- La cineasta venezolana dirigió filmes como Huelepega (2000), Punto y raya (2004) y Tamara (2016), con temáticas que se mantienen vigentes en el entorno venezolano. Foto: El Espectador Venezolano
Este 28 de agosto se confirmó el fallecimiento de la cineasta venezolana Elia K. Schneider, quien residía en Los Ángeles (Estados Unidos) y luchó contra el cáncer durante 27 años.
La cineasta nació en Caracas y fue hija de sobrevivientes de el Holocausto. Desde joven estuvo involucrada en las artes, pues recibió formación en danza y ballet clásico. Posteriormente se dedicó a la coreografía y a la dirección de teatro.
Realizó un master en el Institute of Fine Arts de la Universidad de Nueva York en la década de 1980. En paralelo inició su carrera cinematográfica con la producción y dirección de cuatro cortometrajes.
Su huella en el cine venezolano
La venezolana se caracterizó por retratar problemas sociales en la pantalla grande. Durante su carrera artística destacó como directora, productora y guionista de 13 largometrajes.
En el año 1994 produjo la película Sicario junto a su esposo José Ramón Novoa, quien dirigió el filme. Esta cinta retrata la violencia que rodea el tráfico de drogas en los barrios de Medellín, Colombia. La financió el Fondo Nacional de Cine de Venezuela (Foncine).
Cinco años después se enfrentó a la censura impuesta por el gobierno de Rafael Caldera mientras filmó Huelepega. La película con la que debutó como directora y también realizó el guion. Esta producción aborda los problemas que deben afrontar los niños de la calle. El hambre, la violencia, guerras entre bandas y la necesidad de encontrar un lugar donde dormir.
Han pasado más de 20 años de la realización de esta cinta. Sin embargo, la infancia en las calles también es un problema de la Venezuela actual.
En 2004 Sneider dirigió Punto y Raya. Un filme que explica la tensa situación fronteriza entre Colombia y Venezuela a través de la historia de dos soldados, uno de cada país. La relación entre ambos militares comienza en conflicto y se transforma en amistad.
“En teoría Colombia y Venezuela colaboran contra la droga y la insurgencia, pero vemos que hay más roces que cooperación. La política los separa: uno (Venezuela) está en contra de EE UU y el otro (Colombia) está con él. Puede haber un motivo de enfrentamiento real”, aseguró la directora en 2011 durante una entrevista a Vanavisión.
En 2010 la cineasta dirigió Desautorizados. Un filme muy personal que parte de la imaginación de Elia Schneider y desarrolla la historia de tres personajes vinculados al teatro. Todo en una “Caracas irreal”.
En el año 2016 Schneider dirigió Tamara. Una película basada en hechos reales que relata la historia de Tamara Adrian, diputada a la Asamblea Nacional electa en 2015.
Este filme llevó a la pantalla grande las luchas de las personas de la comunidad LGBT. Y a pesar de que se basa en el proceso que vivió la diputada, Schneider entrevistó a varias personas transgénero. Esto para desarrollar la historia con la mayor credibilidad posible.
Elia Schneider y su vida dedicada al arte
Elia Schneider también dejó su marca en el mundo teatral, debido a que dirigió y creó varias obras en el transcurso de su carrera artística.
Los criminales (1979), La boda (1980), Man is man (1981), A petición del público (1982), Blumfeld (1984), Stasis (1996), Gaz (1998), Rooms (2000), La lección (2004), Emigrantes (2007) y La playa (2012). Estas fueron las producciones teatrales que llevó adelante la venezolana.
En 2003 Schneider dirigió la ópera Oedipus Rex, basada en la tragedia griega Edipo Rey.
Una despedida
El entorno artístico venezolano recibió con dolor la noticia de la muerte de Elia Schneider, una de las directoras más prolíficas del cine nacional.
Directores, periodistas, actores y escritores expresaron mensajes de condolencias por la prematura partida de la cineasta.
Figuras como el director de arte Alfredo Cerreia, el crítico y documentalista Sergio Monsalve y el periodista Simón Villamizar compartieron en redes sociales algunas de sus experiencias con Schneider.
El día que conocí a Elia Schneider me comentó que ella se sentía una mujer de teatro, que ese era su espacio, el lugar en el que se sentía segura. Y que en el cine no terminaba de hallarse. Era su búsqueda constante, y por eso siempre volvía: porque la retaba. Me pareció hermoso
— Alfredo Correia (@alcofre86) August 29, 2020
Huelepega fue la ópera prima de Elia Schneider. Retrató la crudeza de la problemática de los niños de la calle, todavía sin resolver en el país. El filme narraba el desarraigo metafórico de un pandilla de chicos olvidados. Una cinta de riesgo que sería imposible de ejecutar hoy.
— Sergio Monsalve (@sergioxxx) August 29, 2020
Elia Schneider era una mujer de cultura. Se vinculó con la danza, con el teatro, el cine, la escritura. Se puso tras la cámara para hacer “Tamara”, “Huelepega” y “Punto y raya”, pero produjo “Un lugar lejano”, “El don”, “Sicario” y otras tantas. Era una coreógrafa de las artes.
— Simon Villamizar (@SimonBestia) August 28, 2020
La despedida más emotiva que surgió desde las redes sociales fue la de su hijo Joel Novoa Schneider. Novoa, de 34 años de edad, siguió los pasos de sus padres y actualmente se dedica a dirigir películas.
El joven cineasta explicó que desde niño vio cómo su madre luchaba contra el cáncer. Sin embargo, aún así continuaba su vida en las artes y la docencia.
Elia Schneider deja un amplio legado en el cine venezolano e internacional con sus obras. Producciones que, sin importar cuando se produjeron, parecen no perder vigencia.