• Un recorrido de dos horas por carretera permite llegar desde Caracas hasta un pueblo de la época colonial venezolana. En Birongo pareciese que el tiempo no avanzara.  En este caserío, del eje Barlovento del estado Miranda, la vida transcurre entre siembra, cacao y tambores; aunque diariamente un corte de electricidad les da un golpe de realidad que los sintoniza con los problemas de la Venezuela actual

A diferencia de Higuerote, Río Chico, Paparo, o Machurucuto, el pequeño Birongo no está a orilla de playa, por lo que durante años estuvo invisible para los turistas que visitan el estado Miranda en busca de olas, sol y arena. Por ello este pueblo tuvo que explotar todos sus atributos al máximo, para diferenciarse del resto de lugares de la zona y lograr que los visitantes se desvíen por 20 kilómetros de las costas de Higuerote, para adentrarse en sus callejuelas bordeadas por ríos.

Un viaje para conocer la Venezuela de hace 300 años

En la época colonial los pueblos de Birongo y Curiepe emergieron para el cultivo de cacao de piratería. La ubicación recóndita permitía la siembra del cacao para el contrabando con los holandeses desde la bahía de Higuerote, burlando los controles de la corona española.  Desde entonces en Birongo se cultiva cacao, se toca tambor y se practica el misticismo; costumbres que han perdurados en este pueblo por 300 años.

Visitar Birongo es desconectarse de la Venezuela moderna y encontrarse con lo que fue el país como capitanía general por allá en 1700. Cuando la señal del celular falla, la electricidad se va y viene intermitentemente, y los niños no van a la escuela por la pandemia, Birongo muestra cómo un pueblo puede salir adelante a punta de la siembra y las tradiciones propias.

Habitante de Birongo

Birongo para verdaderos amantes del chocolate

Uno de los paseos más bonitos que ofrece Birongo es el de conocer el chocolate desde la semilla a la barra. Un recorrido que todo verdadero amante del chocolate debe regalarse, para aprender dónde nace y cómo se hace una tableta. Ideal para que nuestros niños conozcan a Venezuela como país cacaotero. 

Para ello se llega en la mañana a la plaza de Birongo y se ubica a Yorman Castillo, un embajador – ad honorem– de este poblado y guía para conocer la zona.  

Desde ahí se inicia un encuentro con las plantaciones de cacao, entre árboles que siempre están cargados de coloridas mazorcas. Justamente es el punto inicial para conocer los tipos de granos de cacao que existen, y los atributos que estos prestan para el chocolate final: el grano criollo que da un chocolate dulce y aromático, el grano trinitario que da intensidad de sabor y aromas especiados, o el forastero que es recio y amargo.

El chocolate crece en los árboles

De Birgongo se sale entendiendo el cuento de la fabricación del chocolate de inicio a fin. Habiendo probado el grano de cacao, aún envuelto en su pulpa, desde una mazorca recién abierta a punta de machetazos, hasta el chocolate, ya procesado, en barra con azúcar y leche, elaborado en la fábrica artesanal del pueblo llamada Flor de Birongo. También probarán el grano recién tostado al fuego, molido, y en forma de las tradicionales bolas de cacao.

Semilla de cacao

Recomendaciones

Llegar temprano y devolverse de día. Siempre contactar a un guía en el pueblo para conocer a fondo los caminos, cuentos y costumbres. Llevar bastante agua para la hidratación. Usar sombrero o gorra. Ponerse suficiente protector solar. Echarse repelente porque hay bastante plaga. Ir con la mente y los ojos bien abiertos, dispuesto a aprender y apreciar la belleza de nuestros pueblos.

Tambores y despojos: turismo esotérico

Durante décadas el pueblo de Birongo fue sinónimo de despojos y hechicería, atrayendo a creyentes y curiosos, mientras espantaba a los que temen a lo sobrenatural. Los habitantes de la zona han lograron un equilibrio y convirtieron esta costumbre en un atractivo. 

Niño de Birongo

Tras un caluroso paseo por el pueblo y las plantaciones de cacao, los visitantes terminan en un refrescante baño de río y ahí –entre el repique de los tambores de agua- deciden si desean también un baño de hierbas y flores.

Río de Birongo

No hay invocaciones ni tabacos, solo una ponchera con pétalos, hojas, ramas, y algunos trozos de limón que por su perfumado aroma invitan a probar. Con ojos cerrados, pies en la tierra, y sumergidos en el río hasta el torso, se induce a los visitantes a reflexionar y conectarse con la energía en la que crean: Dios, el universo, la fuerza interna o la propia naturaleza.

Los pétalos junto con agua del río se van vertiendo sobre la cabeza del visitante, quien con ojos cerrados intenta desconectarse de los problemas diarios que le aquejan y conectar con eso que ahora llaman ¨buena vibra¨, a través de una práctica ancestral que guiaban antiguamente los chamanes en los ríos. Todos dicen salir renovados, relajados y recargados… Seguramente habrá baños más profundos y especializados para quienes deseen una ayuda extra, pero el baño de flores (tipo spa) es suficiente para los curiosos.

Listos para el retorno

Lo ideal es que los turistas inicien su retorno alrededor de las 4pm, para que no los agarre la noche en la carretera hacia Caracas. No hay hospedaje en el propio Birongo, aunque cuentan con la estructura hotelera de Higuerote. Se puede contratar el almuerzo en alguna de las casas de la zona y disfrutar de la sazón local y los ingredientes cultivados en estas tierras.

De Birongo se sale relajados tras un buen baño de río. También se vuelve con una apreciación más acertada sobre la chocolatería artesanal. Casi todos los visitantes salen del pueblo con una tradicional bola de cacao para hacer chocolate caliente en casa y recordar este viaje con cada sorbo.

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