- Este 3 noviembre, Cecodap y el Centro de Investigaciones Populares (CIP) presentaron un informe sobre las condiciones en las que retornaron miles de venezolanos
Las malas experiencias se siguen sumando a la vida de aquellos venezolanos que un día decidieron partir en busca de un mejor futuro. Algunos al poco tiempo de haber llegado a su destino, otros con más tiempo de estadía. Ambos grupos padecieron las repercusiones económicas causadas por la cuarentena impuesta por la pandemia de covid-19.
Cecodap y el Centro de Investigaciones Populares (CIP) presentaron el informe especial “Retornar en tiempos de pandemia”. Allí muestran, con testimonios de algunos afectados, las situaciones que atravesaron los venezolanos para regresar al país.
Alexander Campos, miembro del Centro de Investigaciones Populares, precisó que la migración se ha convertido en el signo de la identidad de los venezolanos.
“Para nosotros, el hecho migratorio que se está viviendo hoy en Venezuela no es solo un dato más que da cuenta del gran colapso sufrido por el país. Es una realidad de tan gran trascendencia que ya está definiendo nuestra identidad y nuestras posibilidades como nación”, señaló durante la presentación.
Detalló que muchos factores indican que la movilidad humana en Venezuela no es un fenómeno coyuntural o sectorial y que esta impacta a todas las clases sociales del país, a todos los géneros. Además, está teniendo consecuencias bastas en la vida total del venezolano.
Para la realización del informe, Campos indicó que viendo la experiencia migratoria que está viviendo el venezolano les pareció importante recoger lo que estaban experimentando aquellos que retornan. “Realizamos una investigación con un trabajo de campo que fue desde junio hasta agosto de 2020”, añadió.
Sin embargo, sostuvo que no se están contando aquellos que regresaron por otras fronteras o vías ilegales.
“Nosotros creemos que superan los 250.000 venezolanos que han retornado. Eso hay que tenerlo en cuenta, de un total de 5.400.000 migrantes de acuerdo con cifras oficiales del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur)”, detalló.
Razones para irse y para retornar
Campos indicó que la mayoría son mujeres y jóvenes de un rango entre los 19 y 35 años de edad. Muchos de ellos sin estudios universitarios, algunos con la primaria culminada y pocos con la secundaria completa.
Detalló que según los testimonios que obtuvieron, los migrantes salieron del país por cuatro razones: hambre, motivaciones familiares (reunificación familiar), motivación económica y poca expectativa de futuro.
“La mayoría en su momento de salida lo hicieron en autobuses hasta las fronteras venezolanas. De allí algunos caminaron, otros en mula (colas). Pero fue distinto cuando regresaron”, puntualizó.
Mencionó que una vez que llegaron a los distintos países de acogida, las personas dormían en las calles porque salieron rápidamente del país sin ningún tipo de plan y no tenían donde pernoctar. Otros se quedaron en casas de amigos.
Prosiguió detallando que con el tiempo pasaron a arrendar por camas, luego cuando comenzaron a trabajar alquilaban habitaciones con amigos. “Muy pocos son los que llegan a arrendar solos”, indicó.
“Los trabajos que desempeñaron fueron en su mayoría, limpieza doméstica y venta de alimentos. La mayoría denunció muchos malos tratos laborales. Vivían del trabajo diario, de lo que podían conseguir el día a día y con un orden de prioridades (comer, pagar el arriendo, esparcimiento)”, detalló. Indicó que muy pocos enviaron remesas, ninguno envió más de 20 dólares cada vez que realizaban una transacción.
Las condiciones del país de acogida en medio de la pandemia
“Por la pandemia todos declaran que sus condiciones se agravaron. Además, indicaron que en esos países la cuarentena fue muy estricta y violenta, especialmente en Colombia. Allí algunos fueron golpeados por la policía para que cumplieran con el confinamiento”, señaló.
Alexander Campos mencionó que debido a la pandemia, se cerraron las principales fuentes de empleo y las que estuvieron abiertas tenían baja demanda. Por lo que se vieron obligados a aceptar trabajos con relaciones laborales deplorables, algunos hasta viviendo en el propio lugar donde laboraban.
El investigador precisó que los venezolanos retornan porque ven la oportunidad de romper con una situación a la cual nunca se adaptaron y sin perspectivas reales de progreso no veían la razón de quedarse, además, por la imprevisibilidad de la duración de la crisis por la pandemia y el agotamiento de los ahorros.
Expectativas
Campos indicó que las mujeres son las más dispuestas a regresar. Añade que más que expectativas, encontraron que los venezolanos regresan con una nueva actitud hacia el trabajo.
“Cuando deciden regresar con todo paralizado, lo hacen fundamentalmente en mulas (pidiendo colas o aventones) en las carreteras vacías por la cuarentena en donde solamente transitan en transporte de carga, pero que son multados si los conseguen llevando venezolanos”, recalcó.
Añadió que otros se regresaron caminando, personas que duraron más de 60 días de camino porque estaban acompañados de familiares de la tercera edad. Algo que Campos consideró como una de las etapas más duras.
Campos manifestó que los venezolanos que retornan viajan fundamentalmente en grupos que se han formado en el camino o han acordado por redes sociales y lo hacen para apoyarse con la comida, el cuidado de los niños y la infinidad de retos en el camino.
Llegada a la frontera
Campos precisó que los venezolanos que retornan por la vía legal dicen que obtuvieron ayuda por el gobierno de ese país, especialmente el colombiano y brasileño.
“Los refugios del lado colombiano de la frontera son bastante bien valorados por ellos. Dicen haber recibido mínima atención médica y los equipos necesarios para evitar el contagio por covid-19. La alimentación es buena. No se quejan de malos tratos”, detalló.
Agregó que están los que deciden retornar de forma ilegal y se van por las trochas, espacio territorial en el que los Estados desaparecen y toma el mando la delincuencia y la violencia.
Retorno por las trochas
En el informe se describen las trochas por las que muchos venezolanos transitaron de regreso a su país, entre ellas se encuentran:
- Las trochas entre Perú y Ecuador: son las menos violentas o la violencia que aparece es en la que los actores son los mismos funcionarios del Estado.
- Ecuador y Colombia: Aquí empiezan a aparecer otros actores distintos de los funcionarios policiales y con otros objetivos. En ellas se manifiestan como violentos no solo los miembros policiales o militares, sino también actores civiles que ejercen violencia para controlar el territorio.
- Colombia y Venezuela, consideradas las más violentas.
“Las personas que trochean pese al peligro lo hacen porque tienen pavor a los refugios”, indicó Campos.
Sin embargo, Campos señaló que las personas que pasaron por las trochas describen que lo que sucede allí se parece a una permanente guerra. Un constante enfrentamiento entre distintos grupos irregulares: guerrilla, colectivos, hampa común. Cada uno buscando desplazar al otro en el dominio de las distintas trochas.
“Ninguno de los Estados logra, y en algunos casi ni intenta, tener dominio de la zona. La trocha es un espacio para el robo, la violación, el asesinato, el secuestro, y según algunos informantes, la esclavitud”, puntualizó.
Terror en los puestos de atención social integral
Mirla Pérez, miembro del CIP y profesora de la Universidad Central de Venezuela (UCV), explicó que pasando por la trocha se consigue otro fenómeno: los puestos de atención social integral (PASI), que están en varias zonas.
“A lo largo de toda la información que se pudo obtener, esta organización están en varias zonas del país donde vimos que era poco controlada por el Estado. Nos conseguimos que en Zulia, Táchira y Apure, los PASI estaban tomados prácticamente por la guerrilla, fue el grupo que más referencia tuvo”, detalló la investigadora.
Pérez sostuvo que la situación de incertidumbre a la que fueron sometidas estas personas fue tanta que causó que sintieran terror y pensaran lo peor.
El camino en Venezuela
“Al cruzar el puente, hay una cantidad de policías. Te ponen huellas, una huella aquí. Te agarran si estás solicitado. Más adelante te revisan, a mi me revisaron las pruebillas de los pantalones para ver si traía dólares. Las FAES me quitaron los zapatos, medicamentos, útiles personales, todas esas cosas”, señaló uno de los retornados.
Pérez indicó que hay una dinámica de violencia a la que está sometida la persona que retorna y se puede decir que hay una ruta de trato inhumano, que va deshumanizando. “Arranca con la frontera, las trochas, los PASI, luego están los organismos de seguridad en el país”, precisó.
Situación de los niños movilizados
Pérez puntualizó que en los relatos de las personas se van dibujando unos niños muy indefensos legalmente.
“Nos ponían a hacer la cola para agarrar la comida por igual, ese solazo, no les importaban los niños, no les importaban las mujeres embarazadas. Había niños que tenían demasiada diarrea; el bebé donde estaba yo, tenía demasiada diarrea, tampoco les importaba”, relata una de las retornadas.
“Había niños quemados por pañales, desnutridos, pasando hambre. Tú, como madre, te quitabas el bocado de comida para dárselo a él, porque la condición era muy drástica, pues. Osea, una tacita de arroz”, indica otro relato en el informe.
Pérez indica que ubicar a los niños fue bastante complejo y que las personas hablaran tan francamente de las condiciones a las que fueron sometidos fue también difícil.
“No existen privilegios para los niños, niñas y adolescentes. Fueron sometidos a caminar por kilómetros y a la mala alimentación; al hacinamiento y a la poca atención sanitaria. Además, fueron testigos de la violencia ejercida por los grupos irregulares contra el resto de la población”, resalta el informe.
“Hemos insistido mucho en la integración de enfoques, el que implica el derecho de los migrantes y en el derecho de la niñez”, precisó.
Exigen respuestas por parte del Estado
Puntualizó que la investigación, desde un enfoque cualitativo, permite ponerle rostro a una realidad muy dura que implica el retorno. Además, detalló que la migración en Venezuela tiene unas características específicas, las personas viajan de forma forzada como una opción de supervivencia, no por turismo o placer.
Trapani indicó que la investigación les permite exigir al Estado respuestas contundentes para que no se criminalice el hecho migratorio, ya sea la salida o el retorno, debido a que migrar es un derecho. Además de entender, desde un enfoque de derecho, las causas que han motivado la migración y motivan el retorno.
“El Estado tiene la obligación de proteger a todos los que participan en el flujo migratorio, ya sea de origen, tránsito o destino”, concluyó.