• El equipo de El Diario visitó el sector La Quebradita, en la ciudad de San Cristóbal, donde conoció a María Sánchez, una tachirense que –pese a los obstáculos– se esfuerza por brindarle una mejor calidad de vida a su nieto de dos años de edad

María Sánchez es una mujer tachirense de 56 años de edad, quien hace 19 años perdió su vivienda por fuertes precipitaciones que se registraron en San Cristóbal. Para aquella época, y desde entonces, vive en La Quebradita, un sector en la parte alta de la ciudad.

Se trata de una pequeña comunidad, ubicada detrás del tanque de Hidrosuroeste en Pirineos 2, donde habitan los integrantes de dos familias y sus respectivas descendencias. Es una zona escondida y rural en medio de la capital tachirense.

Cortesía: Carlos Franceschini

En ese sector, plagado de naturaleza y calma, habita María en una vivienda sencilla, hecha con esfuerzo y dedicación por parte de los integrantes de la comunidad, quienes le permitieron vivir ahí desde hace 19 años.

La casa de María está hecha de latas oxidadas, troncos de madera que le sirven de sostén y algunas lonas desgastadas que refuerzan la estructura. La cerradura improvisada de la puerta de entrada está elaborada con una vieja cadena y un pequeño candado.

Dentro de su hogar mantiene pertenencias y equipos electrónicos que logró rescatar de su antigua casa o que ha podido conseguir con el pasar de los años. Estantes rotos, una cocina a gas con hornillas dañadas, cajas que sirven de closet y cuerdas que cumplen el papel de tendedero para la ropa son algunas de las cosas que se pueden observar a simple vista en la vivienda de María.

La casa de esta mujer tachirense está hecha de latas oxidadas
Cortesía: Carlos Franceschini

En cuanto a los hijos de María, ya son adultos y han llevado su vida por separado. Uno en Colombia, otros en Caracas y los demás decidieron quedarse en San Cristóbal.

La llegada de Diego

Cortesía: Carlos Franceschini

Desde que se mudó a La Quebradita ella ha vivido sola, pero hace tres años tuvo que tomar nuevamente el rol de madre para atender y criar a su nieto Diego, de dos años de edad.

Diego llegó a la vida de María de manera repentina. Es el bebé de su hija de 22 años de edad; sin embargo, ella no se ha hecho cargo de él como debe hacerlo una madre.

“Yo tengo la custodia de mi nieto, la mamá no puede estar cerca de él, tiene una medida cautelar de alejamiento del niño”, dijo la mujer tachirense en entrevista exclusiva para El Diario.

Antes de otorgarle la custodia, María tuvo que esperar un mes durante el cual Diego estuvo hospitalizado porque “tenía droga en la sangre y lo estaban desintoxicando”.

Una hija sin futuro

La hija menor de María tiene problemas de drogadicción y eso le ha impedido atender a Diego como debería, pues su estilo de vida no es apto para hacerse cargo de un menor.

“Dicen que a ella la metieron presa porque intentó matar al bebé, dicen porque a mí no me consta. Cuando llegué ella ya estaba presa y me dieron al niño. A ella la acusaron de abandono de infante”, explicó María.

Esa situación ocurrió en Los Teques, estado Miranda. Para ese entonces, María ya vivía en Táchira, por lo que debió viajar hasta allá para buscar a su nieto y volver con él hasta la entidad andina.

El proceso legal para poder quedarse con el bebé fue sencillo, según comentó ella misma, pues era el familiar más cercano que Diego tenía para ser su representante.

Para tener al bebé me visitaron por el consejo comunal y dijeron que aunque yo vivía en estado de pobreza tenía mi trabajo estable y por eso me lo dieron. La gente verificó con una constancia laboral y todo salió muy bien”, puntualizó.

Con respecto a su hija, María está resignada a la vida que ella escogió. Sabe que aunque ingerir sustancias estupefacientes afecta directamente su salud, no puede hacer nada al respecto.

“Con mi hija me di por vencida, todo mi amor se lo he puesto a mi nieto, ella es adulta, no es persona que me quita el sueño, ya está grande y ya hizo su vida”, comentó la mujer de manera tajante.

Según comentarios que ha recibido de personas allegadas, su hija está viviendo en un sector llamado 8 de diciembre, en San Cristóbal, pero María no tiene la certeza de esa información. 

“Ella (su hija) viene de vez en cuando, había estado aquí resguardada por lo del coronavirus pero hace como un mes se fue y no sé nada de ella, es muy inestable”, indicó. 

Las penurias a las que se enfrenta

Desde hace 19 años María está a la espera de la casa que le han prometido. Hasta la fecha esas palabras no se han materializado en un hogar digno para ella y su nieto.

La mujer tachirense tiene pocos recursos
Cortesía: Carlos Franceschini

“Estamos esperando la casa que nos han prometido como diez veces y nada, ni consejo comunal, ni misión vivienda, ni gobierno, nada”, indicó la mujer tachirense.

En su hogar improvisado debe ingeniárselas para sortear las carencias y las fallas constantes de servicios públicos como el gas doméstico. Una situación que la obligó a cocinar con leña desde hace cinco meses aproximadamente.

No tenemos gas, la bombona la tengo de reliquia porque vale 50.000 pesos (unos 14 dólares) y ¿de dónde se va a conseguir esa plata?”, dijo María.

Cuenta con una cocina eléctrica que le ayuda a solventar la cocción de los alimentos cuando hay electricidad, pero debido al uso constante su capacidad no es la misma y ha presentado fallas frecuentes con el cableado interno.

“A cada rato se explota la cocina y eso está carísimo para mandarla a reparar o comprar una nueva. Por eso cocinamos con leña, que más se hace si no tenemos plata para comprar gas”, enfatizó.

María Sánchez es una mujer tachirense de 56 años de edad
Cortesía: Carlos Franceschini

Sin ingresos suficientes

Con respecto a los ingresos que percibe, María asegura que no son suficientes para costear los gastos mensuales de alimentación para Diego y ella. Por ello, los teteros diarios de su nieto los preparaba a base de guineo (una variedad de la banana), licuado con panela.

“Yo trabajo dando clases en una escuelita rural que se llama La Bota”, comentó María.

Cada mes María recibe la pensión y el sueldo correspondiente a su trabajo como docente en la escuela rural que, pese a la paralización de actividades por la pandemia, sigue pagándole.

“También llega la bolsa del CLAP cada mes y viene con harina, arroz, pasta y otras cositas”, mencionó María.

Desde hace unos meses un padrino del pequeño Diego le entrega a María leche para poder prepararle sus teteros sin necesidad de usar guineo y panela. En ocasiones, uno de sus hijos, quien trabaja en el área de la jardinería, le ayuda económicamente.

“Esas son las cosas que me ayudan a resolver cada mes, no es tan fácil porque tengo un niño pequeño, pero ahí vamos”, enfatizó la mujer.

María asegura que el sueldo como docente, la pensión y la ayuda de alimentación que llega por parte del régimen de Nicolás Maduro no le alcanzan para nada, pero “hace lo que puede”.

La mujer tachirense no pierde la fe de tener un nuevo hogar
Cortesía: Carlos Franceschini

Pese a las dificultades, esta mujer tachirense no pierde la fe de tener un nuevo hogar, apto para que ella y su nieto puedan vivir sin tantos problemas. Aún así, Diego se ha convertido en la alegría de sus días y todo su amor lo entrega a quien más que su nieto, es un hijo más.

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