• Durante las próximas semanas, 65.000 profesionales de la salud comenzarán a recibir el bono de 100 dólares mensuales del plan «Héroes de la Salud»

Esta es una traducción hecha por El Diario de la nota: Trump administration to tap into frozen Venezuelan government funds to revive efforts to oust Maduro. Original de The Washington Post.

La administración de Donald Trump está aprovechando más de 300.000.000 de dólares en fondos congelados del gobierno venezolano en un esfuerzo por dar un nuevo impulso a su esquivo objetivo de derrocar al presidente Nicolás Maduro.

Alrededor de 20.000.000 de dólares se utilizarán para enviar suministros de ayuda para la pandemia a Venezuela a través de las organizaciones internacionales de salud, ya que el temor al nuevo coronavirus y los rigores de la supervivencia diaria disminuyen el ya mellado entusiasmo por el activismo público contra Maduro.

En las próximas semanas, 65.000 trabajadores de la salud de primera línea comenzarán a recibir pagos electrónicos de 100 dólares al mes, una suma muchas veces superior a su salario promedio.

La administración se ha negado a abrir libremente las arcas al líder de la oposición Juan Guaidó, a quien reconoce como el presidente legítimo de Venezuela. Pero ha puesto en marcha las ruedas para proporcionar dos años de pago atrasado a los legisladores federales cuyos salarios Maduro suspendió en 2016.

El gobierno de Trump también planea mejorar ciertos desajustes de las sanciones los cuales han permitido a otros países enviar combustible a Venezuela, lo que ha ayudado a Maduro a mantener, al menos parcialmente, las luces encendidas mientras la economía ha tocado fondo.

Pero los últimos intentos de apretarle las tuercas a Maduro llegan cuando los críticos atribuyen que la campaña de «máxima presión» de 18 meses de la administración, centrada en duras sanciones, no solo no ha logrado sacar al autócrata del poder, sino que le ha permitido aferrarse aún más en él.

En los últimos meses, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) pro-Maduro ha utilizado una maniobra legal cuestionable para despojar a las cabezas de los tres principales partidos de la oposición de Venezuela de sus títulos de liderazgo y los ha reemplazado por políticos más complacientes cuya lealtad habría sido supuestamente comprada con sobornos.

Los líderes originales de la oposición han acordado boicotear las elecciones legislativas que Maduro ha convocado para diciembre, aunque no está claro cuántos legisladores se unirán a ellos. Las elecciones marcarán el fin del mandato legal de la actual Asamblea Nacional, controlada por la oposición, que lidera Guaidó, posición en la que se basó su reivindicación como jefe de Estado.

La popularidad de Guaidó en las encuestas nacionales ha caído por debajo del 30 por ciento, su nivel más bajo desde que reclamó la presidencia después de que Maduro fuera reelegido en una votación en 2018 que Estados Unidos y muchos otros países dicen que fue amañada. El entusiasmo inicial del público se atenuó el año pasado cuando un esfuerzo por forzar la ayuda humanitaria a través de la frontera y provocar un levantamiento militar se desvaneció rápidamente, al igual que un complot para poner el círculo íntimo de Maduro en su contra. Todo esto después de que operantes cercanos a Guaidó adelantaran, y luego cancelaran las acciones, de un acuerdo con un exboina verde de EE UU para secuestrar a Maduro, una misión aparentemente fraudulenta que el contratista lanzó en mayo pasado y que terminaría en un fracaso total.

Ahora, mientras Guaidó lucha por mantener la unidad en una oposición históricamente dividida, Maduro parece haberlo superado una vez más.

El estrecho control de la administración Trump sobre los fondos congelados, guardados en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York, no ha ayudado. Los funcionarios y los tribunales estadounidenses se han resistido a los intentos de la oposición de acceder a Citgo, la empresa energética estadounidense de propiedad venezolana, y a otros activos del gobierno venezolano en Estados Unidos. Las ganancias de las propiedades estadounidenses liquidadas incautadas a los cómplices de Maduro han ido al fondo de confiscación del Departamento del Tesoro, cientos de millones de dólares de los cuales se han utilizado para ayudar a pagar el muro fronterizo del presidente Trump con México.

«No hemos tenido forma de cumplir la promesa de Guaidó de pagar (a los legisladores) sin tener acceso a esos fondos», dijo un operativo de la oposición que habló con la condición del anonimato para discutir el delicado tema. «Llega al punto en que realmente creo que quieren que tengamos éxito, pero algo en sus mentes está saboteando sus objetivos, que también son nuestros objetivos».

Mientras tanto, muchos venezolanos se han desanimado al ver que las crecientes sanciones de EE UU empeoran sus vidas sin ninguna esperanza de deshacerse de Maduro.

«Las sanciones a veces funcionan y a veces no», dijo Ivan Freites, secretario de la Federación Unida de Trabajadores Petroleros de Venezuela y crítico del gobierno de Maduro. «En este caso, las sanciones no han funcionado. Maduro sigue en el poder, y cada día se hace más fuerte.»

Pero Russ Dallen, el director de Caracas Capital Markets, con sede en Miami, dijo que «las sanciones están funcionando» para reducir la producción de petróleo en Venezuela, donde se encuentran las mayores reservas estimadas del mundo, a los niveles de 1929. «No es suficiente para sobrevivir», dijo.

La esperanza, dijo Dallen, es que Venezuela «automáticamente vuelva a… la forma en que las cosas solían ser, una sociedad próspera con tendencias democráticas».

Las organizaciones benéficas y los venezolanos más ricos que no están conectados con el gobierno dicen que las medidas radicales les han dificultado hacer negocios con el mundo exterior.

Edison Arciniega dijo que cuando su organización benéfica en Caracas, Ciudadanía en Acción, intentó importar paneles solares para proveer de electricidad a las comunidades pobres, los proveedores extranjeros se retiraron del trato porque temían entrar en conflicto con la ley estadounidense.

«Incluso ahora, hay escasez de desinfectante, jabón y cloro que podría permitirnos hacer más para luchar contra la pandemia», dijo Arciniega. «Pero los proveedores han tenido dificultades para importarlos y cuando preguntamos por qué, mencionan las sanciones».

Los millones de venezolanos que han huido del país están poniendo a prueba la paciencia de sus anfitriones en las naciones vecinas. Cientos de miles están también en los Estados Unidos, donde la administración se ha negado a concederles el estatus de protección y más de 100.000 solicitudes de asilo están languideciendo.

Trump ha dicho repetidamente que «todas las opciones están sobre la mesa» para tratar con Maduro, una referencia codificada al posible uso de la fuerza. Pero más de un año y medio después de que los Estados Unidos reconocieran a Guaidó como presidente interino e impusieran sanciones sobre el petróleo, el elemento vital de la economía nacional, no ha mostrado ninguna inclinación a utilizarla.

En otras ocasiones, Trump ha contradicho la política de su propia administración, expresando su voluntad de hablar con Maduro y desestimando a Guaidó como alguien débil.

«Parece que está perdiendo cierto poder», dijo Trump sobre el líder de la oposición en respuesta a una pregunta de un reportero en un evento en Miami este verano. «Queremos a alguien que tenga el apoyo del pueblo».

Los retos de liderazgo para Guaidó se han hecho cada vez más públicos. Hace dos semanas, Henrique Capriles, dos veces candidato presidencial que cuenta con un apoyo sustancial dentro de la oposición, insinuó que está cerca de romper con el líder respaldado por Estados Unidos.

«Nunca la oposición ha estado en una situación de tanta inercia y fantasía», dijo Capriles en un video publicado en los medios sociales. «¿Vas a seguir mintiendole a la gente? ¿Vamos a seguir gobernando por Internet? Seamos serios».

Los críticos culpan a Trump por no seguir las sanciones petroleras con un segundo y fatal golpe, como un acuerdo con Rusia y China para terminar su apoyo a Maduro.

«Aprecio el obvio compromiso de la administración Trump para ayudar a Venezuela a recuperar su libertad y democracia», dijo la semana pasada Pedro Burelli, un ferviente activista anti-Maduro y ex miembro de la junta directiva de la empresa petrolera estatal de Venezuela, Pdvsa.

«Pero tengo sobradas razones para temer que la política no tiene timón, no tiene ningún puerto a la vista y carece de algo parecido a un programa», dijo.

En los últimos meses, Maduro, un exlíder sindical de 57 años, ha consolidado la esencia de su poder aumentando la represión en su país y reforzando las relaciones con Irán y Turquía.

La semana pasada, Estados Unidos incautó combustible destinado a Venezuela -según se informa, comprado con oro de las minas venezolanas- a bordo de cuatro buques que viajaban desde Irán, en violación de las sanciones contra ese país.

Aunque la administración Trump dice que Venezuela tendría más combustible propio si Maduro no estuviera enviando embarcaciones a precio reducido a Cuba a cambio de apoyo de seguridad e inteligencia, lo que rebosaría el vaso para la mayoría de los venezolanos seria la carencia inminente de servicio eléctrico.

Hay un amplio apoyo bipartidista en el Congreso para deshacerse de Maduro, aunque solo un puñado cree que Trump usaría –o debería– el ejército de EE UU para expulsarlo. Pero hay un sentimiento generalizado de que lo que la administración ha hecho no ha sido lo suficientemente sabio.

«La política venezolana en el último año y medio ha sido un desastre absoluto», dijo el senador Chris Murphy (D-Conn.), uno de los críticos más duros de la administración, en una audiencia a principios de este mes.

La administración podría estar haciendo más, dijo el senador Robert Menéndez (D-N.J.), como la castigar más enérgicamente los envíos de petróleo a Cuba y la imposición de más medidas contra Rusia y China, los partidarios de Maduro.

Incluso los republicanos han luchado por ser optimistas. Al considerar la posibilidad de ejercer más presión sobre Rusia, China y Cuba, el presidente del comité James E. Risch (R-Idaho) cuestionó si esos países «nos van a escuchar».

La administración tiene sus propias frustraciones. En la audiencia, Elliott Abrams, enviado especial de la administración a Venezuela, dijo que la administración cree que Maduro está ahora «observando y esperando» las elecciones de EE UU en noviembre para ver si sus perspectivas pueden mejorar si el candidato demócrata Joe Biden gana.

En discursos y artículos políticos, Biden ha prometido revertir las políticas restrictivas de Trump en materia de refugiados y asilo. Los asesores de campaña y los documentos políticos indican que autorizaría inmediatamente el estatus de protección a aquellos que han huido a los Estados Unidos, eliminando cualquier temor a la deportación.

Los asesores dicen que Biden continuaría con las sanciones de Estados Unidos contra Venezuela y presionaría las acusaciones existentes contra funcionarios venezolanos corruptos, incluyendo a Maduro, pero hacen hincapié en la diplomacia para conseguir más aliados para la causa.

«La gran diferencia con Biden es que es alguien que tiene credibilidad internacional», dijo Juan González, exasesor político del entonces vicepresidente Biden en la Casa Blanca.

Al mismo tiempo, Biden usaría el apoyo de Estados Unidos como palanca para presionar a la oposición venezolana para que haya unidad dentro de ella, dicen sus asesores. El reconocimiento de Guaidó o de quienquiera que sea represente a la oposición unida continuaría, pero serían los venezolanos, y no los Estados Unidos, los que decidirían el futuro de Maduro.

La retórica de Trump sobre el cambio de régimen venezolano, dijo González, «es una falsa promesa para impulsar el apoyo electoral en el sur de la Florida». La administración Trump habla duro, pero cuando miras lo que han hecho, en realidad es muy poco».

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