Si bien son muchas las fobias tipificadas por la psicología, he encontrado un conjunto de pánicos no diagnosticados, pero que usted y yo padecemos todas las semanas:

Tele-educación-fobia: estremecimiento que vive un padre cuando llega un correo de la maestra titulado “Actividades de la semana”.

Motofobia: es la película de atraco que uno se arma en la cabeza cuando va caminando por la calle y escucha una moto cerca.

Tarjetofobia: tiempo que transcurre entre pasar tu tarjeta de débito o crédito para una compra y sentir el vértigo interno de que te digan: “Saldo insuficiente”. 

Meserofobia: terror que se manifiesta tras reclamarle algo a un mesero y pensar en la posibilidad de que luego te traiga el plato escupido.

Estornudofobia: pánico que uno vive cuando presencia un estornudo de otro ser humano. Dicha fobia dura hasta dos semanas (tiempo para confirmar si ese ese estornudo produjo una incubación de covid-19 o no).

Esposafobia: fenómeno tipificado por mi colega Bobby Comedia. Es el temor de un hombre ante la posibilidad de que la esposa lo regañe por algo que hizo o dejó de hacer. Dicho en términos del licenciado Comedia: “No importa lo que hagas, para ella igual la vas a cagar”.

Hora-loca-fobia: miedo que se manifiesta en el cuerpo cuando uno está en una fiesta sentado, bebiendo y conversando tranquilo y arranca la hora loca. El clímax de dicho miedo se presenta cuando tu tía se acerca para meterte a la fuerza en el trencito de la conga.

Alocucionfobia: ansiedad intensa que siente un ciudadano cuando su presidente anuncia una transmisión especial para comunicar nuevas medidas económicas.

No-sé-a-qué-le-di-fobia: sobresalto que se vive al comprar un aparato electrónico nuevo y darle a un botón que no se sabe para qué es.

Celufobia: pavor que siente todo hombre cuando deja su celular solo y la mujer se lo comienza a revisar.

En-la-parada-fobia: temor que se manifiesta al viajar en bus y ver que este ya se acerca a nuestra parada. Es el momento retador en donde uno debe vencer toda vergüenza y gritar “¡¡¡En la parada, por favor!!!”.

Supermercadofobia: angustia que brota cuando la cajera del supermercado está pasando los productos por el escáner y uno espera el monto total de la compra.

Plátanofobia: súbito aumento de adrenalina que experimenta el organismo al darse cuenta de que las tajadas de plátano se quemaron por uno estar revisando el teléfono mientras las freía.

Tenemos-que-hablar-fobia: ansiedad extrema que siente un cónyuge o un empleado cuando su pareja o jefe le envía un mensajito que dice “Tenemos que hablar”. Dicha fobia puede incrementarse exponencialmente si el mensajito termina en “Pero lo hablamos mañana”.

No-me-viene-fobia: crisis existencial que viven las parejas luego de tener relaciones y no recibir la tarjeta roja del árbitro en los días siguientes.

Y si bien estas fobias son nuevas, hay unas más nuevas todavía, pero todavía están en estudio. Una de ellas se llama Lo-leíste-fobia. La misma se caracteriza por un síndrome de escapatoria que se manifiesta al leer un artículo y luego esconderse para que el escritor no te acose preguntando “¿Lo leíste? ¿Lo compartiste? ¿Qué te pareció?”. Lo único claro de dicha fobia es que, si desea evitarla, simplemente dígale al escritor “¡Te botaste! ¡Eres un crack! Ya lo compartí en todos mis grupos” y caso resuelto. El escritor no le fastidiará más y la fobia desaparecerá de inmediato.

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