• La aparición de tres nuevas mutaciones del SARS-CoV-2 registradas en Reino Unido, Suráfrica y Brasil mantienen en vilo a la comunidad científica, mientras que en Venezuela está latente el riesgo de contagio por la poca articulación entre el régimen de Nicolás Maduro con el gremio médico 

Hace un año el covid-19 irrumpió en la cotidianidad del mundo y cambió de manera drástica el estilo de vida y la forma de percibir las relaciones interpersonales. Tapabocas, distanciamiento social y cuarentena se volvieron palabras de uso común en un contexto donde la pandemia acumula ya más de 2,3 millones de muertes y 100 millones de contagiados, según cifras de la Universidad John Hopkins.

En los últimos meses, gobiernos, universidades y empresas farmacéuticas han invertido millones de dólares en el desarrollo de una vacuna contra el coronavirus. El esfuerzo ha rendido sus frutos y ya en varios rincones del planeta comenzaron las jornadas de inmunización con las fórmulas creadas por compañías como Pfizer/BioNTech, Moderna, AstraZeneca y al centro Gamaleya (que desarrolló la Sputnik V). No obstante, lejos de significar el final de la emergencia sanitaria, el covid-19 parece estar aún lejos de quedar en el pasado.

A finales de septiembre de 2020, poco antes del anuncio de la vacuna de Pfizer/BioNTech, científicos descubrieron en Inglaterra una serie de mutaciones presentes en el virus SARS-CoV-2 (causante del covid-19), las cuales hicieron que esta nueva versión se extendiera rápidamente por todo el país. La situación obligó al gobierno del Reino Unido a declarar un nuevo confinamiento radical, mientras que Europa encendió sus alarmas ante la amenaza de volver a repetir los traumas de la pandemia.

Pero el Reino Unido no fue el único. Poco después, el 18 de diciembre de 2020, el Departamento de Salud de Suráfrica detectó también su propia versión del virus, aparentemente relacionada a la variante británica. El 6 de enero de 2021 también se detectó una mutación en Japón, en un grupo de personas que habían viajado de Manaos, Brasil. El rastreo llevó a la fundación brasileña Oswaldo Cruz de Brasil a confirmar que el origen de esa variante provenía de la región del Amazonas de ese país, cerca de la frontera con Venezuela.

Aunque la comunidad científica internacional está preocupada por el surgimiento de estas variantes, tampoco les toma por sorpresa pues las mutaciones son un proceso natural en todos los virus, y el SARS-CoV-2 ha tenido cientas de modificaciones a lo largo de la pandemia.

Selección natural 

Carlos Torres Viera, médico venezolano y consultor de Infectología del Centro Médico Tropical y de Enfermedades Infecciosas del Sur de Florida, explica en una entrevista para El Diario que todas las células de los seres vivos, especialmente los virus y bacterias, están constantemente en mutación.   

“Todos los virus mutan, unos más que otros. Virus como el VIH o la influenza (gripe)  mutan mucho. Una de las cosas que hacen que los virus muten es que realmente la replicación viral es muy amplia y algunos virus, o aquellos que tienen material genético de ARN, cuando se replican pueden cometer errores llamados mutaciones. Errores en la transcripción de ese material genético que a veces no se expresa y es una mutación silente, pero a veces producen los cambios suficientes como para traducirse en una estructura molecular proteica, por decirlo así, que es diferente a la estaba originalmente”, señala.

Indica que los coronavirus forman parte del grupo conocido como virus ARN, pues necesitan ácido ribonucleico (ARN) para replicarse e invadir a su célula huésped. Acota que este tipo de virus suele tener una altísima tasa de mutaciones debido a que carecen de una enzima presente en otros microorganismos, y que permiten corregir los errores de transcripción durante la replicación. Aclara que esto en sí mismo no es algo significativo, y que la mayoría de las mutaciones no suele alterar tanto el comportamiento del virus. “Cuando el virus muta no está pensando ‘voy a mutar ahora y voy a evadir los anticuerpos’, él lo está haciendo naturalmente y es un efecto azaroso”, agrega.

Precisamente, por ese factor de azar, algunas mutaciones bien pueden no representar problema alguno para los anticuerpos encargados de eliminar los virus, aunque en otros, el cambio es tal que los antibióticos no reconocen las estructuras que les permiten actuar, y el virus genera resistencia a ellos.

Estas son las variantes conocidas

De acuerdo con el portal del Departamento de Salud de Estados Unidos, existen actualmente tres variantes identificadas del coronavirus:

B117: Detectada por primera vez en Reino Unido en septiembre de 2020. Posee una gran cantidad de mutaciones que la hacen diferente a la cepa del covid-19 convencional. Hasta ahora los científicos solo han comprobado que podría tener una tasa de propagación 50% más alta. Actualmente se han confirmado casos en más de 70 países.

B1351: Posiblemente derivada de la B117, fue hallada por primera vez en Suráfrica también en octubre de 2020 y confirmada por las autoridades en diciembre. De momento está presente en al menos 30 países y todavía no se tiene mucha información sobre sus características.

P1: Inicialmente se identificó en Japón a principios de enero de 2021, aunque luego fue denominada “variante brasileña”, pues se detectó en un grupo de viajeros provenientes de ese país. Aunque no se tiene mayor información sobre ella, los científicos estudian una posible mutación que afecta su capacidad de ser reconocida por los anticuerpos. Está presente en al menos cinco países.

En el caso del coronavirus, lo que se plantea es que a medida que ahora estamos teniendo más gente con inmunidad, quizás gente con inmunidad parcial debido a enfermedad leve y que a veces este virus puede permanecer más tiempo probablemente en pacientes inmunosuprimidos, entonces le permite a ese virus tener mutaciones que a su vez han favorecido que surjan cepas que entonces son resistentes a estos anticuerpos, como ocurre teóricamente con esta variante que se encontró en África”, señala.

El infectólogo aclara que la razón por la que ahora se habla más sobre las mutaciones del covid-19 tiene su origen en el descubrimiento por parte de Reino Unido de su variante, lo cual llevó a otros países a incrementar su vigilancia epidemiológica y tomar muestras de sus casos locales. “El que busca encuentra”, agrega para referirse al posterior hallazgo de más variantes en Suráfrica y Brasil.

Claridad con los nombres

De la misma manera en que es mal visto llamar al covid-19 como “virus chino”, Torres Viera pide que se evite utilizar los nombres de “cepa británica”, “surafricana” o “brasileña” para referirse a las nuevas versiones del covid-19. Incluso aclara que el propio término cepa es todavía impreciso, pues se usa para referirse a virus que han cambiado por completo sus manifestaciones clínicas. En este caso, debido a la poca información que se tiene todavía de estas mutaciones y por el comportamiento observado, cree es mejor tratarlas como variantes del virus por los momentos.

Es como lo definieron los investigadores al principio: variante bajo investigación. Es decir, un virus que es genéticamente un poco diferente al virus natural, o sea, al original o ancestral, porque tiene ciertas mutaciones, pero que todavía si ese virus se va a comportar de una manera diferente al coronavirus normal que hemos estado sufriendo durante esta epidemia está por verse”, añade.

Buena parte de la popularidad que ha tenido el uso de los gentilicios para identificar a las variantes se debe a una falta de consenso entre la comunidad científica para darles un mismo nombre. La variante encontrada en Reino Unido es llamada con frecuencia como B117, aunque también ha sido clasificada como 20B/501Y.V1 o VOC-202012/01. Del mismo modo, la hallada en Sudáfrica es catalogada como 501.V2, linaje 501Y.V2 o simplemente como B1351. Para la originada en Brasil los términos más aceptados son P1 y linaje B11248. Actualmente la Organización Mundial de la Salud (OMS) trabaja en una nomenclatura universal para denominar a todas estas variantes.

Foto: Cortesía

Llena de incertidumbre

Desde la aparición de los primeros casos conocidos de coronavirus en China, el SARS-CoV-2 ha tenido otras variantes que se han extendido por el mundo, llegando en muchos casos a ser la forma predominante del virus en varias regiones. A finales de marzo de 2020 se detectó por primera vez una variante del virus a la que denominaron D614G, la cual tuvo un índice de propagación extremadamente elevado. Para junio, la variante ya había reemplazado la dominancia de la cepa original en Estados Unidos y Europa, y en septiembre se confirmó como la versión más común en todo el mundo. También en junio surgió en España una variante conocida como 20A.EU1, la cual se propagó rápidamente por Europa durante la segunda ola de coronavirus.

Sin embargo, Torres Viera afirma que si bien los estudios preliminares parecían demostrar que la mutación presente en el D614G la hacía mucho más contagiosa de lo habitual, es posible que el éxito de su propagación más que un factor genético, tuviera que ver con lo que llama “splendid events”, o situaciones que brindan una mayor oportunidad de transmisión. En este sentido, el hecho de que para marzo todavía no hubiesen restricciones para viajar en varios países, así como la realización de conciertos, eventos deportivos y fiestas, favoreció a que el D614G se expandiera con facilidad sin necesidad de ser altamente contagioso.

“Es simplemente que la oportunidad de transmisión de la cepa ha sido facilitada porque hay gente que la logra propagar ampliamente. Caso contrario pasa con la variante británica, porque los estudios epidemiológicos lo sugieren por la explosión de casos que ocurre en los países donde llega. Basado en cierta información de laboratorio que dice que esa variante se fija facilitada por estas mutaciones, con mayor afinidad al receptor de la célula, y que los pacientes parecieran que tienen una mayor carga viral cuando miras que tienen secreciones respiratorias más altas que otras variantes”, acota.

Investigaciones realizadas por diversas universidades del Reino Unido arrojan hasta el momento 17 mutaciones encontradas en la variante D117. La que más ha llamado la atención de los científicos es la mutación N501Y, la cual modificó las proteínas S, encargadas de facilitar la entrada del virus a las células del portador. Los ensayos demostraron que ahora estas proteínas tienen una mayor afinidad con los receptores de las células, lo que se podría traducir como una mayor capacidad para infectar una vez dentro del organismo. En cuanto a las variantes B1351 y P1, todavía no existe información suficiente sobre su tasa de transmisibilidad. 

El infectólogo egresado de la Universidad Central de Venezuela y con un máster en Salud Pública de la Universidad de Harvard es cauteloso a la hora de hacer afirmaciones sobre el virus y sus variantes. Recuerda que todo lo que se sabe hasta el momento proviene de estudios preliminares que podrían cambiar sus conclusiones en la medida que se hagan investigaciones más profundas sobre sus características. Aunque los datos parecen apuntar a que el D117 sí puede ser más contagioso, no existe una certeza absoluta. Tampoco hay evidencia hasta el momento que demuestre que estas variantes sean más mortales o resistentes que sus antepasados.

En cuanto a su propagación, todavía es muy pronto para evaluar la posibilidad de que alguna de las variantes mantenga el estado de pandemia en el mundo por unos meses más. Sin embargo, las proyecciones recogidas por el libro Covid reference estiman que para mediados de marzo se podrían registrar nuevas olas epidémicas con estas variantes como virus predominante en las regiones a donde han llegado.

¿Cómo afecta a las vacunas?

A comienzos de febrero, el gobierno de Suráfrica anunció la suspensión de sus jornadas masivas de vacunación, a pesar de que ya habían adquirido más de un millón de dosis de la empresa AstraZeneca. La razón fue que investigaciones de la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo, demostraron que el antiviral no era eficaz para combatir casos leves y moderados de la variante B1351. El ministro de Salud de Suráfrica, Zweli Mkhize, informó que el gobierno cambiará de estrategia y usará las vacunas de Pfizer y Johnson & Johnson mientras continúan las investigaciones y esperan recomendaciones de la OMS.

La noticia despertó una preocupación latente en la población. ¿Hasta qué punto las nuevas variantes pueden afectar o inutilizar las vacunas contra el covid-19? El director regional de la OMS, Hans Kluge, considera que la situación de las variantes y las vacunas es paradójica. “Esta paradoja, donde las comunidades sienten que se vislumbra un final con la vacuna, pero, al mismo tiempo, están llamadas a adherirse a medidas restrictivas ante una nueva amenaza, está provocando tensión, angustia, fatiga y confusión. Esto es completamente comprensible en estas circunstancias”, declaró.

Foto: EFE

Al respecto, Torres Viera reconoce que el caso de la variante B1351 es de interés y existe una posibilidad de que la mutación afecte la respuesta inmunológica de los antivirales, pero aclara que esta situación no es necesariamente así con las otras dos variantes. Tampoco existen pruebas de que todas las vacunas se vean afectadas, pues en el caso de la de Moderna y Pfizer/BioNTech, estas pueden actualizarse para ser más eficientes.

“Yo no creo que nada de lo que se ha hecho en esta pandemia en términos de adquisición de conocimiento fue en vano. Yo creo que la vacuna es lo que nos va a llevar al fin de esta pandemia. No debemos salirnos de la proporción de lo que estamos viviendo. Estas empresas están modificando la forma en la que construyeron sus vacunas precisamente para adaptarse a estos cambios y es posible que en el futuro a lo mejor necesitemos otra vacuna. Nadie puede predecir si necesitaremos vacunas anuales como ocurre con la influenza, si solo necesitaremos un refuerzo, o si no necesitaremos más vacunas una vez inmunizados”, señala.

En un comunicado, la empresa Moderna señaló que sus estudios sobre el impacto de las variantes en su vacuna demostraron que no existe ningún riesgo en el caso de la B117, aunque sí hubo una reducción de la efectividad con la B1351. No obstante, aclararon que su fórmula todavía puede ser aplicada en pacientes infectados, pues mantiene niveles óptimos de eficacia de entre 70 y 80%.

Un peligro para Venezuela

Llegada de la vacuna Sputnik V a Venezuela. Foto: Cortesía

La cercanía de Venezuela con el principal foco de la variante P1 en el Amazonas brasileño es una de las mayores preocupaciones dentro del gremio médico. Para la Academia Nacional de Medicina, es necesario emprender desde ya campañas de vacunación en la población para cortar el flujo de propagación del virus.

El presidente de la institución, Enrique López Loyo, señala para El Diario que a pesar de que se han tomado medidas desde el inicio de la cuarentena para restringir la entrada de personas al país, este no ha sido efectivo. Señala que la dinámica migratoria que existe entre Venezuela y Brasil a través de sus ríos y trochas, principalmente por la actividad minera en la zona, elude los controles fronterizos y es un potencial foco de riesgo. 

Aunque los estudios independientes realizados hasta el momento no han hallado casos de ninguna variante en Venezuela, los médicos se mantienen alertas.

“La preocupación de la Academia de Medicina en las últimas semanas porque se instaure un programa efectivo de vacunación tiene que ver con que la estrategia de salud pública internacional llevada a la obtención de fórmulas de vacunas y su colocación en Venezuela es lo que va a asegurar cortar el flujo de la patología, disminuir progresivamente el número de casos e igualmente en la medida que el número  de casos disminuya habrá menos población susceptible”, señala.

En un contexto donde más de 270 trabajadores de la salud han perdido la vida en Venezuela durante su labor para contener la pandemia, el riesgo de la llegada de una nueva variante a un país con carencias de equipos de bioseguridad, infraestructuras hospitalarias y medicamentos supone un peligro altísimo. López Loyo señala que los riesgos aplican por igual para médicos y población general. Ante este panorama, pide al personal sanitario tener cuidado con el manejo de los implementos de protección, ya que estudios realizados por el gremio han demostrado que el mayor riesgo de contagio ocurre al momento de quitarlos y salir a interactuar con otros colegas.

Afirma que es necesario que las autoridades de salud, especialmente las ubicadas en los estados fronterizos, refuercen las medidas de barrera para prevenir la propagación del virus, como el uso del tapabocas y el distanciamiento social. Igualmente, pidió ampliar las campañas de educación para que la población tome conciencia de los riesgos del virus.

Sobre la inmunización, el presidente de la Academia estima que la demanda de vacunas actualmente es de 30 millones de dosis. “Lo ideal es cubrir hasta el 70-75% de la población mayor de 16 años en una primera instancia, sin embargo, lo fundamental es estructurar el plan de vacunación”, agrega.

Enemigos públicos

El sábado 13 de febrero, llegó al Aeropuerto Internacional de Maiquetía un avión de Conviasa con el primer lote de vacunas rusas Sputnik V, adquiridas por el régimen de Nicolás Maduro. Según declaraciones de los voceros del oficialismo, hasta el momento se trata de 100.000 dosis que serán distribuidas prioritariamente al personal médico, docente y activistas del Movimiento Somos Venezuela.

Cuatro boletines ha emitido en las últimas semanas la Academia Nacional de Medicina con recomendaciones al régimen de Maduro para organizar los protocolos del programa de vacunación, el transporte y cadena de frío necesarios para la conservación de las fórmulas y los sectores prioritarios para su aplicación. Todos los comunicados fueron ignorados.

Foto: Cortesía

“No ha existido ninguna articulación con el gobierno actual, puesto que ellos han despreciado siempre la opinión de la Academia Nacional de Medicina. Tenemos muchos advirtiendo y dando lineamientos para el manejo de la salud pública e incluso para mejorar la educación médica. Después de eso hemos sido considerados enemigos por el estamento gobernante y nunca se nos ha escuchado de manera clara para establecer un mecanismo de diálogo constructivo”, lamenta.

En sus boletines, López Loyo resalta la necesidad de ampliar el catálogo de vacunas disponibles para complementar las dosis de Sputnik V, además de la urgencia de establecer un mecanismo de comunicación entre el sector académico y científico con los representantes políticos. A su juicio, es necesaria una unidad política para coordinar políticas públicas y solicitar a instancias internacionales como programa Covax de la OMS recursos y dotación de antivirales.

“Vemos con preocupación que se pueda pensar que exista en grupos gobernantes la selectividad para colocar la vacuna. Es un gran error puesto que en poblaciones que se vacunan de manera irregular, aquellas personas que quedan fuera del sistema de vacunación en tiempos de pandemia simplemente son un foco de reinfecciones”, advierte.

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