• Una desinfección musical por covid-19 se realizó el pasado viernes 21 de agosto en el piso 2 del Hospital Central de San Cristóbal. El pianista y compositor tachirense José Agustín Sánchez interpretó su repertorio para el personal médico que libra la batalla en la región andina

Cuando José Agustin Sánchez entró al Hospital Central de San Cristóbal, en el estado Táchira, lo primero que hizo fue verificar que el tapabocas le cubría los labios y la nariz. El pianista se lo amarró detrás de la cabeza con dos pares de tiritas blancas, uno a nivel de la parte baja del rostro y otro más arriba de las orejas. Tenía un visor de plástico de seguridad y las manos cubiertas de látex. A medida que se adentraba en la sala, abundaban las visiones fugaces de las enfermeras y doctores, vigilantes de un diagnóstico impredecible que arropaba a los pacientes hospitalizados por covid-19. 

Nunca se desentendió del miedo que se hacía latente en cada paso, pero como él mismo lo describe, quería operar a los pacientes desde el interior porque la música es alimento para el alma. Sánchez es pianista, defensor de la energía que emana el contacto de las teclas frías y activista por las causas sociales. Fue esta última su principal razón para entrar al hospital de su natal Táchira y tocar su música al personal médico que está librando la batalla contra lo invisible, lo no palpable. Lo describe como una “ofrenda musical” a los héroes de las batas blancas.

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Ocurrió en el piso dos, muy cerca del inicio de las escaleras de caracol. El piano fue estratégicamente colocado en este lugar para que la acústica hiciera su trabajo y llegara hasta la última habitación de las 10 plantas del hospital. Para ese momento, previo a que comenzara con la interpretación, solo se escuchaban las máquinas titilar y que convivían, dice Sánchez, con una atmósfera fría y de pesar. Agrega que se sentía como un astronauta entrando a otro universo donde el único contacto que podría ser permitido sería a través de la música.

“En mis pensamientos solo estaba el momento en que empezara a tocar el piano y lo que podría llegar a sentir el paciente que está inmovilizado. Era la primera vez que tocaba con guantes médicos, una sensación que nunca había sentido antes. Cuando comencé, empecé a sentir cómo cambiaba mi respiración a medida que la melodía iba desarrollándose. Ahí estaba mi cuerpo, tan vulnerable como las demás personas, pero lo que nos conectaba a todos en ese instante era la música como un lenguaje universal”, explicó para El Diario.

La ‘ofrenda musical’ duró 40 minutos exactos. No estaba estipulado que ninguna persona pudiera hacer una pausa en el lugar, pero médicos y enfermeras se tomaban al menos cinco minutos para impregnarse de un momento de desconexión de la labor que estaban llevando a cabo en el hospital. Para Sánchez cada persona se llenaba de luz y de esperanza, transformando la atmósfera. 

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El pianista y compositor afirma que este movimiento, que ha sido replicado en distintos puntos característicos de Venezuela y Latinoamérica, es una manera de llevar un mensaje de unión durante los momentos difíciles que aquejan a la nación. Sánchez dice que interpretar “Los cantos del Sur” te hace sentir que no estás solo. Que somos parte de una cadena infinita de historias y versos. 

“El momento que vivimos es un llamado a cómo contribuimos a la crisis que estamos pasando y cómo podemos ayudar a que esta situación termine desde la perspectiva del arte. Como artista siento que no es suficiente entretener por un instante con mi música. Yo quiero que pueda transformar, pues la música es una onda que te impacta porque está dentro de tu espacio sonoro. Por ello, con mi piano, podía hacer que las personas tuvieran, aunque sea, un momento diferente por la monotonía de la pandemia. Ese instante lo cambiaba todo”, dijo el pianista. 

Una camioneta con un piano por la ciudad

Querían hacer algo diferente. Lo pensó y se logró. Preguntaron quién tenía una camioneta pick-up disponible, y quién podía acudir a apoyar con el peso del piano. Recorrerían cada calle de San Cristóbal con José y su piano en la cabina. Lo llamaron ‘una desinfección por la ciudad’, pero con música. 

Sánchez describe que las personas se quedaban sorprendidas, anonadados o con algunas sonrisas instantáneas. Dice que el interpretar cada canción hace que las personas puedan reiniciarse internamente. La idea surgió con una analogía de los antiguos camiones que pasaban por la ciudad fumigando contra los zancudos y pedían que abrieran las ventanas. “En ese caso esto no era humo que solo iba a entrar en las casas, sino que iba a entrar en las personas, iba a estar en la calle y las avenidas de la ciudad”, añadió.

Cada una de estas experiencias, creadas, animadas y llevadas a cabo por el pianista venezolano son solo una extensión de vivencias que piensa transmitir luego de concluir su viaje por Latinoamérica. Su primera travesía comenzó cuando tenía 16 años de edad. Recibió una beca para un programa de inglés y de piano en la Universidad de Cambridge, en Inglaterra.

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Luego, continuó sus estudios en Juilliard, y en Manhattan School of Music para poder finalizar sus estudios de composición. También consiguió una beca llamada Thomas J. Watson Fellowship en Estados Unidos, en el año 2013, siendo el primer venezolano en conseguirla.

Durante esos años de estudio y de viaje tuvo la oportunidad de visitar África, Europa, Norteamérica y Asia. Dejó a un lado los conservatorios y clases presenciales. Espiritualmente, el viaje, dice, lo hizo entrar en una búsqueda. Considera que las ofrendas musicales son un reflejo del resultado de varios procesos que ha vivido durante los últimos años.

En 2015 recibió el llamado para regresar a Venezuela con la Orquesta Sinfónica de Barquisimeto, en plena época de protestas antigubernamentales. Estuvo por varios estados con un concierto que incluía: “Cinco discursos de paz”, “Salsa en tiempos de guerra” y “La leyenda del silbón”. Fue un evento que llevó a distintas partes coincidiendo con todas estas manifestaciones. Concluido este plazo, decidió emprender un nuevo viaje en la búsqueda de ‘Los sonidos del Sur’. 

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Viajar lo puede hacer posible el dinero, pero no es indispensable, sino el propósito. Una vez que pierdes el propósito, así tengas el dinero, estás haciendo turismo”, dice Sánchez.

Menciona el despertar en el salar más grande del mundo, ubicado en Uyuni. Allí el cielo se refleja en el suelo cubierto de una capa de agua tan fina que es un espejo completo. Habla sobre el alto boliviano, donde hay culturas como las preincaicas que dejaron templos como los de piedra que nadie se explica cómo con esa exactitud y con esa tecnología pudieron tallar esas rocas milenarias y gigantescas.

Cada experiencia dio pie para la inspiración de la ofrenda musical. Un acto de entrega y transmisión entre sí.

“La palabra ‘ofrenda’ quizá juega con nuestra memoria asociativa bajo un aspecto de un acto religioso. Pero en este caso estamos hablando de el acto de dar, de entrega. ¿Y qué entregamos?, pues energía, emociones, sentimientos  despertados por un lenguaje universal y en un punto energético que estimula la música y la naturaleza. Ninguna ofrenda musical ha sido en un teatro, pues sería más como un concierto y el concepto variaría. Una ofrenda sucede en lugares como el tepuy Roraima o en un catamarán en la mitad del río Caroní con el Orinoco y un piano. Con la frecuencia más baja y alta de rangos vibracionales por medio de ciertas composiciones que yo les llamo el ‘Meme cósmico’, que han sido inspiradas por todo este recorrido del viaje”, sostuvo. 

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José Agustin Sánchez desea que a cada una de las personas, sobre todo los médicos que libran la batalla, les llegue una ofrenda. Un tiempo de desconexión y hasta un mensaje de honor por la labor que están llevando a cabo. Su plan es recorrer un hospital por cada estado de Venezuela. Que él y su piano estén presentes y que su música pueda transformar vidas así como transformó la suya. 

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