• El pintor venezolano es considerado como uno de los artistas más importantes del siglo XX en América Latina, además de ser precursor del arte povera, el performismo y el arte gestual

Hace 66 años, un día como hoy 18 de septiembre, falleció el artista plástico venezolano Armando Reverón — conocido como el “maestro de La Guaira” y “El loco de Macuto” lugar donde vivió los últimos años de su vida — . Es reconocido como uno de los grandes maestros en la historia de las artes plásticas del país y considerado como uno de los más importantes artistas del siglo XX en América Latina.

El artista y pintor, nació el 10 de mayo de 1889. Realizó estudios en la Academia de Bellas Artes de Caracas. Allí lo calificaron como miembro sobresaliente junto a figuras como Manuel Cabré, Antonio Edmundo Monsanto y César Prieto. Gracias a una beca pudo continuar sus estudios en España y tuvo la oportunidad de conocer París.

Durante su infancia — refieren los testimonios de esa época — fue dado en crianza por su madre al matrimonio Rodríguez Zocca. Ellos se ocuparon de su primera educación.

Su tío-abuelo materno, Ricardo Montilla, fue la persona que contribuyó de manera definitiva a despertar su vocación artística pues había estudiado pintura en Nueva York. Ya para 1904, vivía con su madre biológica en Caracas y en 1908 se inscribió en la Academia de Bellas Artes. Allí recibía clases de Antonio Herrera Toro, Emilio Mauri y Pedro Zerpa.

Su desempeño hizo que sus profesores lo recomendaran para obtener, al finalizar el curso en 1911, una beca de estudios en Europa. Ese anos viajó a Barcelona, España, donde estudió en la Escuela de Artes y Oficios. Un año después, logró entrar a la Academia de San Fernando de Madrid.

Los expertos en la vida y obra de Reverón aseguran que la capital española dejó una profunda huella en su espíritu; fue cautivado por el universo de Francisco y más tarde por el taller de Moreno Carbonero, pintor y maestro del también artista Salvador Dalí.

A mediados de 1915 regresó a Venezuela. Ya instalado en Caracas, retomó su trabajo mientras asistía a las sesiones del exclusivo Círculo de Bellas Artes. Un espacio que se creó durante su periplo por Europa; sin embargo, los fundadores lo consideraban como uno de sus integrantes.

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Foto cortesía

El venezolano contó con la admiración de artistas e intelectuales como Pablo Picasso, Carlos Cruz-Diez, Fernando Botero, Antonio Saura, Sofía Ímber y Alí Primera. Sin embargo, su obra solo alcanzó reconocimiento poco antes de morir. En el año 2007, el Museo de Arte Moderno (MoMA — museo de arte situado en Manhattan — ) le dedicó una retrospectiva. La primera de un artista venezolano y la cuarta de un pintor latino.

Período azul de 1916- 1924

La obra de Armando Reverón se divide en cuatro etapas y el periodo Azul fue la primera. Acá predominó el tono azul en sus pinturas y el acento tenebrista del pintor ruso Nicolás Ferdinandov. Este rasgo fue reforzado por la influencia que recibió en España de la pintura de Francisco de Goya. Además de otros pintores impresionistas como Emile Boggio y Samys Mûtzner.

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La Cueva (1920), de Armando Reverón

Período blanco de 1925–1935

En este momento, que fue el más relevante para la historia del arte latinoamericano, un nuevo elemento cromático — el blanco — cobró fuerza en la obra de Reverón. Se transformó en una representación luminosa y de síntesis atmosférica. El interés obsesivo del artista por lograr “ver la luz” lo condujo hacia la búsqueda de la visión enceguecida de las formas a través de una sistemática anulación de los colores vivos. Así logró la monocromía a partir del blanco como único elemento.

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Retrato de Juanita con ramo de flores (1933), de Armando Reverón

Período sepia de 1935–1945

Este lapso fue bautizado así por la tonalidad que con mayor frecuencia se repetía en la paleta del pintor. Durante esta etapa, Reverón pintó desnudos y marinas. Abandonó la alegre luminosidad del blanco para acceder al mundo más terrígeno y real del paisaje humano. En esta época sus obras eran como crónicas de la dinámica vida portuaria del litoral y dicen presente los tonos ocres y sepias.

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Amanecer desde Punta Brisas (1944), de Armando Reverón

Período expresionista de 1945–1954

A finales de los años cuarenta y principio de los cincuenta el pintor se refugió en un universo — si se quiere — mágico. En torno a objetos y muñecas creados por él, dio origen a la última y delirante etapa expresionista de su obra. En este lapso predominó el empleo de materiales como tizas, creyones y la fantasía teatral que se tornaba cada vez más incontrolable. Pero que a través de un dibujo que aspiraba a la corrección académica buscaba restituir el equilibrio emocional de Reverón.

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Foto cortesía

Para este momento ya Armando Reverón había experimentado 4 crisis, la última en 1953, cuando fue internado en la clínica de Báez Finol. Ese año recibió el Premio Nacional de Pintura. Pintó aproximadamente 12 cuadros mientras estuvo en el sanatorio y sus modelos fueron los otros pacientes y las enfermeras. También plasmó los jardines del hospital.

Luego del Premio Nacional de Pintura, el artista se dispuso a trabajar con ahínco para una exposición que había anunciado el Museo de Bellas Artes; sin embargo, falleció el 18 de septiembre de 1954, cuando todavía estaba recluido en la clínica.

Armando Reverón no solo fue el encargado de darle un vuelco al tratamiento de la luz incandescente en el arte. Gracias a sus creaciones como muñecas, esculturas y demás objetos es considerado un precursor singular del arte povera, el performismo y el arte gestual.

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