• José Ramón Delgado, director ejecutivo de la Fundación Caribe Sur, dijo para El Diario que pobladores de Paria informaron sobre la comercialización de 10 manatíes, especies en peligro de extinción, en Yaguaraparo. Presumen que los cazadores fueron indígenas de la etnia Waraos en el Parque Nacional Turuépano, zona a la que no pertenecen. Imagen referencial

Una denuncia alertó a parte de la comunidad de ambientalistas de Venezuela el pasado lunes 28 de diciembre. Habitantes de Paria, estado Sucre, indicaron que supuestamente comerciantes de Yaguaraparo vendían carne de manatí, un animal cuya caza está prohibida debido a que se encuentra en peligro de extinción. De acuerdo con el tuit de la Fundación Caribe Sur, 10 de estos animales habrían sido cazados por indígenas de la etnia Waraos en el Parque Nacional Turuépano, una zona bajo protección del Estado.

Si bien ni la organización ambientalista ni el equipo de El Diario pudieron confirmar el rumor por la dificultad de las comunicaciones en el sector, ambientalistas creen que es factible que este tipo de caza y comercialización de la carne de manatí se esté dando debido a la desatención del régimen de Nicolás Maduro en la materia. No sería la primera vez que ocurre. Ni las autoridades locales, judiciales ni el Instituto Nacional de Parques de Venezuela (Inparques) se han manifestado al respecto.

“La denuncia es que están vendiendo el kilo de la carne a un dólar. La caza del manatí es algo frecuente en Venezuela, pero ocurre en zonas lejanas, como el Delta. A no ser que se venda, ahí es cuando la opinión pública se entera. El hecho que nos llama mucho la atención, es porque aparentemente ya van 10 animales que han sido comercializados”, dijo para El Diario José Ramón Delgado, director ejecutivo de la Fundación Caribe Sur. Por la cantidad de animales, presumen que la caza ocurre desde hace algunas semanas. Cada uno puede llegar a pesar entre 300 y 600 kilogramos.

A quiénes proteger

De confirmarse que los eventuales responsables son los indígenas Waraos, el asunto podría ser complejo. Explicó Delgado que “si quienes lo están haciendo son los indígenas, ellos tienen un régimen especial dentro de nuestra legislación y no pueden ser procesados por la ley penal del ambiente. Pero ellos no son pobladores de Yaguaraparo ni de Paria, son del Delta. Entonces se están moviendo fuera del lugar donde ellos viven para realizar una actividad que bajo nuestra legislación está penado por la ley”.

Además de que esas no serían sus tierras, el artículo 44 de la Ley Orgánica de Pueblos y Comunidades Indígenas (Lopci) establece: “Será obligación de los pueblos y comunidades indígenas ubicados dentro de los parques nacionales y otras Áreas Bajo Régimen de Administración Especial, la conservación de la diversidad biológica, del medio ambiente y de los recursos naturales allí existentes”.

Yurasi Briceño, bióloga e investigadora especialista en delfines y manatíes, recordó para El Diario que desde el año 1976 en Venezuela está prohibido la caza, venta y consumo de mamíferos acuáticos.

Y aunque ocurriera en tierras indígenas, la Lopci tipifica en su artículo 38 que las comunidades que allí habitan pueden aprovechar los recursos “siempre preservando el medio ambiente y la biodiversidad”.

Por la naturaleza escurridiza del manatí, se presume que sus cazadores son expertos en este tipo de acciones. “Probablemente sean personas que estén habituados a eso”, comentó Delgado. Los manatíes, dijo, son especies difíciles de capturar, ariscos, que saben esconderse. Pueden usar trampas o arpones. Y en los casos más simples, aprovechan cuando los animales quedan varados en las orillas de un río o mar. “Seguramente si son indígenas, lo hacen por supervivencia. Pero ya en el caso de estar vendiendo la carne, ya es otro nivel”, señaló.

Briceño coincidió: “En el pasado era una cacería de subsistencia, pero eso ya no se considera por el estatus en el que está el animal. Hoy en día ninguno debería ser cazado”.

En peligro de abandono y extinción

La confirmación del asesinato de 10 manatíes sería devastadora para la especie en Venezuela. De allí la importancia de que se investigue la denuncia, dijo Yurasi Briceño. Explicó que en las últimas décadas el 80% de la población de manatíes desapareció en el país. “Esto hace que cualquier individuo que se case, ya sea uno, cinco o diez, sea extremadamente grave porque lo acerca muchísimo a su desaparición total en corto plazo”, añadió. En este momento, el manatí se encuentra en la categoría de “peligro crítico”. Lo siguiente es la extinción.

Reproducción lenta. La gestación de un manatí dura alrededor de 12 meses y la cría nace bajo el agua.Las hembras están listas para aparearse a los 5 años de edad, casi el doble del tiempo necesario para que los machos alcancen la madurez, aproximadamente a los 9 años de edad. Pueden reproducirse en cualquier época del año.

Delgado y Briceño señalaron que la caza ocurre desde hace décadas. Incluso no sería la primera vez que ocurre en 2020. El pasado 20 de julio, Tarek William Saab informó sobre la detención de un hombre en el municipio Muñoz, en el estado Apure, por su responsabilidad en la muerte de un manatí. Al ciudadano, identificado como José Luís Monasterio Venta, lo detuvo la Guardia Nacional Bolivariana (GNB).

Saab publicó fotografías en su Twitter en las que se observa al animal acuático muerto. En una de las imágenes algunas personas suben a un niño sobre el manatí para retratarlo.

A pesar de este precedente, Briceño resaltó la falta de vigilancia y control por parte de los entes gubernamentales en zonas que, en teoría, deberían estar protegidas.

“Desgraciadamente, en los últimos tres años hay Parques Nacionales en los que no hay representantes de Inparques porque han renunciado, entonces hay una ausencia absoluta del Estado. Eso permite que los ilícitos sean más frecuentes”, dijo la bióloga.

A falta del Estado, los investigadores dan la lucha por la preservación de esta y otras especies. Recientemente Briceño, en conjunto con el Proyecto Sotalia, creó un libro infantil para enseñar a los niños de las poblaciones del sur del lago de Maracaibo la importancia de proteger a los delfines, manatíes y toninas en Venezuela. También dan charlas y entregan folletos a pescadores, para recordar por qué no se deben cazar estos animales.

Crédito: Proyecto Sotalia

Consecuencias negativas para todos

La caza de los manatíes acarrea otras consecuencias además de acerca de la futura extinción de los mismos. Para la biodiversidad, por ejemplo, la desaparición del manatí afecta los procesos de fotosíntesis de la cadena trófica de los ríos o mares.

“Los manatíes tienen varias funciones ecológicas. Como son herbívoros, consumen casi 40 kilos de plantas al día, entonces básicamente una de sus principales funciones es limpiar todos los caños y todas las zonas superficiales de estas plantas acuáticas que, de llegarse a acumular, tapan la luz solar y no permiten que todos los procesos de fotosíntesis en toda la cadena trófica del mar o del río se mantengan. Las plantas acuáticas pueden llegar a ser extremadamente peligrosas si llegan a tapar la luz solar”, explicó la bióloga. Añadió que el excremento y la orina del animal también aportan nutrientes a esa cadena.

En caños en los que ya no hay tanta presencia de manatíes, Briceño asegura que los pescadores se quejan de que están tapados. Y el director ejecutivo de la Fundación Caribe Sur recordó que algunos caños en Venezuela reciben el nombre de “Caño Manatí”.

Y aunque los expertos rechazan el consumo de la carne de manatí, explican que sí es consumible para los humanos. No obstante, dijo Briceño, ante los frecuentes derrames petroleros que ocurren en Venezuela, es posible que en algunas zonas el agua se contamine. Esto hace que la carne de los manatíes acumule algunos metales como el mercurio y el plomo, que pueden ser peligrosos para la salud de las personas. Hasta ahora no se han hecho estudios para conocer si es el caso actualmente en algunos lugares del país.

Para evitar que todo esto suceda, Delgado y Briceño aconsejan a las autoridades competentes investigar estas denuncias y retomar el control y la vigilancia en zonas donde habitan. “Es necesario velar por todos los venezolanos, y el manatí es otro venezolano más olvidado”, concluyó el director de la Fundación Caribe Sur. 

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