en la sociedad actual, la violencia de pareja, el sexo y el amor, la ausencia del padre, la visión que se tiene de los amantes según el género y se hace una revisión de la palabra “puta”. Todo sobre un espacio vacío; una puesta en escena en la que una silla y un micrófono sirven de acompañantes de cada testimonio. En ocasiones intervienen elementos musicales y proyección de videos. 

“El trabajo oscila entre una ausencia de teatralidad, una transparencia, y el uso de ciertos recursos multimedia. Luego llega una coda en la que todo se vuelve a vaciar como si hubiera sido el producto de la imaginación de ellas mismas o del público”, cuenta el director. 

Sex Toy también tuvo su estreno en Madrid, de hecho el mismo día del latinoamericano, de la mano de un grupo de activistas feministas. Aunque en México solo pudo ofrecer dos semanas de funciones, pues luego inició el confinamiento.

El grupo busca denunciar la concepción de la mujer como objeto en las sociedades actuales | Foto: Carlos Pérez

Una vez regrese la tan mentada normalidad, el objetivo del grupo es llevar la obra a las comunidades, a los espacios educativos, en un país que reportó, durante 2019, 2.825 asesinatos de mujeres, según información del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

—En la pieza hacen una invitación a conocer la piel del objeto. Pues debajo de esa piel, ¿qué hay?

Un organismo vivo, un ser que piensa, que siente; que experimenta al igual que un hombre la realidad. Debajo de eso que hemos considerado un objeto, de forma consciente o inconsciente, hay una mujer entera, con capacidad de reponerse de cosas terribles con mucha más facilidad y rapidez que un hombre, precisamente por ese lugar tan desafortunado que le han otorgado la historia y la cultura. Un ser capaz de rehacerse a sí mismo cada vez que es necesario. Ojalá no tuviera que hacerlo más.

—¿Qué conclusiones estéticas te ha dejado Sex Toy?

Cuando llegué a Ciudad de México me di cuenta de que hay una oferta cultural muy amplia y de que existe el arte como simple entretenimiento. Ojo, muy válido. Pero entonces, tal vez por costumbre o por deformación, uno siempre busca un tema comprometido, que cuestione, interrogue, denuncie. Un poco lo que uno venía haciendo en Caracas. Me siento más cómodo, aunque me traiga más problemas, en terrenos de un teatro crítico. Otra conclusión es la delicadeza o cuidado que hay que tener cuando se parte de eventos personales o de temas tan sensibles. El asunto creativo va de la mano de lo ético. 

Sex Toy es una obra producto de un laboratorio teatral con un grupo de actrices en la Ciudad de México |Carlos Pérez

—En lo interno, ¿cuál es tu análisis sobre la presencia de la mujer en los contextos público e íntimo?

Vengo de una familia con más mujeres que hombres. Mis amistades más profundas son mujeres. En la condición de migrante, ha sido precisamente de la mano de mujeres que he logrado dar con un proyecto que ve la luz. También, y eso hay que decirlo, tuve una relación heterosexual durante años con una mujer maravillosa que se llama Diana Peñalver, una artista increíble. Lo que quiero decir es que si puedo concluir algo es que siempre quiero estar cerca de las mujeres. Eso siempre arrojará algo maravilloso. Ya lo he comprobado. Y en materia de derechos, creo que se ha logrado avanzar mucho, visibilizar realidades; pero todavía falta.

Todos participamos de una lógica machista, en mayor o menor medida, incluso las mujeres, que permanecen de espaldas al reconocimiento de todo esto que está surgiendo. La realidad es que a las mujeres se les paga menos que a los hombres, por ejemplo; es cierto que es más probable que un hombre consiga un trabajo frente a una mujer, aunque ambos estén bien preparados. La inclusión en la ley de ciertos cambios será lo que termine de librar esta batalla y equilibrar finalmente las fuerzas. Claro, hay que valorar lo que se ha hecho hasta ahora y agradecer a quienes se han puesto a la cabeza de estas luchas.

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