• El psicólogo venezolano Gabriel Fernández presentó varios de los síntomas que corresponden al covid-19, pero nunca pudo recibir atención médica ni un diagnóstico oportuno 

Fiebre de 38 °C. La primera causa del temor que sintió Gabriel Fernandez*, un psicólogo de 39 años de edad, residente de la parroquia 23 de Enero en Caracas. Pero no fue él quien presentó los síntomas de lo que parecía coronavirus, sino su hija de 2 años de edad, quien por la imposibilidad de hablar claramente no logró manifestar otra dolencia en ese momento. 

La temperatura alta persistió durante tres días, pero Gabriel y su esposa Carla*, de 33 años de edad, siempre le administraron acetaminofén pediátrico para evitar que el malestar empeorara. 

Luego de que la fiebre de la niña cesó, inmediatamente la temperatura corporal de Carla subió a 39 grados y, a pesar de que también tomó un antipirético, sintió mucho dolor corporal durante varios días. 

A diferencia de su hija, Carla pasó más de cinco días con temperatura alta y su cuerpo experimentó una serie de síntomas como deficiencia respiratoria, dolor de pecho, sensibilidad a la luz, fatiga, malestar estomacal, dolor de cabeza y pérdida del gusto y olfato. 

Cuatro días después, Gabriel repitió el cuadro de Carla, sin malestar estomacal. En ese momento llegaron a la conclusión de que se contagiaron con covid-19.

Sin diagnósticos oficiales de coronavirus

Por su trabajo, Gabriel debe salir casi a diario para hacer entrevistas y consultas psicológicas en distintas partes de Caracas. A pesar de eso, él cree que el virus llegó a su hogar de otra forma. 

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Yo siempre debo estar en la calle por mi profesión, además tenía que hacer el mercado, pero nosotros nos contagiamos por el contacto con nuestros vecinos”, aseguró Gabriel en entrevista para El Diario
Los CDI no tiene pruebas para detectar su una persona tiene coronavirus
Foto: Misión Barrio Tricolor

Su familia reside en un callejón del 23 de Enero, en el que la distancia entre una casa y otra es de un metro. Gabriel admitió que en su comunidad no se estaban cumpliendo las normas de distanciamiento social ni el uso de mascarilla. 

“A veces se puede ver hablando a un vecino de un lado de la puerta y a otro del lado contrario sin protección ni separación física”, agregó. 

El otro motivo por el que Gabriel cree haberse contagiado en su comunidad es que nueve personas del callejón se enfermaron en el mismo lapso de tiempo y todos repitieron los mismos síntomas que su familia. Sin embargo, solo uno de los vecinos pudo realizarse la prueba PCR, con resultado positivo. 

Mientras estuvo enferma, Carla intentó hacerse la prueba para el covid-19. Ingresó en sistema Patria para solicitar información y el programa le indicó dirigirse a un Centro Diagnóstico Integral (CDI) de su comunidad para recibir un diagnóstico. 

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Ella primero fue al CDI de la avenida Sucre, luego al de Sierra Maestra y después al de la Zona F y en los tres la rebotaron. Le dijeron que no podían hacerle la prueba porque no tenían camas para ingresarla”, contó Gabriel.

Al no recibir atención en ninguno de los ambulatorios, le recomendaron acercarse al Hospital Dr. Pérez Carreño, de la parroquia El Paraíso. No obstante, prefirió volver a su casa, porque conocidos de Gabriel le advirtieron que en ese centro médico no recibían a pacientes de otras zonas. 

“Le pedí que volviera a la casa, porque no valía la pena andar por ahí con sus malestares sin que te atiendan. Es decepcionante que uno vaya cívicamente a hacerse la prueba y simplemente te reboten como si nada”, agregó.

Carla no fue la única que corrió con esa suerte. Gabriel contó que unos vecinos de 78 años y de 80 años de edad buscaron atención médica en los mismos CDI y también fueron devueltos a sus respectivos hogares.

Con base en su experiencia, Gabriel considera que las cifras de contagios por coronavirus anunciadas por el régimen de Nicolás Maduro son poco verídicas. “Si a mí me preguntan sobre los contagios, yo diría que son los números que ellos dan multiplicados por ocho, porque es lo que pude ver en esos días”. 

“No podía pedir ayuda”

Para Gabriel Fernandez, lo más duro que vivió mientras enfrentaba lo que cree fue covid-19 fue no poder recibir ayuda cuando más la necesitaba. 

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El peor momento fue cuando mi esposa y yo sentíamos los síntomas más fuertes, pero nuestra hija estaba sana. Imagina a una niña de dos años corriendo por toda la casa mientras los dos padres están con fiebre, dolores musculares y sin poder respirar. No podía pedir ayuda a mis familiares porque los ponía en riesgo”, expresó.

En condiciones normales, Gabriel recibe apoyo de sus padres cuando no pueden cuidar a la niña, pero en esta oportunidad no podía hacerlo, porque ambos son adultos mayores y su papá es asmático, diabético y perdió el hígado como consecuencia del consumo de alcohol. 

Gabriel tampoco podía dejar a su hija en casa de otro familiar, porque no estaba seguro de que ella fuera portadora de coronavirus. Por lo que su única opción fue cuidarla mientras la enfermedad se los permitiera. 

“Admito que también tuve que hacer mercado mientras estuve enfermo. Me puse doble tapabocas, dobles guantes, compré por aquí cerca y gasté mucho más de lo normal solo porque necesitaba llevar la comida a casa”, confiesa

Los casos de coronavirus han aumentado en Venezuela

El psicólogo comentó que en esa ocasión los síntomas se agudizaron: la dificultad para respirar incrementó y el dolor corporal y de cabeza se volvieron más intensos. Incluso indicó que se reavivaron dolores de viejas lesiones en la espalda, rodilla y hombro. 

Después de la enfermedad

A pesar de no recibir atención en el sistema de salud público, Gabriel asegura que su familia logró superar el coronavirus. El psicólogo confesó que dos amigas médicos lo orientaron en su recuperación por vía telefónica. 

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A fin de cuentas esta enfermedad todavía no tiene cura y solo nos quedó esperar a que nuestros cuerpos hicieran su trabajo, pero admito que me sentí profundamente desasistido mientras tuve coronavirus”, añadió.

Una semana después de recuperarse Gabriel se lesionó el tobillo y requirió una radiografía para verificar la gravedad del esguince. En esa oportunidad volvió a vivir la sensación de desamparo. 

La placa costaba en clínicas privadas de 30 a 40 dólares y en los pocos hospitales con servicio de rayos X disponibles, le dijeron que solo hacen radiografías de tórax por la contingencia de coronavirus. 

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Como psicólogo he visto a pacientes que han ido a los hospitales con ataques de pánico y no los reciben ni les hacen chequeo cardiológico y por ética profesional deberían hacerlo. Esto es muy deprimente porque si quieres hacerte la prueba no te atienden porque no hay camas, pero si vas con otra dolencia de salud tampoco te atienden porque no es coronavirus”, agregó el psicólogo.

Luego de esta experiencia, Gabriel se siente decidido a emigrar cuando la pandemia se haya controlado. Señaló que no quiere volver a atravesar una situación en la que deba rogar por recibir atención médica en medio de una emergencia humanitaria compleja.

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