Los derechos humanos son algo que creamos para distinguir el mundo “civilizado” de los “otros”, para hacer cumplir una naturaleza y una conducta, ¿sus objetivos son reales, o son ficción? Los DD HH son una invención muy nueva y que han confinado a una parte muy pequeña del mundo. Se basan íntegramente en documentos escritos por seres humanos, como el controvertido artículo de H.L.A Hart de 1955: “¿Existen derechos naturales?”, que argumenta que los derechos naturales (lo que normalmente llamamos derechos humanos) fueron una invención de la ilustración europea, meras construcciones sociales a la que también se puede leer: John Austin: “Lecciones de Jurisprudencia”.

Los derechos humanos, como yo los veo, fueron construidos por teóricos como Locke, Rousseau, Hume, etc. La pregunta de si existe una base lógica para los derechos humanos que demuestre su aplicabilidad a todas las personas no está del todo superada. Estos requerirán una convención que dependa de las personas: “situaciones contractuales” (como la posición original de John Rawls o el contrato social de John Locke) o “constituciones” como las conocemos modernamente. 

Los fundamentos de los derechos humanos pueden ser conceptualmente atractivos, sin embargo, están sujetos a variaciones según la gente (y la cultura), por lo que la respuesta a lo que es correcto o lo que es un derecho humano será: depende. Esto puede llevarme a hacer una crítica de lo que es un derecho constitucional y su conexión con los derechos humanos en el sistema de derecho constitucional moderno, pero ese no es el punto aquí. El resultado no será el universalismo que se necesita para defenderse del relativismo moral.

Existe una base lógica, objetiva, concreta, que no depende del tiempo, lugar o cultura: es el argumento de que todas las personas en todas partes tienen derecho a por lo menos un nivel mínimo de bienes y libertades (Declaración de Derechos Humanos) y ni siquiera los tenemos, es decir: la humanidad le falló a la humanidad, no estamos haciendo las cosas bien como civilización. Es un poco la ironía de la modernidad: tenemos mejores expectativas de vida, pero somos especialmente vulnerables.

Esto es lo que ha generado esta inconformidad social que vivimos: aspiramos más. Las crisis políticas actuales en EE UU o en Latinoamérica no son más que eso, un deseo de diferentes generaciones que conviven en un mismo espacio de tiempo para replantearnos nuestros fines.

Lo que nos distingue como humanos es que también queremos más, no solo las “libertades mínimas”. Hoy en día queremos alcanzar nuestro máximo potencial en una sociedad y también como sociedad, la ejecución de la visión weberiana del modelo de sociedad (capitalista). En otras palabras, no se está conforme con una “bolsa CLAP” chavista o “una rendija” que logre abrir un opositor; nos merecemos más. Tú y yo nos merecemos el derecho a evolucionar del reduccionismo del modelo a que nos pretenden llevar y eso es un derecho en sí mismo.

El chavismo manipuló a la sociedad para quererse conformar con un mínimo: una asignación Cadivi, una caja CLAP, o un plan de racionamiento de servicios. Hoy el colapso del modelo económico chavista también trajo una consecuencia devastadora en nuestra moral como ciudadanos: conformarnos y celebrar porque llegó la gandola a la estación de servicio, o la luz a una zona de Maracaibo, o dos horas de agua en algún condominio de Caracas. 

Además de eso, se muestra para agregar a los enfoques de la ética global, los derechos humanos y el enfoque de John Rawls (Amartya Sen y M. Nussbaum), de una manera que dicen que es, a grandes rasgos, “la capacidad de las personas para actuar -mediante estrategias de política pública- que promuevan la libertad individual y la oportunidad de buscar aquellos bienes que cada uno siente que promoverán su propio florecimiento humano”.

No conformarse supone un esfuerzo en una sociedad cansada, y ciertamente las preocupaciones sobre las relaciones de poder con gobiernos o autoridades nos han desgastado. Recientemente nuestra experiencia en este campo es pésima.

La reconstrucción de nuestro sentido ciudadano requiere trabajo, pero conformarse con el mínimo, es contrario a nuestra propia naturaleza humana.

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