• Eclepsidra es una editorial independiente que publicó cinco libros inéditos, en formato físico, en medio del contexto pandémico. El equipo de El Diario conversó con Carmen Verde Arocha, poeta, directora de la editorial y profesora de la Universidad Metropolitana sobre la industria en el país y la afectación del contexto pandémico

El trabajo editorial se puede considerar, en muchos casos, como un medio meramente económico del menester literario. Sin embargo, este oficio es primordial para encaminar los símbolos de la obra. Carmen Verde Arocha llegó a las orillas de la edición a través de la barca poética, de una preocupación constante por el uso de la palabra y su imaginario. “Lo que comenzó con el anhelo de crear una editorial para publicar nuestros propios libros de poesía terminó convirtiéndose en una manera de vivir y estar en el mundo”, comentó en exclusiva para El Diario

En los últimos años la crisis económica y humanitaria de Venezuela ha provocado un desfase en la industria del libro: desde el escritor hasta el librero. En 2018 la Cámara Venezolana de Editores (CVE) comunicó el cierre de 80 librerías y la disminución de 50% en las ventas de este rubro. Ante esta realidad muchas librerías han tomado el camino de diversificar sus productos, como el caso de la cadena Las Novedades que, a mediados de 2019, comenzó a ofrecer productos importados en sus anaqueles. 

Ahora, la pandemia por covid-19 supuso otro quiebre para la industria editorial en todo el mundo. En México, de acuerdo a las cifras presentadas por la Asociación Nacional de Librerías, las ventas disminuyeron 80%. En Argentina, por su parte, las ventas se redujeron 40% y la publicación de textos 71%. El impasse del virus provocó una disminución considerable en la compra-venta de libros, siendo, a su vez, un efecto dominó para todos los niveles de la industria. 

En Venezuela representó otro obstáculo para un ámbito económico y cultural desfavorecido por la crisis constante de los últimos años. Para Carmen Verde, más allá de representar un desnivel en la normalidad, la pandemia se sumó al abanico de dificultades de la industria editorial. 

En Venezuela, el trabajo editorial lleva años sufriendo modificaciones. No creo que el confinamiento haya modificado nada. Tal vez nos puso mucho más lentos, con un mayor desánimo, pero la migración de muchos editores a otros países o la migración de las publicaciones hacia las plataformas digitales es algo que durante los últimos años venía dándose ya, cada vez con mayor celeridad en el país. Esta pandemia solo tiene meses. Ya el mal estaba hecho”, agregó.

Eclepsidra es uno de los pocos bastiones que se mantuvo firme en los últimos meses. La publicación de cinco títulos representó un hito importante para el sostenimiento del menester editorial en el país, incluso ante las dificultades que se visten como espinas en un camino escarpado. Los libros publicados en 2020 fueron: Viaje al poscomunismo, de Ana Teresa Torres y Yolanda Pantin; Memorias del agua, de Jacinto Fombona Iribarren; Los hilos subterráneos, de Alejandro Sebastiani Verlezza; Hermana pequeña, de Sonia Chocrón y Urgente, de Beira Lisboa. 

“Creo que en Eclepsidra lo que hemos hecho es tener buen carácter y resistir. Seguir trabajando con las mismas exigencias, no las del confinamiento, sino con nuestras propias exigencias para realizar un trabajo de calidad. En Eclepsidra no nos hemos adaptado a la pandemia, solo hemos seguido adelante, aunque a veces hemos encontrado muchas espinas en el camino, para llevar a feliz término nuestro trabajo”, comentó Verde Arocha

Proceso de publicación en el medio de la pandemia 

Antes del último campanazo de cada año el consejo editorial de Eclepsidra escoge los títulos que serán publicados al año siguiente. “Se forman dos grupos: los manuscritos recibidos al correo de la editorial y los que solicitamos directamente a los autores. Se hace una preselección de más o menos 12 títulos, y en la penúltima reunión del año se decide un pequeño grupo de 4 o 5 títulos, según las recomendaciones de los asesores y lectores y también del criterio que hemos hecho con nuestra propia lectura”, dijo.

Los textos escogidos ya estaban, para el mes de marzo, en el proceso de diagramación y diseño. Entonces, lo único que quedaba era continuar con ellos y anteponerse a la espera y a la lentitud provocada por la cuarentena obligatoria. Carmen Verde agrega que, además, todo el equipo debió prepararse mentalmente para cumplir con el objetivo de la publicación.

Uno de los aspectos más difíciles durante estos meses fue el tiempo de espera, ya que desde los proveedores hasta la imprenta estaban cerrados y, por ende, no podía avanzarse en los tirajes. “También el desánimo, el luchar todos los días para que nuestra voluntad no se quiebre. La incertidumbre, el preguntarse si todo este esfuerzo tiene sentido. El miedo al vacío, acostarse con el temor de un día levantarnos y no encontrar absolutamente nada”, agregó. El trabajo fue conjunto entre el equipo editorial y los autores para sopesar las dificultades del contexto. El amalgamiento entre uno y otro permite que la hechura del libro esté marcada por los vínculos creados a través de lo literario.

Eclepsidra se ha caracterizado, en las palabras de su editora general, por ser un espacio autónomo para la publicación poética desde 1994, fecha de su creación. Verde Arocha explica que, en ese momento, era un grupo de jóvenes escritores que pretendían establecer un lugar para la publicación de nuevos autores en una Venezuela que, aunque presentaba algunas marcas de desfallecimiento, aún era capaz de sonreírle a muchos. 

Es cierto que hemos tenido perseverancia y hemos insistido una y otra vez. Eclepsidra no tiene fines comerciales; solamente publicamos libros de autor y hemos sido celosos conservando la tradición de dar a luz solo géneros literarios. Todo esto nos ha dado gran satisfacción interior, pero en lo externo ha sido un trabajo muy duro y solitario”, puntualizó.

Podría decirse que el oficio editorial se compagina con su parte poética para dar muestra de un proyecto, aunque generoso en la interioridad, complicado en una industria que cada día presenta mayores dificultades. La incertidumbre es una constante en Venezuela: lo que es hoy, mañana no será. De resto no se sabe cuánto durará. Esto es para Carmen Verde Arocha una particularidad que influye en el trabajo diario, pero que solo puede ser menguado a través de la lucha y la responsabilidad de vivir literariamente. “Por lo pronto aquí seguimos, apostando por nuestra literatura, trabajando por encima de nuestras propias posibilidades para que esas espinas que vamos encontrando en el camino no se traguen nuestro sueño editorial”, dijo.

Libro
Foto: Carmen Verde Arocha

La editorial Eclepsidra se ha movido entre lo físico y lo virtual para sostener su trabajo. Aunque muchos críticos e intelectuales, amparados en la potestad de la experiencia aurática que posee el libro, han criticado la masificación banalizada y mercantilizada del oficio literario, es imperante para Carmen Verde Arocha, desde la mirada del editor, encontrar un espacio conjunto entre ambas propuestas. La pandemia aceleró la virtualización de las acciones y, por ende, la editorial debe estar en el mismo lugar de las actualizaciones del mercado. 

La presencia del libro electrónico nos obliga a ofrecer a los lectores el mismo contenido en los formatos que ellos prefieren y esto incluye el paperback o venta por demanda. En Eclepsidra tener dos formatos no es un capricho: es una necesidad que se presenta en cualquier editorial. Estamos obligados a abrirnos a los nuevos lectores. No se puede negar la experiencia que ha significado la relación con lo virtual durante todos estos meses, es algo de lo que no podemos devolvernos”, comentó.

Claro está, entiende la importancia entrañable del libro físico y relata la nostalgia del paseo libresco, entre los estantes hexagonales repletos de libros y las tertulias literarias acompasadas con la amistad. “Los editores de Eclepsidra crecimos en las librerías”. En los años noventa, cuenta Verde Arocha, era común ver una librería cada dos cuadras en las caminatas por el bulevar de Sabana Grande y, por ende, uno de los primeros vínculos entre una editorial independiente y el lector es ese lugar que resiste con lo único que puede: libros. “Mantener la presencia de nuestros títulos en físico es algo que para nosotros es entrañable. De hecho, este año hemos publicado cinco títulos en formato físico, haciendo un esfuerzo más allá de lo que realmente podíamos”. 

Las cinco publicaciones de 2020

El catálogo de Eclepsidra se ha caracterizado por la predominancia del género poético. Desde sus inicios la mayoría de manuscritos que llegaban a los aposentos de la editorial eran de poesía. Las razones para Carmen Verde residen en el grupo fundador que estaba formado por poetas y recientemente se abrió a obras de narrativa.

En este año uno de los libros más esperados fue escrito por Ana Teresa Torres con la documentación de Yolanda Pantin. Viaje al poscomunismo relata los cinco viajes que las dos escritores realizaron por la antigua Europa soviética. La ambivalencia entre la imagen fotográfica y la narración dan a entender los puntos primordiales y nimios de la vida poscomunista, en la cual se mantenían los vestigios de la hoz y el martillo, del delirio propagandístico y, sobre todo, las marcas imborrables de la memoria patria que cambiaba de acuerdo al país.

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Foto: Ana Teresa Torres y Yolanda Pantin

“La memoria siempre es una construcción. La memoria no es relatar exactamente lo que sucede. Eso que sucedió, se perdió en el tiempo. La memoria y la historia son maneras de construir ese pasado. Por eso ocurre lo que comentas, que no se construyen de la misma manera. Para unos la memoria es del invasor, para otros es la gloria del conquistador, eso hace de la memoria un campo completamente subjetivo. Algo que me gustó mucho es que en estas culturas tratan de conservar esos lugares de la memoria; han guardado todo tipo de documentos para demostrar aquello que quieran demostrar, para unos la ocupación, para otros la doctrina, pero conservar las constancias, incluso de que hubo víctimas y esa es una idea que uno encuentra en todos esos países”, comentó Ana Teresa Torres en exclusiva con El Diario

Las otras cuatro publicaciones pertenecen al género poético. Dos autores reconocidos como Sonia Chocrón (1961) con su texto Hermana pequeña y Alejandro Sebastiani (1982) con Los hilos subterráneos; dos autores novedosos como Jacinto Fombona Iribarren con Memorias del agua y Beira Lisboa con Urgente

El poema que inicia el libro de Sonia Chocrón se llama Caracas y en sus versos muestra la sensación de una ida perpetua. “La orden es partir pronto/con la niña de los ojos/ con las flores atascadas en la garganta/ para no gritar/ Y guardar las sagradas escrituras/ los lugares ya cenizos/ los muertos los parques y mascotas/ para cuando volvamos/ del miedo”. 

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Foto: Sonia Chocrón

La escritora cubana Zoé Valdés, desde París, Francia, escribió el prólogo del libro y comenta “La poesía de Sonia Chocrón nos sitúa en el medio de una ola, desde allí nadamos hacía una repetición de lo desconocido, y recordamos que alguien nos apuntó con una pistola en aquella isla desdichada”.

Libro
Foto: Alejandro Sebastiani

En la obra de Alejandro Sebastiani, en palabras de la reconocida escritora Victoria de Stefano, se encuentra una fusión entre los géneros literarios a partir de “los estremecimientos entre el pasado y el presente de sus travesías”. Es decir, la escritura del diario, sin límites ni guías, como un viajante libre en el tiempo, permite que el poemario sea, como el título predice, una cantidad de hilos imperceptibles que se mueven por debajo de la tierra. 

Libro
Foto: Beira Lisboa

Por su parte, Urgente de Beira Lisboa es un poemario que, según la lectura del escritor Juan Calzadilla, tiene como referente la poesía breve de los años setenta. Es un verso minimalista que se preocupa por la potencialidad de lo dicho y no por la pomposidad de la metáfora. “De allí que su fuerte pareciera ser una percepción cargada de elementos sobrenaturales como en el caso de ese personaje que antes de arrojarse a los rieles se pasea un buen rato desnudo por el andén de la estación del Metro”, puntualizó Calzadilla. 

Libro
Foto: Jacinto Fombona Iribarren

Luis Gerardo Mármol establece que las Memorias del agua de Jacinto Fombona Iribarren pertenecen al agua negra de la noche. “Es el agua de las visiones nocturnas, los sueños, ya inquietantes, ya pacificadores por premonición o melancolía, verdaderos (y por tanto proféticos) o engañosos, la que aquí nos revela su memoria”, agregó Mármol. La memoria es maleable y puede transformarse a través de los virajes del sueño. 

Cada uno de los autores publicados por Eclepsidra parte del motor poético que impulsa a la editorial. En un año de complicaciones inesperadas por la pandemia, donde todo cambió y en el contexto venezolano los obstáculos se incrementaron, la publicación de estos libros es un ápice de esperanza para el futuro cultural. Para Carmen Verde todo lo hecho por ella es un servicio a la poesía y, después de esto, es visible que el 2020 ha sido un camino escarpado alumbrado por la palabra. 

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