• El informe de un organismo oficial del Reino Unido reveló que la firma no influyó en los resultados del Brexit a pesar de las acusaciones en su contra. No obstante, el revuelo tras las acusaciones en su contra cambió para siempre la manera de compartir y guardar datos en la red

Un escándalo que no pasó de ser eso: un escándalo. Luego de una investigación de más de tres años, la Oficina del Comisionado de la Información del Reino Unido (ICO) ha concluido que Cambridge Analytica no tuvo ninguna influencia en la campaña del referéndum de estadía del país en la Unión Europea (Brexit)

Cambridge Analytica saltó a la luz pública en marzo de 2018, cuando el diario estadounidense The New York Times reveló que, en 2014, la compañía adquirió una base de datos de aproximadamente 50.000.000 de usuarios de Facebook bajo el pretexto de uso académico. Lo que realmente hizo fue utilizarla, en conjunto con su firma asociada -SCL- para elaborar estrategias electorales en Gran Bretaña y Estados Unidos.

Mucho ruido

Tras la publicación del The New York Times, Facebook regresó al ojo del huracán, donde ya había estado por la supuesta interferencia rusa con publicaciones de noticias falsas para ayudar a la campaña de Trump. La compañía cortó cualquier tipo de negocios con Cambridge Analytica, SCL y sus empresas asociadas. Facebook precisó que Cambridge Analytica obtuvo acceso no autorizado a los datos de 87.000.000 de usuarios, la mayoría en Estados Unidos.

En mayo de 2018, el Europarlamento recibió a un Zuckerberg visiblemente golpeado por los escándalos. Dos meses después, vendría la primera reprimenda, desde Londres: una multa de 500.000 libras por violar la ley de protección de datos del país en el caso Cambridge Analytica. 

El remate vino en 2019: una investigación de la Comisión Federal de Comercio (FTC) en 2019 multó a la red social con 5.000 millones de dólares por no haber salvaguardado los datos de los usuarios por el escándalo.

Pocas nueces

Pero la verdad comenzaba a salir: Cambridge Analytica sí asesoró a la campaña de Donald Trump en el análisis de datos. Además de servir de canal de compra de publicidad digital y televisiva, pero no proporcionó ninguno de los datos de los usuarios que tenía en bruto, reveló un trabajo publicado por la revista Wired a finales de ese año.

Y, así, llegamos al pasado 2 de octubre de 2020: la ICO entregó un informe a una comisión de la Cámara de los Comunes donde señaló que no se encontraron pruebas de que tanto Cambridge Analytica como SCL utilizaran indebidamente los datos para modificar los votos en el referéndum británico ni de que trabajaran con Rusia para inmiscuirse en ninguna elección.

“No encontramos ninguna prueba adicional de la participación rusa en nuestro análisis del material contenido en los servidores SCL/CA que obtuvimos”, se puede leer en el reporte.

Lo que dejó la tempestad

A pesar de los descubrimientos de la ICO, el escándalo de Cambridge Analytica ya ha dejado profundas huellas en el desarrollo de tecnologías y políticas de protección de la privacidad de los usuarios. La más importante, quizás, es la directriz “do not sell my data” (no venda mis datos) que está al frente de compañías como Apple.

En el nuevo sistema operativo del iPhone, iOS 14, al descargar las aplicaciones móviles se disparará una alerta: “Esta aplicación solicita permisos para seguirle entre otras aplicaciones y sitios web. Sus datos serán utilizados para ofrecerle anuncios personalizados”. Así, la compañía de la manzana preguntará explícitamente a los usuarios si desean compartir su identificador de publicidad (IDFA) con las aplicaciones, que utilizan esta información para posicionar anuncios publicitarios dentro de las plataformas móviles. Esta función entrará en vigor en el año 2021.

No obstante, la falta de cuidado de muchos internautas aún dejan datos expuestos, principalmente en formas de tendencias en la red: es así como aplicaciones como FaceApp (que te permite envejecer tu rostro para ver cómo te verías en 20 años) o TikTok aún explotan lagunas legales para recoger millones de huellas digitales de sus usuarios, desde marcas de reconocimiento facial hasta hábitos de consumo, que luego son utilizadas por anunciantes para vender sus productos -incluyendo candidatos presidenciales.

El futuro: control total del usuario

La movida de Apple apunta hacia dónde se dirige la tendencia en el tema de la recolección de data privada: a un modelo transparente donde los usuarios deciden qué y con quién compartir su información personal. En algunos casos, habrá sacrificios: Facebook y sus empresas asociadas (Instagram, WhatsApp) y Google (Android, YouTube, Chrome) recogen cada día desde el micrófono del celular hasta el historial de navegación, para así garantizar a sus anunciantes una mejor segmentación a la hora de anunciar en sus plataformas. 

Con el control del usuario, se dejarán de ver publicidades irrelevantes y eso, probablemente, encarezca el precio de hacer campañas efectivas. Queda de parte del público saber qué aceptar y que no para evitar un aluvión de anuncios en línea. Un modelo que no va a desaparecer por lo grande del mercado y lo sencillo que seguirá siendo recabar datos en línea.

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