• Este año, por primera vez, las fiestas patronales de la Virgen Morena se realizan en la intimidad del hogar, sin procesiones, y bajo el lema “María cuida con afecto maternal a este mundo herido”

La devoción por la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, o también conocida como la Virgen de la Chinita, es un tema generacional. Pero el desplazamiento forzado de venezolanos a otros países también ha alimentado la proliferación de la fe fuera del territorio nacional.

Desde hace al menos tres años, en Bogotá, Colombia, un grupo de connacionales y servidores de María le rinden honor a su patrona.

“Acá hay muchos devotos. Aunque ella también es Patrona de Colombia, nuestra fiesta es distinta”, dice para El Diario el marabino Jefferson Mendez, de 27 años de edad, uno de los venezolanos que organiza el homenaje en la capital colombiana.

Este año, explica, expondrán en la Parroquia Santa Gertudris, al occidente de Bogotá, la imagen de la Virgen Morena para que sea venerada por sus devotos. Además organizaron una misa a las 7:00 pm para rendirle honor a la Madre de Dios y cantarle su cumpleaños.

“Siempre le he encomendado mi vida y mi familia. Ella es parte de mi vida. El retablo de La Chinita ya no es una devoción del Zulia; ya es una devoción y un amor que se manifiesta por todo el mundo”, dice Méndez, quien asegura que este 18 de noviembre la fiesta de la Virgen también se celebrará de manera particular en Perú, Ecuador, Chile, Panamá, República Dominicana, Brasil, Aruba y Estados Unidos.

Como Méndez, el señor José Antonio Domínguez, de 62 años de edad, también está actualmente en Colombia. Llegó hace 13 años y desde entonces, explica, le rinde honores a su patrona.

Fundé un grupo gaitero aquí en Bogotá llamado Gaitas entre panas, y fuimos los primeros en ir a cantarle a su Basílica en el pueblo de Chiquinquirá”, dice con orgullo mientras le atribuye a ella la recuperación de su hijo de una epiglotitis, tras pasar 13 días en terapia intensiva.

La historia de la Virgen de Chiquinquirá se remonta al año 1709 cuando una humilde mujer lavandera llamada María Cárdenas encontró una tabilla mientras lavaba ropa, se la llevó a su casa y la utilizó como tapa de una tinaja. El 18 de noviembre de ese año, la mujer se percató en la tabla había una figura de una virgen dibujada, por lo que la colgó en la pared como si fuera un cuadro. Luego de unos minutos, se escucharon unos golpes en la pared observando Cardenás como en la tabla brillaba la imagen de la Virgen.

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La mayoría de sus devotos coinciden en que la Virgen de Chiquinquirá es su guía sagrada y que pese a que en medio del contexto actual no se darán las acostumbradas celebraciones masivas por el Día de La Chinita, sí se dará una comunión íntima entre sus devotos.

“La Chinita irradia una luz que ilumina; que abre horizontes. No solo se trata del día central, el 18, sino de actitudes de encuentro con la ternura que se desprende de esa tablita humilde”, señala para El Diario, Monseñor José Luis Azuaje, Arzobispo de la Arquidiócesis de Maracaibo.

La gaita como medio evangelizador

Pese a ser Venezuela un país profundamente mariano, que goza de una amplio abanico de advocaciones de la Madre de Dios, la celebración de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, en el estado Zulia, suele resaltar por sus espíritu alegre y festivo.

Aunque una de las numerosas fiestas en honor a la Virgen de La Chinita, como le llaman por cariño sus devotos, quizás la más impresionante sea el llamado “Amanecer Gaitero”, en el que el pueblo de Maracaibo se congrega en la madrugada del día 18 de noviembre en la plazoleta de la Basílica, para cantarle a la Chinita las “Mañanitas” y el “Cumpleaños feliz”. Sin embargo, este año será la excepción. 

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Recientemente, como medida para prevenir la propagación del covid-19, el gobernador del estado Zulia, Omar Prieto, prohibió realizar amaneceres gaiteros y concentraciones de calle durante la celebración de las fiestas patronales de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá.

A pesar de los cambios, muchos coinciden en que la gaita ha sido el principal medio de propagación en Venezuela para alimentar la fe en la Virgen de La Chinita. 

“Las gaitas se han constituido como un medio de evangelización. Cantar gaitas a la Virgen es como evangelizar a Venezuela”, dice para El Diario Fray Rui Pestana, actual Párroco de la Iglesia Nuestra Señora de Chiquinquirá, ubicada en la urbanización La Florida, Caracas.

Su teoría la respalda la joven Laura Mendez quien además confiesa que se convirtió en devota de la virgen desde hace 10 años cuando le rogó intercediera por un familiar que había sido secuestrado y que, según cuenta, fue liberado a los días y encontrado amarrado entre un matorral.

Para mí La Chinita es un ente de justicia y de protección. A ella le agradezco su capacidad para hacer la voluntad de Dios y no la del hombre”, dice la joven caraqueña que aunque no conoce la Basílica en el Zulia sí acostumbra a venerar la imagen en Caracas.

En el caso del señor Fernando Gómez, asegura fue la exposición mediática de la tradicional bajada de la Chinita la que lo acercó a esta fe. “Mi devoción surgió cuando empecé a ver en la televisión, los últimos sábados de octubre, la Bajada de la Chinita y la fe que sus devotos le profesaban”, dice mientras explica que le agradece el don de la vida y de la salud.

El hogar como Basílica

Dadas justamente las circunstancias de la pandemia por covid-19,  y aún cuando los templos tienen autorización de abrir sus puertas bajo estricto protocolo de bioseguridad, este año en el Zulia —uno de los estados más afectados por contagios— la celebración será a puerta cerrada.

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“Todos los 18 de noviembre cada hogar se transforma en Basílica. Cada imagen de la Chinita se transforma en tablita. Cada Ave María se transforma en un canto de alabanza. Este año los devotos no podrán ir a la Basílica para ver a la Chinita, pero es la Chinita la que va a su pueblo haciendo un recorrido por calles y avenidas de Maracaibo y San Francisco. Ella visita a sus hijos e hijas. Irá en su ‘María mobil’ para que la vea su pueblo y suscitar así el encuentro con Jesucristo, su Hijo. Aunque no hayan gaitas, si habrá alegría espiritual, porque la Chinita no abandona a su pueblo”, señala Monseñor Azuaje.

“El pueblo zuliano no se doblega ante las adversidades, más aún cuando se trata de su fibra espiritual. Es un pueblo que lucha, que cree”, agrega Monseñor Azuaje, quien fue el encargado de oficiar la única misa celebrada, a puerta cerrada, la mañana de este 18 de noviembre en la Basílica Nuestra Señora de Chiquinquirá, en el centro de Maracaibo.

A juicio del también presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), esta imagen, con más de tres siglos de historia, se ha convertido en parte de la idiosincrasia del zuliano.

“Hay que estar aquí para sentir la fuerza de esta bella devoción. La misma Virgen hace producir esa actitud devocional. Ella en la tablita tiene la mirada hacia abajo como mirando a cada hombre y mujer de esta tierra, pero es una mirada tierna, triste en algunos momentos y esperanzadora. Es una devoción que se alimenta de la esperanza. Pasa de generación en generación. No es una devoción aislada, sino inmersa en el pueblo concreto”, agrega Monseñor Azuaje.

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