• Antes de la llegada del coronavirus a los Estados Unidos, los buenos resultados de la economía presagiaban una segura reelección presidencial. Los fallos en la gestión de la pandemia, sus consecuencias en la economía y los temas raciales, se han convertido en elementos que parecen inclinar la balanza hacia Biden, pero con Trump nunca hay certezas

Era la navidad de 2019. El presidente Donald Trump capitalizaba la percepción positiva sobre el buen estado de la economía de Estados Unidos. CNN reseñaba una encuesta propia en la que el mandatario ostentaba su pico de popularidad con 45% de aceptación y sus números mejoraban mes a mes.

Según el mismo sondeo de diciembre pasado, en los 15 estados donde la contienda presidencial de 2016 se decidió por 8 puntos o menos, ningún aspirante demócrata aparecía a la cabeza, lo que hacía muy factible que se repitiera la historia de esos comicios: que obtuviera la reelección con un triunfo en los colegios electorales, aunque el voto nacional le fuera desfavorable.

Hoy el magnate no está derrotado, pero sus posibilidades están comprometidas. ¿Qué ha ocurrido?

Donald Trump

En febrero de 2020, el coronavirus se había cobrado la muerte en el mundo de 900 personas, principalmente de China, su país de origen. El presidente Trump fue consultado sobre la amenaza que significaba el virus para Estados Unidos y este se atrevió a dar su pronóstico de cuándo desaparecería: “Como ya dije, para abril o durante el mes de abril, el calor habitualmente mata a este tipo de virus”, afirmó.

Sería el inicio de declaraciones polémicas por parte de Trump que desestimaban el potencial devastador del covid-19 y que incluso halagaban la gestión del gobierno chino en la materia. 

La llegada del coronavirus, que ya ha cobrado la vida de más de 225.000 estadounidenses, significó además cierres temporales de empresas, despidos masivos y el resquebrajamiento del principal argumento para la reelección: la economía.

Carmen Beatriz Fernández, experta en comunicación política y profesora de la Universidad de Navarra, España, argumenta en entrevista para El Diario: “Cuando la economía funciona, el americano generalmente reelige al presidente”, y que antes de la pandemia, “nada auguraba que la contienda fuera medianamente riesgosa para Trump”. 

Añade que el covid-19 también puso al desnudo la precariedad del sistema sanitario estadounidense “ligado a la tozudez de los republicanos en poner obstáculos al Obama Care”. –la reforma sanitaria impulsada por el presidente Barack Obama-. Esta situación, de acuerdo con la académica venezolana, hizo que Trump mermara y que su contrincante demócrata, Joe Biden, creciera.

Los grupos y modelos en disputa

Eugenie Richard es profesora de la Universidad Externado de Colombia, su área de trabajo es la comunicación política. Explica que esta campaña ha puesto en evidencia la disputa de “dos tipos de América” que son prácticamente irreconciliables.

“Una que es más rural, compuesta por blancos, anglosajones y protestantes, hombres y mujeres de poca educación que viven de los subsidios de la agricultura e industria, que dicen yo quiero que mi presidente actúe por mí y no por los mexicanos, que la política sea para los americanos, y yo soy americano, creo en Dios, soy conservador y Trump es mi presidente que me quiere”, explica para El Diario.

El otro sector –agrega– está compuesto por personas que son más de zonas urbanas, no necesariamente blancas, que pueden pertenecer a una minoría y que tienen una visión distinta de su país. “Dicen: no creemos en la América de Trump, en una persona que se salta la ley, queremos cambiar nuestro modelo de sociedad”, indica Richard.

Esta división es usada por las campañas de Trump y Biden, quienes han enarbolado las banderas de cada sector con sus particularidades. 

En el caso del presidente están muy bien identificadas las características importantes de su base de apoyo. Un estudio de tres académicos estadounidenses: Joseph O Baker, Samuel L Perry y Andrew L Whitehead, publicado en mayo de este año, concluye que los predictores más fuertes del apoyo a Trump, en orden de magnitud, son aparte del partido político, la xenofobia, la identificación como no afroamericano, la ideología política, el nacionalismo cristiano y la islamofobia. No es extraño entonces que la estrategia republicana intente responder a las expectativas de estos segmentos.  

Biden, por su parte, se presenta a sí mismo como el factor unificador de los Estados Unidos. Para Richard, el aspirante demócrata es en esencia un “antitrump”, por eso sostiene que la gente cansada del Presidente va a votar por Biden para castigarlo.  

Recalca que Kamala Harris –la compañera de fórmula de Biden para la Vicepresidencia– le permite además ganar en los segmentos electorales donde él solo no arrastraba muchas adhesiones. “Si ve la minoría afro, el 80% dice que va a votar por Biden, pero no por él, sino por Harris, y el 12% del electorado es afroamericano en los EE UU”, señala la profesora de la Universidad Externado.

Al observar la importancia de los temas raciales en la campaña electoral, se puede entender cómo los sucesos contra personas afroamericanas, como el asesinato de George Floyd ocurrido el 25 de mayo pasado a manos de policías en el estado de Minnesota, ocasionaron un impacto importante en la opinión pública estadounidense.

“El impacto fue bipartisano, en general la opinión pública estaba a favor de todas las manifestaciones ocurridas alrededor del asesinato”, destaca la profesora Carmen Beatriz Fernández, pero Trump comenzó a avivar el fuego al tachar las protestas como violentas. Añade que en la medida que la gente percibía que las manifestaciones no eran pacíficas, se incrementaba el rechazo a las mismas por parte de la sociedad.

Esa reacción de Trump es una de sus estrategias. Usualmente intenta extinguir el fuego con más llamas. Nunca parece retroceder. Eugenie Richard considera que la fórmula es interesante: hace una declaración polémica explosiva y no tiene que gastar plata en publicidad porque le impone los temas a los medios de comunicación.  

Miedo vs esperanza

Otro elemento que forma parte de la estrategia de campaña de Donald Trump es el uso del miedo. Según la profesora Eugenie Richard, el presidente “ha usado la figura del enemigo exterior, que en la campaña anterior eran los mexicanos. Ahora dice que si Biden gana seremos un estado socialista, que Biden se arrodilla frente a los izquierdistas y que es senil”. 

Explica que la estrategia de miedo es poderosa “porque es un catalizador de voto”. Agrega que en la campaña de EE UU el debate es entre el miedo frente a la esperanza. “Hillary Clinton intentó encarnar la confianza, Biden está diciendo que los mejores días están por venir, otra vez jugando sobre los registros de la esperanza, mientras Trump está acostumbrado a este registro del miedo que le funciona muy bien”.

La campaña prácticamente ha terminado y los números en las encuestas parecen favorecer a Biden. Según una encuesta de encuestas publicadas por la BBC la semana pasada, en el voto nacional, el demócrata le saca 9 puntos de ventaja a Trump.

Sin embargo, la lección de 2016, cuando las encuestas favorecían a la demócrata Hillary Clinton, hace que se deba ser cauteloso en la predicción electoral. Sobre todo porque hay un grupo de estados catalogados swing states (pendulares), porque en ocasiones se han inclinado por la opción demócrata y en otras por la republicana, y que podrían decidir los comicios al sumar los votos de los colegios electorales en juego. En 2016 esos estados hicieron a Trump presidente.

Pero según el estudio de la BBC, de los 14 estados claves solo Trump está arriba en 2 (Ohio y Texas), pero en cinco estados la ventaja de Biden es de 3 puntos o menos. Por otra parte, en 40.000 simulaciones de FiveThirtyEight, un sitio especializado de análisis de encuestas, Biden aparece con oportunidades de ganar en 87 de cada 100, y Trump aparece triunfador en 12 de cada 100. Sostiene la misma fuente que la oportunidad de que Trump gane es “un poco peor que la de sacar un 1 en un dado de 6 lados”. 

Para la profesora Carmen Beatriz Fernández, las encuestas de hace 4 años enfatizaron mucho en el voto popular y no en los votos electorales, y ahora los análisis están siendo más finos. Además, más 50 millones de estadounidenses ya han emitido su voto. Veremos qué pasa entonces este martes 3 de noviembre, día de las elecciones.

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