• El señor Freddy asiste todos los días a las 6:00 pm a los alrededores del Panteón Nacional para repartir comida a los perros y gatos que viven en situación de calle en esa zona. Aseguró para El Diario que “recibir el agradecimiento y amor de estos seres tan bonitos”, es todo lo que lo motiva

“Los buenos somos más”, se convirtió en un mantra para los venezolanos en medio de la crisis que agobia a la población. Freddy Villavicencio es una prueba de ello, va religiosamente cada día a las 6:00 pm a los alrededores del Panteón Nacional, en Caracas, para alimentar a los perros y gatos callejeros.

Freddy tiene 57 años de edad y es gerente de una panadería en Las Mercedes, municipio Baruta. Hace 10 años conoció lo que él denomina como “el amor más puro y sincero de todos”, el de un perro. 

Villavicencio contó para El Diario que un día, hace una década, fue a llevarle comida a un hombre que se encontraba en situación de calle en los alrededores del Panteón Nacional, al no encontrarlo, decidió darles el alimento a los perros que se encontraban ahí.

“Entonces estoy agachado dejándoles las arepas en el suelo y el Negro (así le digo a mi consentido). Empezó a gruñir y cuando me volteo, había un sujeto detrás de mí con un cuchillo que me quería robar. El Negro me defendió hasta que el ladrón se fue. Pero antes de irse alcanzó a hacerle un corte en la cabeza que requirió 33 puntos de sutura”, añadió.

Freddy tomó al perro en sus brazos, ya que este se desmayó por la cortada, y lo llevó a la clínica veterinaria de Las Acacias. En ese centro curaron a el Negro y desde ese día, Villavicencio está completamente agradecido con él y los demás caninos que se encontraban en ese momento allí. Por ello cada día sin falta y a la misma hora, les lleva comida a los animales que se encuentran en situación de calle por los alrededores del Panteón Nacional.

Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

Casi 11 años alimentando perros

En el año 2009, Villavicencio era gerente de un restaurante. En ese entonces recogía lo que sobrara de las comidas para llevárselo a los perros y gatos. Posteriormente, después de renunciar en el restaurante, Freddy se dedicaba a cocinar lo que les daría a los animales. Un menú a base de arroz y pellejos de pollo y eso es lo que ha mantenido hasta el presente.

“Cuando comencé a trabajar en la panadería, mi esposa Raquel, que comparte conmigo este amor por los animalitos de la calle, empezó a hacer la comida que repartimos. Ella siempre está conmigo ayudando a los perritos y gatitos que vemos heridos en las calles. Me acompaña en el recorrido diario”, indicó Villavicencio.

Freddy hace un recorrido que incluye seis paradas. La idea es evitar que todos los perros se junten y terminen peleando debido a que hay algunos que son muy territoriales. En cada parada, Villavicencio solo tiene que silbar, pues los caninos ya reconocen este sonido así que salen corriendo a recibirlo con tanta emoción que casi sus colas no se pueden ver de lo rápido que la mueven.

Freddy los abraza, los acaricia y les habla como si fueran sus hijos. Los animales, algunos muy maltratados, cojeando o incluso completamente ciegos, se emocionan no solo por la comida. También por el cariño que reciben de Villavicencio al momento que los alimenta. 

Un sacrificio que vale la pena

El señor Villavicencio expresó que debe hacer un sacrificio grande para poder alimentar todos los días a los animales de la calle, pero destacó, que lo hace con mucha alegría porque el amor que recibe de ellos es incomparable y único.

Los perros son más agradecidos que los seres humanos. Hago este sacrificio porque de verdad en mi corazón y en mi mente no cabe la idea de que ellos pasen hambre. Lo que más me llena de venir cada día a alimentarlos es este amor incondicional. Recibir el agradecimiento y amor de estos seres tan bonitos, es todo lo que me motiva”, comentó Freddy mientras acariciaba al Negro, quien estuvo junto a él durante toda la entrevista.

La mayor parte de los costos los cubre Freddy de su bolsillo, sin embargo, hay otros buenos samaritanos que le donan arroz y pellejos de pollo, o perrarina para ayudarlo a alimentar a los perritos. Los únicos organismos que le han ofrecido un poco de ayuda han sido Misión Nevado y la Fundación Red de Apoyo Canino (RAC).

Foto: Víctor Salazar / @Vaskdc

“Nevado de vez en cuando me colabora con comida para los animales y la RAC, quien me ayuda es una veterinaria. A veces la doctora me hace descuentos para esterilizar o cuando un perrito necesita ser curado, pero en general yo solo corro con todos los gastos y honestamente, no me pesa. Yo hago lo que sea por mis perros, yo los considero míos”, explicó. 

Para Villavicencio la posibilidad de ayudar a los animales es una motivación. A pesar de la pandemia, de la dificultad para obtener ayuda y de los gastos que implica costear su alimentación, Villavicencio acude cada día, a la misma hora para cumplir su labor y retribuir el cariño que recibe, porque sabe que ellos también han salvado su vida.

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